Author: gabtorar
•9:13
Juan 13:21 “Habiendo dicho Jesús esto, se conmovió en espíritu, y declaró y dijo: De cierto, de cierto os digo, que uno de vosotros me va a entregar”

Jesús se conmovió en espíritu

Tenemos tan internalizado que Jesús sufrió por nosotros que a veces no llegamos a ponernos debidamente en Su lugar en este sentido y nos insensibilizamos respecto de la carga y profundidad que esto tuvo para Él.

Ayer mencionaba que inevitablemente seremos traicionados como Él también lo fue, y aunque Él sabía mejor que nadie que esto ocurriría, no por eso fue un incidente sin importancia para Jesús.

El texto también señala que Jesús se conmovió en espíritu, esto es, se agitó, se angustió en su interior, como lo mencionan otras versiones de la escritura.

Claramente podemos observar que aunque era un hecho conocido de Jesús no dejo de ser fuerte para Él.

Judas era uno de los suyos, no era un desconocido. Como sea el pasar tiempo con Jesús, permitió que “alguna clase de relación” se estableciera entre ellos.

Cuando pasamos tiempo con las personas nacen relaciones y producto de las mismas también nacen los afectos. Esto es lo más doloroso de las traiciones en cualquier nivel.

Juan capitulo trece dice que Jesús “como había amado a los suyos
que estaban en el mundo, los amó hasta el fin”.

Sabemos que Dios no puede mentir y Judas era uno de los suyos, era parte de los doce. Es triste que haya hecho lo que hizo pero él era uno de ellos también y con toda seguridad podemdos afirmar que Jesús le amó como a los demás.

Esto nos permite establecer que a Jesús no le fue indiferente que Judas le traicionara, y es más facil entender porqué se conmovió en espíritu.

Como ya dije, cuando alguno traiciona son precisamente los afectos los que más se resienten. Duele en lo profundo del ser haber sido traicionado en cualquier área.

Obviamente hay traiciones y traiciones. No da lo mismo que se equivoque un carpintero a que se equivoque un cirujano. El error del carpintero se tapa con masilla, mientras que el del cirujano con tierra.

La manera en que somos afectados difiere dependiendo del área en que seamos traicionados, pero de igual modo somos afectados.

Es importante, por tanto, meditar en este asunto. No sólo por el hecho de que somos afectados por la traición, sino especialmente por el hecho que nosotros también afectamos a otros cuando les traicionamos. ¡¡En esta área somos tanto víctimas como victimarios!!

Debemos proponernos que sin importar las circunstancias, no seremos instrumento para traicionar a nadie. Que no nos prestaremos para tan baja forma de actitud.

Debemos proponernos que nuestra vida estará marcada por la fidelidad. Hay personas que encuentran en la traición de otros, una razón (yo diría “excusa”) para devolver mal por mal, pero esa no es la regla de Dios.

Como ya he mencionado en otra ocasiones “a Dios no le importa TANTO lo que nos hacen como la forma en que RESPONDEMOS a lo que nos hicieron”.

Concretamente, Jesús se angustió cuando llegó el momento de decir que uno de los suyos le entregaría y puedes estar seguro que no sólo se angustió por lo que vendría, sino también porque quien le entregaba era uno de los que Él amaba.
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Author: gabtorar
•14:48
Juan 13:21 “Habiendo dicho Jesús esto, se conmovió en espíritu, y declaró y dijo: de cierto de cierto os digo, que uno de vosotros me va a entregar”

Hay cosas inevitables en la vida. Caminos por los cuales, nos guste o no, tendremos que atravesar.

Dios usa esos caminos y circunstancias para producir en nosotros un carácter más semejante el de Cristo. Por supuesto que la idea de Dios es esa, que seamos imitadores de Jesús llegar a ser como Él y esto es posible.

Los cristianos atravesamos por desiertos y getsemaníes, y del mismo modo viviremos la traición y el rechazo, como Él los vivió.

Judas era contado con los doce, tuvo las oportunidades que los demás tuvieron, vio lo que los demás vieron, escuchó lo que los demás escucharon pero decidió distinto a como los demás decidieron.

Hay mucha controversia sobre el tema de la predestinación. Pero yo sólo quisiera decir lo siguiente: la escritura decía que uno entregaría al Señor pero en ninguna parte decía el “nombre” de quien lo haría.

Pudo haber sido Juan, Pedro o Lucas, pero fue Judas y no porque Dios lo mandara así, sino porque él decidió hacer lo que otros no estuvieron dispuestos a hacer.

Habría un hijo de perdición, pero en ningún sitio decía el nombre de tal hijo de perdición.

A diferencia de Jesús que fue anunciado por el ángel y aun su nombre fue especificado, Judas, el traidor, fue otra cosa. Él escogió traicionar al Señor. Nadie lo obligó.

Y si por causa de él hubo sufrimiento, es innegable que para él también lo hubo.

Jesús debía ser traicionado pero no merecía ser traicionado. Alguien tendrá que hacerlo pero no tenía que Judas. El problema es que él estuvo dispuesto hacer el trabajo.

Nadie lo mandó hacerlo. Él lo decidió y necesitamos entenderlo.

Lamentablemente si bien podemos hablar de lo mal que hizo Judas habiendo entregado al Señor, no debemos admirarnos, ya que muchas veces actuamos como Judas.

No porque entreguemos a Jesús, pero entregamos a otros. A nuestro esposa, esposo, traicionamos a nuestros hijos, a los que llamamos amigos… en fin, la traición está cercana a cada uno, pero nosotros decidimos si le damos lugar o no.

Es triste reconocer que pagamos mal a quien nos ha hecho bien:

¿Has pagado mal a quien te ha hecho bien? ¡Estoy seguro que si!

Traicionamos y a veces no nos damos cuenta de lo terrible que es hasta que lo vivimos en carne propia.

La traición es una de las avenidas por las que Cristo nos permitirá transitar.

Si en verdad queremos llegar a ser como Él, tendremos que atravesar por cosas que Él vivió. Es necesario para identificarnos con Él.

Es difícil saber lo que alguno siente si no nos identificamos con él, si no nos ponemos en su lugar, y hay cosas en las que Cristo nos concederá el honor de ponernos en su lugar, aun cuando eso signifique tener que vivir en carne propia la traición de alguno.

Los primeros creyentes se sentían gozosos de ser tenidos por dignos de sufrir a causa del Señor. Y ellos fueron traicionados por falsos hermanos que encubiertamente se metían en la iglesia para entregarles a la muerte o para coartar la libertad que estos tenían en Cristo.

Seremos traicionados de eso no cabe duda, y que los traidores tendrán su propia recompensa tampoco es algo que necesitemos debatir.

Oremos a Dios que no haya en nosotros un corazón malo y egoísta capaz de pagar mal a quien nos hace tanto bien.
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Author: gabtorar
•8:37
Isaías 35:4 “decid a los de corazón apocado: esforzaos, no temáis; he aquí que vuestro Dios viene con retribución, con pago. Dios mismo vendrá y os salvará”

Muchas veces no estamos lo suficientemente conscientes del hecho que hay cosas a las que nosotros no damos importancia, pero que son muy relevantes a la hora de recibir recompensas.

Desde que somos muy pequeños las recompensas cumplen un rol importante en la vida de las personas.

Las recompensas tienen una finalidad motivadora. Es motivante saber que nuestro trabajo producirá frutos y que además podemos llegar a participar de los beneficios de tales frutos.

En lo cotidiano siempre estamos sembrando, aun sin darnos cuenta de ello. En cada cosa que hacemos (o dejamos de hacer), en cada acto, en cada gesto. ¡¡Cada día que vivimos es una oportunidad para sembrar y luego cosechar!!

El trabajo tiene sus costos pero también sus recompensas.

El cielo, por ejemplo, más que una estación definitiva para todo ser creado, es una recompensa a quienes se esfuerzan por tener lugar allí, por vivir de acuerdo a las normas que son aceptables allí y de agradar a quien es Rey allí.

Al cielo no se entrará “si o si”, mas bien al cielo se llegara “si…”, es algo condicional.

Imagínate lo terrible que sería que el cielo estuviera lleno de narcotraficantes, prostitutas, asesinos, ladrones, pervertidos de toda clase, etcétera.

¿Qué clase de cielo sería ese? ¿Qué diferencia tendría con esta vida? ¡Ninguna!

Por supuesto que un cielo en esas condiciones “no sería cielo”. Sé que no todos van a estar de acuerdo conmigo en este punto, pero he llegado a esa conclusión después de mucha meditación en la palabra de Dios.

