Juan 15:18 “Si el mundo os aborrece, sabed que a mí me ha aborrecido antes que a vosotros”.
Mientras me dirigía a hacer algunas diligencias, conducía el auto y escuchaba un programa radial de noticias.
En eso me encuentro con una entrevista a un hombre católico famoso en Chile. Se trata de un hombre que ha logrado bastante popularidad a causa de la labor social que realiza.
Desde luego esa gran popularidad más que por el trabajo que DE HECHO realiza, ha sido potenciada a través de la cobertura que le dan los medios de comunicación, especialmente la televisión.
No creo para nada ser un hombre envidioso, (quienes me conocen sabrán si lo soy o no) y mis palabras pueden sonar así, sin embargo, sólo deseo graficar que el gran trabajo social de la iglesia evangélica simplemente no cuenta con la misma cobertura. La contienda es desigual.
Los evangélicos aparecen en la TV chilena básicamente para ser acusados de fanatismos, para criticar el dinero que recibimos los pastores por concepto de diezmos y para de vez en cuando poner en el tapete algún escándalo sexual protagonizado entre algún pastor y alguna de las personas de la congregación que lidera o el abuso de algún niño.
Esta situación es de hecho tremendamente injusta y aunque es muy lamentable que esto suceda, ese es el mundo real.
El Señor adelantó a los suyos que el mundo los aborrecería
El mundo secular tiene sus favoritos y a estos lo aclama, celebrando cada una de sus acciones.
Del mismo modo es implacable con aquellos que no le resultan tan amigables.
La iglesia evangélica tiene además el cartel de ser la que toca el desagradable tema que ninguno quiere escuchar, esto es la pecaminosidad del hombre, y su condición caída en contraste con la santidad de Dios.
No tengo ningún empacho en reconocer que hay muchos evangélicos que le hacen un grueso favor al diablo.
Que el problema de nuestra humanidad sea el pecado, por supuesto, no nos da derecho a restregar esa realidad en las narices de las personas. Especialmente cuando lo que ellos necesitan es entender que el real valor del evangelio radica en que Cristo vino a ofrecerse como la salida para ese gran problema.
Así, me parece que el incorrecto mensaje que la iglesia evangélica entrega es el problema.
Con esto estoy reconociendo claramente que el problema no es el evangelio, sino la manera en que éste es entregado por algunos de nosotros.
Ahora bien, reconocer que al interior de las iglesias evangélicas no se vive en perfección es lo más correcto y veraz.
Me temo que, desde esa perspectiva, la antipatía que muchos sienten por la iglesia evangélica es comprensible.
Para muchos, los evangélicos somos hipócritas que salimos a las calles a hablarles a otros, de los pecados que nosotros mismos no hemos llegado a solucionar.
Y claro, viendo las cosas de ese modo, “sentir antipatía es razonable”.
Pero no es justo limitar la iglesia evangélica a esto solamente. ¡¡Ella es mucho más!!
Si debemos reconocer que ese es UNO de sus desaciertos, debemos también reconocer sus MUCHOS aciertos.
Pero para ello no existe la misma voluntad.
Lo jocoso del asunto es que en cierto modo aquellas personas que se denominan cristianas y que rechazan a la iglesia evangélica, están desconociendo su propia naturaleza.
Todos los cristianos, lo somos como resultado de haber tenido un encuentro con Cristo ¡¡y Cristo en ninguna otra parte Cristo es mejor revelado que en los evangelios!!
En ninguna otra parte las enseñanzas de Cristo son mejor expuestas que en los evangelios.
De modo que los cristianos SOMOS evangélicos. Y los evangélicos DEBEMOS ceñirnos al evangelio, a la palabra de Dios. (continuaré con esta idea en la segunda parte)
Aquellos que desconocen el trabajo que hacen los evangélicos cometen una gran injusticia, no contra ellos solamente, sino principalmente contra Dios.
Las miles de personas que han cambiado sus vidas, gracias a la interacción, mediación y labor que Cristo hace por medio de la iglesia evangélica son el ejemplo vivo, el fruto de la obra de esta iglesia.
Los medios de comunicación están muy llanos a reconocer cada grande o pequeño aporte que otras religiones hacen en favor de la sociedad, pero no están igualmente dispuestos a ensalzar el tremendo trabajo de Cristo a través de la iglesia evangélica.
Si los evangélicos como grupo religioso y si los pastores como ministros de Cristo gozáramos de la difusión (además de otros privilegios) que otras religiones disponen, ¡¡otro gallo cantaría!!
Desde los medios masivos, siempre el tono hacia la iglesia evangélica es denigrante y peyorativo.
La visión y por tanto, PERCEPCIÓN que existe en la sociedad de lo que ES y HACE la iglesia evangélica sería muy diferente si se le brindaran a esta, las posibilidades que a otras se les conceden.
Jesús NO DIJO que criticar fuera un problema. Pero hay quienes no lo entienden así.
Lo que el Señor SI DIJO fue que “para ver la paja del ojo ajeno yo debía tener suficiente visión en mi ojo como para PRIMERO ver mi viga”.
Las personas que ven la paja en el ojo de la iglesia evangélica, caen en el mismo error que critican de esta. Y eso no permite avanzar a ninguna parte.
Nuestra sociedad necesita un alzamiento espiritual en eso estamos todos de acuerdo. Y la iglesia evangélica aporta significativamente en este aspecto.
Cada vez que un delincuente es rehabilitado. Cada vez que un alcohólico o drogadicto es liberado de estas fuertes cadenas. Cada vez que un hombre aprende cuál es su rol, y cuál es el trato que debería tener con su esposa e hijos. Cada vez que las personas dentro de las iglesias evangélicas aprenden a respetar las autoridades establecidas y a orar por ellas en lugar de apedrearlas, en fin… Cada vez que esto sucede la sociedad mejora y es una gran injusticia, que para ello la iglesia evangélica no tenga derecho a tribuna.
Sobre lo que decía ese popular hombre, hablaré mañana… si Dios quiere.
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Amós 3:3 ¿Andarán dos juntos si no estuvieren de acuerdo?
Una de las cosas más sobresalientes de la vida de Jesús es su extraordinario nivel de acuerdo con el Padre.
Jesús reconoció que no hacía nada por su cuenta y que lo que hacía era lo que veía al Padre. En la tentación del desierto vemos que el enemigo intentó la estrategia de llevarlo a actuar en su capacidad, pero Cristo se rehusó a actuar para complacer al diablo, y despejar así cualquier duda respecto a su posición, autoridad y procedencia.
Él se mantuvo en la palabra de Dios, y reservó sus milagros y señales para el tiempo indicado por el Padre.
Desde luego el diablo no halló lugar en Jesús en el cual poder operar.
Cada intento suyo por desviar a Jesús y hacerlo actuar de manera discordante con el Padre fracasó.
Cristo sabía bien a quien servía, entendía bien a quien se debía.
Este es un elemento clave para no desviarnos del propósito divino.
He compartido en escritos anteriores que hay distracciones que se disfrazan de oportunidad. Estas terminan alejándonos del plan del Señor. Pero en estas cosas actúan el engaño por un lado, y la falta de claridad de propósito, por otro.
Hay centenares de personas que bien intencionadamente hacen cosas que les apartan de Dios y no se dan cuenta.
Es vital que los cristianos nos preguntemos de manera constante qué o quién nos está moviendo.
Aquello que estoy haciendo o lo que planeo hacer ¿Viene realmente del corazón el Señor? ¿Es parte de Su plan para mí?
La biblia dice que Cristo es la cabeza de la iglesia. La iglesia es a su vez, el cuerpo de Cristo.
Un cuerpo sin cabeza carece de propósito de dirección. Es desde la cabeza que el cuerpo es dirigido.
La mente de Cristo es ilimitada.
Los pensamientos de Dios, dice la escritura, “son más altos que los nuestros”.
Las oportunidades que nos ofrece ser el cuerpo de una cabeza como Cristo son ilimitadas.
Pero para que esas maravillosas ideas se concreten esa cabeza necesita un cuerpo que se mueva acorde con ella.
Si la cabeza ordena que mi mano se mueva y esta se rehusa a hacerlo, ¿podrá llevarse a cabo el propósito que la Cabeza tiene para esa mano por más grandioso que sea? No lo creo.
Necesitamos valorar el poder que hay en estar de acuerdo con el Señor. Asimismo dejar que esa Cabeza Bendita llamada Cristo dirija nuestros pasos.
Una de las mayores necesidades de la vida cristiana es esta de aprender a obedecer a Jesús, a la palabra de Dios.
Es en la obediencia a Su palabra donde mejor se muestra nuestro acuerdo con Él.
Y como ya sabemos, “en la obediencia está la ganancia”.
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Amós 3:3 ¿Andarán dos juntos si no estuvieren de acuerdo?
Previamente hemos establecido que no es posible que dos puedan andar juntos sin que entre ellos haya acuerdos.
Esto no solamente es cierto para la relación entre las personas, sino también para la relación entre Dios y los hombres.
Dios intenta llevarnos a esta clase de acuerdo con Él, de modo que podamos contar con Él y con Sus recursos.
El Señor usa Su palabra para (por medio de ella) generar en nosotros el pensamiento correcto.
Es indispensable que nosotros comprendamos el valor y las bondades de llevar una vida de “acuerdos” con Dios.
Pero es curioso notar que el desacuerdo entre Dios y los hombres no partió en el corazón del hombre.
La idea de poner controversia entre Dios y los hombres vino del diablo.
Todo estaba en paz en el Edén HASTA que la serpiente introdujo en la mente del hombre la idea de tomar decisiones fuera de Dios.
Yo he dicho muchas veces que uno solo puede dar lo que tiene y fue el diablo (primer rebelde de toda la creación) quien primero albergó esta idea de independizarse de Dios.
No contento con ello la diseminó entre los ángeles y posteriormente entre los hombres.
Con el paso de los siglos esta idea de llevar una vida independiente, no ha hecho más que enraizarse en el corazón de las personas y hoy día, prácticamente TODOS vivimos dirigidos por esta mentalidad que ha convertido a Dios en un extraño en Su mundo y entre Sus propias criaturas.
Satanás ha trabajado a las personas con la idea que tienen derecho a decidir lo que van a hacer con su vida. Vida que por cierto, no nos pertenece, que no viene de nosotros mismos.
El gusto por hacer las cosas de acuerdo a nuestro parecer nos aparta del parecer del Señor.
Mientras que la idea de Dios es ser protagonista en nuestra vida, la del enemigo es que Él tenga un papel secundario.
Mientras que Dios desea que Su palabra nos dirija, esta idea que vino de la mente del diablo nos convence que nuestra propia palabra es la que debe dirigirnos.
Mientras que Dios nos quiere llevar por la derecha, esta mentalidad nos influencia a que deseemos ir por la izquierda.
Esta falta de coordinación y de acuerdos, produce terribles consecuencias en nosotros.
Aun cuando Dios nos puede y quiere proteger, ser movidos por esta mentalidad diabólica de independencia, nos priva de la gran ayuda que Él nos quiere dar.
Sin embargo, las decisiones lejos del Señor, nos llevan justamente en el sentido contrario al que Dios quiere llevarnos.
Por ello es tan crucial que entendamos el valor de ponernos de acuerdo con Él. Que cedamos a Su voluntad.
La voluntad de Dios es buena, agradable y perfecta.
Caminar de acuerdo con Él garantiza a nuestra vida, protección, provisión y dirección entre otras cosas.
Dejémonos mover por Él. Permitámosle bendecirnos como quiere hacerlo.
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Amós 3:3 ¿Andarán dos juntos si no estuvieren de acuerdo?
Cuando Dios planeó la creación todo fue de maravilla. Cada cosa que Él creó anduvo tal y como Él lo había determinado.
Lo vemos especialmente en la naturaleza que siempre ha caminando de acuerdo a la voluntad de Dios.
Los vientos, el sol, las estrellas, los cometas, los mares…¡¡TODO ELLO!!... se mueve de acuerdo al plan de Dios.
Pero luego tenemos la creación de Adán y Eva.
Mientras anduvieron en sujeción al Señor todo anduvo bien para ellos.
