Author: gabtorar
•11:25
Apocalipsis 22:7 “¡He aquí vengo pronto! Bienaventurado el que guarda las palabras de la profecía de este libro”

Para entrar en este tema es necesario primero establecer que en relación al tiempo, existen por decirlo de alguna forma, 2 dimensiones de tiempo, el de Dios y el de los hombres.

Dios habita en la eternidad. La misma palabra es de por si más de lo que podemos entender. ¿Cuánto puede saber un ser finito de aquello que no tiene fin?

Cualquier noción que tengamos de la eternidad es simplemente vaga, pero por fe lo entendemos.

Los hombres por su parte, habitamos en el tiempo y el espacio. Esto quiere decir, que estamos delimitados por ciertas barreras que Dios ha establecido.

Jesús quien vino desde la eternidad (y regresó allí) vino al tiempo de los hombres. Sabemos cuál fue su motivación.

El hecho que viniera de la eternidad, le permitía tener un conocimiento de eventos y cosas que a nosotros ni se nos pasaría por la mente.

Una de las cosas que él estableció era que regresaría, y que sería pronto.

Estas palabras fueron dichas aproximadamente dos mil años atrás y aun no tienen cumplimiento, lo que significa que son promesas pendientes.

Dios no puede mentir de modo que esto va a acontecer. El día y la hora exactos solo los conoce Dios mismo, pero para nuestro beneficio, Él nos ha dejado esta advertencia: “Vengo pronto”

Debe haber algo muy importante detrás de esto. Tú no le adviertes a alguien que vas a visitarle en algún momento, a no ser que quieras evitar que tu visita les encuentre fuera de lugar o desprevenidos.

El no saber más detalles sobre esta venida, tiene su propósito sin duda alguna. Pero algo se: tú no harías algo indebido si supieras que en cualquier momento pueden venir visitas.

Hoy las personas (sociedades) están esperando muchas cosas: activación económica, reducción de los niveles de delincuencia, mejores posibilidades de vida, salud y educación, en fin, las personas están esperando muchas cosas que nadie puede asegurar que sucedan, pero no están esperando algo que con toda seguridad tendrá cumplimiento: “la venida de Jesús.

Para el fin de año las familias se preparan. Los padres toman las medidas necesarias para asegurar a sus hijos, un buen regalo de navidad (¿?) y a nivel familiar, se aperan de buena carne para la cena de año nuevo.

En resumen las personas se preparan, para lo que viene.

A fines de Enero las multitiendas comienzan el bombardeo escolar. Ofreciendo cuanto artículo pueden para la etapa escolar que se avecina.

Parece cómico que el comercio tiene fechas marcadas ¡¡y como han aprendido a manejar la mente colectiva!! (tocaré este tema en otra ocasión)

Lo que intento decir es que la gente se prepara. Las personas no se perdonarían no estar preparadas para estas fechas porque son importantes.

¿Pero qué me dices de la venida de Cristo? Estoy hablando de un hecho que no se va a volver á repetir en la historia de la humanidad y cuya negligencia en prepararse tendrá consecuencias de pérdida eterna para el alma ¿Nos estamos preparando para ello?

El mismo apóstol Pedro argumenta que: “muchos tienen la venida del Señor por tardanza”.

Muchas personas se excusarán diciendo: “hace mucho que se habla de la venida de Cristo y aun no pasa nada”.

Pero déjame decirte mi querido lector que esa mentalidad es precisamente la más peligrosa de todas.

No puedes darte el lujo de que las cosas pasen y te tomen de improviso, porque entonces no habrá tiempo para prepararse.
Enlaces a esta entrada
Author: gabtorar
•12:37
2 Pedro 2:22 “Pero les ha acontecido lo del verdadero proverbio: El perro vuelve a su vómito, y la puerca lavada a revolcarse en el cieno”

Seguramente te ha pasado que has hecho grandes (tus mejores) esfuerzos por ayudar a alguna persona que necesita ayuda y has terminado frustrado al ver que, sin importar cuanto te esfuerces, esa persona vuelve a su punto de origen, vuelve al lugar de su derrota.

Esto ocurre con frecuencia cuando intentamos ayudar a salir de su condición a personas inmersas en males terribles del mundo actual, como son vicios, quiebres relacionales, malos hábitos de vida y otros.

El caso es que no importa cuánto te esfuerzas, esos esfuerzos resultan inútiles porque la persona en cuestión vuelve al hoyo, recae.

Para que nuestros problemas puedan ser resueltos deben ser abordados desde su raíz. Y la raíz de los problemas siempre se halla en la naturaleza de las cosas.

He estado hablando de la mentalidad porque los pensamientos que gobiernan nuestra mente (corazón) nos llevarán en definitiva por un camino u otro de la vida.

El Señor dijo que el perro vuelve a su vómito porque en su naturaleza eso no tiene nada de malo.
Asimismo tu puedes desgastarte tratando de lavar una puerca. Puedes hacerlo con amor, con esmero, pero debes saber que en cuanto tenga la posibilidad volverá al cieno. ¿Por qué? ¨Porque está respondiendo a su naturaleza.

Nuestra naturaleza humana, nos enseña que eso es ridículo e insalubre, ´pero en la naturaleza canina o porcina, eso es simplemente algo normal.

Cambiar los aspectos externos de algo no garantiza un cambio de naturaleza.

La única forma que nuestras actitudes cambien es mediante una renovación de nuestro entendimiento, es decir, un cambio de mentalidad, un cambio del corazón, que produzca a su vez un cambio en nuestro modo de ver y sentir. La palabra de Dios es clave en esto.