Otra razón por la que existe el cielo y el infierno, es porque hay personas que no encajarían en el cielo. Para ellos sería un lugar aburrido, demasiado correcto, demasiado ordenado. Sería tan fuera de lugar como ser invitado a una reunión en que todos los demás hablan otro idioma y solo tú hablas distinto. En algún punto de la reunión sentirías que fue un error haber ido a ese lugar ¿No?

Dios es tan justo que nos ofrece la posibilidad de escoger donde pasaremos la eternidad.

Por ello se hace tan indispensable tener presente este tema de las recompensas.

Debemos y trabajar voluntariosa y concientemente si deseamos llegar a ser recompensados.

La palabra del Señor nos habla de la retribución.

Retribución significa “recompensa o paga o por algún trabajo o
Servicio”. Dice la palabra del Señor que Dios mismo vendrá para dar retribución.

¿Cuál será la retribución que Dios tendrá para nosotros ese día?
Es posible saber y tener la tranquilidad de que recibiremos bien, si en verdad hemos estado trabajando o sirviendo del modo correcto.

A veces limitamos esto a la esfera del trabajo, pero ser mamá o papá ¿no es un trabajo también? ¿Cuál ha sido nuestro comportamiento como hijos, hermanos o amigos?

Sabiendo de antemano que habrá retribución sería muy sensatote nuestra parte hacer los cambio pertinentes de modo que ese día obtengamos una buena cosecha. Y una buena cosecha es producto de un trabajo meticuloso, serio y de la ayuda del Señor.

Encomendemos nuestro trabajo en cualquier área a Dios y trabajemos haciendo nuestra mejor parte, teniendo fe y convicción que ese día recibiremos justa retribución.
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Author: gabtorar
•7:13
Efesios 6:14-17

Ayer escribí del versículo 13, sobre los días malos. Sobre la necesidad de tomar la armadura de Dios.

Pero quizás alguno se preguntará ¿Cuál es la armadura de cristiano? ¿Qué será aquello tan consistente que tenga la capacidad de resistir los embates del maligno en esos días que se levanta en nuestra contra?

Los versículos siguientes desde el 14 al 17 describen tal armadura.

En primer lugar, tenemos la verdad. La verdad tiene un poder protector contra las mentiras y contra todo lo falso, asimismo contra el engaño.

En un mundo en el que mentir es “pan de cada día”, Jesucristo, quien demostró ser la verdad, pondrá una especial cobertura sobre aquellos que practican, viven y proclaman la verdad.

En segundo lugar, aparece la justicia.
¿Qué es la justicia? El diccionario la define como “la virtud que inclina a dar a cada uno lo que le pertenece o corresponde”.

El cristiano que hace justicia con su prójimo, está vistiendo su propia vida con una coraza de justicia. La ley espiritual de Dios dice que “todo lo que uno siembre, ESO cosechará”.

Por ello, para poder hacernos justicia en su momento, Dios necesita que nosotros actuemos con justicia.

Dios no puede defendernos si hacemos cosas injustas porque Él no puede transgredir sus propias leyes.

Otra parte de la armadura es la paz. ¿Cuántas personas conoces que lo único que saben es causar alborotos?

Existen personas que se caracterizan negativamente por ser peleadores, donde quiera que están generan discordia. Pero Dios ama a los pacificadores.

Los líderes de las naciones tendrán la responsabilidad de rendir cuentas por los conflictos bélicos que han suscitado innecesariamente.

Dios ama la paz, Jesucristo es Príncipe de paz, y por supuesto guardará a quienes la practican y promueven.

La siguiente es una importante arma que aunque más defensiva que ofensiva, también forma parte de esta armadura: La Fe.

Sobre todo lo anterior, la fe actúa como un escudo que nos permite apagar los dardos de fuego enviados por el maligno.

Hay días que el maligno se ensaña contra nosotros y nos bombardea con dardos. Esos dardos son lanzados especialmente contra nuestro corazón. La idea de ellos es hacernos dudar. Llevarnos a cuestionar la fidelidad de Dios.

Esos dardos especialmente en los tiempos de mayor aflicción para nuestra alma, buscan llevarnos al escenario en que nos preguntemos ¿dónde está Dios en medio de todo lo que estoy viviendo?

El fin es que dudemos del sincero amor que Dios nos tiene para que nos apartemos de Él, que simplemente digamos “está demás seguir a Dios o servirlo, mejor voy a vivir independientemente, lejos de Él, de sus mandamientos, de Su voluntad”.

Tú no te puedes imaginar cuanta gente ha abandonado el camino de la fe porque esos dardos dieron en el blanco de sus corazones y hoy día a sus tristes existencias se les debe añadir que viven desamparadas (para ellos mismos) de los cuidados del Señor, que es el buen pastor de nuestras almas.

Por ello el Señor nos manda tomar el escudo de la fe.

Para muchas personas el tema de la fe tiene que ver con el tamaño, pero no para Dios. La fe no necesita ser grande sino sólida.

Un sólido escudo de fe logrará bloquear o detener los dardos enviados por el maligno impidiendo que estos den el blanco de nuestros corazones, impidiendo que nos roben el hambre por las cosas de Dios.

Hay dos cosas más que completan la armadura del cristiano una de ellas es el yelmo de la salvación.

La humanidad desde Adán, caída de la gracia de Dios necesita salvación. Cristo vino a morir en la cruz precisamente porque la humanidad necesitaba tal clase de sacrificio por los pecados.

El yelmo era esa parte de la armadura antigua que resguardaba la cabeza. En nuestra cabeza debemos estar claros de si hemos recibido tal salvación o no, porque sin tal convicción o seguridad, tampoco habrá vida eterna junto a Dios para nosotros.

Curiosamente en la cabeza donde residen los sentidos más importantes del ser humano y por ello debe ser debidamente guardada.

La última parte de esta armadura es la espada del Espíritu.
Eminentemente ofensiva, la espada del Espíritu, claramente identificada aquí como la Palabra de Dios, es aquella herramienta de lucha que necesitamos tener a mano para cortar la cabeza de los enemigos espirituales que nos acechan a diario y especialmente en esos días malos.

David, no se conformó con hacer caer a Goliat de un hondazo. Acto seguido tomó la espada y le cortó la cabeza.

Es que había que asegurarse que ese gigante una vez caído no se volvería a levantar, que ya no volvería a “ser tema” en la vida de David.

¿Has tomado la espada del Espíritu Santo para cortar las cabezas de los gigantes que te persiguen?

No te conformes con aturdirlos de un golpe, toma la espada de Dios y córtales la cabeza para que no se vuelvan a levantar contra ti.

Tómate el tiempo para diariamente vestir la armadura.

Tal vez te sea algo incómoda, quizás hasta genere más de algún comentario hostil en tu contra pero es lo único que efectivamente te protegerá en el día malo.
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Author: gabtorar
•6:59
Efesios 6:13 “Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes”

Hay que reconocer que hay días y días.

De vez en cuando nos toca vivir días que quisiéramos no haber amanecido para vivirlos, pero son parte de lo que Dios tiene para nosotros.

Para poder hacer frente a esos días, debemos, como dice la escritura, tomar toda la armadura de Dios. No debe quedar ninguna parte de ella sin usar. Es que hay días en que somos fuertemente golpeados por el enemigo.

Dios no nos brindaría una armadura sino supiera que necesitaremos de ella.

Creo sinceramente que, cual más, cual menos, todos tenemos claro que Dios no hace nada sin propósito, y la armadura del cristiano está allí para cumplir un propósito de protección.

El versículo deja bien en claro que hay un día malo.

Hay un día en el que amaneciste y no pasó mucho tiempo antes que las malas noticias comenzaran a llegar.

Es muy correcto decir que no es necesario buscar problemas, ellos nos buscan a nosotros y con increíble precisión nos encuentran, como si tuvieran un GPS, dan con nuestra morada y a veces nos afligen la existencia.

Hay días que quisiéramos no haber vivido. Así como Job, que llegó a decir “perezca el día en que yo nací”. Su aflicción fue tal que deseó que el día de su nacimiento no hubiera existido jamás.

Aunque nos agradaría que las cosas fueran de manera distinta, Dios ha dispuesto que tengamos ciertos días en que nuestra frágil humanidad queda todavía más expuesta.

En aquellos días nos queda más claro que no somos ni fuertes ni capaces como a veces pensamos, y que es sólo por la gracia de Dios que estamos y permanecemos.

El día malo viene, muchas veces, sin avisar. Job no esperaba verse rodeado de calamidades que trastornarían su apacible y piadosa vida de manera tan estrepitosa, pero el día malo apareció y aunque Job no estaba esperándolo, habiendo acabado todo estuvo firme.

¿Cómo pudo ser? Es que su vida estaba plantada en el fundamento inamovible de la fe en Dios.

