Author: gabtorar
•6:18
Salmo 138:6 “Porque Jehová es excelso y atiende al humilde, mas al altivo mira de lejos”

Uno de los males que más daños nos hacen como personas es la altivez.

Con frecuencia encontramos personas en la vida que tienen un concepto de sí mismas que está con creces por sobre su realidad.

Somos tan susceptibles de ser engañados en esta área.

Personas a las que de pronto les comienza a ir bien en la vida, quiero decir, en los asuntos cotidianos (porque digamos que tener éxito en la vida no es sinónimo de tener un buen auto, casa o trabajo) y sienten que tienen el mundo en las manos, terminan emborrachados con este bienestar pasajero.

¡Con qué facilidad olvidamos la fragilidad de nuestro ser!

La buena casa, el buen auto o trabajo no ayudan mucho cuando la enfermedad terminal golpea las puertas de nuestra vida, o cuando la drogadicción, el alcoholismo o la infidelidad azotan con fuerza nuestro hogar.

La altivez tiene normalmente una avenida típica de acercamiento a nuestro corazón pero tiene muchos métodos para ser erradicada y Dios sabe muy bien dónde, cuándo y cómo lograrlo.

Cuántas personas ignoran que esos bienes que les hacen sentir tan seguros de sí mismos (y que les llevan a elevarse por sobre el resto con aires de superioridad), son pasajeros y efímeros. Que así como un día vinieron el siguiente día pueden irse todavía con mayor rapidez.

El altivo no entiende que Dios le mira de lejos, y que para los asuntos de verdadera importancia en la vida Dios no es una opción sino una necesidad.

Que Dios atienda el humilde no significa que tú tienes que ser pobre para que Dios te preste atención. Hay gente pobre (materialmente hablando) que es tan altiva como los más acaudalados.

El asunto es que la humildad y la altivez son condiciones del corazón.

Jesús dijo que debíamos aprender de él que es manso y humilde de corazón. Y tú sabes que Jesús fue duro en su evaluación de la religión predominante de su tiempo.

Él llegó a decir a algunos que habían creído en él que eran “hijos de diablo”.

Su humildad entonces no tenía nada que ver con aguantar todo o con hacer vista gorda de lo que estaba mal. Él protestó contra la injusticia, se paró contra la maldad y todo eso lo hizo enérgicamente pero con un espíritu humilde.

Creo que es un gran problema no tener claro que “humildad no es sinónimo de debilidad”. Del mismo modo tener bienes de esta tierra no es sinónimo de altivez.

Pero que error es poner la confianza en lo que tenemos en el bolsillo o en la cuenta del banco. ¡Si todo eso es pasajero!

Antes que toda las riquezas del mundo es preferible contra con murada atenta del Señor, saber que Él está presto a auxiliarnos porque en nosotros hay un corazón humilde, y no un espíritu altivo.


No podemos darnos el lujo de tener a Dios mirándonos de lejos sabiendo que este mundo está en las manos del maligno (¿quién puede ponerlo en duda?) y el único que tiene poder para restringirlo es el Señor.

Señor ¡¡humíllame si es necesario, pero que tu mirada esté siempre cerca de mí!!
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1 comentarios:

On 24 de marzo de 2016, 19:41 , ruth dijo...

fue un gran comentario, hace reflexionar especialmente porque no es precisamente el adinerado el que es altivo sino cualquier persona con un concepto superior del que se ajusta a su realidad.Yo creo que ninguno quiere que el Señosr lo mire de lejos, sino de cerca. Muchas bendiciones.