Author: gabtorar
•9:20
21:24 “Escarnecedor es el nombre del soberbio y presuntuoso Que obra en la insolencia de su presunción”.

¡¡Qué gran problema es la soberbia!!

¡¡Cuán difícil es para algunas personas llegar a reconocer sus falencias, sus errores o debilidades!! ¡¡Qué gran enemigo es todo esto del avance espiritual!!

Hace tiempo meditaba en la palabra de Dios que dice “quien encubre su pecado no prosperará”.

Lo cual significa en buenas cuentas que la persona que es incapaz de reconocer sus faltas (soberbio), que es incapaz de reconocer que necesita la ayuda del Señor (soberbio) difícilmente recibirá ayuda del Señor. Esto porque Dios es muy respetuoso de nuestras decisiones.

Créeme que este mundo sería muy diferente si Dios impusiera SU voluntad. En cambio, Él respeta nuestras decisiones incluyendo las malas (que suelen ser mayoría) y se reserva el derecho de salir a auxiliarnos cada vez que (por un acto de humildad) reconocemos que le necesitamos.

Desde luego, en muchas ocasiones tendremos que pasar bajo la amorosa vara de la corrección divina. Algo indeseable para muchos pero indispensable para todos.

Nos privamos a nosotros mismos de la ayuda divina cuando en lugar de confesar nuestra condición intentamos aparentar que las cosas van bien.

Tan cercano está el Señor a quienes clamamos a Él y le buscamos y tan reticentes somos para venir a Él, piedra viva y roca de salvación.

Es verdaderamente lamentable que muchas relaciones se deterioren por causa de la soberbia, por esta obstinación en no querer reconocer que francamente nos hemos equivocado, que no hemos hecho lo correcto.

Muchos prefieren perseverar en el error antes que humillarse y reconocer sus malas decisiones y acciones.

Si tan solo le entregásemos al Señor el reconocimiento debido a Su nombre, nuestras vidas, y por consiguiente, el mundo, ¡¡serían tan diferentes de lo que son!!

Pero somos soberbios y esa dureza de nuestro corazón nos aleja de nuestro mayor bien que es disfrutar de paz y comunión con el hacedor de todas las cosas.

No es secreto que Dios a los soberbios los desprecia. La escritura dice que los mira de lejos.

A diario veo personas actuar con tal arrogancia y presunción, como si fueran algo, como si tuvieran algo.

¿Qué hemos traído a esta vida? ¡¡Nada!! ¿Qué nos llevaremos de ella? ¡¡Nada!!

Todo lo que tenemos es la posibilidad de hacer buenas y correctas relaciones con
Dios y el prójimo, y lo único que hacemos es materializar nuestro vivir, olvidando lo que es realmente importante: amar a Dios y al prójimo.

Toda la ley divina se resume en estas dos máximas.

Y aunque queremos conquistar este mundo y exploramos el espacio en busca de la conquista de mundos que no conocemos, hemos fallado al demostrar ser incapaces de conquistar nuestro propio mundo interior.

¡¡Qué arrogancia la nuestra!! ¡¡Qué incongruencia!!

Si a nuestros aires de grandeza, le añadiéramos un poquito de cordura, esta vida sería diferente, muy diferente.
Enlaces a esta entrada
Author: gabtorar
•13:31
Romanos 12:2 “No os conforméis a este siglo (mundo) sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios agradable y perfecta”

No todo lo que vivimos es necesariamente la voluntad de Dios, ya que gran cantidad de cosas por las que atravesamos, vienen precisamente por hacer nuestra voluntad, en lugar de la Suya.

Uno de los mayores problemas de la vida cristiana se encuentra en este punto: lo que hago ¿representa mi voluntad o la del Señor?

El asunto relevante detrás de todo es que tenemos la capacidad de obedecer, y cada uno elige a quién obedecer: a uno mismo o al Señor.

El que continuamente queramos hacer nuestra voluntad obedece al hecho que estamos acostumbrados a hacer eso.

Por años ha sido así. Por años hemos vivido para satisfacer nuestros deseos o necesidades y no cabe duda que cuesta romper los patrones, tradiciones y costumbres que están tan arraigadas en uno, pero debemos hacerlo si hemos de conocer la buena voluntad que Dios tiene para nosotros, y Dios quiere y puede ayudarnos en esta tarea.

Las fortalezas de la costumbre o tradición deben ser destruidas usando las armas espirituales que Dios nos ha concedido, principalmente practicando la obediencia a la palabra de Dios.

Es que las tradiciones nos detienen, nos sujetan y terminan limitándonos en el conocimiento del Señor y de Su voluntad.

Conocer a Cristo en Su Grandeza y Majestad implicará un continuo movernos de la fase en que estamos a aquella que Dios desea llevarnos.

Juan el bautista es buen ejemplo de esto, de cómo el trato de Dios tiene cambios, si bien Dios no cambia.

Juan comenzó un tiempo nuevo en el actuar de Dios. Desde Malaquías transcurrieron unos 400 años en que el pueblo de Dios no había recibido palabra de Jehová.

Dios guardó silencio durante ese tiempo, y de repente, comenzó a hablar otra vez por medio de Juan.