La enfermedad, debilidad, sufrimiento, temor, muerte no fueron tema para ellos HASTA que dejaron de andar DE ACUERDO con el Señor.
La vida desde entonces, se ha tenido que vivir bajo el prisma y con las reglas de un mundo caído.
El mundo tal y como Dios lo creó no incluía las tragedias que nos toca enfrentar. Ese es el submundo que resultó de apartarse de Dios, de dejar de andar DE ACUERDO con Él.
Es relevante preguntarse: “Mi vida ¿va de acuerdo con el Señor?
¿Sabías que las tragedias que vivimos usualmente son producto de no estar de acuerdo con Él?
Desde aquella persona que vive en las mejores condiciones hasta quien vive de la manera más básica, podemos aseverar que esa vida siempre podría ser mejor si se alineara con el Señor, si se pusiera de acuerdo con Él.
El texto fórmula una pregunta que a la vez revela una verdad: “dos no pueden andar juntos si no están de acuerdo”. Y esa es una poderosa verdad, es especialmente en lo concerniente a la vida espiritual.
Al mirar muchos de los acontecimientos que sobrecogen al mundo, como son las guerras, los asesinatos, la hambruna, los odios, la maldad, etcétera. Te das cuenta que estas cosas NO SON LO QUE DIOS DESEA.
Al pensar en lo anterior en cualquiera de las formas que se manifieste en lo cotidiano, tú te das cuenta que eso no es lo que Dios planeó, en otras palabras que eso no está de acuerdo con Él.
Quien genera tales circunstancias no es el Señor, son los hombres, son las personas que simplemente siguen el patrón de Adán y Eva de actuar EN DESACUERDO CON DIOS.
Mientras Adán hizo lo que Dios le pidió tu descubres que no tuvo que lidiar con enfermedades o sufrimientos. Estas cosas vinieron por actuar fuera de la esfera del Señor.
Por cierto, hay problemas contra los que nada podemos hacer. La muerte o la enfermedad escapan a nuestras manos, pero no a la autoridad de Cristo.
Sin embargo, hay otras muchas cosas domésticas y cotidianas sobre las cuales tenemos mucha injerencia.
Es en relación a esas cosas que necesitamos replantearnos y ponernos de acuerdo con Dios si no lo hemos estado haciendo.
Dios sabe que en el día a día enfrentamos variadas situaciones Él quiere ayudarnos en cada una de ellas, desea ser parte de lo que hacemos y vivimos, pero si no nos movemos en Él no habrá modo que Él pueda hacerse parte del asunto.
Dime si no es cierto que nos gusta hacer las cosas de acuerdo a nuestro parecer, y al estar en problemas intentamos involucrarlo a Él.
Desde luego esto es lo que suele suceder. Pero Dios no quiere tener un rol secundario en nuestro reparto, créeme que Él desea ser el protagonista.
Los dolores y sufrimientos terrenales por los que atravesamos (a excepción de aquellos ya descritos, como son la enfermedad y la muerte) en muchos casos pudieron haber ser sido evitados si hubiéramos prestado atención a la voluntad del Señor.
Él desea usar Su poderosa e inigualable influencia para llevarnos a una vida abundante con Él.
Pero Dios no es mágico. Él es definitivamente sobrenatural pero no mágico.
Quiero decir que Él no usa trucos para engañar. Dios siempre trabaja sobre la base de la realidad de cada uno y es por eso que necesitamos alinearnos nuestras vidas con SU voluntad.
Es entonces, bajo esas circunstancias que Él hace grandes cosas, aun milagros cuando si es necesario.
Pero Él entiende que dos no pueden andar juntos si no están de acuerdo.
Dios permita que lleguemos a entenderlo nosotros también.
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Isaías 43:18: “NO os acordéis de las cosas pasadas, ni traigáis a memoria las cosas antiguas”.
Siguiendo con la idea de dejar ir ciertas cosas que nos amarran e impiden avanzar, me parece oportuno decir que muchas personas sacrifican su futuro por culpa de su pasado.
Me refiero a personas que vivieron malas experiencia en el pasado que las predisponen negativamente a nuevas experiencias del futuro.
La idea de “no me va a volver a pasar” es muy piadosa pero pienso que no volver a vivir ciertas malas experiencias no depende exclusivamente de nosotros.
Creo que debemos estar despiertos a lo que pasa alrededor siempre tanto como nos sea posible, pero aun haciendo esto, no podremos manejar todas las variables, incluyendo las reacciones o motivaciones que otros tienen para hacer lo que hacen.
De cualquier modo la vida es bella. Uno pasa por momentos duros a veces, es que la vida que tiene de dulce y agraz, pero sumando y restando suele ser más dulce que nada.
Por supuesto nuestra mentalidad es importante. Hay personas con una mentalidad tan negativa, que todo lo encuentra feo, malo, y nunca están contentas con nada. Esa clase de enfoque hacia la vida es muy nefasto.
Pero hay una gran mayoría (entre la que podemos estar incluidos nosotros) que han decidido cerrar las puertas a nuevas oportunidades después de haber vivido alguna desilusión.
Hay personas que cierran las puertas al amor por haber tenido una mala experiencia, una desilusión amorosa.
Otros, cierran las puertas a ciertos proyectos porque tuvieron malas experiencias en proyectos anteriores.
Otras personas cierran sus puertas a las congregaciones cristianas por haber tenido malas experiencias en alguna otra parte en este sentido.
Es comprensible que uno tome precauciones al enfrentar nuevas oportunidades pero bajo ningún punto o motivo será justo cerrarse a la posibilidad de nuevas oportunidades.
Dios desea restaurarnos y una nueva oportunidad es a veces la instancia que Dios usa para mostrarnos que no todas las experiencias terminan igual.
No sacrifiques el futuro que Dios quiere darte por culpa de alguna mala experiencia del pasado.
Date a ti mismo (y al Señor) la oportunidad de recibir aquello bueno que Dios preparó para ti.
No permitas que las marcas del pasado impidan al Señor hacer nuevas huellas en tu vida.
Es injusto meter todo en el mismo saco, no todas las personas son iguales, no todos los socios son iguales, no todas las congregaciones son iguales.
Darse la oportunidad es la mejor manera de comprobar que esto digo es verdad.
Cristo tuvo un Judas, un traidor junto a Él, pero también 11 buenos y leales discípulos.
Y a través de la historia ha tenido muchos, que como Judas le han traicionado, pero también a miles de otros que como esos apóstoles, han sido leales al punto de morir por su fe en Él.
Dios sabe que uno necesita siempre darse la oportunidad ¡y a sí mismo se la da!
¿No te parece sorprendente que Él siendo Dios haga esto?
Si Él lo hace así ¿que nos queda a nosotros?
Po tanto, querido lector, en lo que sea que se haya estancada tu vida por algo feo del pasado, suéltalo en este día, date la oportunidad (si estás vivo hoy es porque al menos Dios te la da) de empezar de nuevo, abre tu corazón y déjate guiar por la buena mano del Señor.
Esto traerá regocijo a tu alma.
En mi corazón me parece sentir la voz del Señor diciendo que habrá buen tiempo, que buenos días viene por delante.
¿Por qué desaprovecharlos por una tormenta del pasado?
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2 Samuel 12: 21-22-23 “Y le dijeron sus siervos: ¿Qué es esto que has hecho? Por el niño, viviendo aún, ayunabas y llorabas; y muerto él, te levantaste y comiste pan. Y él respondió: Viviendo aún el niño, yo ayunaba y lloraba, diciendo: ¿Quién sabe si Dios tendrá compasión de mí, y vivirá el niño? Mas ahora que ha muerto, ¿para qué he de ayunar? ¿Podré yo hacerle volver? Yo voy a él, mas él no volverá a mí”.
En la vida indudablemente nos tocará atravesar por situaciones que dejarán huellas en nuestros corazones.
Cosas maravillosas que uno no olvida y que nos acompañan a través del tiemp0. Hay cosas bellas que hemos vivido y que resultan tremendamente reconfortantes para nuestra alma.
Pero también nos toca vivir cosas duras y dolorosas.
A veces en estas situaciones nuestra vida se estanca.
A estas situaciones bien podemos llamarlas CRISIS.
Una CRISIS puede definirse como un “cambio importante en el desarrollo de un suceso que da lugar a una inestabilidad”.
Otra definición es: “problema, conflicto, situación delicada”
Inevitablemente viviremos crisis en algún momento de la vida.
Pero esas crisis estarán allí para TRATAR ALGO en nosotros.
Las crisis nunca aparecen por que sí. Usualmente nos llevan a REPLANTEAR nuestro vivir.
Ellas nos hacen replantearnos en relación a nuestras decisiones, costumbres, proyectos…y mucho más.
Las crisis nos hacen DETERNOS PARA CONSIDERAR. ¡Eso es precisamente Replantearse!
Vemos que la situación del mundo está en crisis. Las naciones y sociedades en general están enfrentado serias crisis: violencia, alborotos.
Hay gran descontento. ¡¡La naturaleza misma está manifestando su descontento por la manera en que la tratamos!!
Las crisis que enfrenta el mundo secular son por causa de no considerar a Dios, por no querer hacerlo parte de sus planes y proyectos. Por no considerarlo en sus decisiones.
A propósito de replantearse, hay mucho que considerar en nuestras vidas y relaciones.
La vida agitada nos impulsa a actuar sin mucho análisis. Esto a su vez, nos lleva a tomar decisiones apresuradas, incorrectas y a meternos en problemas.
He dicho antes que hacer la voluntad de Dios a veces nos mete en problemas, pero casi siempre nuestras dificultades son por NO HACER la voluntad de Dios.
David, el rey de Israel, actuó alocadamente, actuó fuera de la voluntad de Dios y se metió en graves problemas.
Él se metió en una relación indebida. Se involucró con una mujer casada. Esto fue el comienzo de muchos problemas para él.
Es que podemos ver dónde comienza todo, pero nunca donde termina.
David siguió adelante con su vida aunque había equivocado el camino. Dios usó circunstancias para detenerlo y llevarlo “a considerar”.
Esa infortunada relación costó la vida a dos personas inocentes: el marido, llamado Urías y al bebé que se gestó como fruto de esa relación ilícita.
Por supuesto, para Dios el tema era bien relevante y lo puso en el tapete.
Nosotros evitamos tratar los temas relevantes. Pateamos esas cosa que nos incomodan tratando de evadir la responsabilidad de enfrentar el asunto.
Pero no hay plazo que no se cumpla y Dios dio SU perspectiva sobre el asunto (que es justamente lo que nosotros preferimos no escuchar) y a esa altura del partido Dios dictaminó juicio.
Ese bebé debía morir.
Una vez recibido el veredicto del Señor, David rogó, ayunó, quebrantó su corazón, buscó al Señor por una respuesta específica (en este sanidad para el bebé que enfermó).
Sin embargo, Dios cumplió su palabra (siempre lo hace) y el bebé murió.
Ocurrido esto, David se levantó de su estado penitente. Cambió sus ropas, se ungió y comió. En otras palabras ¡siguió adelante!
David hizo algo muy sabio. Él DEJÓ IR AL BEBÉ, para seguir adelante con el PLAN DIVINO.
No dejar ir ciertas cosas (o personas) se vuelve un verdadero obstáculo, una fortaleza que nos impide avanzar a la buena voluntad que Dios tiene para nosotros.
La pérdida de un ser amado, abandonar un sueño (proyecto personal), el quiebre de una relación, sufrir abusos (de cualquier índole), la frustración de no poder hacer lo que queríamos, etcétera, son cosas que nos detienen, nos AMARGAN la vida y Dios dice: “tienes que déjalo ir”.
Retenerlas, quedarse estancados en ellas, en la amargura, se convierte en una fortaleza que personalmente nos impide recibir la gracia de Dios y que contamina a otros.
Dios desea que demos un paso adelante, que nos levantemos para obedecer al Señor, para hacer Su voluntad.
Deja ir lo que tengas amarrado, o mejor dicho, lo que te esté amarrando.
Esas cosas ocupan lugar en tu corazón y necesitas hacer lugar para recibir lo que Dios preparó para ti.
Después de haber llorado la partida de ese ser tan amado. Con todo respeto, mi amado, debemos estar dispuestos a dejarlo ir, al hacerlo, la paz del Señor vendrá. Con SU bálsamo nos sanará.