Si con honestidad buscamos la raíz del origen de los males del hombre nos daremos cuenta que se deben a su pobre relación con Dios.

Vivir lejos de Dios, nos pasa la cuenta tarde o temprano. Por algún tiempo podemos arreglárnosla con nuestros asuntos, pero llega el momento en que (independiente de nuestra erudición o gran preparación académica) nos vemos sobrepasados por las circunstancias y sólo entonces valoramos y damos algún crédito a este aspecto.

Para evitar que el perro regrese a su vómito tendríamos que cambiar su naturaleza canina. El perro puede ser amaestrado para hacer ciertas cosas y dejar de hacer otras, pero en el fondo su naturaleza no puede ser negada.

De ahí que encontramos casos de personas atacadas por perros de ciertas razas. Estos pueden estar bien adiestrados para obedecer ciertas órdenes, pero ninguno puede dominar sus impulsos naturales.

Las personas que no logran salir del hoyo, para llegar a lograrlo, necesitan un cambio interior, un cambio de naturaleza. Ese cambio viene por la acción de 3 agentes celestiales principales: Cristo, la palabra Dios y el Espíritu Santo.

Cristo es quien paga el precio para que seamos redimidos (esto es, libertados) del poder del pecado. Cristo solamente puede llevarnos de las tinieblas a la luz admirable.

Luego, la palabra de Dios entra en acción para adoctrinarnos respecto a lo que nos conviene y lo que no nos conviene. Nuestra cabeza (mente, corazón) recibe luz de la verdad divina, una verdad que antes le era ininteligible, e irrelevante.

Lo más que conoces la palabra de Dios, lo mejor que entiendes quién es Dios y lo que tiene para ti.

Luego la acción del Espíritu Santo en nosotros para guiarnos a la verdad, consecuentemente librarnos del error y la mentira, y darnos poder (capacidad) para hacer lo que Dios nos pide en Su palabra.

La acción conjunta de estos agentes, es la única que puede garantizarnos libertad de la naturaleza que nos sumerge y aleja de Dios.

De modo que la próxima vez que intentes ayudar a alguien, no olvides involucrar primero a Dios en el asunto, porque si en verdad quieres ver resultados, es indispensable contar con Él.

Es quien mejor entiende la naturaleza de las cosas y por supuesto de las personas.
Enlaces a esta entrada
Author: gabtorar
•7:10
Filipenses 1:21 “Porque para mi el vivir es Cristo y el morir es ganancia”

Que gran diferencia hay entre una persona que simpatiza con el fútbol y un futbolista.

Mientras que el primero se deleita en el futbol, y ve en este deporte una forma de entretención, de escape a sus cotidianas responsabilidades, el segundo tiene un enfoque completamente distinto porque vive del fútbol y para el futbol.

Pare este no es opcional entrenar a diario, tener una disciplina en cuanto a los horarios, la comida, ejercicios y otros aspectos.

Autosuperarse es una cuestión casi obligatoria para estar al altura de las demandas futbolísticas, a la altura del resto de los jugadores.

Ello indudablemente tiene un costo personal, pero también grandes beneficios.

El simpatizante, por su parte, desde la comodidad de su hogar (o las tribunas) mira atento el desarrollo del partido en tanto se sirve un refresco y come algo para calmar la ansiedad del resultado.

Esta breve analogía tiene por finalidad mostrarnos la diferencia existente entre la gente que simpatiza con Cristo y un cristiano real.

Pablo era un cristiano real. Déjame decirte que sin importar lo que tú seas hoy, Dios puede hacer de ti un cristiano de la mejor estirpe. Sin embargo, para muchos es más sencillo mirar el partido desde la comodidad de las tribunas, en lugar de estar en el campo de juego.

Pablo era un perseguidor de Cristo y de la iglesia, pero eso no fue obstáculo para que Dios lo convirtiera en el más influyente apóstol a los gentiles (no Judíos). Si Dios fue capaz de hacer tal cosa con un enemigo de su causa, imagínate lo que puede llegar a hacer con uno que simpatiza con su causa.

Pablo pasó de ser un hombre que llevo a muchos a morir por la causa de Cristo a ser (él mismo) uno que estaba dispuesto a morir por esta causa.

Sólo su compromiso con el señor fue mayor que el celo con el cual perseguía a la iglesia del Señor en sus años de ignorancia.

Hay un mensaje aquí que nos debiera hacer pensar sobre cuán real es nuestra afiliación a la causa de Cristo.

¿Estamos interesados en guardar nuestra vida para nosotros mismos o estamos dispuestos a gastarla en la causa del Señor?

Cristo se convirtió en el vivir de Pablo, más que una simpatía por esa causa, Cristo se volvió la gran causa de su vida.

El pasó de ser un hincha del equipo contrario a ser el líder de la barra de Señor.

Que el vivir de Pablo haya sido cristo explica el éxito del ministerio de siervo de Dios.

¡¡Qué gran abismo separa a un hincha de fútbol, de un futbolista profesional!!

No importa cuán bien sepa los nombres de todos los jugadores (incluyendo a los de reserva), un hincha nunca sabrá lo que significa pisar el césped y defender la camiseta de ese equipo. Es una función limitada.

Cristo no nos llamó a ser hinchas suyos, sino a ser parte de su equipo. Él está contando contigo para ganar sus encuentros y por supuesto que tal privilegio tendrá ciertos costos también.

Pablo abandonándose por completo a la gracia de Dios que le había sido revelada, pudo ver más allá de sí mismo y más allá de los límites de esta vida.

Él podía ver que la muerte (a la que tanto le tememos) era una ganancia porque acortaría las distancias entre él y su amado Salvador.