Sin palabra de Dios la gente se había estancado, acomodándose a sus patrones de vida aceptables y puedes estar seguro que la vida que llevaban podía ser aceptable para ellos, no lo era para el Señor, quien por medio de Juan, llamó al pueblo al arrepentimiento, instándoles a prepararse para la venida del Mesías.

Hoy, dos mil años después, te digo que el mensaje de Juan es tan crucial como entonces: Dios nos está llamando a prepararnos en arrepentimiento para la venida del Señor

Necesitamos conocer a Cristo más y más hasta que le veamos.

Verás que en cada etapa Cristo es todavía más grande a nuestros ojos. Pero esto no ocurrirá sin una renovación de nuestro entendimiento.

La palabra renovar tiene 4 significados, pero el único que se adapta al sentido de nuestro versículo es este: “Cambiar una cosa vieja o sin validez por otra nueva”

Dios no está interesado en arreglar lo que somos, Él desea hacer algo nuevo, distinto a lo que somos.

Salvo algunas contadas excepciones, desde pequeños hemos sido criados para conformarnos a este mundo. Para encajar en este mundo, para tener la forma (apariencia) de este mundo.

Por ejemplo, las modas ¿quién las implanta? Puedes estar seguro que no vienen de Dios, y sin darnos cuenta nuestro mayor deseo es llevar esas modas, pero ellas no representan la voluntad de Dios.

Lo que vemos en la tv ¿quién lo implanta? Otra vez es el mundo y muchas veces pasccamos horas vegetando frente al televisor, viendo cosas que no agradan al Señor y que en lugar de aportarnos, obstruyen nuestra comunión con Él.

La palabra debe ser central porque por ella conozco al Señor, por ella comprendo por donde debo ir y por ella mi fe es fortalecida.

Dios me transforma renovando mi entendimiento y para hacerlo usa Su palabra.

La voluntad de Dios es buena, agradable y perfecta, pero para poder comprobarla tendremos que cambiar lo viejo que existe en nosotros (producto de la naturaleza vieja), por lo nuevo que viene con Cristo.
Enlaces a esta entrada
Author: gabtorar
•8:46
Proverbios 29:20 “¿Has visto hombre ligero en sus palabras? Mas esperanza hay del necio que de él”

¿Qué si he visto hombre ligero en sus palabras? ¡¡Todo el tiempo!!

Los he visto en el trabajo, en el colegio, en el vecindario, en la familia, en la calle, en el micro, en el supermercado, en la televisión… en todas partes… ¡¡incluyendo la iglesia!!

Personas que hablan ligeramente se encuentran por miles y están por doquier.

Conviene preguntarse ¿Cuán responsablemente hablamos?

Me sorprende constatar la exactitud con que la palabra de Dios habla acerca de los perjuicios que puede causar nuestra boca.

Nuestras palabras (y comentarios) pueden ser fuente de mucha edificación y vida, o por el contrario, fuente de problemas y dolores para quienes la oyen y para quienes los emitimos.

Si bien Dios se refiere al tema de la boca, nuestros dichos y sus consecuencias, como en otras situaciones, no le hacemos mucho caso y al final terminamos pagando el costo por la ligereza de nuestros dichos.

Es tan fácil abrir la boca, es tan fácil compartir nuestra opinión incluso cuando a nadie le interesa saber lo que pensamos, o cuando nadie nos la ha pedido.

Con frecuencia decimos (y por supuesto también hacemos) cosas que no se justificaban, que al pensar en ellas nos damos cuenta que no fueron debidamente pensadas.

Pasamos por alto las amonestaciones bíblicas en lo concerniente al hablar.
Relaciones que nos toman años pueden verse peligrosamente afectadas por culpa de comentarios que se emiten impensadamente.

Creo que las personas fallamos en ser proporcionalmente buenos para reconocer nuestras equivocaciones y pedir perdón., así como somos de buenos para juzgar o comentar de los demás.

Es muy cierto que hay miles de personas que se victimizan, justificándose para no tener que asumir las responsabilidades de lo que hicieron o dijeron, pero un cristiano tiene un compromiso con la verdad, y ese compromiso debe ser mayor que uno mismo.

Está en la debilidad humana ser tentad0s a querer ser maestros de otros, pero nos ofusca que alguno nos enseñe a nosotros.

Nos gusta sentir que tenemos algo que decir, que nuestra opinión es valiosa, pero no valoramos de igual modo la opinión de los demás.

Concretamente, la ligereza en las palabras es fuente de conflictos y odiosidades innecesarias.

A la vida (ya compleja en sí) agregamos cargas extras por decir cosas que no pensamos con el debido cuidado.

De acuerdo al Señor, hay más esperanza para el necio que para el que habla ligeramente.

Dios nos guarde de estar en alguno de los dos grupos.
Enlaces a esta entrada
Author: gabtorar
•12:15
Isaías 50:5 “Jehová el Señor me abrió el oído y yo no fui rebelde, ni me volví atrás”

Ayer compartía cómo volvernos al Señor aleja de nuestra casa la aflicción.