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Hechos 8:30 “Acudiendo Felipe, le oyó que leía al profeta Isaías, y dijo: Pero ¿entiendes lo que lees?”
La afirmación anterior puede ser molesta para alguno, pero no es mal que la verdad.
Indudablemente no soy la persona con más experiencia en Dios, pero tampoco el neófito más grande.
Llevo buscando al Señor bastante más de una década y hasta hace muy poco, Dios me ha hecho ver algo que yo todavía no veía: “llevo mucho tiempo leyendo la biblia, pero eso no es sinónimo de entenderla”.
El Señor me ha hecho ver que muchas de sus verdades han pasado delante de mis ojos (cuando leo Su Santo Libro) y yo ni siquiera lo he notado.
He oído de métodos que permiten leer toda la biblia en un año, pero ninguno que te permita ENTENDER profundamente al menos uno de los libros de la biblia, ni siquiera a lo largo de toda una vida.
He descubierto que uno de los factores que obstruyen el entendimiento de la palabra de Dios es nuestra mala lectura.
Para muchos esto es una terrible realidad: ¡¡Leemos muy mal!!
Y a veces esa es la razón por la que no entendemos lo que leemos.
Leer mal implica varias cosas. No hablo de la imposibilidad de juntar letras solamente, eso es en verdad trágico, sino de leer no respetando las pausas, o ignorando los contextos.
Creo que muchas veces hemos pecado haciendo decir a la biblia cosas que ella no quiere decir.
De ahí, no es muy difícil terminar frustrados por no poder entender la palabra de Dios.
Una de las cosas que más poderosamente ha capturado mi atención en este tiempo, es que no pocas veces, el Señor nos insta a usar lo que tenemos: “el que tiene oídos, oiga”, “esto es para la mente que tiene entendimiento”, o “aquí hay sabiduría”, y así otros más.
Dios dejó su palabra con la intención que entendamos. Puedes tener la seguridad que el Señor no está jugando a las adivinanzas.
Él desea que seamos llenos de Su conocimiento, Él desea que crezcamos en el conocimiento del Señor Jesucristo.
Él Padre desea que comprobemos su buena voluntad y esto no vendrá solo, la lectura juega un rol vital en este aspecto.
Está claro que leemos sin la adecuada aplicación.
Y ni mencionar que el paradigma que predomina en nosotros al leer la palabra de Dios es tremendamente determinante en el entendimiento que podamos tener de ella.
La palabra fue dada en oriente y esto, a nosotros, los pueblos de occidente, nos ocasiona serios problemas para entender ciertas cosas que son absolutamente ajenas a nuestra cultura, y realidad occidental.
Confundimos y mal interpretamos cosas, porque las vemos desde esta perspectiva occidental.
Es una gran verdad que para nosotros el mundo llega hasta Europa y ¿quién puede negar que la revelación bíblica vino desde más allá de ese continente?
Asimismo ¿quién podría negar que para entender cabalmente la palabra de Dios necesitamos estar al menos, ligeramente familiarizados con lo que pasa más allá de Europa?
Especialmente en lo concerniente a los sucesos finales y particularmente en lo referente a la intervención de Dios en favor de Su pueblo Israel ¿no está todo ello ligado al Medio Oriente?
Por nuestra mala lectura hemos equivocado nuestras interpretaciones y estamos dejando de lado a los principales actores, aquellos de los cuales la palabra de Dios habla con muchísima claridad.
Hoy más que nunca los libros de los profetas han cobrado un mayor sentido para mi vida.
Porque hoy, después de muchos años estoy entendiendo que necesito aprender a leer la biblia.
Que para entenderla, además de haber nacido de nuevo, es imprescindible leerla con los ojos correctos.
La voluntad de Dios desde el Génesis ha sido revelarse a nosotros su creaturas y la biblia, es la más sólida evidencia de ello.
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Lucas 15:14: “Y cuando todo lo hubo malgastado, vino una gran hambre en aquella provincia, y comenzó a faltarle”.
Las crisis en verdad pueden llegar a producir en nosotros un maravilloso fruto.
Es en los momentos de crisis donde sale lo que verdaderamente hay dentro de nosotros.
Uno no necesita paz cuando todo está en paz.
Uno no necesita fe cuando todo funciona de acuerdo lo planificado.
Es precisamente cuando todo escapa de nuestro control cuando estas cosas son necesarias.
He dicho antes que las crisis ayudan porque ellas nos hacen detenernos.
Los accidentes del camino nos obligan a detenernos, nos guste o no, tenemos que hacer ese alto, no por voluntad propia sino por imposición externa, porque las circunstancias lo demandan así.
Lo interesante detrás de esto, es que uno a veces no aprende la lección de todas maneras.
Hay personas que tropiezan una y otra vez con la misma piedra.
Cíclicamente se ven envueltos en los mismos problemas. Uno debería preguntarse cómo es posible que esto suceda.
Las cosas no pasan porque sí, eso es claro.
Entonces debe haber algo que, de tiempo en tiempo, produce tales consecuencias, nos lleva a estar una y otra vez en el mismo sitio, y a enfrentar los mismos problemas.
Esas son las cosas que Dios desea arrancar de raíz.
La razón por la que nos vemos envueltos en los mismos problemas es porque no hemos tratado con el fondo del asunto, con su raíz.
Podemos cortar superficialmente, pero la raíz sigue ahí, volverá a crecer mientras no haya una operación radical.
¿Por qué nos vemos envueltos en deudas, por ejemplo?
Porque no hemos tratado con el problema de fondo que es gastar más de lo que tenemos. El problema de fondo es la mala administración.
Yo puedo culpar mi mala realidad económica. Pero si esa persona tiene problemas de deudas aun cuando la situación financiera mejora, es porque no sabe administrar.
Esa es la verdad, es el problema de raíz, y eso es lo que la crisis quiere reparar.
En Chile el nivel de endeudamiento es bastante alto.
Nos endeudamos porque no tomamos decisiones correctas de como ocupar los recursos con los que contamos.
Más allá de si son muchos o pocos. No saber administrar nos traerá problemas financieros y de la mano con ello, aflicciones.
¡¡Sí es cosa de ver que siempre estamos planificando en base a recursos con los que no contamos!!
¿Será extraño que uno se vea afligido económicamente si vive así? ¡No!
Si ese es mi estilo de vida, entonces, me veré permanentemente enfrentado a una vida de aflicción financiera.
El peso de las deudas no me permitirá descansar. Se verán afectados mi estado de ánimo, mis relaciones, ¡¡TODO!!
Una Divina intervención podrá sacarme de mi problema actual, pero mientras no haya un cambio en mi interior, un despertar a la necesidad de aprender a ser un buen administrador con lo que sea que tenga a la mano, volver a estar en aprietos, será una cuestión de tiempo.
El hijo pródigo en medio de la crisis logró valorar lo que antes no podía.
Para él, tener alimento era visto, prácticamente como un derecho.
Estando lejos de la casa del padre, en una provincia donde el hambre azotaba, tener alimento vino a tener la perspectiva correcta. ¡¡Qué gran privilegio representa¡¡
Nosotros no valoramos lo que tenemos porque lo vemos como un derecho.
Muchas de esas cosas son en verdad privilegios. No valoramos la vida, la salud, la comida, el esparcimiento, la libertad de culto, porque para nosotros son derechos.
La constitución de la República podrá decir que todos tenemos derecho a ciertas cosas, pero el otorgarlas, va más allá de sus facultades.
Que las crisis nos lleven a la raíz de nuestros problemas es un regalo divino, especialmente cuando la docilidad para entender y recibir la voluntad divida no es nuestra principal virtud.
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Efesios 3:20: “Y a Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros. A él sea gloria en la iglesia en Cristo Jesús por todas las edades, por los siglos de los siglos. Amén”.
Definitivamente tenemos mucho que aprender de otros.
A veces sentimos que sabemos lo necesario, que entendemos lo suficientemente bien las cosas pero no es así.
Cuando pensamos que ya lo habíamos logrado, Dios nos sube la vara invitándonos a ir a cosas mayores en Él
Las posibilidades con Dios son claramente ilimitadas.
Él pude hacer de un momento a otro, lo que nosotros ni siquiera sospechábamos.
Dios tiene la facultad (y a menudo la usa) de hacer cosas extraordinarias. Cosas que nos dejan boquiabiertos, descolocados.
Justo cuando pensamos que estamos logrando algo en Él, nos levanta sorpresivamente la vara y muestra que estamos recién empezando.
Cada día empezamos en Él. La fe es realmente una aventura.
Muchas personas creen que la vida cristiana es plana, pareja o aburrida, pero eso está bien lejos de la realidad.
Cuando uno camina de la mano de un Dios que sobrepasa todo, uno no deja de sorprenderse, de maravillarse.
Y en el compromiso con Él, esto es igualmente cierto.
Uno cree que está comprometido con Dios HASTA que echa un vistazo al lado y ve el compromiso que OTROS TIENEN con ÉL.
Dios no nos ha llamado a una carrera de competencias pero ¿quién puede negar que unos a otros nos estimulamos a hacer las cosas mejores?
La sana competencia es buena porque saca ese potencial que desconocíamos.
Pero en asuntos de compromiso espiritual esto es todavía más serio.
Los cristianos nos jactamos de conocer al Dios verdadero, de contar con su Ayuda y Respaldo. Pero ¿vivimos como si estoy fuera cierto?
He observado que mucha gente está más comprometida con sectas (que diseminan el error) que los cristianos con la verdad.
Cuando uno mira a esos grupos que denominamos “cultos”, y vemos que están dispuestos a hacer tanto por lo que creen, no puedo dejar de pensar que débil compromiso tenemos nosotros con Dios y Su verdad en contraste con esas personas.
Cuando miro a los países musulmanes, por ejemplo, que son estrictos en el seguimiento y observación de su religión y culto, pienso en cuan diluido ha llegado a ser nuestro cristianismo.
Hablo de personas que decimos tener al Dios Todopoderoso de nuestro lado, pero que vivimos esclavos del miedo, como si lo anterior no fuera cierto, como si Dios no estuviera de nuestro lado.
Decimos contar con la ayuda de “Aquel que todo lo puede” y siempre estamos pensamos que no lo lograremos.
Que mal estamos si pensamos así.
Nos estamos perdiendo la perspectiva de quienes somos en Cristo y de Aquel a quien tenemos como aliado.
Pienso que es preciso replantearnos cosas vitales de nuestra fe, como preguntarnos si estamos o no entendiendo las escrituras y si seriamente creemos que ellas son la verdad de Dios.
Hay que corregir el punto inicial para asegurarnos que llegaremos al destino correcto.
De otra manera, no veo cómo podríamos llegar a nuestro destino final.
Es vergonzoso (a título personal) reconocer que los apóstoles hicieron con mucho menos (de lo que nosotros tenemos hoy), mucho más. ¿No te parece?
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Marcos 8:35 “Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí y del evangelio, la salvará”.
Sin duda, una de las más grandes necesidades que tenemos las personas es la ensanchar nuestro entendimiento.
Casi todo lo que nos pasa lo ponemos bajo el prisma de nuestro pequeño mundo y terminamos evaluando las cosas desde nuestra limitada capacidad de interpretación.
Muchas de las verdades bíblicas no alcanzan a significar lo que deberían porque las miramos desde nuestro punto de vista, desde nuestra experiencia y no desde la perspectiva del Señor.
Así las interpretaciones bíblicas pueden estar sesgadas a causa de esta situación, y es por esto mismo que digo que tenemos la necesidad de dejarnos ensanchar por el Señor.
Cuando alguno está enfermo o viviendo alguna clase de dificultad, la estrechez de mente se manifiesta fuertemente.
Nos encerramos. A menudo nos deprimimos, caemos en un hoyo.
Caer en ese hoyo, la verdad, no cuesta nada pero salir… ¡¡uff!!
Y Dios trabaja muy duro para equiparnos con la mentalidad correcta.
Estamos equivocados respecto a tantas cosas que tienen que ver con el Señor, y por supuesto, Él desea darnos la perspectiva correcta. Y para ello nos permite vivir procesos que producen este ensanchamiento.