Job era un hombre temeroso y de ese principio se desprende toda verdadera sabiduría, del temor a Dios, aquello abundaba en la vida del piadoso Job.

Sin que mediara otra razón, más que su devoción y fidelidad a Dios, Satanás vino con furia impetuosa contra este santo, que no atribuyó despropósito alguno a todo lo que vivió, sino que como broche de oro a todas sus calamidades, en un acto imposible de entender para cualquier mortal sin fe, se postró en reverencia al Omnipotente.

Después de haber perdido todo lo que amaba y tenia valor para su vida, “se postró en tierra y adoró a Dios”.

Al postrarse no estaba diciendo que le encantaba la situación que estaba viviendo, pero estaba diciendo algo que nosotros necesitamos aprender o al menos recordar si ya lo sabíamos: “No importa lo que pase, Dios es Dios, Dios sabe, Dios da, Dios quita, y Dios merece SIEMPRE, más allá de cualquier circunstancia, nuestro reconocimiento y adoración.

Sabiendo que el día malo puede venir (y que de hecho va a venir, sólo que Dios sabe cuando) debemos ponernos a diario la armadura de Dios.

Este trámite de ponerse y quitarse la armadura puede parecernos engorroso o molesto, pero es necesario para nuestra propia protección.

Hay cosas que como cristianos no nos parecen gratas o cómodas de hacer, pero nadie dijo que la vida en Cristo lo sería. Estamos bien apercibidos que mientras estemos en esta vida, seremos blancos de los ataques del maligno, y por eso es sensato atender a la palabra de Dios, en el sentido de ponerse toda la armadura.

Por último, entender que la armadura hace una parte, pero hay otra importante exhortación aquí: “habiendo acabado todo, estad firmes”.

Gracias a Dios por anticiparnos que aun el día malo tiene fin. La vida de Job fue restaurada plenamente, pero antes de la restauración, es mas, justo después del ataque del maligno, hay efectos devastadores y es en ese tiempo cuando necesitamos estar firmes para no desmayar al ver los resultados del bombardeo espiritual.

En resumen, Dios desea que como hijos suyos estemos siempre en condiciones de hacer frente a las adversidades y para ello es fundamental seguir la siempre oportuna e inequívoca dirección de las escrituras.
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Author: gabtorar
•8:18
Gálatas 6:7 “no os engañéis; Dios no puede ser burlado, pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará”

Sería bueno partir haciendo énfasis en la primera parte de este versículo: no os engañéis. Dios es un Dios de verdad, no que a él le guste la verdad solamente, ¡Él es la verdad! y fuente de todo lo que es verdadero y puro.

Por ello, Dios aborrece que los hombres sean engañados.

Dios juzgará a Satanás (entre otras cosas) no sólo por su propia rebelión contra la autoridad divina, sino también por el hecho de ser un engañador de la humanidad que Dios creó.

Juan dice que el mundo entero está bajo el maligno, esto es, bajo el efecto del engaño que Satanás ha introducido en la humanidad a causa del constante rechazo de los hombres hacia las verdades de Dios.

En Dios no existen medios días, Él nos llama siempre a asumir una posición, con Él o contra Él, somos del día o de la noche.

Dios sabe muy bien que “o vivimos en la verdad o vivimos en el engaño”, y te aseguro amado lector que a Dios no le gusta que la gente sea engañada.

Por otro lado el versículo nos muestra también que Dios se da cuenta que hay hombres que lo tratan de burlar.

Una de las cosas tristes de quienes mienten es que llegan a creerse sus mentiras.

La mentira (engaño) es adictiva, nos va envolviendo y lo que un día partió por ser una mentira del momento, se transforma en “una historia de vida”, a la que el relator le añade sabrosos detalles para hacerla más apetitosa o espectacular. La triste verdad, es que sin importar cuan bien suene, no es mas que una mentira y lo falso no permanece, tarde o temprano, Dios expone las cosas por lo que son.

Hay personas que intentan (¡¡mira el engaño hasta donde puede llegar!!) engañar a Dios, convencerlo de cosas que Él sabe que no son ciertas.

Esto ocurre especialmente cuando tratamos de justificarnos con Él.

Pensamos que así como nos resulta cono lo demás, con Él también puede llegar a funcionar. ¡¡Nada más alejado de la realidad!!

El Señor no puede ser burlado, es cuestión de imposibilidad.

Del mismo modo que un perro no puede volar porque carece de las alas y todo lo demás que posibilita tal cosa, asimismo Dios NO PUEDE ser burlado.

Y ahora de muestra un botón.

Por estos días está candente el tema del matrimonio homosexual.

Oímos de grupos a favor y en contra. Sin embargo, este tema (y otros muchos) no serían tema, si no fuera por culpa de los efectos del engaño.

Una cosa es que una persona (por las razones que sea) opte por una opción sexual que de plano va contra su naturaleza, y que aun no tiene base científica comprobable que la sustente. Permítame agregar que nunca la tendrá porque es antinatural.

Otra cosa es que dos personas, (por las razones que sean) en su mente engañada crean que pueden llegar a formar una pareja normal, algo así como un matrimonio. Lo cual jamás será, porque un matrimonio se compone de un hombre y una mujer, no de uno que “actúa” como hombre o como mujer.
Pero el engaño va más allá, no se sacia, date cuenta ¡¡es una droga!!

Pero una tercera cosa es que esas dos personas lleguen a pensar que pueden ofrecer a un niño o niña, el ambiente, las condiciones para formar un familia.

Es que el engaño no tiene límites.

Por supuesto para tratar de legitimar la posición, se recurre a toda clase de argumentos que desde el comienzo van mal.


Los grupos llamados minorías sexuales se quejan de nosotros, de nuestra postura radical (que hay que decirlo, no es contra ellos en si, sino contra los antivalores que ellos engañados quieren implementar).

Pues bien, ellos dicen “ustedes, nos discriminan”. Y con ese discurso gana ventaja para hacer valer sus posición.

¿Cuándo vamos a despertar, cuándo se va a levantar gente llena del espíritu de Dios como Esteban que diga “en amor” la verdad que es la única que liberta del engaño?

Si ellos dicen: “ustedes”, soy yo el que está siendo discriminado. “Ustedes” representan otro grupo, otra clase de gente.

Cuando dicen “ustedes los evangélicos” o “ustedes los religiosos”, son ellos los que están discriminando nuestra legítima y natural posición de vida.

Hermano, no te dejes engañar por esta habladuría de la tolerancia y del amor al prójimo. Mira como se manipula la palabra de Dios.

Personas que no creen en el orden de Dios para la familia (hombre y mujer e hijos como fruto de de ESA relación), pero que a la hora de tratar de defender su postura equivocada, echan mano de la palabra de Dios. ¿Puedes ver el engaño del diablo detrás de todo eso?

Es tiempo de que despertemos. Que abramos los ojos, que nos abramos a la verdad porque si no lo hacemos el engaño, inmisericorde, no perdonará.

Como no perdonó al querubín protector convirtiéndolo en un diablo, como no perdonó a Eva en el huerto… así tampoco a nosotros nos perdonará bajo ninguna circunstancia.

El engaño tratará de sumergirnos en la oscura profundidad de sus aguas donde feroces bestias pueden devorarnos de un solo mordisco.

Cuidado con el engaño. No es inofensivo aunque lo parezca.
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Author: gabtorar
•9:00
Hechos 3:6 “mas Pedro dijo: No tengo plata ni oro, pero lo que tengo te doy; en el nombre de Jesucristo de Nazaret levántate y anda”

Este pasaje ha sido para mi una fuente de mucha inspiración, Hace muchos años Dios lo usó par ilustrarme cómo ha cambiado la iglesia.

El hombre al que sentaban a las puertas del templo pedía limosnas a quienes entraban allí.

La entrada de un templo es un buen lugar para que quienes entran allí practiquen la piedad. Pero este hombre se encontró un día con una gran sorpresa.

Su mayor aspiración era poder recibir algo materia que supliera temporalmente sus necesidades. Mas un buen día, en el nombre de Jesucristo de Nazaret, este hombre recibió una dádiva que le cambió no sólo el día, ¡¡sino la vida!!

Pero lo que me llamó la atención hace muchos años fue que Pedro y Juan eran apóstoles. La palabra de Dios dice que la hermandad que poseía heredades o casas, las vendían y traían el precio de lo vendido ¿y sabes lo que hacían? Lo ponían a los pies de los apóstoles.

Pues bien, Juan y Pedro eran apóstoles y cuando este hombre les pidió, Pedro le dijo “no tengo plata ni oro”. ¿Será que Pedro estaba mintiendo? No, claro que no. Él estaba diciendo la verdad.