Al volvernos a Dios y permitir que Su palabra penetre en nosotros, nuestra manera de vivir es cambiada y, consecuentemente, nuestros problemas cambian también.

La vida tiene problemas y estos vienen sin que los llamemos pero convengamos que la mayoría de nuestros problemas no vinieron solos, de algún modo nosotros les abrimos la puerta para que pudieran venir.

Esto podrá ocurrir una y otra vez hasta que el Señor por medio de un acto de Su Gracia, produzca un despertar en nuestro vivir, y nos volvamos conscientes de tal realidad.

Al ver a un borracho, por ejemplo, especialmente al ver las consecuencias nefastas que la borrachera produce en las personas, nos preguntamos cómo es que tal persona continua en ese camino ¿Será que no se da cuenta?

La verdad es que en muchos casos las personas están tan sumergidas en vicios que no se dan cuenta de la vida que llevan y llegan a pensar que esa es la clase de vida correcta.

Por eso no podemos dejar pasar las muestras de gracia divina que Dios nos concede para favorecernos.

El profeta Isaías dice que “el Señor le abrió el oído”. Que Dios nos abra el oído es un acto mayúsculo de gracia divina.

A veces alegamos escuchar, cuando en realidad no lo hacemos. Muchas discusiones cotidianas, no son más que el resultado de la mala interpretación de algo, o de algo que escuché mal.

Las personas por otro lado, somos especialistas en afinar la frecuencia de nuestro oído para oír lo que esperamos en lugar de lo que necesitamos.

Nos molestamos con aquellas personas (incluyendo a Dios) que nos dicen cosas que preferiríamos no escuchar.

“Supuestas” amistades se rompen cuando uno le dice al otro la verdad sobre algún aspecto que el otro no es capaz de ver.

Que Dios nos abra el oído, entonces, representa la gran posibilidad de enfrentar el mundo real en términos reales.

Se requiere de una genuina capacidad auditiva para captar las verdades que pululan alrededor y que tan bien se maquillan ante nuestros ojos y Dios nos concede por su gracia poder escucharlas ¡¡tal y como son!!

Isaías dice que no fue rebelde, lo cual indica que dispuso su oído para escuchar la verdad que Dios tenía y esa verdad marcó toda la diferencia para él y para nosotros miles de años después.

Que el Señor nos abra el oído es más que una buena opción, es algo indispensable, una real bendición que puede resultar en una vida que adquiere la capacidad que muchos no tienen en la práctica: “oír la Palabra de Dios”

Nada tiene más poder para cambiar la vida de un ser humano, que las palabras que salen de la boca de Dios.
Enlaces a esta entrada
Author: gabtorar
•7:51
Job 22:23 “Si te volvieres al Omnipotente, serás edificado; alejarás de tu tienda la aflicción;”

¿De cuántas forma trata la humanidad de hacer frente a la aflicción?

Queramos o no reconocerlo, con todo el avance y desarrollo tecnológico del que disponemos en este siglo, nuestra vida no es mejor que en siglos anteriores y el tema de las aflicciones sigue siendo pan de cada día.

Es que es imposible no tener aflicciones. Jesús dijo muy categóricamente que en el mundo tendríamos aflicción.

La vida en el mundo está sujeta a la desgracia de la caída del primer hombre. Las consecuencias y efectos de esa caída siguen siendo notorias hoy en día, miles de años después de ocurrida y lo seguirán siendo hasta que el Señor haya redimido todo lo que requiera redención y traiga cielos nuevos y tierra nueva.

Así, las aflicciones son inevitables. Sin embargo, una cosa es tener aflicciones de tiempo en tiempo y otra muy distinta es vivir una vida de constate aflicción.

Lo primero es inevitable, mientras que lo segundo es más bien el resultado de malas decisiones constantes que tomamos frente a las cosas que nos pasan en la vida.

No obstante lo anterior, en nuestro verso encontramos un interesante postulado. Si te volvieres al Omnipotente… alejarás de tu tienda la aflicción”.

Leyendo estas líneas, podemos entender que Dios tiene poder para alejar la aflicción de nuestras vidas.

Al volvemos al Omnipotente somos edificados. Esto significa que somos educados, instruidos en lo tocante a lo espiritual.

Esta vida es más que las cosas que se ven y tocan, es una vida eminentemente espiritual.

Las grandes realidades que afectan significativamente al mundo son espirituales. Los influyentes poderes que actúan tras bambalinas son espirituales. La naturaleza de los problemas que nos aquejan es básicamente espiritual.

Pero es eso es algo vedado a los ojos de la mayoría. No somos conscientes de esto a menos que “por la gracia de Dios” podamos descubrirlo y lo descubrimos cuando nos volvemos al Omnipotente.

El Omnipotente es quien nos muestra la verdad, y cuando vivimos en consecuencia con esa verdad, ella nos libra de muchas aflicciones.

No quiero decir que la vida cristiana o que la vida de fe sea una vida exenta de aflicciones. Lo que estoy aseverando es que al conocer la verdad y vivirla, esa misma verdad nos libra de engaños, de mentiras, de cosas turbias, de malos caminos, de influencias perniciosas, de malos amigos.