¡¡¡Señor, ármanos de este pensamiento, saca las escamas de nuestros ojos para que podamos ver la riquezas de TU gloria en Cristo. Yo no quiero ser un hincha nada más, yo quiero estar en la cancha, jugando los partidos de mi Señor, corriendo por alcanzar al que lo necesita, esforzándome para alcanzar aquello para lo cual fui alcanzado!!!

¿Hincha o jugador? Si tu vivir es Cristo desearas ser jugador, incluso aunque solo llegues a estar en el banco de reservas.
Enlaces a esta entrada
Author: gabtorar
•5:56
Filipenses 3:10 "A fin de conocerle y el poder de su resurrección, y la participación de sus padecimientos, llegando a ser semejante a él en su muerte”

Todos queremos ser parte del equipo ganador. Cualquier persona está dispuesta a subirse al carro de la victoria, una vez que esta ha sido conquistada, pero pocos están dispuestos a pelear para conseguirla.

Nadie rehusaría ser parte de los hechos milagrosos y de las poderosas señales que Cristo aun es capaz de hacer en nuestros días. Sin embargo el número de interesados disminuye considerablemente cuando el llamado es a ser semejantes a él en sus padecimientos y en su muerte.

La cultura actual ridiculizaría rápidamente a cualquiera que se atreva a decir: “no me importa pagar un precio de dolor o sufrimiento por seguir a Cristo”.

Eso sería un grave insulto al mal llamado “sentido común” de la mente carnal.

Ser parte de los triunfos y gozarse en la exaltación está bien, pero estar dispuestos a sufrir por cualquier causa está más allá de lo que la mente carnal permite.

De ahí que cada vez sean menos los que entienden que el sufrimiento sigue siendo parte de la preparación de un cristiano.

No que suframos a propósito. No se trata de perseguir el sufrimiento, eso es masoquismo, y no tiene nada que ver con Jesús. Se trata de tener un compromiso con Cristo que vaya más allá de las posibilidades de sufrimiento o privaciones.

De hecho, seguir los pasos de Jesús nos llevará inevitablemente por sendas de abandono, rechazo, y persecución en algún momento de nuestra peregrinación.

Es terrible encontrarse con cristianos que tienen terror a sufrir por cualquier circunstancia.

Los creyentes del primer siglo se reirían a carcajadas (o bien llorarían desconsoladamente) si pudieran ver el débil compromiso que tienen los creyentes del siglo XXI.

Quizá la razón por la que Dios escogió que vivamos en esta época es porque en Su bondad y Omnisciencia nos quiso librar de hacer un papelón.

Tal vez mis palabras parezcan duras pero debes saber que la realidad siempre supera la ficción.

El deseo del Espíritu Santo dentro de Pablo era tan grande por conocer al Señor que él deseaba ser semejante a Cristo incluso en sus padecimientos.

Ese es el evangelio completo. Yo tengo gran respeto por cada persona que conozco pero eso no va impedirme advertirles del peligro de vivir en amistad con el mundo

Los padecimientos nos acercan al varón de dolores” experimentado en quebrantos. El sufrimiento tiene un poder purificador en nuestras vidas.

Las vanidades de la vida buscan desviar nuestra mirada de los sufrimientos. La entretención (esparcimiento, aspecto muy legítimo de la vida) que debiera ser un medio, se ha vuelto un fin en sí mismo, y juega un rol tan importante distrayendo la atención de las personas, ocupándoles su mente y tiempo.

Pero la entretención no tiene poder ni victoria sobre el sufrimiento. Sólo una vida de obediencia, contemplación y meditación en Dios y Su palabra tiene poder sobre el sufrimiento más profundo.

El alma puede ser distraída pero no engañada. En algún minuto tendrá que encarar el dolor y la resistencia que tenga dependerá del fundamento sobre el cual descanse. En ese minuto saldrá a relucir si atesoró o no lo que necesitaba para hacer frente a la adversidad.

El evangelio completo, el de Cristo, incluye padecimientos. No te dejes engañar por los que prometen un cristianismo sin dolor.

Eso tendrá lugar en aquel lugar llamado cielo. Por eso vale la pena vivir como el Señor mandó y así tener amplia entrada allí.
Enlaces a esta entrada
Author: gabtorar
•6:18
Salmo 138:6 “Porque Jehová es excelso y atiende al humilde, mas al altivo mira de lejos”

Uno de los males que más daños nos hacen como personas es la altivez.

Con frecuencia encontramos personas en la vida que tienen un concepto de sí mismas que está con creces por sobre su realidad.

Somos tan susceptibles de ser engañados en esta área.

Personas a las que de pronto les comienza a ir bien en la vida, quiero decir, en los asuntos cotidianos (porque digamos que tener éxito en la vida no es sinónimo de tener un buen auto, casa o trabajo) y sienten que tienen el mundo en las manos, terminan emborrachados con este bienestar pasajero.

¡Con qué facilidad olvidamos la fragilidad de nuestro ser!

La buena casa, el buen auto o trabajo no ayudan mucho cuando la enfermedad terminal golpea las puertas de nuestra vida, o cuando la drogadicción, el alcoholismo o la infidelidad azotan con fuerza nuestro hogar.

La altivez tiene normalmente una avenida típica de acercamiento a nuestro corazón pero tiene muchos métodos para ser erradicada y Dios sabe muy bien dónde, cuándo y cómo lograrlo.

Cuántas personas ignoran que esos bienes que les hacen sentir tan seguros de sí mismos (y que les llevan a elevarse por sobre el resto con aires de superioridad), son pasajeros y efímeros. Que así como un día vinieron el siguiente día pueden irse todavía con mayor rapidez.