La verdad es que no tenían plata ni oro, porque lo que la gente llevaba y ponía a sus pies era repartido y así no había necesitados en la iglesia.

Pedro efectivamente no tenía dinero, pero sí tenía algo. Algo que no era suyo, pero que operaba por medio suyo. Y eso fue lo que le dio al hombre cojo.

Ese día, inolvidable para quien pedía limosnas, Jesucristo transformó la vida de un hombre, dándole independencia y libertad.

Ya no necesitaría que otros le llevaran a la puerta del templo, ahora el podría moverse sin que otros lo tuvieran que trasladar.

¿Has recibido del Señor tal clase de independencia?

Pedro siendo apóstol no tenía plata ni oro, pero tenía algo mejor.

La plata y el oro hubieran dado a ese hombre un buen día, pero la dádiva de Cristo le dio una buena vida

Las cosas han cambiado mucho desde entonces. Hoy los apóstoles (siempre hay excepciones) tienen plata y oro, por montones, pero carecen de ese poder que transforma la vida de las personas.

Los cojos (físicos y espirituales) siguen sentados a las puertas de los templos, sin más aspiraciones que recibir algo material.

La gran verdad detrás del escrito de hoy es que solo podemos dar lo que tenemos.

La triste realidad que debemos enfrentar es que hoy día tenemos lo que Pedro y Juan no tenían, esto es dinero, pero carecemos de lo que a ellos les sobraba, poder para transformar vidas.

¿Cuál es tu depósito? ¿Oro o plata? ¿La autoridad de Jesucristo para cambiar (en Su nombre) la vida de los cojos de esta vida?

El dinero es muy necesario, pero hay cosas que no puede comprar.

La sanidad de ese hombre, la transformación que experimentó esa vida, el universo que Jesucristo abrió ese día para ese hombre, no lo puede comprar ninguna riqueza del mundo.

Los cojos de nuestro tiempo siguen las puertas de nuestros templos esperando recibir algo de nosotros

¿Qué tenemos para dar?
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Author: gabtorar
•9:05
Santiago 4:3 “pedís y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites”

Cuando uno lee con atención la palabra de Dios se da cuenta que la voluntad de Dios es que le pidamos, en primer lugar y en segundo lugar, que podamos tener esas peticiones que le hemos hecho.

Básicamente el problema no es pedir a Dios, eso es algo que Él desea que hagamos. El asunto es qué nos mueve a pedir lo que le solicitamos.

Si no somos cuidadosos terminamos haciendo de la oración un acto egoísta, de búsqueda de autosatisfacción, centrado en uno mismo. Y por supuesto que la oración es mucho más que eso.

El texto aclara que muchas de las cosas que pedimos no las llegamos a recibir porque la motivación es incorrecta: hay egoísmo, y el egoísmo (la carne) nunca produce buenos frutos. Por lo tanto es algo que el Señor no esta dispuesto a alimentar.

La mayoría de las tragedias que afectan a la humanidad son la consecuencia de actos egoístas, de personas que viven y piensan para si mismas solamente.

Uno debe amarse, pero el siguiente paso es amar al prójimo con el mismo amor y en ese punto quedamos siempre cortos.

La ley del embudo (lo ancho para mí, lo angosto para tí) es el emblema de las personas egoístas.

Este verso nos debería hacer pensar en la motivación de nuestras peticiones y en quien será beneficiado en caso de haber respuesta.

¿Es mi oración una lista continua de peticiones personales? ¿Qué lugar ocupan las necesidades de otros en mis oraciones?

Santiago decía que la razón por la que no recibían lo que pedían era por que pedían para sí mismos, para sus deleites.

¿Lo que Cristo hacía a quien beneficiaba? Sus oraciones ¿qué perseguían? ¿Lo Suyo o lo de Otro?

Todas la obras que Jesús realizaba ¿a quién beneficiaban? Está claro que a Él no, a Él le trajeron dolor en lugar de gloria.

El no servia por interés, por ganancia, o por fama siquiera. Cada vez que alguno se acercaba para darle gloria, Él inmediatamente redireccionaba esa gloria PARA el Padre.

Jesús no era egoísta en su vivir y mucho menos en sus peticiones de oración.

Que bueno sería que por fin aprendiéramos que el peor enemigo del cristiano no es el diablo, sino uno mismo.

Pablo le dijo a Timoteo “ten cuidado de ti mismo”. Satanás, el adversario, nos ocupa a nosotros mismos para destruir el plan de Dios para nuestra vida. ¡¡Y como usa el egoísmo!!

Todas las infidelidades son producto de un espíritu egoísta que piensa en si mismo nada más.

Las oraciones pueden llegar a ser abominables cuando están cargadas de ese espíritu anticristiano y bestial, que a veces tiene apariencia de piedad pero niega la eficacia de ella.

Dios nos libre de esa maldición que representa una vida personalista que no tiene tiempo ni lugar para otros.

Si Jesús dijo que servir era la meta del cristiano, que él estaba entre nosotros como uno que sirve. Para servir hay que crucificar el egoísmo.

Dios desea que pidamos, y Él ha prometido responder esas peticiones si ellas están en Su voluntad, y te aseguro amado(a) en el Señor, que el egoísmo no tiene nada que ver con su Divina voluntad.

Comencemos a pedir bien, y nos gozaremos al recibir respuesta.
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Author: gabtorar
•10:46
Hebreos 5:8 “y aunque era hijo, por lo que padeció aprendió la obediencia”

Alabo la transparencia con que el Señor nos entrega pequeños pero importantes detalles para el correcto desarrollo de nuestra vida espiritual por medio de Su Palabra.

En este texto nos revela un poco del camino que debió transitar nuestro Señor Jesucristo para llegar a ser ese “hijo amado que complace al Padre”.

Cristo no se aferró a su divinidad como un medio para hacer la voluntad de Dios. ¿Qué valor tendría que Él hubiera vencido a la carne, al diablo y al mundo, si lo hubiera hecho en su divinidad?

Pero nosotros sabemos por la palabra que Él fue tentado en todo según nuestra semejanza y que fue sin pecado, en cada una de esas tentaciones.

Hay un elemento importante para el éxito en la vida del cristiano que se nos señala acá: “el padecimiento como medio de enseñanza”.

Los padecimientos tienen un efecto purificador y disciplinario. Ellos producen en nosotros un carácter que de otro modo nunca se llegaríamos a poseer.

Dios los usa como herramientas para enseñarnos, y la lección que se manifiesta en el verso es clara: “aprender la obediencia”.

La obediencia es algo que no se trae de manera natural. Si hay algo parte del hombre caído que se muestra con bastante rapidez desde edades muy tiernas es la capacidad de rebelarnos a lo establecido y buscar hacer nuestra propia voluntad.

Por tanto la obediencia es algo que uno debe aprender. Aun en la milicia esos muchachos desaliñados y rebeldes aprenden a comportarse (no estoy diciendo que su naturaleza sea cambiada, pero si su conducta) a cuadrarse y obedecer órdenes e instrucciones de otros.

Aun los padres de esos jovencitos, se maravillan al ver el cambio en ellos.

Por supuesto, esto no ocurre por casualidad. Es producto de la disciplina, de la instrucción a que son sometidos.

En la vida cristiana a veces no nos sujetamos a la palabra de Dios e insistimos en hacer nuestra propia voluntad. Eso nos vuelve candidatos seguros al proceso instruccional del Señor.

A todos nos gusta recibir los beneficios de tener al lado la ayuda de un Dios que todo lo puede, que salva, sana, provee, y todo lo demás, pero no nos parece tan genial la idea de tener que estar sujetos a ese Dios, porque creemos que nuestros planes son mejores que los Suyos.

Continuamente y a veces no teniendo la más mínima intención de hacerlo, nos rebelamos contra su orden. Por ello Dios nos disciplina, nos enseña a obedecerle.

Debemos meditar el hecho que Jesús aunque era Hijo aprendió a obedecer. La obediencia se encuentra en todos nosotros en potencia, pero el ejercerla demanda disciplina y Dios está especialmente interesado en que aprendamos a obedecerle.

Todas las personas de este mundo padecen por diversos motivos. Las catástrofes, enfermedades, las aflicciones propias de la vida, añaden una cuota de padecimiento a nuestra existencia. Pero muchos cristianos atraviesan por circunstancias que bien pudieran evitarse si no fuera porque no se dejan mover por Dios.

Si Jesús nuestro ejemplo debió atravesar por padecimientos que le enseñaron obediencia. ¿Qué nos queda a nosotros?

¡¡Seguir su ejemplo!! Dejarnos enseñar en este tema tan crucial para una vida cristiana verdaderamente exitosa.