Este tema se vuelve muy relevante cuando leemos la palabra de Dios y en ella encontramos una serie de mensajes relacionados con el costo de nuestra fe.
Nos gusta pensar y saber que tenemos la ayuda constante de un Dios que todo lo puede, pero preferimos evitar pensar que el seguir a ese Dios puede tener (con toda seguridad tendrá en alguna medida y momento de la vida) costos para nosotros.
¡¡Que malo es no prepararse (mentalizarse, hacerle el ánimo) para ello, especialmente cuando la biblia nos lo reitera en tantas ocasiones!!
Jesús claramente habló de los costos de nuestra fe.
El habló de persecución, de ser aborrecidos por causa Suya, incluso que algunos perderían la vida como mártires sólo por ser cristianos. ¿Qué mal hay en ser cristiano? Ninguno.
Con todo, esa fe, ese camino, a algunos ya les ha costado (y a otros, aún les costará) la vida.
Morir por no hacer nada malo, o mejor dicho, morir por hacer lo bueno, es quizás la clase de muerte que a uno más le cuesta entender.
Es muy triste la pérdida de una vida, ya sea la propia o la de cualquier otra persona, bajo cualquier circunstancia, pero es bastante más duro aceptar que tal persona fue asesinada por hacer lo correcto.
Es que esa no es la clase de mentalidad a la que estamos acostumbrados. Y aunque suene duro, ¿no deberíamos estar armados con ese pensamiento?
¿Cuántas personas que alegan tener la fe de Cristo no están dispuestas a soportar ni la más mínima incomodidad por causa de su fe?
He visto gente que lleva muchos años participando en iglesias y que parece que no han aprendido nada de lo que es el evangelio en realidad.
Cuando llega el momento de encarar los hechos con madurez, a la altura de las circunstancias, uno les ve reaccionar como bebés.
El hombre o la mujer que comienza una relación con Cristo, rara vez tiene suficientemente claro, lo que esa relación le va a costar.
La mentalidad que gobierna lo secular (especialmente en nuestro circulo occidental) interfiere con el mensaje de Cristo.
Él habla muy en serio cuando dice que estará junto a nosotros TODOS LOS DIAS y HASTA EL FIN DEL MUNDO. Lo cual debería darnos completa tranquilidad.
Pero hay que decir que Su tono no es menos serio cuando anticipa que padeceremos por causa Suya. Lo cual debería mantenernos atentos.
Pero si en cosas pequeñas no mostramos disposición y fidelidad ¿lo haremos en cosas mayores?
Permítame citar un ejemplo.
Conozco personas que no están dispuestas a abandonar malas amistades. Hablo de gente que a todas luces va en caminos diametralmente opuestos a los de un cristiano. Y ahí está el hijo de Dios, juntándose a una persona que no sólo no comparte su fe, además, de tiempo en tiempo, se mofa de ella, y de tiempo en tiempo, le invita a rebelarse contra la voluntad divina.
No obstante, no hay la voluntad de abandonar esa amistad. Sabiendo que el Señor mismo dijo que quien no estaba con Él estaba CONTRA Él.
¿Hasta dónde estamos dispuestos a darle la espalda al Señor por “ganar a las personas”?
Muchas veces la excusa para no cortar relaciones es: “estoy hablando a esta persona del Señor”.
Jesús mismo dijo que debíamos tener la determinación para ponerlo a Él PRIMERO: “deja que los muertos entierren a sus muertos”.
Uno debe llegar al punto en que entienda lo que Dios quiere decirnos.
Es más fácil y cómodo, quedarme en mi modo de pensar, pero el Señor siempre nos llama a buscar lo que sea justo para Él.
Para eso tendremos que ensanchar nuestra manera de pensar. Aun antes que ensanchar el sitio de nuestra tienda, debe haber un ensanchamiento de nuestra manera de pensar.
El Señor dijo muy abiertamente que si yo buscaba salvar mi vida, la perdería, y que solamente estando dispuesto a perderla, podría ganarla en verdad.
Sin embargo, aun después de todo esto, vemos cristianos que le temen a su misma sombra.
Frente a esa realidad, uno con toda razón se pregunta si las personas que decimos amar a Dios y ser imitadores de Cristo en verdad entendemos lo que SU palabra quiere decir.
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Hebreos 13:15 “Así que, ofrezcamos siempre a Dios, por medio de Él, sacrificio de alabanza, es decir, frutos de labios que confiesan su nombre”
A los seres humanos nos enseñan desde pequeños a vivir para nosotros mismos.
A vivir para satisfacer nuestros deseos, no solo las necesidades.
Nos convencen de cosas tales como que tenemos derecho a la felicidad y que hasta debemos luchar por ser felices.
Muchos de esos supuestos derechos, son privilegios en realidad, pero se enseñan como derechos.
Luego crecemos con la mentalidad de que esa es la verdad.
Lo más que avanzan las sociedades, lo más que se promueve que todo está allí para servir al hombre, para hacerlo feliz.
La mentalidad del hedonismo, del placer, del bienestar personal, puede ser muy dañina cuando no se entiende bien.
No podemos dudar que Dios nos ama, y concede tiempos de alegría, pero no he hallado en Su Palabra algo que explícitamente diga que Él me creo para que yo sea feliz.
Por cierto Dios no me creó para que ser infeliz, pero tanto lo uno como lo otro acontecerá en mi caminar por esta vida.
Habrá momentos y momentos, y en cada uno de esos momentos, Él desea que yo sepa que Él está junto a mí.
La abierta voluntad de Dios es que seamos hechos semejantes a Jesús.
¿Vivió Jesús feliz, terrenalmente hablando, todo el tiempo? Claro que no ¿Qué nos sorprende entonces?
¿Por qué nos sorprenden entonces cosas como la enfermedad, las aflicciones o la pérdida de algún ser amado, siendo que todas ellas son parte de las reglas del juego de la vida?
Tener a Jesús no es un seguro anti sufrimiento, pero si la garantía que junto a Él podremos hacer frente a cualquier sufrimiento, a cualquier adversidad.
Es un error hacer del nombre de Jesús algo que no es.
Le hemos hecho sinónimo de alegría ¿y no de sufrimiento? Sinónimo de paz ¿y no también de angustia?
Hemos parcializado el nombre del Señor según nuestra conveniencia.
Y pienso que negamos al Señor cuando no hablamos con justicia de Él.
Dios está allí para nosotros, sin duda alguna, pero gran parte de la cristiandad ha olvidado lo que dice este verso: Ofrezcamos siempre a Dios.
El escritor aquí hace el énfasis correcto, no hablando de lo que Dios hace por mí, sino de lo que yo debo hacer por Él.
Debo ofrecer a Dios. Ofrecer se entiende de varias formas
Dedicar algo a alguien. Dedicar o consagrar algo a una divinidad. Presentar, manifestar algo a alguien para que disponga de ello. Presentarse voluntariamente para realizar algún servicio.
Todo lo anterior incluye la idea de ofrecer. Pero más que a menudo venimos a Dios para solicitar de Él en lugar de ofrecer.
Las personas, por naturaleza demandamos para nosotros, pero no mostramos la misma disposición para dar de nosotros.
Dios nos enseña a través de toda Su palabra que debe haber en nosotros un espíritu sacrificial.
Debemos armarnos del pensamiento que en la vida, aun en la vida con Cristo tendremos que hacer sacrificios.
Abraham, Isaac y Jacob sacrificaron a Dios.
Los reyes sacrificaban al Señor.
Muchos profetas fueron sacrificados por causa del Señor.
Jesús se sacrificó, y la hermandad de la iglesia primitiva y posteriores, han sacrificado sus propias vidas.
¿Podremos nosotros tener un cristianismo sin sacrificios? ¿Cuán importante es este concepto para mí?
¿Acabaré la carrera siendo gobernado por el pensamiento incorrecto, si lo que me motiva para acercarme al Señor, no es más que la egoísta búsqueda de mi propia felicidad?
El padecimiento castiga la carne y tal parece, que anula el poder que el pecado tiene sobre ella.
El padecimiento tiene por tanto, un importante rol en hacernos semejantes a nuestro salvador.
Es en medio de esos difíciles momentos cuando nuestro sacrificio a Dios parece tener un mayor valor.
Debemos armarnos del pensamiento de tener un espíritu sacrificial, uno que esté dispuesto a hacer y a recibir, lo que Dios quiera.
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Filipenses 4:11 “No lo digo porque tenga escasez, pues he aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación”.
Las personas, gracias al diseño de Dios, tenemos la facultad de aprender.
Entre la gama de cosas que podemos aprender se encuentran aquellas muy buenas como otras, derechamente malas.
Quienes compartimos la cristiana, también necesitamos aprender muchas cosas.
Entre ellas, es vital que aprendamos a descansar en Dios, a confiar en Él, a esperar el tiempo perfecto que Dios tiene para cada cosa.
Necesitamos aprender a actuar en el tiempo estipulado por Él, a no angustiarnos ante las dificultades.
¡En resumen, hay mucho que aprender!
Y una muy vital lección para tener éxito en nuestro peregrinaje es aprender a contentarnos.
Las personas son desdichadas cuando nunca están satisfechas con lo que tienen.
Desde luego uno siempre puede hallar en cualquier cosa motivos para quejarse, pero que bueno es ser agradecido y contentarse en medio de las circunstancias que les toca vivir.
Es bastante más sencillo murmurar, o bien, asumir una actitud de envidia hacia los demás.
La envidia consiste en “apetecer lo que otro tiene”.
No debemos confundir la envidia con esa sana cuota de ambición que nos impulsa a mejorar, a avanzar en la vida y en el Señor, pero debemos aprender a contentarnos con lo que Dios nos ha dado.
Muchas de las cosas de nuestro vivir que no andan bien no son responsabilidad o culpa del Señor.
En escritos anteriores me he referido al tema de que no todo es culpa de Dios o del diablo.
Ya sabemos que gran parte de las cosas que vivimos (las mismas por las que nos quejamos y hasta enojamos con Dios) son producto de nuestras decisiones.
Pero más allá de eso, todos entendemos (y quisiéramos) que nuestras relaciones, por ejemplo, fueran ser mejores de lo que son.
Los mismo pasa con el desempeño en las diversas áreas.
Pero ¿cuántas desdichas son el producto de nunca estar conformes con la porción que Dios nos ha concedido?
El gordo se queja de su gordura y desearía ser más delgado. El flaco desearía tener unos pocos kilos más.
La rubia desearía ser morena, y la morena se tiñe para alcanzar otro color.
El hombre sano se queja de su vida aburrida y monótona, mientas que el enfermo desearía tener la salud de ese sano quejumbroso.
Uno hace sus descargos debido a que se siente descontento por lo que vive, mientras que el apóstol Pablo dice: “he aprendido a contentarme cualquiera sea mi situación”.
Pablo sufrió grandemente por causa de su fe.
Jesús desde el momento mismo en que lo llamó para ser su siervo, dijo que le haría saber “lo que le era necesario sufrir por causa de Su Nombre” ¡¡Y vaya que sufrió!!
Recibió azotes, estuvo preso, fue perseguido, vivió naufragios. La palabra de Cristo para él se cumplió a cabalidad.
Sin embargo, y contrario a lo que uno pudiera pensar, Pablo confiesa haber aprendido a contentarse en cualquier situación
De este enunciado se pueden rescatar muchas cosas valiosísimas, pero quisiera tomar dos ideas principales.
En primer lugar decir que si tuvo que aprender a contentarse es porque no lo sabía. De modo que Pablo, hasta antes de aprenderlo, era un quejumbroso como lo somos muchos de nosotros.
En segundo lugar, y dado que Dios nos ha dado la capacidad de aprender, esto es algo que uno debe aprender.
Hermanos que sinceramente están dejando al Señor señorear en sus vidas, están experimentando la espantosa lucha contra la carne.
Uno no aprende a contentarse cualquiera sea su situación, a menos que haya aprendido a negarse a sí mismo.
El mensaje de este tiempo en muchas congregaciones es liviano y superficial.