El altivo no entiende que Dios le mira de lejos, y que para los asuntos de verdadera importancia en la vida Dios no es una opción sino una necesidad.

Que Dios atienda el humilde no significa que tú tienes que ser pobre para que Dios te preste atención. Hay gente pobre (materialmente hablando) que es tan altiva como los más acaudalados.

El asunto es que la humildad y la altivez son condiciones del corazón.

Jesús dijo que debíamos aprender de él que es manso y humilde de corazón. Y tú sabes que Jesús fue duro en su evaluación de la religión predominante de su tiempo.

Él llegó a decir a algunos que habían creído en él que eran “hijos de diablo”.

Su humildad entonces no tenía nada que ver con aguantar todo o con hacer vista gorda de lo que estaba mal. Él protestó contra la injusticia, se paró contra la maldad y todo eso lo hizo enérgicamente pero con un espíritu humilde.

Creo que es un gran problema no tener claro que “humildad no es sinónimo de debilidad”. Del mismo modo tener bienes de esta tierra no es sinónimo de altivez.

Pero que error es poner la confianza en lo que tenemos en el bolsillo o en la cuenta del banco. ¡Si todo eso es pasajero!

Antes que toda las riquezas del mundo es preferible contra con murada atenta del Señor, saber que Él está presto a auxiliarnos porque en nosotros hay un corazón humilde, y no un espíritu altivo.


No podemos darnos el lujo de tener a Dios mirándonos de lejos sabiendo que este mundo está en las manos del maligno (¿quién puede ponerlo en duda?) y el único que tiene poder para restringirlo es el Señor.

Señor ¡¡humíllame si es necesario, pero que tu mirada esté siempre cerca de mí!!
Enlaces a esta entrada
Author: gabtorar
•6:33
Lucas 12:2 “Porque nada hay encubierto que no haya de descubrirse, ni oculto que no haya de saberse”

Las circunstancias de la vida a veces nos aprietan como una bolsa pesada que uno carga con los dedos y hace que nuestra circulación sanguínea se contenga y los dedos se amoraten y aun hasta se adormezcan.

Las circunstancias a veces producen gran aflicción a nuestras almas, llevándonos a actuar de maneras que no pensamos posibles.

Esto me ha pasado a mí, te ha pasado a ti y es muy probablemente lo que le pasó a Pedro.

Este discípulo de Jesús se sentía cercano al maestro. Con toda seguridad había aprendido a amarle en todo el tiempo que había pasado con él viéndole enseñar y hacer los milagros en las personas que venían a él.

Esas eran buenas circunstancias, eran momentos de gran gozo, de victoria. Imagínate el gozo que quedaba cada vez que Jesús pasaba por algún sitio. La gente se quedaba comentando como la vida de vecinos y seres queridos había sido cambiada para siempre por este varón de Dios, llamado Jesús.

Imagínate el gozo que este discípulo sentía y cómo se hinchaba su pecho, cada vez que el maestro abría su boca con esa sabiduría que la gente admiraba porque hablaba con una autoridad que para ellos era desconocida.

Estar junto a Jesús en esas circunstancias era equivalente a estar de parte del equipo vencedor y representaba todo un privilegio.

Pero se acercaba el momento en que la aflicción golpearía con fuerza la puerta del Señor y por tanto, de quienes se sentían más identificados con él.

Venía la hora en que ser parte de ese equipo tendría un alto costo, y sabemos por la palabra que no todos estaban preparados para esa hora.

Jesús les había advertido que debían orar, velar, que la tentación estaría al acecho y que sólo la dependencia al Padre podría garantizar seguridad y reposo en esos momentos de aflicción.

Pedro creía estar claro respecto de su compromiso con Jesús.

Él como muchas veces nos ocurre a nosotros, tenía un concepto distorsionado de la realidad, mejor dicho, de su propia realidad.

Él se veía así mismo tan cerca del Señor, tan comprometido con Él, que su vida no importaba.

Sólo Jesús importaba de modo que con gusto él pondría su vida por Su Señor.


Seguramente cuando Jesús le dijo que no sería así como el creía, Pedro debió pensar: “Jesús se acaba de equivocar. Yo se lo que siento por Él y lo que estaría dispuesto a hacer por Él también”.

Para Pedro, Jesús se equivocaba por primera vez desde que le conocía. Mas tu y yo sabemos que Jesús no se equivocó.

Jesús sabía que las circunstancias revelarían lo que verdaderamente pasaba dentro de este flemático discípulo, que sin dudas le amaba, pero que todavía estaba más comprometido consigo mismo que con Su Señor.

Las circunstancias producirán en nosotros esta clase de revelación, que mientras pensamos que nuestro compromiso o amor por el Señor es uno, al estar bajo ciertas presiones nos daremos cuenta de lo que verdaderamente hay dentro de nosotros.

Gracias Dios por ocupar las circunstancias para purgarnos de esos “vestigios de la vida del yo”. De eso que se ha sabido esconder en nosotros a nuestros propios ojos, pero que está “siempre delante de los Tuyos.

Jesús no condenó a Pedro, todo lo contrario, siguió adelante con el plan.

El plan incluía ir a buscarle, restaurarle, enseñarle el valor de una vida guiada por el Espíritu y no por meras emociones.

Pedro llegó a pastorear las ovejas del Señor como se le pidió, pero no sin antes haber aprendido que el completo entendimiento, la verdadera sabiduría y control de todas las cosas están solamente en las manos del Señor.

Cuando las circunstancias hagan su trabajo y revelen que las cosas no eran como pensabas, no te desanimes. Dios seguirá adelante con el plan que tiene para ti.

Recuerda que “eso que salió a la luz” estaba oculto para nosotros pero no para Él.