Jesús tuvo éxito no por la cantidad de gente que sanó o liberó, o por la espectacularidad de sus milagros, sino particularmente porque fue capaz de decir “consumado es”. Esto es, cumplir obedientemente con la voluntad del que le envió.
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Author: gabtorar
•6:51
2 Timoteo 4:14 “Alejandro el calderero me ha causado muchos males, el Señor le pague conforme a sus hechos”

El evangelio de Dios es una buena noticia que nos habla del plan redentor de Dios para con la humanidad.

Las muchas discusiones que se generan a raíz del tema de la fe, pierden el norte cuando los hombres olvidan que hace algunos miles de años el hombre, un ser creado, finito y limitado, decidió independizarse de su creador.

No era posible entonces, vislumbrar las nefastas consecuencias de tal determinación, pero Dios, inmediatamente echó a andar un plan para buscar y salvar lo que se había perdido.

Entonces Jesucristo entra en la escena como Mesías y Salvador, enviado al mundo como un cordero que pagaría el precio definitivo para que todos los que llegamos a comprender la necesidad de un salvador, tuviéramos en Él, tan preciada oportunidad de abuenarnos con el Creador y tener acceso de vuelta la reino que Adán perdió en esa alocada decisión que tomó en el Edén de desobedecer a Dios.

El evangelio es, por tanto, un regalo, no una imposición. Está dado en función de una posibilidad, (¿cuántas veces hemos deseado solamente tener “la oportunidad de”?), por cierto, la única viable para quienes anhelan un lugar en el cielo, pero por ningún motivo puede obligarse a alguno a recibirlo, porque entonces dejaría de ser lo que Dios planeó.

Desde luego, Dios desea que todos puedan ver el gran amor puesto en haber dado su Hijo por nosotros, pero no podemos obligar a la gente a reconocer tal sacrificio. Y a veces las congregaciones tratamos de meter el evangelio por las narices a las personas, y lo único que conseguimos es vacunarles contra el mismo.

Más allá de toda discusión, sabemos que hay gentes que lo reciben de buena gana, pero otros se oponen férreamente (por las razones que sean) y nuestro texto nos muestra un ejemplo de ello.

Poco se sabe de este hombre. Se conoce su nombre (Alejando), su oficio (calderero), y el perjuicio que ha causado a quien estaba anunciando el evangelio (me ha causado muchos males), y lamentablemente también se hace patente el costo que esto tendrá para su vida (el Señor le pague conforme a sus hechos).

Es que todo lo que uno siembre, ESO cosechará. Es lo que dice la ley espiritual inquebrantable del Señor.

Dado que el evangelio es un regalo de Dios, no podemos imponerlo a las personas pero por la misma naturaleza de este las personas no deberían impedirlo que otros lo reciban.

Es peligroso violar los principios de libertad de albedrío que Dios ha otorgado al hombre.

Si Dios mismo respeta esto ¿quiénes somos nosotros para no hacerlo?

Con tristeza debo reconocer que he conocido personas que queriendo llevar el evangelio a otros, sólo han logrado hacer que las mismas ya no quieran nada con el evangelio.

Eso ocurre cuando no consideramos la palabra de Dios. Eso ocurre cuando no entendemos que la salvación es una obra del Espíritu de Dios y no de los hombres.

Del mismo modo es muy delicado meternos entre Dios y el plan que Él tiene para alguno con Su evangelio.

Alejandro debió haberse hecho a un lado simplemente. En lugar de eso, se volvió un opositor al trabajo de Pablo y por ende al de Dios. ¡¡Qué locura!!

Es cosa muy seria obstaculizar el fluir de la palabra del Señor.

He conocido personas que sin tener verdaderamente razones, se colocan en medio para detener la obra de Dios.

Personalmente lo he experimentado y debo decir que es lamentable porque Dios siempre hace camino para que Su plan se lleve a cabo.

Sin embargo tal y como Jesucristo le dijera a Saulo dura cosa te es dar coces contra el aguijón.

Es duro para nosotros cuando nos ponemos entre Dios y Su propósito con algo o con alguien. Es duro para nosotros cuando comenzamos a perseguir a Dios o a quienes hacen la obra de Dios.

Sería muy sabio hacerse a un lado y seguir nuestro camino, con Dios o sin Él, pero ponerse contra Él, eso es insensato

Cuando alguno no quiere recibir la palabra de Dios, deberíamos entender que tal vez no sea el tiempo y después de haber lanzado la semilla, hacernos a un lado, dejar a Dios actuar.

Penosamente lo tomamos como algo personal y en vez de hacer bien, terminamos produciendo el efecto contrario en las personas.
Las volvemos contrarias a lo único que les puede garantizar eternidad con Dios.

Dios nos ayude a entender este sencillo pero importante punto. Y sobretodo a no llegar nunca a estar en la posición de Alejandro el calderero.
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Author: gabtorar
•9:36
1 Tesalonicenses 5:22 “Absteneos de toda especie de mal”

Quizá te hayas preguntado si existe alguna fórmula para ser exitoso en la vida cristiana.

Las librería seculares (y algunas que comercializan literatura cristiana) cuentan con bastantes “best-sellers” (libros que son éxitos de venta), que dicen contener la fórmula para un cuerpo escultural, para una vida sexual plena, para una vida próspera, para tener hijos felices, para un matrimonio ejemplar…los títulos son más de los que yo puedo recordar.

Y tal vez estos libros puedan llegar a ofrecer alguna guía que podría ser de provecho, pero no siempre dan con la raíz del problema. Además, la mayoría se basa en lo que uno debe hacer para conseguir tales cosas.

El verso de hoy nos proporciona gran ayuda para una vida cristiana de éxito y el énfasis está más bien en lo que uno “no debe hacer”. ¿Qué es aquello que jamás deberíamos hacer? Dar lugar al mal.

El mal se nos presenta de diversas maneras. Siempre anda buscando una puerta para entrar a nuestras vidas, porque el maligno sabe que un poco de levadura leuda toda la masa.

El enemigo conoce los principios bíblicos, sabe cuanto beneficio hay para nosotros cuando los aplicamos, y por ello se esmera en llevarnos a trasgredirlos para que en lugar de beneficios, llevemos los perjuicios que vienen por causa de hacer lo malo.

El apóstol entre muchas exhortaciones, les advertía a los hermanos de Tesalónica que se abstuvieran de TODA ESPECIE de mal.

Indudablemente en ello hay una decisión personal que debe ser tomada.
Abstenerse de cualquier cosa, es un acto de disciplina. La vida cristiana. Es una vida de disciplina.

Nuestra generación ODIA la disciplina, se rebela contra las normas, siempre busca quebrantar el orden y por ello a algunos les cuesta tanto entrar en el orden de Dios, que dicho sea de paso, es el único que garantiza verdaderas y perdurables bendiciones.

Hay cosas muy interesantes que rescatar aquí.

“Entre líneas”, la frase sugiere la idea que los cristianos somos drásticos para abstenernos de los que consideramos “grandes males”, (pecados, conductas, hábitos que sabemos derechamente que Dios no tolera), pero hay “pequeños males” que dejamos pasar, cosas que a la luz de la palabra de Dios son igualmente malas y que por ende, nos perjudican también.

Pablo manda abstenernos de TODA ESPECIE de mal porque hay una clase de mal que nosotros aceptamos, que no lo vemos tan malo, y esa prudencia (que es más bien imprudencia) nos trae dolorosas consecuencias.

Salomón decía que era preciso “cazar las zorras pequeñas”. Ellas parecen inofensivas pero a pesar de su diminuto tamaño, son eficaces en echar a perder las viñas.

El enemigo utiliza pequeñas cosas que son igualmente eficaces para echar a perder la obra que Dios está haciendo en nosotros. Por eso debemos abstenernos de TODA ESPECIE DE MAL.

Ponemos la mira en los grandes males que apreciamos en las iglesias.

Somos moralistas con las parejas que no están debidamente casadas, o con los jóvenes que se embarazan fuera del matrimonio.

Como fariseos, apuntamos nuestro dedo (el que debe ser quebrantado por medio del ayuno) contra esos “grandes pecados”, pero toleramos “mentir piadosamente” (¿) para justificar el no congregarnos o para no entregar el recurso económico que sabemos le pertenece al Señor. Toleramos nuestro tibio compromiso con quien nos salvó y todo porque a nuestros ojos esos no nos parecen tan grandes males.

¡Esas pequeñas zorras echan a perder la obra de Dios en nosotros!

¿Cuántos pequeños males permitimos en nuestra vida, creyendo la mentira diabólica, que por ser pequeñas cosas, no producirán un daño en nosotros?