Está orientado a hacer sentir bien a las personas en lugar de enseñar a las personas a vivir bien, correctamente, agradando al Señor
Lo que tu oyes quejarse es la carne. Esta no tolera que uno le haga pasar por privaciones o incomodidades, y es la misma que Jesús dijo debía ser crucificada, tomando la cruz cada día y siguiéndole a Él.
Nunca estaremos verdaderamente contentos hasta que entendamos que nuestra alegría no debe ser producto de que Dios haga lo que queremos, sino de que Dios está haciendo LO QUE Él QUIERE en nosotros.
Contentarse, “cualquiera sea la situación” es sinónimo de verdadera madurez espiritual.
¡¡Cómo hace falta este carácter!!
Es imperativo dejarnos moldear para crecer.
Aprender a contentarse en lo que sea que Dios haya determinado para nosotros, traerá paz y gozo en los momentos más duros.
Realmente vale la pena aprender esta lección.
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Proverbios 29:15: “La vara y la corrección dan sabiduría; mas el MUCHACHO consentido avergonzará a su madre”.
En respuesta al creciente número de opiniones vertidas sobre la crisis social que está afectando a nuestro país (Chile) quisiera poder compartir algo para reflexionar.
Primero decir que a diferencia de lo que está sucediendo en otras naciones, nuestro problema, gracias a Dios, no es de orden económico.
No se trata de una crisis monetaria en que se requiere hacer ajustes del presupuesto nacional por alguna clase de recesión.
Gracias a Dios, a Su divina intervención, tampoco se trata de una situación de guerra que tiene conmocionada a la población con los consiguientes costos que los conflictos bélicos tienen para las personas más allá de los costos financieros.
En Chile pasa todo lo contrario.
Este país ha gozado de paz. Y aun en medio de las dificultades que afectan poderosamente a emblemáticas naciones del mundo, hemos estado al margen de la necesidad o el hambre.
Lo que está motivando el descontento (justificado o no, no voy a referirme a eso en particular) es que las personas, creen que las cosas pueden estar mejor de lo que están.
Las personas piensan que tenemos lo suficiente como para invertir en temas que redundarían en una mejor calidad de vida.
Creo que Dios usa las circunstancias para hablarnos.
Las circunstancias logran sacarnos de nuestro sitio de comodidad o conformidad.
La comodidad tiene que ver con que siento que tengo lo que necesito, y la conformidad con que aunque no siento tener todo lo que necesito todavía mi situación es tolerable.
Pero ninguno de los puntos anteriores es bueno.
Los verdaderos avances en la vida siempre vienen acompañados de alguna crisis.
El mismo arrepentimiento, tan vital para la vida cristiana, es en efecto, una crisis interior, que nos lleva al entendimiento de nuestra condición y por ende, a un avance espiritual.
Nuestra nación, a pesar de los inconvenientes que ha tenido que enfrentar como el pasado terremoto, del cual todavía hay familias que sufren sus consecuencias, pasa por una etapa de relativa estabilidad económica.
No hemos atravesado por algo que pudiéramos decir que haya sido decididamente crítico. Y pienso que estamos viviendo esa etapa ahora.
Las personas en las etapas de maduración, atravesamos por faces que se convierten en plataformas para futuros desarrollos.
Desde luego para la mayoría de las personas la solución a los problemas de nuestro país pasa por la inyección de algunos recursos financieros, y por el cambio del gobierno de turno.
Pero ahí está el verdadero problema. Porque ese no es nuestro real problema.
Lo que estamos viviendo los chilenos es definitivamente un cambio de mentalidad, o mejor dicho, los efectos del cambio de mentalidad.
Chile como nación es apenas un adolescente. Es un país mayoritariamente joven. Es una nación en etapa de desarrollo, de crecimiento y por tanto, una nación en transición.
Eso se ve claramente en la edad promedio de la población.
A diferencias de naciones viejas, con trayectoria y llenas de historia como son las europeas, nosotros estamos viviendo los efectos de nuestra adolescencia nacional.
Y la población chilena está comenzando a comportarse como toda una adolescente.
Los adolescentes son bien complejos.
Esta es una etapa de cambios tan significativos que les lleva a tener días y días.
Estos cambios afectan el carácter, el comportamiento, y también el desempeño. Los vuelve irascibles, rencorosos, descontentos.
Y aunque están creciendo, no son tan grandes (maduros) como para realmente saber lo que les conveniente.
No obstante, están recibiendo suficiente fuerza como para pujar por conseguir lo que quieren.
Cuando no reciben lo que quieren, castigan a los padres en sus casas, a los profesores en los colegios, y en este caso son las autoridades (y resto de la sociedad) las que están siendo víctimas del berrinche.
Normalmente creen tener la razón (a veces sí la tienen). Pero a menudo se sienten más sabios que la gente mayor y terminan sobre estimándose.
La intransigencia del movimiento estudiantil por “quererlo todo ahora y quererlo ya” es una actitud muy inmadura, muy propia de los adolescentes, que por demás, sienten que todo el mundo les debe respeto, pero ellos no piensan igual hacia los demás, porque no los respetan como exigen para sí mismos.
¿Pero qué podemos decir? ¿De qué nos quejamos ahora?
¿Siendo que nos creímos la mentira de que a los niños no se les debía retar ni llamar la atención porque eso les podía traumar o afectar e su desarrollo?
Estos jóvenes que no respetan a las autoridades (carabineros) son los mismos que crecieron al amparo del pensamiento “que son intocables”.
Ellos son la generación que creció mentalizada con los derechos del niño.
Una generación que fue instruida para tener derechos pero no deberes.
Generación que (todavía no nos hemos dado cuenta parece) tiene otra generación detrás, que le sigue las pasos muy de cerca, que está observando silenciosamente POR AHORA, la cual no solo aprenderá de esta, sino que además perfeccionará la falta de respeto, su atrevimiento y su desprecio por la autoridad, cualquiera que esta sea, si no se toman medidas a la brevedad.
¿Cuántos de los muchachos que están en la calles protestando, rompiendo, quemando y robando, son hijos de padres que se sienten superados por estos, por su mala conducta, insolencia e irresponsabilidad?
¿Cuántos de ellos están en la calle por que hicieron caso omiso a la orden de sus padres de no meterse en problemas?
Son una generación verdaderamente sin límites. Sin límites de razonamiento, de respeto, sin control.
Olvidamos que uno cosecha lo que siembra. Lo que estos muchachos están haciéndole a esta nación es lejos peor que la causa por la cual supuestamente pelean.
El sentido común enseña que el fuego no se apaga con fuego. Y estos muchachos están encendiendo una verdadera hoguera, pero a la hora de evaluar a los quemados, ellos son las pobres víctimas de todo.
Para ello se prestan mayores que les defienden a brazo partido porque ven representados en estos alzamientos populares, sus propias expectativas políticas.
Los adolescentes son por definición irresponsables en sus actos.
No que no entiendan lo que hacen sino que manipulan las cosas según les conviene, y cuando tienen que asumir los costos de sus acciones, la evasión es generalmente una estrategia útil.
Culpar a otros, victimizarse, actuar con desenfado o total descaro, con amenazas o agresividad, también son una opción.
Acusar a los carabineros, cuestionar el accionar de las autoridades, son más estrategias para validar las protestas que producen los efectos que todos conocemos, y que son consecuencia de la desobediencia de muchachos obstinados e intransigentes.
Pero el adolescente es así, obstinado e impetuoso.
Él adolescente cree que puede acostarse con su polola y tener sexo (como hacen los adultos casados) sin estar en condiciones de asumir la sexualidad y el matrimonio, sin tener la capacidad de responsabilizarse por las posibles (y no poco frecuentes) consecuencias de sus actos.
¿Hasta dónde van a llegar? Tan lejos como se lo permitamos.
Los hijos malcriados hacen tanto berrinche como uno les permite. Y si no les detenemos se acostumbran y la manipulación es cada vez peor.
Chile, un hermoso y joven país, que seguirá en aprietos hasta que los grandes hagan lo que deben hacer.
La juventud es impetuosa, soñadora
Cuando somos jóvenes soñamos con cambiar el mundo, y eso está bien.
Lo que sucede cuando maduramos es que nos damos cuenta que para lograr tal cambio se requiere de mucho más tiempo y fuerzas que lo que pensábamos y para entonces, la juventud ya no está con nosotros. Ya no es nuestra aliada.
La juventud es un regalo de Dios que dura poco y que precisa de una mano amiga, madura, capaz de encaminarla por el camino correcto.
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Marcos 4:38 Y él estaba en la popa, durmiendo sobre un cabezal; y le despertaron, y le dijeron: Maestro, ¿no tienes cuidado que perecemos?
Maestro, ¿no tienes cuidado de que perecemos?
¿Te has sentido así alguna vez? ¡¡Estoy seguro que sí!!
De seguro en más de una ocasión has sentido que Dios no está lo suficientemente preocupado por ti.
En más de una ocasión habrás pensado que Él no está lo suficientemente interesado en lo que tú estás viviendo.
Déjame decirte que Sentirse así no es para nada bueno.
Creo que muy frecuentemente nos equivocamos respecto a Dios.
Me refiero a esas ideas o pensamientos que tenemos acerca de Dios que no se ajustan a Él, que no son ciertos.
Si existe uno que en realidad se preocupa por nuestro bienestar ese es el Señor.
¡¡A él le importamos más que a nosotros mismos!!
La práctica de lo que hacemos cotidianamente es prueba convincente de ello. Nuestras elecciones no siempre son acertadas, a veces, escogemos cosas que no nos convienen para nada, mientras Dios nunca nos da nada que no nos convenga.
Es más, muchas veces nos disgustamos con Él, porque no nos da lo que hemos pedido. Y en realidad Él no nos lo da porque sabe que nos hará daño.
Los discípulos estaban aterrados a causa de la tempestad que estaban enfrentando.
Generalmente nos desesperamos cuando vivimos cosas que están fuera de nuestro control.
Nos gusta controlar las variables, nos gusta tener todo fríamente calculado.
Cuando las cosas suceden del modo que lo hemos previsto nos sentimos realizados, contentos. Pero el sentimiento es totalmente opuesto cuando la situación se escapa de nuestras manos.
En lo cotidiano, por ejemplo, nos desespera que nuestros hijos se nos escapen de las manos.
Algunos padres están sufriendo con el crecimiento de sus hijos.
Ya no son los pequeños que podían controlar con una palabra, fuera dura o amorosa.
Ellos al crecer se vuelven respondones, desafiantes, y los padres perdemos el control. Eso nos causa más de un dolor de cabeza, angustia, y otras tantas cosas más.
La vida también nos parece genial cuando la economía está bajo control.
Mientras tenemos para cubrir nuestras necesidades y obligaciones financieras, nos sentimos cómodos y en paz.
Pero cuando por circunstancias de la vida (la mayoría de las veces, ellas son manejadas por el Señor) perdemos ese control, nuestras vidas se vuelven un caos.
Es que nos desespera no tener el control.
A veces Dios nos permite tenerlo podemos estar tranquilos. Pero cuando no, debemos estar más tranquilos todavía, porque entonces el control lo tiene Él.
Jesús se encontraba en la barca con los discípulos, pero dormía.
A veces sentimos que Dios está durmiendo mientras que nosotros la pasamos pésimo.
Debemos ser honestos, hay momentos en la vida en que nos sentimos así, abandonados por Dios.
Como si él estuviera dormido mientras olas, viento, digamos “las tempestades de la vida”, nos dan duro y amenazan con destruirnos y hacernos naufragar.
Por supuesto, no es que Dios nos abandone, pero así es como nos sentimos, solos.
Eso ocurre hasta que entendemos la verdad. La verdad es que Dios jamás nos abandona. La verdad es que nosotros abandonamos a Dios o no contamos con Él, no le hacemos parte de lo que nos pasa.
Los discípulos no encontraron nada mejor que criticar al Señor por estar dormido. Su comentario fue insolente.
Nos insolentamos con Dios cuando pensamos que Él no se preocupa de lo que nos pasa.
Pero Jesús se levantó para poner todo en orden ¡¡Solo había que despertarlo!!
Las críticas francamente estuvieron de más. Dios siempre tuvo el control. Los descontrolados eran ellos.
Jesús bien pudo haber invitado a sus atribulados discípulos a dormir con Él incluso. La paz que el Señor tenía alcanzaba para ellos también.