En resumen, esa verdad a la que accedemos al volvernos al Omnipotente nos guarda, nos libra de hacer cosas que podrían traernos muchas aflicciones.

Si quiero alejar la aflicción de mi casa, necesito volverme al Omnipotente.

Él quiere y puede darnos una vida en que Su gozo pueda ser el elemento predominante.

El Omnipotente nos garantiza Su capacidad para alejar de nuestra vida la aflicción. ¿Tiene sentido seguir buscando fuera de Él?
Enlaces a esta entrada
Author: gabtorar
•6:12
Lucas 5:5 “Respondiendo Simón, le dijo: Maestro, toda la noche hemos estado trabajando, y nada hemos pescado; mas en tu palabra echaré la red”.

¡¡Qué importante es cuando llegamos a entender que esta es la realidad por la que debemos vivir, hacer las cosas basándonos en la palabra de Dios!!

Pedro tenía gran experiencia en el tema de la pesca porque era un pescador. Él había estado toda la noche intentando obtener peces por medio de los métodos que un pescador conoce. Desafortunadamente para él, la jornada de pesca había sido un rotundo fracaso.

Aunque el registro bíblico no lo menciona, Pedro debió haberse sentido frustrado. Cuando Jesús llegó hasta él, se encontraba lavando las redes.

Francamente todos queremos que nuestro trabajo sea fructífero ¿no?, y Pedro de seguramente no esperaba menos.

Pero en medio de todo esto, Jesús le pidió algo, necesitaba de esa barca para poder hacerla su púlpito temporalmente y compartir sobre el reino de Dios a quienes se agolpaban sobre él.

Qué alegría por Pedro, que estuviera en condiciones de responder a la petición de Jesús. Sólo Dios sabe que hubiera sucedido si la pesca hubiera sido exitosa.

¿A cuántas personas su éxito les impide responder favorablemente a lo que Dios les pide?

Creo que ese día Pedro no debió estar del todo contento porque su trabajo no fue lo esperado, pero Dios estaba a punto de tornar ese mal día de trabajo ¡¡en el mejor día de su vida!!

Dios tiene esa facultad y muy a menudo la usa para bendecirnos.

Hay muchas cosas increíbles que aprender de este relato bíblico pero hay una en particular que yo quisiera enfatizar para nuestra edificación espiritual: Pedro se dejó mover por el Señor.

Jesús no era pescador, él era un rabí, un maestro, un hombre de sabiduría, pero no de mar, ese era el campo de Pedro. Sin embargo, se dejó mover por el Señor.

Y esta es la clave para una vida espiritual victoriosa, dejarnos mover por el Señor antes que por nuestra experiencia o habilidad para hacer.

Que Pedro echara la red en obediencia a la fe y en respuesta a la dirección del Señor, representa un acto de locura para la mente natural, y Pedro lo tenía muy claro.

Quizás por esa razón le dijo “mas en tu palabra echaré la red”. Eso quiere decir: “no en mi conocimiento de pescador, no en mi prudencia de hombre de mar, sino en fe a Ti, confiando en tu sabiduría en lo acertado de tu guía Señor”.

Esta es la clase de disposición que Dios más necesita de nuestra parte: “que nos abandonemos en Sus manos, que sigamos su consejo” ¡¡Cómo lo necesitamos, y cuánto nos cuesta hacerlo!!

Concretamente, la vida cristiana es una vida que debe estar marcada por la fe, es decir, por la obediencia a la palabra del Señor, sólo de ese modo podremos ver la gloria de Dios.
Enlaces a esta entrada
Author: gabtorar
•14:07
1 Samuel 15:22. “Y Samuel dijo: ¿Se complace Jehová tanto en los holocaustos y víctimas, como en que se obedezca a las palabras de Jehová? Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios, y el prestar atención que la grosura de los carneros”.

Si uno le pudiera preguntar a algún médico qué es lo que más dificulta el éxito de su tratamiento con los pacientes que le toca atender, posiblemente nos diría que los pacientes vienen a él en busca su ayuda profesional pero terminan haciendo lo que ellos mismos (no siendo profesionales) quieren y no siguiendo el tratamiento médico ordenado.

De algún modo es lo que yo veo también en el círculo cristiano, personas que vienen al Señor en busca de ayuda, que cuando están muy afligidas prometen hacer lo que Dios les pida, pero que en cuanto ven alguna mejoría en sus situaciones, olvidan el tratamiento, o al menos lo modifican a su gusto o comodidad.

Muy sinceramente pienso que las personas somos así. Bajo la presión de las circunstancias mostramos gran disposición para hacer lo que sea necesario con tal de lograr alguna mejoría, pero cuando nos vemos aliviados, regresamos a la misma clase de vida que nos llevó a estar en tales aprietos.

Hablando sobre la fe, la palabra de Dios enseña que debemos obedecer a la fe. Es decir, ella debe movernos a la voluntad de Dios.

Pero no llegamos a puerto en ese sentido porque una vez que nos sentimos más o menos seguros (aliviados de nuestras cargas), comenzamos a tomar atajos que a la postre terminan desviándonos de la meta.