Dios siempre lo vio dentro de nosotros, era solo el momento de sacarlo a la luz.
Enlaces a esta entrada
Author: gabtorar
•6:58
Lucas 3:21 “Aconteció que cuando todo el pueblo se bautizaba, también Jesús fue bautizado; y orando el cielo se abrió”

Los que vivimos en la tierra estamos limitados para comprender en plenitud las cosas celestiales.

Que el cielo esté arriba de nosotros es mucho más que una cuestión de ubicación. Representa posición y habla de autoridad.

Nuestras sociedades se estratifican y quien ocupa la parte más alta en la pirámide es quien tiene mayor autoridad, es quien está por sobre los demás.

El cielo está sobre todos nosotros como testimonio inequívoco que dependemos de las cosas que se determinan desde arriba.

Nuestros buenos planes y proyectos no fructificarán debidamente si no cuentan con el respaldo de arriba. Por ello es tan importante que Dios sea parte de lo que planeamos hacer.

Para decirlo más correctamente, lo ideal sería que en cualquiera cosa que pensemos hacer, sea Dios quien nos haya corroborado que estará presente, que respaldará tal decisión.

Esto nos dará paz en los momentos de dificultad (que sin invitarlos vendrán), saber que Él se ha comprometido a estar ahí, a apoyarnos porque estamos haciendo algo que Él aprobó.

DEerchamente nuestro versículo expone una verdad qiue veo cada vez mas neceara en mi porpio vviri: que el cielos e abra para nosotros.


Muchas cosa no suceden porque el cielo, fuente de toda buena dádiva y don perfecto, está cerrado para nosotros.

Seguramente te has sentido frustrado e impotente de ver que ciertas cosas nunca ocurren. Es que todo viene de arriba y si la puerta está cerrada sobre nosotros difícilmente descenderá aquello que tanto necesitamos.

Ahora bien tanto como que el cielo puede abrirse para nosotros, asimismo es cierto que hay una manera de lograrlo y esto es en comunión con Dios, en oración.

La oración es fundamental porque ella nos alinea con el Señor, con Su voluntad y con Sus pensamientos.

Una persona que no ora difícilmente podrá estar despierta a los pensamientos del Señor.

La oración tiene la facultad no solo de permitirnos conseguir respuestas a ciertas necesidades, sino especialmente nos privilegia para oír la voz del Señor e interpretar Su palabra.

La oración es el gran medio (si bien no el único) de comunicación que los hombres tenemos para llegar al Creador.

La gente estaba bautizándose, lo que nos habla de seguir la palabra de Dios, y Jesús mismo vino para ser bautizado. Pero algo ocurrió con Él en particular. Dice que “orando, el cielo se abrió”.

Aquello que necesitamos está indudablemente en poder del cielo.

Mucho de lo que no hemos recibido está sujeto por el Señor, esperando que “podamos pedir y recibiremos”.

Jesucristo nos mostró con su ejemplo el tremendo valor de tener una vida de oración, no solo de acordarnos de Dios cuando tenemos miedo o nos sentimos angustiados, sino a cultivar una relación por medio de la oración.

Dios a menudo quiere hablarnos pero estamos demasiado ocupados para oírle. A menudo quiere orientarnos pero estamos demasiado ensimismados con nuestros proyectos y planes. A menudo quiere evitarnos males y dolores, pero nuestros oídos no están agudizados para oírle y eso nos perjudica enormemente.

El cielo está arriba, pero no lo suficientemente alto como para que el Padre no pueda oír nuestra oración.

Especialmente si la elevamos en el Nombre que está sobre todo nombre, que es el nombre de Su hijo Jesucristo, nuestro salvador.

Ora, ¿qué sabes si el cielo se abrirá HOY para ti?
Enlaces a esta entrada
Author: gabtorar
•8:18
Mateo 19:16 “Entonces vino uno y le dijo: maestro bueno, ¿qué bien haré para tener la vida eterna?

¿Cuál será el conocimiento más importante que podamos llegar adquirir en la vida?

Con toda seguridad la respuesta a esta pregunta variará dependiendo de a quien se le pregunte, porque cada persona responderá en la medida de su vocación o inclinación interior.

Así para un hombre ligado a la medicina, lo más seguro es que la respuesta se halle en la cura de alguna enfermedad incurable desde el punto de vista médico o en el desarrollo de alguna tecnología que permitirá intervenciones que jamás se pensaron posibles.

Para un arquitecto, en tanto, la respuesta seguramente estará ligada a la invención de algún material novedoso que permita el avance de la industria de la construcción.

Tengo la certeza que las respuestas a esta pregunta está directamente ligada con nuestra vocación, con aquello que nos mueve interiormente a ser lo que somos y hacer lo que hacemos.

Hubo un hombre no obstante que fue capaz de poner respuesta a esta pregunta de modo magistral.

Me queda absolutamente claro que su respuesta no proviene de alguna institución terrenal sino de una revelación divina sobre el asunto que más relevancia debería tener para nosotros los hombres.

Jesús dijo que de nada le aprovechaba al hombre ganar el mundo, si al final perdía su alma.

El conocimiento más relevante es aquel que está relacionado con el tema del alma.

Los avances de la tecnología, los logros de la ciencia pueden hacer mucho por nosotros, pero no pueden hacer nada para solucionar el principal problema del hombre: el destino eterno de su alma.


Este varón descubrió lo siguiente: “Yo soy un gran pecador, pero Cristo es un Gran Salvador”


Tal vez a muchos esto les suene trivial, pero no lo es.

“Este conocimiento es demasiado maravilloso para mí”, decía el salmista, ¡y vaya que estaba en lo cierto!