Él dormía porque para ÉL no hay grandes tempestades. Dios jamás se angustia por las circunstancias. ¿Cómo podría si Él tiene el control?
Es interesante, en todo caso, resaltar que en medio de la tempestad Jesús estaba junto a ellos, pero ellos no lo cotizaron.
Debería haberles bastado con saber que Dios estaba a su lado, pero no.
Jesús es sinónimo de seguridad. Si Él está en tú barca, esta no se va a hundir. Sin importar el tamaño de las olas o la fuerza del viento.
Él junto a nosotros pesa más que todo lo demás, y esto es algo que debemos llegar a entender.
Jesús dormía porque tenía todo bajo control.
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Marcos 4:35-41 “Aquel día, cuando llegó la noche, les dijo: Pasemos al otro lado.”
Una de las cosas que estuve compartiendo con la hermandad de nuestra congregación es que el plan de Dios siempre es llevarnos adelante.
Es muy bueno tener presente que la vida está en constante movimiento. Jamás se detiene.
Del mismo modo la voluntad de Dios es que estemos en constante movimiento. Es decir avanzando espiritualmente.
Así es como uno crece, avanzando, desarrollándose
La dinámica de la vida del hombre es de esta manera. Tú ves un bebito un día y con el paso del tiempo te percatas que ha crecido.
Ya no tiene la misma estatura, su hablar es más elaborado.
¡¡No es el mismo!! Ha cambiado, y esos cambios son producto de que ha crecido.
Jesús habló del grano de mostaza, que aun siendo la más pequeña de todas las semillas, al crecer, se hace la mayor de todas las hortalizas y hasta los pájaros se refugian a la sombra de sus ramas.
Crecer en paz, en fe, en confianza, en certidumbre.
¡¡La voluntad de Dios para nosotros es crecer!!
Y así Jesús lleva a sus discípulos a “pasar al otro lado”, lo cual es un llamado a cosas nuevas. Representa el desafío de ir a algo desconocido para nosotros.
Al otro lado los discípulos aprenderían grandes lecciones del poder de Jesús. Aprenderían que Él hizo lo que “NADIE PODÍA”.
Pero entre ese conocimiento mayor (esa revelación de la grandeza de Dios) y el lugar en que estamos hoy, puede haber (con seguridad habrá) una gran tempestad el en camino.
Pero no debemos temer, ya que no es más que otra lección para nosotros.
Mucho de lo que Dios hace tiene que ver con esto. Vivimos aflicciones que nos permiten conocer al Señor más profundamente.
Dios quiere erradicar el miedo de nuestras vidas. Él desea que aprendamos a estar en paz, confiados porque Él, nuestro buen pastor, se preocupa de nosotros.
Eso es lo que hizo con sus discípulos. Ellos tenían miedo.
Llegaron a decir ¿no tienes cuidado de nosotros? Como si Jesús no fuera quien mejor se preocupa de nosotros.
Pero el miedo es parte natural del mundo caído.
Tú no hallaras en la palabra de Dios alguna referencia al miedo sino hasta después que Adán y Eva pecaron contra Dios.
Después de desobedecer a Dios, fue que Adán dijo: “tuve miedo”.
El perdió algo cuando desobedeció a Dios.
Pero estando con Él, viviendo bajo Su cobertura, tendremos paz por medio de Cristo. Eso es una poderosa verdad.
No obstante, tendremos que aprender a descansar en Él.
Los discípulos lo tuvieron que aprender, y por el registro bíblico sabemos que lo aprendieron bien.
Jesús (que estaba durmiendo) se levantó y reprendió al viento y habló al mar. Como resultado, se hizo grande bonanza.
Bonanza significa “tiempo sereno en el mar”. ¿No es eso lo que deseaban ellos?
Jesús puede transformar nuestras tempestades en bonanza. Pero la verdad es que eso no es lo más importante.
Para Dios es más importante que por medio de las tempestades podamos crecer en el conocimiento de quien es Él.
Lo que hizo el Señor llevó a sus discípulos a preguntarse ¿Quién es este?
Uno aprende cosas interesantes cuando se hace preguntas.
¡¡Qué triste es reconocer que Cristo puede estar durmiendo en nuestra barca, y al mismo tiempo, nosotros desesperados por temor a que esta se hunda, sin saber qué hacer!!
Ello equivale a decir que podemos estar cerca de Dios sin entender a quién tenemos a nuestro lado, sin ponderar la bendición que ello representa.
¿Te has preguntado seriamente quién es Él? ¿Te has detenido a pensar sobre las implicancias de que Jesús sea tu Señor? ¿Que Dios sea nuestro Padre y esté de nuestro lado?
Los discípulos tuvieron que entenderlo porque obviamente no lo sabían cuando Jesús los llamó.
De hecho, varios de los años que estuvieron con Jesús, vivieron a la sombra del temor, de la duda, pero finalmente aprendieron.
Cada episodio vivido con el Maestro era una lección para ellos.
De acuerdo con Jesús, la marca de sus ovejas es que lo conocen
Necesitamos, por tanto, crecer en el conocimiento de Cristo para llegar a saber quién es Él. Conocer bien al Señor no es una opción, es una necesidad de quienes decimos ser sus ovejas
En lo personal, ello nos traerá paz y gozo en la adversidad.
La gran pregunta es ¿Cuánto estamos invirtiendo en ello?
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Efesios 5:14: Por lo cual dice: Despiértate, tú QUE DUERMES, y levántate de los muertos, y te alumbrará Cristo.
Cuando hace algunos años comenzó a hacerse masiva la enseñanza de los derechos del niño, hubo unos pocos (entre los que me incluyo) que pudimos ver hacia iba todo ello.
Que eso sería el punto de partida de un problema que causaría grandes conflictos y quiebres en la sociedad.
La idea era aparentemente sana y buena. Los motivos parecían nobles, y los niños indefensos (que suelen ser vulnerados a causa de su incapacidad de defenderse o hacer daño) serían los principales beneficiados.
Hasta ahí ¿quién osaría objetar tan altruista iniciativa?
Solo alguno que viera en ello una amenaza a sus planes de seguir abusando de los más pequeños.
Pero el problema se vino encima y hoy, algunos años después, vemos que los ataques a los niños se han incrementado.
Hoy tenemos más niños afectados física, sicológica y espiritualmente que antes.
Ya no solo son los padres abusivos (que era lo que supuestamente se intentaba detener) sino además los pedófilos, los dementes que secuestran niños, los que se dedican a la pornografía infantil, y otra mucha amenazas, las que tienen en continuo riesgo a nuestros niños.
Como resultado, podemos ver que los niños nunca fueron beneficiados y que quienes si fueron afectados con toda esta basura de los derechos de los niños fueron los padres, que vieron coartada su autoridad para corregir y para disciplinar.
Por supuesto esta afirmación es de aquellas que se cuestionan.
Existen persona que dicen que a los niños sólo hay que amarlos pero eso es algo que no está en discusión.
Lo que ellos quieren decir es “a los niños no se les debe “tocar”
Estas personas ponen su propia verdad por sobre la verdad de Dios.
Dios enseña que a quien ama se le debe corregir. El amor lleva consigo corrección. Y la corrección a veces requiere del apoyo del castigo físico.
No estoy hablando del abuso o de golpear a los niños desmedidamente. Tú sabes que un padre o madre que ama a sus hijos, nunca tendrá en mente maltratarlos.
Pero nos han tratado de convencer que corregir físicamente es malo, que es impropio, que no es correcto.
Lo irónico es que la misma mente que tramó este ardid de diseminar entre los infantes que tienen derechos y que “nadie” (incluyendo a los padres) tiene derecho a ponerles la mano encima, ha golpeado a nuestros niños (hasta el cansancio) sin jamás usar su mano.
Astutamente les golpea a diario usando para ello las manos de otros.
A saber, de los dibujos animados, películas, series de televisión, juguetes, videojuegos, y de los propios amigos.
Lo que quiero decir con claridad es esto: “el diablo tramó que es impropio que un padre o madre golpeé a su hijo, pero el mismo diablo juzgó que no es impropio (para esa mente reprobada y caída) que todo el resto del mundo pueda hacer lo que se le antoje con ese niño o niña”.
Esa misma mente que ha endurecido las penas contra los padres las ha ablandado contra los verdaderos malhechores.
¿Hasta cuándo despertaremos del sueño para darnos cuenta del mundo en que vivimos?
El engañador ha hecho su trabajo de tal forma que las personas creen ciegamente sus mentiras, y desestiman con los ojos bien abiertos la verdad de Dios.
Todos pueden hacer y deshacer con nuestros hijos, mientras que nosotros, que somos quienes les traemos al mundo, educamos, alimentamos y protegemos, somos indignos de hablarles fuerte siquiera. En ese caso es agresión, eso puede traumar al niño.
No les parece a estas personas que ver programas de televisión subidos de tono con niños alrededor pueda ser dañino para sus hijos. No les parece que exponer a sus hijos a vocabulario o conversaciones impropias de su edad dañen a sus hijos.
No les parece que el que sus hijos se revuelquen sexualmente con cualquiera que conozcan en estas orgias de las que participan, sea dañino.
Tampoco les parece mal que sus amigos les traten a golpes o garabatos incluso. Pero usarán todo el peso de la ley que tengan a disposición para protestar contra algún padre que ose poner a sus hijos en su lugar o que busque disciplinarles de manera drástica o que use la vara como lo estipula la biblia para castigar la desobediencia, la rebelión, o la maldad en el comportamiento.
Guardando las proporciones ¿Quién de nosotros no recibió en algún minuto de su infancia o crecimiento alguna clase de corrección física notable por parte de su progenitor y hoy día incluso agradece tal acto de rectitud?
¿Quién vive traumado porque alguno de sus padres alguna vez le dio su justo merecido? (tú sabes que me refiero)
Lo que muchos de los propagadores de los derechos del niño olvidaron (sé que lo dejaron de lado a propósito) es que los derechos llevan consigo deberes.
¡¡No he visto nunca un avión volar con una sola ala!!
No es posible, del mismo modo que uno espere tener sociedades rectas, que valoren y respeten la autoridad, sin haber sido entrenados en el concepto de la disciplina rigurosa, en los momentos de la vida en que se requiere.
Los niños que han venido siendo criados sin esta mentalidad son los mismos que salen a las calles a destruir lo que a otros les cuesta construir.
¿Por qué lo hacen? Porque esos padres les enseñaron que uno puede hacer lo que quiere y que eso no tendrá ningún costo para uno.
Porque los padres fallaron (de algún modo) en transmitirles esto con suficiente fuerza o claridad. Porque fallaron en ser un buen ejemplo en este aspecto.
Sé que hay padres que son excepción a esta regla.
Hay buenísimos padres que tienen pésimos hijos, como buenos hijos que han tenido pésimos padres, pero representan la excepción, ¡no la regla!
¿Has pensado en lo ejemplar que hizo Dios con Adán y Eva, desde el mismísimo Génesis?
Claramente enseñó a Su amada creación que debemos hacernos responsables de nuestros actos.
Hoy existen miles de hijos sin padre porque hubo gente que no aprendió esta lección cuando era tiempo de aprenderla.
Esa misma mentalidad es la que pretende un cielo sin un infierno, o un cristianismo sin negación de uno mismo.
Cuando lo piensas así, el engaño, ese que es tan destructivo no está tan lejos de nosotros. Necesitamos despertar a la realidad.
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Juan 10:14 “yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas y las mías me conocen”
Pensar en esta figura de Cristo como pastor, es por decir lo menos interesante.
Cristo es el hijo de Dios. El Unigénito del Padre. A decir de los mismos demonios que expulsó de algunas personas Cristo es el Santo de Dios.
Teniendo en mente lo anterior, ¿no te parece hermoso que Jesús se refiera de sí mismo como un pastor de ovejas?
Las ovejas son animalitos muy especiales.
En general indefensos frente a los peligros que el entorno y otros animales pueden representar para ellos.
Las ovejas no tienen grandes garras, ni grandes dientes o poderosos colmillos.
No son de gran envergadura, no poseen destacadas habilidades físicas como correr rápido o dar grandes saltos.