Un gran mal que cometemos con frecuencia es que somos muy drásticos con cosas que no lo requieren, y desgraciadamente somos muy tolerantes con cosas que requieren “tolerancia cero”.

Esa mentalidad debe cambiar. Lo bueno nunca será malo y aquello que es malo por pequeño que sea, nunca, nunca, nunca llegará a ser bueno.

El llamado es abstenernos de TODA especie de mal.

Soplo esa disciplina asegurará éxito en nuestro caminar con Cristo. Él lo hizo y le funcionó.
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Author: gabtorar
•7:33
Isaías 40:29 “Él da esfuerzo al cansado y multiplica las fuerzas al que no tiene ninguna”

Creo que una de las grandes dificultades de las sociedades modernas es el tema el cansancio.

Son tantas las horas de trabajo, las presiones que la vida actual pone sobre los hombros de las personas que no es raro sentirse cansados.

Hace un par de décadas los jefes de familia (tanto padres como madres) comenzaron a sufrir el rigor de un sistema de vida inmisericorde, absorbente que cada vez deja menos tiempo.

Pero eso ya no es exclusivo de los padres y madres, ahora también se ha extendido a los hijos estudiantes y no hablo sólo de aquellos que estudian en la educación superior, sino que incluye también a los de niveles más elementales.

Junto con aumentar las horas de clases, han incrementado los libros y cuadernos, las tareas, los trabajos de investigación, las presentaciones, y con ello los niños y adolescentes cada vez tienen menos tiempo para ser niños.

Antaño las madres podían hacerse cargo de los hijos (¿podrían estos quedar en mejores manos?), ahora ellas también de sumarse a la maratón y salen corriendo a trabajar.

Este sistema de vida en el carril de alta velocidad, nos esta robando la esencia de la vida que es compartir, relacionarnos.

Las familias cada vez tienen más responsabilidades y menos tiempo para ser familia, para compartir.

No es raro que haya tanta desintegración familiar.

No es raro que los hijos en edad juvenil, sientan la necesidad de unirse a la tribus urbanas (no se como se llame fuera de chile, hablo de estas mini etnias, grupos, gangs, etc) para poder saciar este sentido de pertenencia inherente a los seres humanos

Sutilmente, pero a paso firme, este sistema, ha estado haciendo estragos en la estructura fundamental de toda sociedad que haya existido sobre la faz de esta tierra y nosotros no nos damos cuenta siquiera.

El agotamiento, el cansancio, el estrés, son sólo síntomas, manifestaciones del deterioro que estamos sufriendo por culpa de esta enfermedad.

De modo que ahora toda la familia corre a cumplir con los muchos compromisos que la vida actual impone a todos los miembros de la familia.

Ni siquiera los bebés escapan de esta norma. Las sala cunas están llenas de hijos e hijas de hombres y mujeres que desde muy temprano deben partir a producir al menos 5 veces por semana.

Esta separación, como todas las demás cosas en la vida, en algún momento nos pasa la cuenta. Pero eso es tema para otro día.

Todo lo anterior indudablemente que tiene al hombre (y mujer) promedios agotado y agobiado. No es solo el trabajo, es también la presión mental de saber que tus pequeños están en manos ajenas, que hay cuentas que pagar, que hay un montón de cosas que suplir y que el dinero cada vez alcanza para menos cosas en los supermercados.

No es extraño, en ese escenario, encontrarse con personas alicaídas y deprimidas, cansadas, desesperanzadas para quienes nuevas fuerzas no es una opción sino una necesidad.

En ese contexto mi alma bendice al Dios de la creación por su incomparable empatía con esta humanidad.

¡¡Cuan bien conoce Dios los pormenores de esta vida, cuan cercano esta Él a las necesidades de sus criaturas. Cuan presto está a darnos lo que necesitamos con tanta urgencia!!

Los cansados los que sienten que ya no tienen fuerzas pueden encontrar en Él una fuente de renovación y vida.

Dios tiene el poder, la facultad de renovar nuestras capacidades, de concedernos lo que falta para correr la siguiente milla.

Los hombres y mujeres de la biblia podrían hablarnos de cómo Dios les dio las fuerzas (que ellos ya no poseían) para sobreponerse y vencer en las situaciones mas adversas.

Dios es quien daba a los santos de la iglesia primitiva la fuerza para resistir ver a sus hijos ser devorados por los leones en el circo romano a causa del sistema diabólico opresivo de roma contra los cristianos del primer siglo.

Es verdad que este sistema esta haciendo mucho daño y agotando al hombre haciendo que su corazón se agobie y desfallezca.

Lo que el príncipe de este mundo no ha querido entender para su propia perdición, es que tenemos un Dios que obra milagros justo en los momentos en que más los necesitamos.

Dios puede y quiere darnos esas fuerzas que hoy nos faltan.
Para recibirlas debemos volver nuestra mirada y corazón Él.
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Author: gabtorar
•13:02
1 Pedro 4:12 Amados, no os sorprendáis del fuego de prueba que os ha sobrevenido, como si alguna cosa extraña os aconteciese

En la vida cristiana, pasamos por distintas etapas: períodos de instrucción, de espera, de búsqueda, de recibir respuestas… y también de prueba.

Como lo menciona aquí el apóstol Pedro, no debemos sorprendernos de ser probados. Las pruebas son parte del camino, son parte de la voluntad de Cristo para nosotros sus seguidores.

Indudablemente desearíamos sólo los momentos que a nosotros nos parecen agradables. Y aunque las pruebas NO son algo agradables,
¡¡son muy necesarias!!

Si pensamos con detención, descubriremos el enfoque pedagógico que tiene el evangelio: Jesús es el maestro, nosotros (quienes le seguimos) los aprendices, la vida el campo de instrucción, y las pruebas el instrumento de medición de nuestros aprendizajes.

En la pedagogía las pruebas son instrumentos que permiten evaluar los avances, el nivel de comprensión, y los aprendizajes, entre otras cosas.

Las pruebas son un método de retroalimentación indispensable para poder avanzar al siguiente nivel. Y en la vida cristiana esta constante también se cumple.

Por medio de las pruebas Dios nos purga de aquello que no aporta a Su plan ni a nuestro vivir.

Las pruebas tienen un efecto muy positivo en aquellos que de acuerdo a Su propósito han sido llamados.

Las pruebas conllevan un grado de aflicción que tiene un efecto purificador en nuestro ser.

Estas vienen en momentos inesperados para nosotros, el factor sorpresa hace que nos pongan en escenarios que no esperábamos y que por tanto nos podríamos anticipar.

Ese elemento las hace más eficaces todavía.

Pero debemos ser justos en señalar que no todas las aflicciones que vivimos son pruebas de Dios. Bien por el contrario la mayoría de las aflicciones que nos toca atravesar son consecuencia de nuestras malas decisiones.

Si conduzco a exceso de velocidad y a causa de ello impacto otro vehiculo provocando un accidente, no es para nada justo atribuirlo a a una prueba de Dios.

Eso es clara consecuencia de no haber atendido a las señales del camino, a las leyes del tránsito. Y ¿dime si nuestros problemas espirituales no son producto de no atender a las leyes de Dios?

Así que es muy necesario establecer que no todas las aflicciones que vivimos son pruebas del Señor.

Al contrario, las pruebas de Dios son esas circunstancias extras que si no fuera porque estamos haciendo la voluntad de Dios, no estarían allí.

Claramente podemos afirmar que las pruebas siempre van en pos del mismo objetivo: nuestra FE.

El objeto a evaluar siempre es nuestra capacidad para permanecer en la palabra de Dios, más allá de lo que las circunstancias digan o parezcan decir.

Pero la forma en que somos probados difiere según cada caso. Hay gran cantidad de ejemplos en la escritura, pero por ahora solo deseo hacer patente este pensamiento: “NO debemos sorprendernos de las pruebas que nos puedan venir POR CAUSA de nuestra fe en Cristo o por causa de obedecer a la palabra de Cristo”.

El fuego de prueba ha de venir sobre todos nosotros en un momento u otro y lo que realmente importa es estar en el Señor porque como Pablo mismo lo pudo comprobar: “Todo lo podemos en Cristo que nos fortalece”.

Por tanto, no debemos temer a las pruebas, ellas son buenas y necesarias, a lo que debemos temer es a si hemos estado asistiendo a clases, en contacto con el Maestro, recibiendo las herramientas que nos permitirán rendir ese examen con éxito.

Dios espera que aprobemos cuando la prueba toque nuestra puerta, pero las buenas calificaciones no son producto de la casualidad y la vida cristiana más alta tampoco lo es.
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Author: gabtorar
•12:57
Apocalipsis 3:1b) “Yo conozco tus obras, que tienes nombre de que vives y estás muerto”

La vida actual está poderosamente marcada por el poder de la imagen.