¿Hemos considerado seriamente el asunto de cuál será el destino de eterno nuestras almas?

Es necesario, antes que todo, decir que no seremos salvos (no iremos al cielo) por nuestras obras, así que no vale la pena intentar apoyarse en “lo buenas personas que hemos sido”, como el joven de nuestro texto pensaba.

Que gran revelación es la que posee una persona que entiende su verdadera condición. No nos agrada que nos digan cosas feas acerca de nosotros, pero el que hagamos callar a quienes lo hacen, no quita que esa verdad todavía sea aplicable a nuestras vidas.

Yo puedo decidir no acudir al doctor bajo el precepto de que si voy me dirá que tengo una enfermedad que en realidad no quiero tener, pero el hecho de no ir al médico, no hará desaparecer la enfermedad (si esta se encuentra en m).
Más bien el médico me ayudará para que pueda hacer algo al respecto.

El contar con el conocimiento que soy un gran pecador me pone en el lugar en que “necesito de un gran salvador”. Y ese gran salvador se haya plenamente en la persona de Cristo Jesús.

¡¡Qué ajeno es este conocimiento para muchas personas!!

¿Cuántas personas tienen grados de especialización, estudios y más estudios, diplomas, doctorados, títulos, y sin embargo, son completamente ignorantes de la gravedad de este hecho que tiene repercusiones eternas para el alma?

Yo agradezco al Señor que, me haya permitido entender esta verdad: “Gabriel es un pecador, no importa cuántos arranques de bondad pueda manifestar en su vida, Gabriel necesita de un salvador, y frente al gran problema de su pecado, Cristo, el Hijo Unigénito del Padre, es el Gran salvador que Gabriel necesita”.

¿Has llegado a descubrir si lo necesitas también?
Enlaces a esta entrada
Author: gabtorar
•6:03
1 Samuel 16:7 “Jehová respondió a Samuel: no mires a su parecer, ni a lo grande de su estatura, porque yo lo desecho; porque Jehová no mira lo que mira el hombre, pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón”

¿Qué nos vuelve parte de algo? ¿La vestimenta, el lenguaje, visitar lugares comunes?

Como padres nos inquietamos cuando vemos que nuestros hijos dan atisbos de querer adoptar ciertas modas.

Notamos que de alguna forma están adscribiéndose a ciertos modelos o tendencias porque sus vidas empiezan a ser dibujadas de acuerdo a los patrones de tales modas.

Notamos cambios en el look, en la vestimenta, muchas veces hasta en el lenguaje. Esto se vuelve más gris cuando el comportamiento cambia, y vemos que se vuelven más hostiles, recios o rebeldes.

Nos entristece pensar que se están volviendo “parte de” tal grupo o tendencia y nos asustamos de las consecuencias que esto pueda traer.

No pretendo desmerecer la importancia de esto. Pero el que se vista de tal o cual forma, incluso que hable de tal o cual forma no es necesariamente una señal inequívoca de que ellos se han vuelto tal cosa, o se han convertido a tal movimiento.

¿En qué me baso para decir lo anterior? En la experiencia de la misma iglesia.

¡Cuántas veces he visto desfilar personas en las iglesias, de las que, luego de algún tiempo, nunca más se supo!

Hablo de personas que con mucho entusiasmo dieron atisbos de un cambio de vida.

Personas que dejaron el mal lenguaje, que abandonaron algunos vicios (alcoholismo y tabaquismo principalmente), que comenzaron a vestir decentemente dejando el vestir sensual (lo cual es especialmente visible en las damas).

Personas que aprendieron canciones (y aun las cantaron), que participaron en cursos bíblicos, que lloraron y rieron contigo, que te abrazaron, que prometieron ¡¡A DIOS MISMO!! amor, fidelidad y nunca más volver atrás…. y que de un momento a otro, hicieron TODO lo que habían prometido no hacer.

Cualquiera que los hubiera visto habría pensado: “Oh, esta persona verdaderamente se convirtió”.

Pero los hechos demostraron que no hubo tal conversión, por muchos que todo lo externo aparentemente diera muestras de lo contrario.

Pienso que las cosas funcionan en ambas direcciones, lo que es cierto en una dirección lo es también en la otra, y por ello me atrevo a decir que los cambios externos no necesariamente reflejan un cambio interior.

Nosotros podemos “aprender” (y aun reproducir) las conductas aceptables para un grupo determinado, sea religioso o de cualquier índole, pero eso no garantiza una conversión interna a ese grupo o fe particular.

Cualquiera que hubiese oído a Pedro decir “Señor: aunque todos te abandonen yo no lo haré, si tienes que morir, te aseguro que no serás el único”, hubieran pensado: contra esta clase de determinación no puedo competir”.

Sin embargo, Pedro huyó. No fue el único que huyó pero fue el único individualizado en su huir.

Cualquiera que hubiese visto a Juan con una actitud tan tierna, casi infantil, un hombre que busca el regazo de Jesús para apegarse a Él, hubiese pensado “este hombre es un terrón de azúcar que sería incapaz de hacer cualquier sacrificio que implicara dolor por SU Maestro”.

Nuevamente fue el único registrado en la escritura que estuvo allí los pies de la cruz, además de las Marías.

Las apariencias pueden ser muy engañosas. Solo Dios conoce lo que ocurre en el interior de las personas. Lo que sienten lo que piensan, incluso las motivaciones por las que se mueven.

Tanto como no debemos cantar victoria cuando una persona aparentemente se ha convertido, no deberíamos llorar la derrota cuando alguno de nuestros seres queridos busca identificarse con estos grupos que, por supuesto no son lo que ninguno de nosotros planearía para sus seres queridos.