En resumen, son animales bien indefensos. Y tal vez por eso mismo Cristo se identificó con ellos.
Jesús se presenta como el buen pastor de las ovejas
Él sabe que las ovejas requieren de atención y cuidado.
Sabe que las ovejas son anímales de bajo perfil y para nada agresivas.
Jesús sabe que el trabajo del pastor consiste en guiar a las ovejas a buenos pastos, a aguas que puedan beber y también a protegerles de las asechanzas de los depredadores.
Por cierto, la labor del pastor es más amplia que esto, pero esto es lo básico y fundamental para el bienestar de las ovejas.
Jesús dice algo muy notable concerniente a la relación que debe existir entre las ovejas y su pastor.
Dice que él conoce a sus ovejas y que ellas le conocen a Él, al menos a las suyas.
Jesús es el buen pastor.
En todo orden de cosas existen personas que hacen su trabajo bien y otras que lo hacen mal.
Al decir que él es el buen pastor, está afirmando que Él hace su trabajo bien, que guía a sus ovejas a los mejores pastos, a las mejores fuentes de agua, y que les brinda el mejor cuidado que ellas puedan necesitar.
Podemos y debemos sentirnos seguros si Jesús es nuestro pastor.
Pero Él habla de una relación. Habla de lo que él hace por sus ovejas y de lo que sus ovejas hacen en relación con él.
Para que cualquier relación pueda funcionar debe haber reciprocidad.
Las relaciones (aun las mejores) pueden llegar a desgastarse y terminar cuando no hay una actitud recíproca entre las partes involucradas.
En este caso las ovejas de Jesús, conocen a Jesús. Esto implica que confían en él. Nosotros decimos conocerlo pero ¿confiamos en Él?
¿Le permitimos a Él actuar soberanamente sobre las situaciones de nuestra vida?
Conocer en la biblia siempre tiene la implicancia de una relación íntima, profunda.
Jesús conoce perfectamente bien a sus ovejas.
Él sabe mejor que ninguno lo que cada una de sus ovejas necesita en el tiempo y situación particular que cada cual vive.
Es una maravilla que Jesús pueda ser nuestro pastor. ¡¡Qué gran confianza nos debe otorgar esto!!
Y aquellos que decimos ser sus ovejas deberíamos esforzarnos más por llegar a conocer correctamente la clase de pastor con la que contamos.
Muchas de nuestras angustias no serían tales si entendiéramos quien es Él y cuán bien nos cuida diariamente.
Podríamos encarar el siguiente día siempre con la tranquilidad de saber que estamos resguardados y protegidos, por el mejor de los pastores.
Nuestro pastor Jesús sabe todo. Sabe lo que necesitamos, sabe cómo concedérnoslo.
Nuestro mayor esfuerzo deberíamos hacerlo para conocerlo lo mejor que nos sea posible.
Esto redundaría en una vida que no se afana por el día de mañana porque sabe que hay UNO que se preocupa, que hace bien su trabajo.
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Josué 5:6 “Porque los hijos de Israel anduvieron por el desierto cuarenta años, hasta que todos los hombres de guerra que habían salido de Egipto fueron consumidos, por cuanto no obedecieron a la voz de Jehová; por lo cual Jehová les juró que no les dejaría ver la tierra de la cual Jehová había jurado a sus padres que nos la daría, tierra que fluye leche y miel”.
Yo sé, tan bien como tú, que hay cosas muy difíciles en la vida.
Cosas que nos cuesta hacer. Cosas que nos cuesta aprender.
A veces transcurren largos periodos, los que se vuelven tediosos para nosotros, en la escuela de aprender alguna lección que no hemos internalizado aun.
Es sabido que existen distintos ritmos de aprendizaje, como también existen distintas metodologías de enseñanza. Pero Dios siempre considera ambas cosas.
Él es el maestro por excelencia. A Él no se le escapa ningún detalle a la hora de enseñarnos lo que necesite que aprendamos.
Por tanto, no podemos quejarnos cuando es Él quien nos está enseñando.
Cualquier otro podría equivocarse, cualquier otro podría aplicar las estrategias equivocadas, pero Dios no.
Entonces ¿por qué todavía no aprendemos ciertas lecciones a la cuales el Señor nos debe llevar una y otra vez?
Porque nosotros hacemos difícil aquello que no lo es.
El pueblo de Israel nos entrega un muy buen ejemplo de lo que estoy hablando aquí.
Ellos eran esclavos en Egipto.
Toda su aspiración en la vida, después de nacer siendo esclavos, era crecer como esclavos, vivir como esclavos, trabajar como esclavos y morir siendo esclavos ¿Te alentador? ¡Para nada!
Pero un buen día Dios decidió librarlos de ese yugo, para lo cual levantó un líder.
Cual más, cual menos, todos conocemos la historia de Moisés. Este niño salvado milagrosamente de las aguas que llegó a convertirse en el hijo de la hija de Faraón.
Que fue criado como un hijo de la realeza y que con el correr del tiempo huyó por haber dado muerte a un egipcio que maltrataba esclavos israelitas.
Dios ideó un plan maestro que tomó años en concretarse. Solo la mente de Dios pudo concebir tal clase de plan.
El Señor no dejó nada al azar. En este plan Suyo todo estaba perfectamente cronometrado.
Claro, Él sabe lo que traerá el día de mañana y por ello, puede anticipar la jugada con toda precisión.
Tal es el caso de lo que Dios había planificado para Israel.
Su plan incluía entregar a los israelitas un verdadero porvenir, una tierra soñada para ellos, lejos de la opresión y de la esclavitud.
Ellos serían libres en esa tierra. Comerían de la grosura de ella, de los frutos deliciosos. Beberían la leche, probarían la miel.
En esa tierra, ellos tendrían de verdad un futuro, y quien estaba detrás de este magistral plan era Dios mismo.
El viaje a esa tierra no debía durar más allá de algunos meses, cuando mucho un par de años. No obstante, les tomo 40 años llegar ahí.
¿Por qué? ¿Cómo es posible?
La respuesta es simple: aquello que Dios había planeado que fuera fácil: “ellos lo hicieron difícil”.
¿Para cuántos de nosotros esta es nuestra propia verdad?
Procesos que Dios planeó, y por los que inevitablemente tendremos que atravesar. Procesos que están en el ADN de nuestra humanidad, pero que se alargan imponderablemente a causa de nuestra negativa o falta de cooperación.
Aquello que debe ser doloroso en esta vida, no puede dejar de serlo, pero que ese dolor se prolongue por más tiempo del debido, no es sano, ni correcto, porque no es parte del plan.
Dios sabe cuánto peso encima podemos llevar.
Aun el fabricante de autos sabe hasta que tonelaje el vehículo es capaz de llevar sin representar riesgos para el mismo.
¿No conocerá mucho mejor el Señor cuál sea nuestra capacidad de resistencia o respuesta?
Pero nosotros, al no cooperar con Dios, al no entender lo que está haciendo, al no dejarnos llevar por Él y someternos a Su plan, hacemos las cosas difíciles y largamos los procesos.
Necesitamos imperiosamente aprender a ser más prácticos y, por ende, menos complicados.
A veces dejamos que la amargura se apodere de nosotros en lugar de perdonar al ofensor.
Otras nos encerramos en nuestro pequeño mundo impidiendo a otros venir a animarnos.
A veces cerramos las ventanas al sol y sus colores y acabamos llenándonos de oscuridad y frío por dentro.
No hay nada mejor que abrir las ventanas y dejar que la brisa fresca entre y nos renueve. No hay nada mejor que salir y mirar los colores de la creación de Dios alrededor nuestro.
Definitivamente no hay nada mejor que dejar que Dios siga adelante con su plan en nuestras vidas.
El Señor, que hace la herida, tiene poder también para curarla.
Debemos dejarlo ir delante de nosotros guiándonos en los procesos de la vida. Confiar en el Señor como el apóstol Pablo y decir con él: “he guardado la fe”.
Necesitamos entender que aun las cosas difíciles no lo son tanto cuando nos proponemos dejar a Dios hacer su trabajo. C
Cuando en resumen decidimos “no hacer difícil aquello que en verdad no lo es”.
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Mateo 9:20: “Y he aquí una mujer enferma de FLUJO DE SANGRE desde hacía doce años, se le acercó por detrás y tocó el borde de su manto”
Esta mujer nos da una tremenda lección de vida.
Enferma y todo, estaba abriéndose paso hacia una VIDA RENOVADA.
¿Cuántos de nosotros desearíamos ver un cambio en las realidades que nos toca vivir?
Personalmente, soy un profundo agradecido de lo que Dios ha hecho en mi vida, pero, honestamente, muchas de las cosas que vivo no representan lo que yo desearía, aunque eso no resta mérito alguno a lo maravilloso que Dios es en medio de todo, al tiempo que me acerca al fundamento de vida de todo verdadero cristiano (o de cualquiera que se precie como tal) en el sentido que debemos estar dispuestos a negarnos a nosotros mismos. Eso es algo que ni debemos olvidar.
La posibilidad que nuestra realidad pueda cambiar dependerá en gran medida de cuán hastiados estemos de ella.
Uno no busca cambios cuando se siente satisfecho con lo que tiene o con lo que es.
¡¡Qué nefasta enemiga es la comodidad de los cambios que Dios desea producir en nosotros!!
Pero esta mujer era una mujer que estaba poseída de una mentalidad de cambio.
El registro bíblico nos ofrece relevante información. Dice que ella venía padeciendo de este mal por un lapso ¡¡de 12 años!!
Dice además que había intentado con médicos. Que había gastado todo lo que tenía pero sin resultados favorables.
¿Cuántos hubiéramos tirado la toalla en una condición similar?
Si a veces con mucho menos que lo que ella debía enfrentar manifestamos desgano y desinterés por perseverar en busca de una solución.
Al enterarse que Jesús estaba cerca, cobró fuerza en ella la vieja idea de una solución a su problema de salud.
Pero llegar hasta Jesús no era nada fácil. Para lograrlo debió vencer al menos dos grandes escollos.
El primero de ellos, estaba relacionado con su condición física. Ella sufría de hemorragias.
Piensa en la débil condición física en que se encuentra una persona que sostenidamente, por 12 años, ha tenido episodios de pérdida de sangre.
Llegar hasta el Señor no fue tarea fácil. Él era muchas veces apretujado por la multitud de personas que buscaban de algún modo estar en contacto o cercanía con él.
Pero eso no fue impedimento para ella, y se abrió paso entre la multitud.
El segundo escollo que debió vencer fue el dogma religioso.
De acuerdo a levítico 15, una mujer en la condición física de ella (con flujo de sangre) debía estar apartada.
Imagina la lucha en su mente. Ella tenía la convicción que Jesús solucionaría su problema (así como había sabido que solucionaba el de muchos otros) pero ella contaba con esta limitante dogmática. La ley le condenaba a estar lejos de quien le podía sanar.
¿Qué hacer en semejante circunstancia?
Resolvió venir a Jesús por detrás, de modo que nadie pudiera verla, de manera que su acercamiento al Señor pasara inadvertido.
Resolvió asimismo que no tocaría AL Señor, sino el BORDE DEL MANTO del Señor.
Ella estaba luchando, jugándosela por un cambio en su vida. ¡¡Y sabemos que lo consiguió!!
Pero su victoria no vino al ser sanada, la victoria comenzó a gestarse desde su enfermedad.
Su sanidad se abrió paso en medio de su enfermedad.
A menudo Dios usa el hastío, el descontento para embarazarnos con el deseo de cambios.}
Los cambios siempre representan algo nuevo en cualquier ámbito-
¿Estás cansado de vivir como lo haces? ¿Estás cansado de que tu matrimonio, o la relación con tus hijos sea apenas aceptable?
Levantar el estándar dependerá de cuan deseosos estemos de que las cosas cambien.
Puedes saber que Dios siempre desea que las cosas buenas puedan aun ser mejor. Él es un Dios excelente y se complace en la excelencia.
Sobre esto el Señor habló a mi vida, estando yo frente al espejo. Hace unos días cuando vi un par de canas asomándose en mi cabeza.
Esas canas (me hizo ver el Señor), se están abriendo paso entre el cabello negro.