La calidad moral, los valores y cosas que por siglos han contado y tenido valor, han sido reemplazados por la vanidad de la imagen: “lo importante hoy no es la calidad, si no que se vea bien”.

Esta mentalidad ha permeado prácticamente todas las esferas del quehacer humano y a causa de ella nos hemos vuelto (como humanidad) seres vanos, superficiales, artificiales.

Aun las propagandas publicitarias entregan esa clase de mensajes. Te invitan a obedecer tus sensaciones, a seguir los impulsos.

Y sobre las consecuencias de nuestros actos, ni pensar. El slogan es “si te hace sentir bien, hazlo”…. Los costos, bueno eso se verá después.

Esa mente nos ha traído grandes dolores de cabeza y problemas sociales que van más allá de nuestra comprensión y capacidad de resolución.

La vida es hermosa si se vive dentro de los parámetros correctos.

Un vehiculo, por ejemplo, es una gran herramienta si se usa de la manera adecuada. Cuando se usa para obedecer a los impulsos de la adrenalina causa dolor y muerte. Es cosa de mirar los noticieros.

Y es fácil culpar a los que fabrican vehículos por las velocidades extremas que pueden desarrollar los autos, pero dejamos de lado nuestra propia responsabilidad en el asunto y para Dios eso es lo que cuenta.

Un auto como un televisor son AMORALES, es decir sin moral.
La televisión puede ser usada para proyectar cosas que nos acercan a un conocimiento más profundo de Dios pero también puede ser un medio en el cual exhibir lujuria y mugre que contamina el alma.

No podemos culpar a quien invento el televisor por esto, la responsabilidad recae sobre quien tiene el control remoto del mismo. Después de todo, esa pantalla proyectará lo que uno decida ver.

Así este mundo de tantos colores y luminarias nos cautiva con su espléndido despliegue de luces, pero nunca debemos olvidar que por vivo y excitante que parezca está muerto. No es más que apariencia.

Es que el maquillaje y las luces bien utilizados pueden cubrir una serie de impurezas, pero tarde o temprano la verdad siempre sale a relucir.

Jesús dijo al ángel de esta iglesia que “tenia nombre de que vivía pero estaba muerto”.

¿Cuántas cosas están del mismo modo en nuestras propias vidas?

Hablo de cosas que aparentemente se ven muy bien, pero que en el fondo no lo están.

La apariencia es algo muy cotizado en este mundo pero no tiene valor en el reino de Dios. En el reino de Dios es preferible sacrificar la apariencia en pos de lo verdadero, de lo que si tiene peso y valor.

Jesús dijo “si tu ojo te es ocasión de caer, sácalo”. ¡Qué afirmación, qué radicalidad!

La mentalidad de mundo diría “haz lo que tengas que hacer, pero por nada pierdas ese ojo, se vería muy mal una persona con un solo ojo”.

Pero en el reno de Dios lo que vale es “lo que hay”, no “lo que parece haber”.

Muchos hogares parecen bien constituidos, ejemplares pero no son más que una bonita actuación de gente que se ha curtido en el arte de aparentar.

Lamentablemente los actores (eso significa la palabra hipócrita), no gozan de popularidad en el reino de los cielos.

Así que decidamos vivir una vida de verdad, dejando las apariencias, porque servimos a un Dios que todo lo conoce.
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Author: gabtorar
•7:06
1 Pedro 4:19 “De modo que los que padecen según la voluntad de Dios, encomienden sus almas la fiel creador y hagan el bien”

Los padecimientos son parte inevitable de la vida.

Cuando leemos el libro de Génesis, hasta el capítulo 2, no se habla absolutamente nada sobre padecer o sufrir. La vida era una maravilla, en la que el padecimiento no tenía ningún lugar.

A causa de la infortunada actuación de Adán y su mujer, el padecimiento entró a la humanidad. Ellos abrieron una puerta al dolor, a la tristeza que antes era impensada.

Desde entonces no nos queda más que asumir la condición y hacer lo mejor que podamos para evitar padecimientos innecesarios

Nuestra consideración debe entonces ponerse en cuáles son las causas por las que padecemos.

Hay padecimientos inevitables y comunes a toda la raza humana, como son aquellos, producto de enfermedades, catástrofes, y otras causas, respecto de las cuales podemos hacer poco o nada.

Sin embargo, la mayoría de las personas padecen por malas decisiones que han tomado en la vida. Este es el grupo mayoritario, compuesto por hombres y mujeres que han actuado o decidido sin considerar detenidamente las consecuencias de sus determinaciones, sin evaluar con objetividad adonde les llevarán tales decisiones y esos son los padecimientos que se podrían evitar.

Pero no todo es así. Hay decisiones que debemos tomar y que nos harán padecer como lo dice el texto, y esas son las decisiones que tomamos por causa de la voluntad de Dios.

La voluntad de Dios es un tema vastísimo, y aunque ignoremos muchos pormenores del asunto, podemos declarar sin temor a la equivocación que el hacer la voluntad de Dios de tiempo en tiempo, nos meterá en problemas, nos llevará a padecer.

El escritor (Pedro) dice que esta es una posibilidad muy real para todos los que seguimos al Señor.

Por ello, me produce mucha tristeza escuchar a predicadores que resumen el evangelio de Jesucristo a un par de promesas de bienestar: “todo estará bien”, o “Dios te hará feliz”, o “Él te dará lo que tú quieres”.

Dios puede y de hecho hace lo anterior pero esa no es TODA LA VERDAD.

El hacer la voluntad de Dios sin lugar a dudas traerá grandes beneficios a nuestra vida, siendo el mayor de ellos la salvación de nuestra alma.

Pero es justo agregar que hacer Su Voluntad añadirá también una cuota extra de padecimiento a nuestro existir.

Son millares los que han padecido cosas indecibles, que nosotros no llegamos a imaginar siquiera, tan solo por haber hecho a Jesucristo Señor de sus vidas.

El mismo capitulo 11 de hebreos nos entrega una larga lista de personas que “por fe”, por “seguir la fe”, por “obedecer a la fe”, tuvieron grandes privilegios, y pagaron asimismo altos precios.

En muchos casos el costo fue sus propias vidas.

Nuestra época se caracteriza por la anestesia. No queremos nada que nos duela. Se ha trabajado mucho en los tratamientos antidolor.

Hay medicamentos para todos los dolores existentes, menos para el dolor que una vida desenfrenada y pecaminosa producen al alma del hombre.

El asunto entonces no es si sufrimos, ya que mientas estemos en esta vida habrá sufrimiento.

La cuestión es más bien si sufrimos por los motivos correctos.

Hacer la voluntad de Dios es una buena razón para sufrir y si tu estás pasando por eso, haz lo que dice Pedro: “encomienda tu alma al FIEL Creador y haz el bien”.
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Author: gabtorar
•14:42
2 Corintios 5:17 “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas”.

El cambio no es algo que ocurre en un minuto, de hecho los cambios son siempre parte de un proceso.

Parten en algún momento, generalmente como consecuencia de alguna decisión que hayamos tomado, pero el producto resultante no se muestra a veces sino hasta mucho tiempo después.

Nosotros somos renuentes a cambiar porque llegamos a sentirnos cómodos con lo que somos, incluso con lo que tenemos. Hay cosas principios, valores que por cierto no deben cambiar.

Jesús habló a los hermanos de la iglesia en Filadelfia diciendo: “reten lo que tienes”. Hay cosas que deben ser retenidas, guardadas, que no deben cambiarse por nada.

Pero fue el mismo Señor quien enseñó a la gente que le oía que había que arrepentirse porque “el reino de los cielos se había acercado”.

Y Arrepentimiento ES cambio. Cuando Dios habla de arrepentirnos nos está llamando a cambiar de dirección.

Para que lo del Señor llegue a tener cabida en nosotros debemos hacer lugar, y esto se logra mediante el arrepentimiento.

Yo me arrepiento de ir a tal sitio, y con ello concedo al Señor y a mi mismo, la oportunidad que Dios me señale un nuevo lugar al cual dirigirme.

Yo me arrepiento de haber hecho ciertas cosas (ya sabes, esas cosas que tu y yo hemos hecho y que sabemos que no son para nada buenas o parte de la voluntad de Dios) y como parte de ese arrepentimiento, le doy la espalda a esas cosas, dejo de hacerlas.

Ello da lugar PARA que pueda hacer nuevas cosas, cosas que si están en la voluntad de Dios.