Es lamentable pensar que muchas personas que alguna vez gozaron de profunda comunión con Dios, hoy son completos extraños a las cosas del Señor, porque viven vidas en las que Dios no tiene mayor valor o trascendencia.

Jesús dijo que uno no puede servir a dos señores. El habló de esto diciendo que no se podía. Más allá de la disposición para servir a dos señores, Jesús aclaró que no se podía, que no era factible. De modo que no era cuestión de voluntad sino de viabilidad.

Cuando yo le entrego mi vida a Cristo, pero sigo viviendo a mi manera, lo que estoy haciendo es servir a dos señores.

El más peligroso enemigo de nuestras almas se nos pone de frente al espejo cada vez que nos miramos en él.

Pero nosotros no lo vemos de ese modo, y por eso no le damos la importancia que tiene. La voluntad de Dios para uno a veces no llega a fructificar porque Dios requiere de nuestra obediencia.

Sabe lo que Dios quiere y hacer lo que yo quiero me mete en lo que se podría denominar como discrepancia.

Puedes tener la seguridad que Dios tendrá una discrepancia contigo cuando tú decidas hacer lo opuesto a lo que Él desea.

Puedes asimismo saber que Su buena mano no podrá apoyarte en tales circunstancias, y que tendrás que hacerlo en tus fuerzas si estás fuera de la voluntad de Dios.

Por otro lado, si somos obedientes, si seguimos el tratamiento este puede resultar en un tremendo beneficio para nosotros y los nuestros.
Enlaces a esta entrada
Author: gabtorar
•11:27
Hebreos 11:1 "es pues la fe, la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve"

Creo que como pocos temas, de aquellos relacionados con la vida cristiana, la fe es de singular importancia, y ha sido también, singularmente malinterpretado.

La fe es indispensable para poder relacionarse con Dios. Es, en efecto, el medio por el cual podemos conectarnos con el Señor y con lo que Él tiene.

Pero al haber tanto desconocimiento, las personas creen toda clase de cosas que no son respecto a la fe y esto en vez de acercarles a Dios, les desvía de Él y de sus verdaderos propósitos.

Dios ha concedido a toda persona que nace en esta vida alguna medida de fe. ¿Cuánta? Nadie puede decirlo con certeza, pero estoy seguro que debe ser lo suficiente como para que podamos responder a Él en fe.

Si uno estudia lo que la palabra de Dios enseña sobre la fe descubrirá que el conocimiento popular que tenemos de ella y de cómo opera, no está muy a tono con lo que Dios dice, y con lo que la fe realmente es.

Existe una definición bíblica que dice relación con lo que es la fe. Hebreos dice que la fe es una convicción.

Una convicción es una idea fuertemente arraigada, es un convencimiento. La fe es la convicción de aquello que es correcto ante el Señor.

Muchos ven la fe como aquello que me permite obtener un milagro de Dios, y la fe ciertamente puede hacerlo posible, pero es mucho más que esto.

Esencialmente la fe no es un medio para recibir lo que yo quiero de Dios sino lo que Dios quiere para mí.

Algunos dicen que uno no recibe un milagro porque no tuvo suficiente fe. ¿Quién puede decir cuánta fe es suficiente para recibir dicho milagro? Nadie lo sabe.

Muchas veces el milagro no llega, no porque te falta fe para recibirlo, sino porque dártelo no estaba en el propósito de Dios.

La verdadera fe entonces pavimentará el camino para que yo reciba gozoso lo que Dios preparó para mí, en lugar de lo que yo quiero de Dios.

No permitas que te digan que no tienes fe. La verdad es que todos tenemos fe, porque a todos Dios nos ha dado una medida de fe.

Por otro lado, es cierto que a algunos se les nota la fe más que a otros, pero eso es otro punto, que por cierto, vale la pena estudiar.
Enlaces a esta entrada
Author: gabtorar
•11:43
Romanos 12:3 Digo, pues, por la gracia que me es dada, a cada cual que está entre vosotros, que no tenga más alto concepto de sí que el que debe tener, sino que piense de sí con cordura, conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno.

Digámoslo con toda franqueza: damos muy poco y esperamos demasiado a cambio.

Creo que esto encaja tan bien con lo que Dios dice sobre no tener un concepto más alto de uno mismo.

Dios nos advierte que debemos pensar con cordura de nosotros mismos. Oigo a tantas personas que sienten que la vida, la gente, la sociedad, el mundo o incluso Dios mismo, les deben algo.

Personas sinceras que no se dan cuenta que su vivir no es ninguna maravilla, que esperan mucho de los demás pero que no entregan a los demás en similar medida.

Esto es muy común con las personas creyentes que prácticamente sienten que Dios les debe algo. Permítame decir con firmeza que Dios no es deudor de nadie.

Cualquier cosa que hayamos hecho en Él o para Él, será devuelta con creces, porque la naturaleza de Dios es así. Él es magnánimo. Él nunca queda corto. Siendo un Dios tan Glorioso, Él nunca se arriesgaría a poner su estatus en tela de juicio, mucho menos conociendo nuestra naturaleza murmuradora.