Las canas son señal que “algo está cambiando en mi”. Son señal de algo nuevo, abriéndose paso entre lo viejo.
Así como la sanidad que Jesús hizo en esa mujer, se abrió paso desde su enfermedad.
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Mateo 25:3 "Las insensatas, tomando sus lámparas, no tomaron consigo aceite"
Diariamente tenemos que vérnosla con distintas cosas que representan peligro para nuestra vida.
Como hemos estado mencionando en este espacio de reflexiones, la vida actual está llena de peligros que van desde las cosas más triviales y cotidianas, a los ataques terroristas más organizados y despiadados.
A veces la inadecuada manipulación de un aparato eléctrico puede acabar con la vida. O el sano deseo de refrescarse en una piscina casera, puede terminar con la vida de quienes amamos.
Y si bien hay cosas en las que no podemos hacer nada, creo no equivocarme al decir que muchas de las malas cosas que nos pasan, tienen su origen en alguna forma de negligencia.
El diccionario define negligencia como “descuido u omisión”; o como la “falta de esfuerzo o aplicación”
Podemos ser negligentes en cualquiera de las áreas de la vida. Y hay 3, las que llamaré “3 F”, que a mi juicio, involucran a todas las demás. Estas son: Familia, Finanzas y Fe.
Sin importar el área en que se cometen, las negligencias siempre tienen un costo para nosotros.
La escritura habla en una parábola, de diez vírgenes que tomando sus lámparas, salieron a recibir al esposo. Ellas tenían muy presente que el esposo venía en cualquier momento.
Mientras que las vírgenes son un tipo de la iglesia, el esposo es un tipo de Cristo.
El relato enseña que el esposo tardó. Quizás más de lo que ellas presupuestaban, por lo que cabecearon y se durmieron.
A la medianoche cuando se oyó el clamor. Todas aquellas vírgenes se levantaron, y arreglaron sus lámparas, pero a las insensatas les faltó aceite.
Mientras iban a comprar, el esposo vino y se llevó a las bodas con él a las que estaban preparadas. Después de esto, cerró la puerta.
El versículo 13 dice “Velad, pues, porque no sabéis el día ni la hora en que el Hijo del Hombre ha de venir”.
De modo que Velar parece ser la clave, pero hay más.
Aunque todas se durmieron, todavía la mitad entró a las bodas. Si la clave fuera solamente estar despiertos, entonces ninguna lo hubiera logrado, pero sabemos que la mitad entró.
Debe haber algo, más allá del hecho de dormirse que les impidió entrar a las bodas.
En efecto, lo que impidió a las insensatas entrar no fue dormirse, sino haber sido descuidadas, no haberse esforzado cuando correspondía. En otras palabras: “haber sido negligentes”.
Ellas fueron a comprar aceite para sus lámparas cuando ya no era tiempo de comprar. Cuando ya no valía la pena hacerlo.
De manera casi automática surge la pregunta ¿Por qué no lo hicieron antes?
Quizás, porque no lo consideraron importante, porque no vieron el valor de ello. O porque estaban engañadas, creyendo que bastaba con esperar que el esposo viniera.
Cualquiera haya sido la razón, ellas fueron negligentes y esa negligencia les impidió entrar a las bodas.
Muchas personas descansan sobre la base de que tienen el conocimiento del tiempo que vivimos.
Entienden las señales, y saben que cada cosa que pasa es una muestra más de que el Esposo está a las puertas.
Pero no se preparan. No se esfuerzan por comprar aceite para sus lámparas. Se dejan vencer por los obstáculos y al dejar de luchar, al quedarse quietos, se adormecen AUN sabiendo la verdad, entendiendo lo que está por ocurrir.
Por todo el mundo se oye el clamor que dice: “el esposo viene”. ¿Contamos con suficiente aceite para nuestra lámpara?
Es crucial entender que eran diez vírgenes, no 5 vírgenes y 5 rameras. Lo que implica que las 10 estaban destinadas PARA EL ESPOSO.
Pero se vuelve necesario enfatizar “el valor del esfuerzo propio”.
Hay quienes dicen: “Cristo lo hizo todo en la cruz”. Por tanto, “yo no debo hacer nada”. Esa teoría no resiste análisis cuando uno entiende el mensaje que encierra esta parábola.
Entraron solo las que después de haber recibido el llamado del Señor se esmeraron por hacer diligentemente la parte que les competía para poder mantener abierta la puerta de acceso al Señor.
Como dije, la negligencia siempre tendrá un costo para nosotros tanto en lo secular como en la vida espiritual.
Si te atrasas en el pago de tus cuentas, te cobrarán intereses.
Sale caro no haber hecho lo que debíamos hacer en el tiempo oportuno. Y eso es ser negligente.
El enemigo nos marea, nos ocupa en diversas cosas sin valor para que posterguemos lo que tiene real valor.
La negligencia es peligrosa por ser un enemigo casi imperceptible cuyos efectos se dejan sentir cuando ya perdimos la oportunidad, cuando el tiempo aceptable se acabó.
Haz todos los esfuerzos que debas HOY para que no te falte lo necesario en el momento en que MAS LO NECESITES.
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2 Corintios 1:4 “el cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que podamos también nosotros consolar a los que están en cualquier tribulación, por medio de la consolación con que nosotros somos consolados por Dios”.
¿Quién desea tener problemas? ¡¡Nadie!!
Estoy más que convencido que nadie haría una oración pidiendo a Dios que le envíe problemas. Solo pensarlo es descabellado ¿verdad?
Y lo cierto es que existen distintas clases de problemas, los que, de acuerdo a su naturaleza, tienen distintas implicancias para nuestras vidas.
En muchos casos lo triste de los problemas es que no solo lo afectan a uno, sino además tienen efectos colaterales en nuestros seres queridos o en nuestros más cercanos.
Hay problemas de rápida solución y otros que toman tiempo para poder solucionar.
Y aunque no nos gustan los problemas, estos son inherentes a la naturaleza de la vida. De modo que problemas tendremos nos guste o no.
Pero que importante diferencia hace la manera en que enfrentamos los problemas.
Soy un convencido que una de las bendiciones de tener a Cristo morando por la fe en nosotros, es que Él nos permite ver los mismos problemas que afectan a otros, con una mentalidad o perspectiva diferente.
Saberse respaldado en medio de lo que uno pueda estar atravesando hace toda la diferencia y el Señor Jesucristo se ha comprometido a estar con nosotros, sus discípulos, “todos los días hasta el fin del mundo” (Mateo 28:20)
Pero, por raro que parezca, los problemas no solo representan cosas malas. Ellos traen consigo algo muy bueno para nosotros. Ellos nos permiten al menos dos cosas sobre las cuales me voy a referir.
Uno de las cosas positivas que tienen los problemas es que ellos EXPONEN LO QUE SOMOS EN REALIDAD.
Lo que hay en nuestro interior puede estar maquillado.
Hay personas que presumen, o sinceramente piensan ser gente de fe. Esto lo creen sostenidamente en el tiempo hasta cuando atraviesan por tormentas y pruebas que les revelan que las cosas no eran como pensaban
En el momento en que la arena del desierto les quema los pies, se dan cuenta, que en vez de estar firmes y sólidos en la fe, más bien su fe es tímida, rápidamente intimidada por las adversidades y problemas.
Es realmente de mucho valor saber lo que somos.
Es que creemos muchas cosas que no son verdad. Creemos ser buenos esposos, por ejemplo, y estamos convencidos de ello HASTA que las circunstancias (problemas conyugales) revelan lo contrario.
Esto desde luego se aplica a todas nuestras áreas de vida.
Es extraño que bajo presión salgan nuestro verdadero potencial y falencias.
De modo que los problemas en ese sentido llegan a ser de gran utilidad. Especialmente si uno no quiere vivir una mentira o creyéndose cosas que no son.
Pero eso no es todo. Otro aspecto positivo que uno puede encontrar en los problemas es que ellos nos dan la posibilidad de SER CONSOLADOS.
Cuando todo está bien uno no necesita consuelo.
El pasar por largos periodos de bonanza en la vida, a veces tiene un efecto contraproducente porque nos insensibiliza frente a las necesidades de los demás.
Es como decir lo siguiente: para la gente de muchos recursos es difícil entender que haya personas que viven con lo esencial.
Quizá lo entiendan muy bien en la teoría pero en la práctica está lejos de ser una realidad para ellos.
Como consecuencia es bien difícil que yo me identifique con las necesidades suyas.
Pero eso cambia sustancialmente cuando yo mismo soy afligido o cuando vivo periodos de privaciones.
Esas circunstancias adversas me llevan (enseñan) a ser empático con los más necesitados. Abren mis ojos a una necesidad hasta entonces, desconocida para mí.
En medio de esas dificultades yo necesito ser consolado, y puedo de mejor forma consolar a otros que pasen por una situación similar.
Cuando los problemas me llevan a ser más humano. Cuando por causa de las adversidades me acerco a Dios. Cuando por vivir problemas soy expuesto por lo que soy y siento la necesidad de abrirme para recibir el consuelo de Dios, es cuando puedo decir, sin temor a equivocarme, que los problemas han servido para algo bueno.
Es cuando tener problemas no es tan malo.
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Juan 10:10: “El ladrón no viene sino para HURTAR y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia”.
No porque el que tema se haya agotado, pero cerrando esta idea que la ocasión hace al ladrón, quiero referirme a un aspecto de este asunto que me parece muy notable.
En la definición de hurto, está la idea que este se realiza sin uso de la fuerza, sin violencia. Como un hermano de la congregación, muy acertadamente me hiciera ver, el hurto es que alguno “tome algo de mi pertenencia que yo dejé abandonado”.
Las sociedades tienden a ser drásticas para censurar y castigar (cuando se puede) cualquier forma de violencia porque la violencia atenta contra las personas.
Somos drásticos y duros contra el violador o el asesino, pero hay delitos de cuello y corbata que suceden diariamente delante de nuestros ojos, los cuales no son tan enfáticamente reprochados.
Esta clase de delito más civilizado es oportunamente cubierto mediante el uso diestro que los grupos de poder ejercen sobre los medios de comunicación.
Esta poderosa influencia hace que las cosas rápidamente vuelvan a fojas cero.
Esto pasa muy frecuentemente y aunque somos afectados, no hacemos mucho al respecto, porque sucede sin violencia
Un sino de nuestra sociedad es estar marcada por el incremento de delitos que no usan la violencia de modo personal. Es como si la maldad se hubiese sofisticado.
En nuestro país las personas somos víctimas, cada vez más, de esta clase de delitos, que no tienen tanta notoriedad porque como ya dije no son violentos.
El problema es que aun cuando no se use la fuerza en esos delitos, ellos están arraigados con mucha fuerza en la sociedad y producen muchos estragos, muchas pérdidas.
Hay cosas grandes y pequeñas que nosotros hemos dejado abandonadas que corren el alto riesgo de ser hurtadas.
El descuido como ya he mencionado, es más devastador de lo que pensamos.
No necesitamos hacer nada malo. Todo lo que debemos hacer es nada, es decir, dejar algo abandonado. Los resultados se dejarán ver en su debido momento.
¿Cuántas personas (enemigos) están pacientemente esperando ese descuido de nuestra parte?
Si el enemigo está al acecho, debemos tener presente que esperará que actuemos negligente o descuidadamente. Que dejemos algo abandonado para poder hurtarlo, para echarle mano.
De las muchas áreas de la vida en que podemos ser descuidados, la vida espiritual es quizá la más delicada de todas.
Francamente ser descuidados en esta área nos pasará la cuenta en algún minuto del camino.
Descuidar nuestra comunión con Dios nos separa de Él y de los recursos que Él ha dispuesto a nuestro favor.
Otorga al mismo tiempo una mejor opción al ladrón para actuar en nuestra contra, no porque Dios decida no ayudarnos sino porque nosotros mismos nos endurecemos y volvemos insensibles a su voz.
Descuidar a Dios, Su palabra, Su presencia en nuestra vida es abrir de par en par las puertas al ladrón.
Es concederle al enemigo la oportunidad que siempre espera para despojarnos de Dios y de lo que Él tiene para nosotros.
Espero que no olvides querido lector, que “la ocasión es lo que espera el ladrón”.
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