Author: gabtorar
•13:34
Lucas 5:16 “Mas él se apartaba a lugares desiertos, y oraba”.

En la actualidad, por causa del estilo que impone la vida actual, normalmente agitada, cargada de muchas actividades, se hace cada vez más difícil apartarse para orar.

Las personas nos vemos envueltas en el carril de alta velocidad de esta vida moderna, y no cuesta un mundo, conseguir ese tan necesario tiempo para a estar a solas con nosotros mismos, a solas con Dios.

Los compromisos laborales y familiares, las tareas de los hijos, las compras, y otra veintena de otras importantes, nos dejan casi sin tiempo para a estar a solas, y hacer oración.

Creo que la palabra del Señor establece con mucha claridad que Dios no espera que seamos religiosos en nuestro acercamiento a Él.

Sin duda lo que Dios quiere es que tengamos comunión con Él, más allá de si estamos en un lugar apartado. Pero nio sería justo restarle la importancia a lo que Jerspus nos ensela aquí.

El apartarse sugiere la necesidad de poder estar en comunión con Dios sin ser interrumpidos por la presencia de otros o por las demandas de otros.

Una persona que haya de verdad intentado buscar a Dios en oración, habrá comprobado de manera personal, que en esta empresa nos encontramos con muchas oposiciones.

Tú nos serás tan interrumpido cuando quieras sentarte a ver una película, o divertirte haciendo cualquier otra cosa, como cuando hayas decidido tomar un tiempo para orar al Señor.

Las distracciones e interrupciones más impensadas se harán presentes.

¡¡Es que la oración es demasiado importante!!

Tener un cuchillo sin filo es casi tan inservible como no tener uno. Tú necesitas llevar ese viejo cuchillo a una persona que pueda darle el filo que necesita.

No estoy pensando en usar ese cuchillo para dañar a alguien sino para que realmente sirva su razón de ser que es cortar o rebanar.

La oración produce en nosotros ese filo, esa efectividad.

Cuando abandonamos la oración empezamos a actuar sobre la base de nuestra prudencia, de nuestra humanidad, y un cristiano debería saber que si ha nacido dos veces, no es para seguir viviendo gobernado por una mentalidad terrenal.

Si bien estamos en este mundo no somos de este mundo. No deberíamos buscar conformarnos a este mundo.

Otra vez Dios lo dice: “si habéis resucitado con Cristo, poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra”

¿Cómo se logra esto? En gran medida se logra cultivando una vida de oración.

Y una buena vida de oración se alcanza apartándonos como lo enseña Jesús aquí.

Nos sorprende la claridad de mente con la que Jesús actuaba, la firmeza de su doctrina, su dominio propio, su inalterable compromiso en transmitir la voluntad del Padre, costara lo que costara.

Bueno, todo ello (claro está), no es producto de la suerte o de la casualidad.

Muchos deseamos tener lo que Cristo tenía, pero no estamos dispuestos a pagar el precio que Él pagaba, me refiero a su disciplina.

Decimos no tener tiempo para orar, pero no nos falta el tiempo para sentarnos frente al televisor a mirar un programa que dura una hora o más.

Podemos estar todo ese tiempo entretenidos frente al televisor, pero no entregamos, proporcionalmente hablando, el mismo tiempo a la oración.

¡¡Y luego nos sorprende por qué nuestra espiritualidad es tan baja!!

Si hay alguien que tenía mucho trabajo era Jesús.

Piensa por un momento en todas esas personas enfermas, endemoniadas, leprosas, hambrientas, aquejadas de diversos males, que lo buscaban porque veían en él, la oportunidad de sus vidas para salir de sus desgracias y males.

No es raro que tuviera que apartarse, buscar un lugar lejos de la multitud, lejos de toda la gente que venía a él en busca de un milagro, de su ayuda, para así poder dedicarse a la oración

Jesús entendía que la oración era más que algo bueno para hacer, era parte de su misión, un aspecto fundamental para ser exitoso en llevar adelante el propósito celestial.

Las cosas más maravillosas que vemos ocurrir en la palabra de Dios vienen como respuesta a la oración de alguno, ya sea de Cristo, de un padre o una madre afligidos por la situación de sus hijos, de un hombre o mujer enfermos, lo que sea, las grandes maravillas, incluyendo la liberación de Israel de su esclavitud y la redención misma del hombre, son resultado de la oración de alguno, de la obediencia de alguno.

¿Podemos darnos el lujo de no orar? Yo creo que no.

¿Qué piensas tú?
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