El problema en realidad es que nosotros tenemos conceptos muy desvirtuados.

Damos la espalda a Dios pero en la aflicción, (la que usualmente no es más que una consecuencia de nuestra desobediencia a Él) queremos que Él corra a prestarnos la ayuda que necesitamos. Qué alto concepto de uno mismo ¿no te parece?

Pensar que uno puede vivir (por tiempo) absolutamente ajeno a todo lo que Él desea (es decir, en rebelión con Él) y luego esperar que Él corra por nosotros cuando nos toca encarar las consecuencias de nuestras malas decisiones. Eso es tener un concepto demasiado alto de uno mismo.

Deberíamos sentirnos afortunados que Dios nos de aun la oportunidad de escucharnos después de haber vivido ajenos a Él o a Su palabra, pero muchos sienten que la obligación de Dios ayudarles. ¡¡Qué idea más descabellada!!
Esa es la naturaleza que condena el alma del hombre.

Personas que tienen aflicciones de distinta índole y que esperan que Dios corra a socorrerlos, pero que en sus buenos tiempos ignoraron completamente al Señor.

Se de personas que en aflicción (económica, de salud, familiar) exigen a Dios que haga algo. Ni siquiera se acercan a Él con humildad, vienen a Dios exigiendo que Él haga algo.

Esa es la raíz misma del humanismo. El egoísmo. Gente que no ve a Dios como lo que es, sino como un medio, de satisfacción personal, de ayuda en tiempos de aflicción.

Dios desea ser nuestro Señor. Él quiere que tengamos una relación con Él, contrario al pensamiento de muchos que desean que Dios sea solo su salvador. Pero la dinámica del Señor no funciona de ese modo.

Haríamos mucho bien en mirar nuestro interior y considerar cuidadosamente si hemos estado andando con el Señor como Él manda.

He aprendido que cuando andamos con Él, cuando vivimos en Su temor, cosas milagrosas ocurren, porque incluso a nuestros enemigos los hace estar en paz con nosotros.

Las leyes que Él ha establecido dicen claramente que uno cosechará de acuerdo a lo que haya sembrado. Y si bien por algún tiempo quedamos impunes, no hay que olvidar que todo tiene su hora, y a la hora de la cosecha, es cuando el mundo se nos viene encima.

En ese momento es cuando cuenta haber cultivado una relación cotidiana de amor y obediencia al Señor.

Que Dios nos sirve de muchas cosas es una verdad, pero no debemos confundirnos. Que Él nos sirva, no quiere decir que tenga la obligación de hacerlo.

Nosotros fuimos creados para servirlo a Él. ¿Lo estás haciendo?
Enlaces a esta entrada
Author: gabtorar
•14:09
Mateo 4:10 “Entonces Jesús le dijo: vete, Satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás y a Él solo servirás”

Las personas somos siempre movidas por alguien. Ya sea por Dios para lo bueno o por el diablo para lo malo, no estamos ajenos a ser influenciados por alguno de estos dos poderes.

Dios desea llevarnos a lo correcto porque sabe que hay leyes gobernando la existencia de los hombres. La ley de la siembra y al cosecha, por ejemplo, es ineludible.

Dios sabe que tarde o temprano, segaremos de acuerdo a lo que hayamos sembrado, y en ese sentido Él quiere guiarnos a depositar buenas siembras en la vida que llevamos, para que podamos obtener buenas cosechas.

Contrariamente, el maligno nos incita a desobedecer a Dios, a vivir de acuerdo a nuestras pasiones.

¿Sabías que nuestras pasiones desordenadas son la raíz de la mayoría (sino de todos) nuestros problemas?

Embarazos adolescentes, hijos no deseados, asesinatos, violencia injustificada, robos, delincuencia, vicios, adicciones, y otros, son el producto de pasiones desordenadas, deseos a los cuales nos rendimos y que buscamos satisfacer.

Indudablemente nos agrada pensar que podemos determinar qué haremos con nuestra existencia.
Es emocionante pensar que podemos ser amos y señores de nuestro destino. Pero ¿será así?

Me temo que no. La verdad (dura para muchos) es que estamos confinados a servir a uno u otro. A Dios, para hacer lo bueno, o al diablo para lo malo.

Detrás de lo que creemos es nuestra voluntad actúan la influencia del Señor o la del enemigo del Señor

Día a día estamos volviéndonos de alguna como aquel a quien nos sujetamos. De algún modo el carácter de Cristo está siendo formado en nuestro ser o el carácter del anticristo, pero lo cierto es que no tenemos escapatoria.

Jesús no trepidó en decir que no hay punto medio: somos con Él o contra Él, no hay otra posibilidad.

De allí que debemos reflexionar sobre quien está manejando nuestra vida tras bambalinas, porque sobre el escenario, parece que nosotros tuviéramos el control, pero dentro de nosotros, en nuestro corazón, donde Jesús dijo que se originaban los malos (y supongo que también los buenos) pensamientos hay alguno que está llevándonos en alguna dirección y es vital que seamos capaces de identificar de quien se trata.

Una vida gobernada por el Señor tendrá sus propias marcas. De alguna forma aquellas virtudes de Cristo ese dejarán ver en alguien cuyo motor o influencia es Cristo.