Después de todo las cosas no siempre son lo que parecen
Enlaces a esta entrada
Author: gabtorar
•8:07
1 Corinrios 1:27 "Sino qiue lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios, y lo débil del mundo escogió Dios para avergonzar a lo fuerte"

Los grandes saltos comienzan con pequeños pasos.

¿Quién hubiera pensado que un pequeño que apenas era capaz de afirmarse pudiera en el tiempo llegar a saltar varios metros de distancia?

Una importante lección que la vida nos presenta a menudo (y que con insistencia desestimamos) es sobre el valor de los pequeños pasos.

Menospreciamos las cosas pequeñas.

Todo el mundo quiere ser parte de algo grande. Desde niños se nos mentaliza que el éxito está del lado de las fanfarrias, del lado del confeti, del lado de las luces y de los aplausos pero ¿quién mejor que Jesús para echar por tierra esa idea?

Las cosas que Jesús hacía producían gran conmoción porque eran simplemente extraordinarias.

Que un hombre ciego de toda la vida de repente pudiera estar describiendo con lujo de detalles los colores de las flores porque Jesús le había sanado, es algo extraordinario.
Que gente oprimida por el diablo, esclavos de espíritus destructores que muchas veces les dañaban aun físicamente y que de pronto pudieran andar en su sano juicio perfectamente vestidos era simplemente extraordinario.

Claro eso es grandioso e indiscutible. ¿Y quién discute sobre aquello que produce gran conmoción?

No obstante la más grandiosa obra de Cristo no contó con alabanzas ni con aplausos. No hubo luces de colores ni un maestro de ceremonias que realzara la grandeza de su obra.

La más grandiosa obra que Cristo realizó la hizo solo en presencia de algunos íntimos (Juan, María la madre de Jesús, la otra maría y uno que otro silencioso seguidor) pero no fue en medio de voces de victoria ni de gritos de júbilo.

La más grandiosa obra de Cristo fue hecha sin bombos ni platillos humanos. La más grande obra, Cristo la hizo en la cruz, y fue un espectáculo, por decir lo menos, cruel.

Sin embargo, que la más importante obra (porque por ella nosotros tuvimos entrada al Padre) haya pasado sin pena ni gloria a los ojos de los hombres, debería decirnos algo.

Por esa sangre derramada nuestros pecados son cubiertos, todo nuestro pasado de maldad es borrado y nuestra deuda con Dios cancelada.

Pero Jesús no llegó a la cruz de la noche a la mañana. Llegar a la cruz le tomó más de ¡¡treinta años!!

Él no llegó a la cruz por casualidad. Cada paso que daba le acercaba más a ese destino final que el Padre había planeado para Él mientras estaba en esta tierra.

Así nuestras decisiones diarias por pequeñas que parezcan, nos acercan o alejan del plan que Dios tiene para nosotros.

No debemos menospreciar el valor de las cosas pequeñas. Son los pequeños pasos los que nos permitirán llegar a dar grandes saltos.

Comenzar a dar pequeños pasos en fe hoy, nos permitirá dar grandes saltos de fe en el futuro.

Las grandes obras no comienzan así, no en Dios por lo menos. Él siempre toma algo pequeño, le da forma, invierte en eso y luego ve Su voluntad prosperada en aquello que Él diseñó.

No te tengas en poco, no permitas que la mentalidad de un mundo decadente y ciego para ver las cosas desde la perspectiva correcta, pretenda regir sobre tu vida.

El gigante Goliat menospreció al joven David, y tan grande como era, cayó delante del menospreciado.

Dios ha prometido tomar lo que no es para avergonzar a lo que es,. Tomar al débil para avergonzar al fuerte. Y lo neciuo del mundo para avergonzar a los sabios.

Eso que parece no ser importante, lo es. No lo desprecies, pues para Dios tiene gran valor.
Enlaces a esta entrada
Author: gabtorar
•10:05
Números 13:33 “También vimos allí gigantes, hijos de Anac, raza de los gigantes, y éramos nosotros; a nuestro parecer, como langostas; y así les parecíamos a ellos”

Existe una célebre frase conocida en todo el orbe que dice: “pienso luego existo”.

Y si damos crédito a esa frase entonces tendremos que dar crédito a lo siguiente: que “como pienso, así existo (vivo)”.

Nuestra mentalidad determina en gran medida la clase de vida que llevamos. Me atrevo a decir que no calculamos el profundo valor que se esconde detrás de la mentalidad que nos gobierna.

Muchos de los logros que alcanzamos en la vida tienen que ver directamente con la clase de mentalidad que nos gobierna.

Las personas vamos consolidando una manera de ver la vida de acuerdo a nuestras experiencias buenas y malas.

Hace poco el Señor me hacía pensar en el hecho que “el conocimiento se va construyendo de a poco”, y es indudable que la manera que vemos la vida, el mundo, y a Dios mismo, están estrechamente ligados al conocimiento que hemos ido construyendo en función de nuestras experiencias de vida.

A modo de ejemplo debo decir que para algunas personas es complicado acercarse a Dios y verle como Padre porque lamentablemente tienen una figura terrenal de padre que deja mucho que desear.

Ese conocimiento les mentaliza a ver al “Padre Dios” de una manera puntual, lo que incluye no querer saber nada con cualquiera cosa o persona que se acerque a la figura de un padre.

Por otro lado las personas que tienen una buena imagen de su padre terrenal, consideran toda una delicia saber que cuentan con un Padre que es todavía mejor que el que les ha sido prestado en esta vida, y con gozo, se acercan a Él.

Nuestra mentalidad es vital para todas las cosas. Hay personas que viven vidas de derrota casi porque así lo han decidido.