Es de algún modo como renovar el amoblado de una casa. Es bien difícil colocar nuevos muebles mientras están todavía los antiguos allí ¿verdad?

Se debe hacer lugar para los nuevos y eso es lo que Dios nos esta llamando a hacer. Haz lugar para lo nuevo que Dios quiere traer a tu vida.

Nuestra vida está en muchos casos viciada con cosas que son vanas, que no nos traerán ningún provecho aquí ni a la luz de lo eterno. Es por tanto necesario que haya cambios en esas áreas. Pero para que tales cambios ocurran se requiere disposición.

Decía que somos renuentes a cambiar. Nos sentamos en la misma silla, en el mismo sitio, comemos la misma comida, bebemos el mismo refresco, dormimos para el mismo lado.

Al despertar por la mañana casi imperceptiblemente repetimos la misma rutina día tras día.

¡¡Nos gusta establecernos, nos cuesta cambiar!!

En el closet tenemos tantas cosas que no ocupamos (sólo nos quitan espacio útil) pero no nos deshacemos de ellas porque para nosotros tienen cierto valor.

Nos cuesta cambiar porque sentimos apego a ciertas conductas, personas, lugares. Son tantas las cosas que se confabulan CONTRA el cambio y pensar que el cambio es tan necesario.

Piensa en las cosas que Dios te ha estado sutil o derechamente mostrando que deben cambiar en tu vida, y pregúntate cuántas se han llegado a consolidar. La siguiente pregunta debe ser ¿por qué no se han consolidado dichos cambios?

Porque no has faltado disposición. La respuesta te mostrará cuan férreamente nos apegamos a ciertas estructuras y cuan poco dispuestos estamos a abandonar esas estructuras.

El cambio es indispensable y podemos abrirnos a el o cerrarnos, lo que lleguemos a ser dependerá de la disposición con que nos pongamos en la manos de Dios.
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Author: gabtorar
•9:43
Juan 8:33 Le respondieron linaje de Abraham somos, y jamás hemos sido esclavos de nadie. ¿Cómo dices tú: seréis libres?

En algún otro momento hemos mencionado aquí que si hay algo que Cristo vino a hacer fue cambiar nuestro modo de pensar.

El hombre en sus caminos, no corre precisamente HACIA Dios, más bien corre DE Dios.

Quiero decir que por regla, los caminos de Dios y los del hombre no siempre se encuentran.

Mientras Dios quiere que vayamos en una dirección, nosotros vamos por otra, y eso ocurre básicamente porque pensamos las cosas de modo diferente y el pensar distinto nos hace actuar de distinto modo también.

Jesús está compartiendo aquí con quienes representaron el mayor problema para su ministerio, los judíos religiosos. Ellos se opusieron férreamente a lo que Cristo enseñaba, porque Cristo confrontaba sus tradiciones, sus costumbres, y para ellos sus tradiciones eran Palabra de Dios, es decir, sagradas.

Estos judíos habían creído en Jesús, pero todavía eran personas que necesitaban lo que Jesús les dijo: “si permaneciereis en mi palabra... seréis verdaderamente libres”.

Esta frase es condicional. Jesús sabía que existía la posibilidad que ellos no permanecieran, o sea, se alejaran de Él, de Su Palabra, posiblemente por el peso que la religión y sus tradiciones ejercían sobre ellos.

Ellos habían creído en él, pero Él les estaba diciendo “todavía no lo han conseguido, la libertad sigue delante de ustedes AUN”.

Pero aunque habían creído y todo, ellos se molestaron con Jesús.
Para ellos una cosa era que Jesús hiciera cosas extraordinarias y enseñara lo que los demás no enseñaban, pero que les dijera que eran esclavos para ellos resultaba demasiado ofensivo.

Respondieron “jamás hemos sido esclavos de nadie”. Fue como decir: ¿qué te crees Jesús?

No estaban de hecho dispuestos a dejarse cambiar, al menos no sin una cuota de oposición.

Pero lo que ocurrió ese día no es algo aislado.

A diario, Dios se forzado a tener que convencernos que su camino es mejor que el nuestro.

He oído una frase que dice que el camino al infierno está lleno de gente con buenas intenciones (no la encontrarás en la biblia) y la verdad es que las buenas intenciones no bastan.

Estos hombres no eran malintencionados pero con todo, Jesús les estaba señalando la necesidad de seguir dejándose transformar. La verdad debía seguir obrando en sus vidas para llegar a la verdadera libertad.

No debe sorprendernos que de tiempo en tiempo, Dios nos haga ver que todavía hay cosas dentro de nosotros que necesitan ser cambiadas. Necesitamos un corazón de discípulo.

He dicho muchas veces en mis predicaciones que a los líderes espirituales nos gusta ver que Dios cambia a las personas. Es mas a veces nos quejamos por la poca disposición que ciertas personas muestran para dejarse cambiar, pero nosotros mismos nos resistimos cuando Dios pone su dedo en nuestra llaga.

De “judíos que habían creído en Él” (v.31), pasaron a ser llamados “hijos del diablo”. ¡¡Qué caída!!

Dios tiene un plan. Ese plan es llevarnos de lo que somos hoy día, a la estatura de Cristo y te aseguro mi estimado lector que ese camino, alcanzar esa transformación no será tarea fácil.

Esa transformación va a costarnos estar dispuestos a morir, a dejarnos moldear, abandonarnos por fe en manos de Dios, aceptar lo Suyo aunque todo en nuestra cabeza nos diga contrario.

Hay que dejarse cambiar. Ese es el único camino aceptable.
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Author: gabtorar
•16:01
Lucas 16:1 “Mas era necesario hacer fiesta y regocijarnos, porque este tu hermano era muerto, y ha revivido, se había perdido y es hallado”

Nuestro texto nos habla de un conocido relato bíblico, el hijo pródigo.

Este hijo en un impetuoso deseo de libertinaje (que el confundió con libertad) pidió a su padre la parte de su herencia y se fue lejos de la casa de su padre a vivir perdidamente.

Tristemente malgastó todo lo que tenia y si bien aparentemente disfrutó, bien pronto las circunstancias le enseñaron que todo tiene un precio.

El lugar en el que vivía fue azotado por una gran hambruna y esta necesidad fue usada por Dios para hacerle reflexionar sobre los pasos que había dado desde el momento en que se alejó de su padre.

Mientras este hijo malgastaba lo que su padre haba atesorado para él, el padre esperaba en fe a ver regresar este hijo suyo.

¿No tenia él motivos para despreciarlo por su mala conducta?
Creo que si y si bien la lección suele enfocarse en otro punto hoy quisiera que reflexionáramos sobre la compasión.

¿Somos gente compasiva?
Cristo lo era, deberíamos serlo nosotros también.

Pero me temo que muchas veces estamos mas ocupados en buscar culpables y juicios para dichos culpables que en redimir.

Hay una gran lección de compasión en este relato. Cuando el hijo recapacitó, regresó a casa de su padre.

Atrás había quedado ese espíritu soberbio, altivo y esos deseos de independencia.

Había comprendido la locura de su actuar y regresaba al lugar del cual jamás debió alejarse.

Pero esta historia no hubiera tenido el final feliz que tuvo si el padre no hubiera tenido un corazón compasivo.

Me alegro que ese papá estuvo más interesado en restaurar que en pedir explicaciones.

Es una bendición que haya tenido los brazos y el corazón abiertos para perdonar a su hijo en vez de criticarlo.

Otros hubieran usado la ocasión para recriminarlo, él en cambio vio en todo ello una ocasión para festejar: ¡¡alguien que estaba muerto había sido revivido y eso es por cierto, motivo de fiesta!!

Conozco personas que son muy buenas en lo que a criticar respecta. Desde luego hay cosas que están mal y nosotros no podemos hacer vista gorda de ellas, pero siempre criticar será más fácil que restaurar.

Para criticar sólo se requiere una lengua bien larga mientras que para restaurar es necesario un corazón bien grande.

Muchas personas hablan de lo que no entienden y sin darse cuenta con su hablar dañan gratuitamente a otras personas.

La escritura dice que debemos recibir al débil en la fe. No todos tienen la misma consistencia espiritual. Es un hecho que todos somos “llamados a”… pero ¿cuántos lo han alcanzado ya?

Lamento tener que decir que mucha gente aprenderá de la manera más triste que es “atravesando por esas circunstancias”.

Quiera el Señor que nuestros corazones estén abiertos para dejar a Dios poner su compasión en nosotros y desde allí comenzar a compartirla con los demás sabiendo que un día nosotros mismos la necesitaremos también.

Dios ha prometido darnos la cosecha de aquello que hayamos sembrado.

Nos convendrá ese día tener depósito de compasión a nuestro favor.
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