Del mismo modo, el carácter destructivo o autodestructivo del maligno, irá haciendo surcos, dejando huellas en la vida que le tiene a él por motor principal.

¿Quién me gobierna? Es una interrogante que bien vale la pena despejar, especialmente después de saber que mi vida será, sí o sí, una plataforma para exhibir la justicia de Dios o la iniquidad del mal.
Enlaces a esta entrada
Author: gabtorar
•14:53
Mateo 7:8 “Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá”

He conocido muchas personas en el camino del Señor que se quejan por lo que les ha tocado en la vida.

Se quejan por el matrimonio que llevan, por los hijos que tienen, por su economía, por el barrio en que viven. En casi todo encuentran una razón para quejarse. Y me parece que hay mucha injusticia en esa actitud.

Para ser franco, es posible que esta posición mía se deba a que mi vida, gracias a Dios, ha sido buena.

Vengo de un matrimonio que (por razones que solo Dios conoce) no fructificó. Crecí lejos de mi padre. Siendo pequeño sufrí un muy tonto accidente que hasta el día de hoy me afecta la vista.

Viví ajeno a la realidad del Señor unos 20 años de mi vida, Podrás imaginar lo que significa vivir sin la luz de Cristo, los muchos tropiezos y dolores que eso conlleva.

Hay detalles que prefiero no compartir, estando felizmente casado (en el Señor) el primer embarazo (gemelar) se complicó por la pérdida de uno los bebés.

Algunos años después, un cáncer al estómago descubierto en la vida de mi esposa, vino a probar nuestra confianza en el Señor.

Tres años más tarde habiendo superado el episodio del cáncer, una enfermedad al corazón (aparentemente congénita, y oculta hasta ese minuto) me llevó urgentemente a pabellón para ser sometido a una intervención a corazón abierto.

Como ves, mi vida no ha sido muy quieta ¡¡pero ha sido muy buena!!

Podría hallar en las cosas vividas, más de algún motivo para quejarme. Sólo Dios sabe si me he quejado, pero hasta donde yo recuerdo, no lo he hecho. Y me pregunto por qué algunas personas siempre se sienten con razones para quejarse.

En las cosas que describí, ¿pude haber hecho algo para que fueran diferentes? ¿Pude haber evitado la enfermedad congénita al corazón, la pérdida natural del bebé, el cáncer de mi esposa o la separación de mis padres? Me temo que no.

Está bien claro que algunas cosas no dependen de nosotros.

Desde luego yo no puedo escoger la familia en que voy a nacer, ni puedo escoger el país, ni la lengua materna que voy a hablar.

Hay muchísimas cosas sobre las cuales no tengo ninguna posibilidad de elección, pero hay muchas otras que más bien son el resultado de mis elecciones, lo cual me hace pensar en la palabra de Dios que dice: “el que pide, recibe”.

Naturalmente uno debe meditar en esta idea. Si el Señor ha establecido que el que pide recibe, resulta obvio pensar entonces, que el que pide, recibirá lo que pide.

De modo que lo que uno pide debiera ser cuidadosamente considerado.

No obstante lo anterior, no debemos confundirnos. Dios no es el genio de la lámpara obligado a concedernos los 3 deseos. El es el Señor y es definitivamente soberano determinando qué cosas nos concede y en cuáles se reserva el derecho a no responder.

Considerando lo anteriormente señalado, no es extraño concluir que lo que uno tiene, viene a ser el resultado de lo que uno pide y en esa dinámica de pensamiento, uno pide lo que uno escoge, lo que uno quiere.

Siguiente esta especie de silogismo llegamos a la conclusión de que uno tiene lo que de algún modo uno a pedido tener.

Creo que esto tiene bastante sentido y aplicación, al echar una mirada alrededor.

Es raro, además de ilógico pensar que podré cosechar sandías si estoy sembrando tomates.

Un buen matrimonio, por ejemplo, no se obtiene por casualidad. Una pareja que está a punto de romper, no llega a estabilizarse sólo por orar. Yo debo orar (pedir por) tener un buen matrimonio, pero la oración debe ir acompañada de disposición y trabajo, y por cierto nunca llegaré a trabajar por tener un buen matrimonio si primero no lo deseo sinceramente.

La verdad es que pedir no cuesta nada, por eso a nadie le cuesta pedir. Pero debemos aprender que en el Señor hay que pedir con sabiduría, con convicción y que en muchos casos (si no en todos) las personas terminan de alguna manera recibiendo lo que querían en el fondo de su ser.
Enlaces a esta entrada
Author: gabtorar
•10:36
Hechos 8:30-31 “Acudiendo Felipe, le oyó que leía al profeta Isaías, y dijo: Pero ¿entiendes lo que lees? Él dijo: ¿Y cómo podré, si alguno no me enseñare? Y rogó a Felipe que subiese y se sentara con él”.

Muchas veces he mencionado que el principal problema del hombre o mujer (creyente, devoto) no es tanto llegar a conocer la voluntad de Su Señor, sino dejarse mover por esa voluntad.