Dios mismo nos ha dado precisas promesas que requieren solamente ser creídas para recibirlas, pero la mentalidad de algunos les impide tal cosa.

Contamos con el caso de los espías que Moisés envió para reportar que tan buena era la tierra que Dios les había prometido.

Doce varones fueron enviados en esta misión y cuando llegaron allá constataron que la tierra era tan buena, que un racimo de uva que trajeron de muestra (según se les había solicitado) debió ser cargado por dos varones en un palo a cusa de su gran tamaño. ¡¡Imagínate cuan buena era esa tierra!!

Ellos por generaciones habían servido como esclavos en la tierra de Egipto y Dios les estaba ofreciendo maravillosas promesas de una tierra que sería todo lo opuesto a lo que ellos conocían.

A menudo Dios nos ofrece cambiar la vida que tenemos por una mejor que Él tiene para nosotros.

Puntualizando los hechos déjeme decir que ellos nunca entraron en esa tierra porque su mentalidad se los impidió.

Vieron la altura de las ciudades que debían conquistar, la estatura de los hombres que vivían en esas ciudades pero fueron incapaces de ver lo único que valía la pena considerar: el tamaño del Dios que les respaldaba y que les estaba concediendo tal promesa.

La mentalidad de ellos, su incredulidad, su negativismo, les impidió recibir este don de Dios.

¿Cuántas veces hemos perdido lo que Dios nos está ofreciendo simplemente por tener una mentalidad discordante?

Sería bueno que nos esforzáramos para estar en sintonía con los pensamientos de Dios, para pensar correctamente. Recuerda que “así como pienso, así existo”.
Enlaces a esta entrada
Author: gabtorar
•13:21
1 Pedro 3:17 “Porque mejor es que padezcáis haciendo el bien, si la voluntad de Dios así lo que quiere, que haciendo el mal”

Claramente el padecimiento está ligado a la vida de los hombres. Es tan real como el gozo y temprano que tarde nos veremos encarándolo de algún modo.

Lo importante entonces parece ser el “por qué padecemos”. ¿Cuáles son las razones de nuestros padecimientos?

Muchas veces padecemos por haber tomado “malas decisiones”.
Precisamente en la víspera de año nuevo encontramos personas siguiendo toda clase de cábalas, esperando que por esas cábalas sus vidas sean mejores el año que entra.

Pero sin querer ser pesimista o negativo, las consecuencias de nuestras malas decisiones no son cubiertas por una cábala anual, mensual, semanal, ni aun diaria.

Creo que la fuente más común de nuestros padecimientos es que nos apresuramos a hacer cosas, a involucrarnos con personas, a entablar relaciones, hacer negocios… en fin, una gama de situaciones en las que no invertimos suficiente estudio o planificación y que terminan produciéndonos muchos dolores de cabeza, que se podrían evitar.

Con seguridad el número de infartos se reduciría notablemente si antes de actuar pensáramos mejor en lo que estamos a punto de hacer.

¿Cuántos dolores nos evitaríamos si fuésemos más conscientes de las cosas en las que nos comprometemos?

Por otro lado, no es menos es cierto que a veces padecemos por las decisiones que otros toman y que nos involucran. En este punto no hay mucho que podamos hacer.

Pero existe una clase de padecimiento que llega a ser muy buena para nosotros. Me refiero a los padecimientos que vienen como consecuencia de hacer la voluntad de Dios
.
Sin duda lo mejor que nos puede pasar es tener la convicción que estamos haciendo la voluntad de Dios. Y si esa voluntad es tener que padecer, entonces, no hay de que lamentarse.

Por causa de hacer el bien, pueden venirnos ciertos males que desearíamos no tener que experimentar, pero si viene como producto de hacer la voluntad de Dios, el fruto final de esos padecimientos será de gran provecho para nosotros.

Tantas veces he oído decir: “si tienes a Dios en tu vida con Dios todo va a estar bien, y realmente es una parte de la historia. A decir verdad, Cristo en nosotros, es la esperanza de Gloria, Él puede transformar nuestros desiertos en ríos, sin duda alguna.

Pero el propósito de Dios es formar a Cristo en nosotros y para entender bien esto hay que preguntarse qué clase de vida llevaba Cristo.

Él no vivía una vida de cuento de hadas. Él no arreglaba todo con una varita mágica. Aunque era Dios y tenía el poder para hacerlo todo, hubo muchas cosas que él no arregló.

El enseñó claramente el valor de la responsabilidad personal, es decir, el rol que tiene cada uno a la hora de asumir las consecuencias por sus decisiones.

Cristo ofrecía esperanza, pero no sobre la basa de mentiras o cuentos con final feliz. Él enseñaba el valor de cosas tan simples y profundas como la regla de oro: “haz a los demás como quisieras que ellos hagan contigo”.

En buenas cuentas nos enseñó que “para poder participar de los frutos, uno debe trabajar primero”. Nos estaba diciendo que “todo lo que uno siembre, eso mismo cosechará”.

Pues bien, la voluntad de Dios nos llevará por caminos que ni siquiera pensamos que pudieran existir. En una aventura asombrosa de fe descubriremos que El plan de Dios es maravilloso, y que los padecimientos son parte importante de ese maravilloso plan.

Lo importante como dijera Pedro en su epístola, es que “si hemos de padecer, que sea por hacer lo correcto, por estar siguiendo la voluntad de Dios, por hacer el bien”.

Cualquier otra causa de padecimiento, además de aflicción traerá pérdida y ningún fruto que perdure para la vida más importante: “esa que tendremos (con o sin Cristo) en la eternidad”.
Enlaces a esta entrada