Hay un abismo entre saber lo que la biblia dice y entenderlo.

Muchas persona podemos recitar textos de la escritura y luego sentirnos totalmente confundidos por circunstancias adversas que tenían perfecta respuesta en los versículos memorizados.

Cuanta gente dice “yo leo la biblia”, pero no la entienden.

Es que no se trata solo de leerla. Entender lo que uno lee es más importante todavía, es realmente indispensable.

Felipe preguntó al eunuco si entendía lo que leía. Aquí tenemos un excelente ejemplo de uno que tiene disposición para Dios pero que necesita un empujón para hacer la voluntad de Dios.

El eunuco honestamente explicó que sin alguien que le explicase, difícilmente podría entender lo que leía.

Es genial encontrarse con personas así. Gente que lo único que está esperando es “la invitación a ser parte de”.

Como los obreros de la hora undécima, estaban desocupados en la plaza, y argumentaron que estaban ahí porque nadie les había contratado. Estaban disponibles, esperando la invitación.

¡¡Qué gran llamado de atención a quienes tenemos la responsabilidad de testificar de esta gran salvación!!

Esto hace recordar las palabras de Pablo “¿Cómo oirán si nadie les predica?”

A veces damos por sentado que las personas entienden las cosas de Dios. ¡¡Nada más lejos de la realidad!!

Son millares los que tal vez teniendo la voluntad dispuesta, no pueden ir más allá, porque les falta esa mano amiga, ese empujón amable, que les permita salir de su inercia y comenzar a transitar por el camino de la salvación.

Por supuesto, también hay quienes no quieren nada con el Señor. Sin importar con cuanto amor, o pasión uno se disponga a ser un puente entre ellos y el Señor, su postura es siempre negativa y reticente.

Pero no todos son así. Y por aquellos que están dispuestos, vale la pena esforzarse.

Felipe fue llevado por el Señor a este eunuco. Uno podría pensar: “es solo una persona, que más da”. Pero a Dios le importa esa única persona.

Derechamente creo que debemos replantearnos la relevancia de nuestra participación en el propósito de Dios, porque si uno analiza la escritura con detención, se dará cuenta que hay algunos que están esperando el llamado, y ¿quién sabe si el instrumento escogido por Dios para ello eres tú?
Enlaces a esta entrada
Author: gabtorar
•12:13
Lucas 12:19-20 “Y diré a mi alma: Alma, muchos bienes tienes guardados para muchos años; repósate, come, bebe, regocíjate. Pero Dios le dijo: Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma; y lo que has provisto, ¿de quién será?”

A las personas nos gusta sentir que tenemos el control. Nos sentimos cómodos cuando podemos manejar las variables de las cosas.

En verdad, uno de los deseos más profundamente guardados (y menos ventilados) de las personas, es poder manejar sus vidas.

Nos encanta la idea de poder hacer lo queramos y que todo vaya en línea con lo que planificamos.

Este gran deseo de tener todo bajo nuestro control, explica el por qué nos descolocamos tanto cuando aparecen cosas que no estaban en nuestros libros.

Sabemos que existen imponderables, me refiero a esas variables que escapan absolutamente a nuestra capacidad de anticipación, predicción o planificación, pero frente a ello, nos consolamos pensando que no podríamos ser tan desafortunados como para que justo pase, lo único que no quisiéramos que ocurra.

Insólitamente, en más de alguna ocasión, eso es exactamente lo que sucede y nos pone el mundo ¡¡patas arriba!!

Seguramente esto no es algo extraño para ti.
Debió ocurrirte en algún momento de la vida lo que entiendo denominan como la ley de Murphy. Justo aquello que no debía pasar, pasó y no lo pudimos remediar.

Pero yo no atribuiría a ese tal Murphy ningún crédito por ello. Estoy seguro que es Dios quien siempre está detrás de todo lo que nos sucede.

Desde luego es más sencillo vivir una vida superficial que una de análisis. Pero el análisis es el eslabón perdido de la vida cristiana victoriosa y si analizamos con calma, siempre podremos ver más de lo que creíamos posible.

En innumerables ocasiones, los detalles más importantes se nos pierden de vista porque no analizamos, vivimos apurados, realizando diversas tareas, cumpliendo metas y al final terminamos perdiendo lo más valioso de hacer, que es disfrutar lo que hacemos.

Dios me ha dado una fuerte inquietud en este aspecto. ¡¡Cuán poco practicamos el arte de meditar en Dios, en Su palabra!!

Deberíamos meditar aún en Su voluntad una vez que la conocemos.

Viviendo tan apurados no es raro que algo se nos escape de las manos en nuestro tiempo de planificación.

Ciertamente nunca podremos llegar a presumir de tener todo bajo control porque no es capacidad nuestra que así suceda, pero en el escenario humano, seguramente evitaremos muchos malos ratos si dedicamos más tiempo a la meditación en la palabra de Dios, a pasar tiempo en comunión con el Señor y luego echar mano a la planificación.

Meditar en el Señor, nos enseñará (entre michas otras cosas), la gran lección de “quitar el pie del acelerador”.
Eso no librará de muchas dificultades.
Enlaces a esta entrada