Marcos 4:35-41 “Aquel día, cuando llegó la noche, les dijo: Pasemos al otro lado.”
Una de las cosas que estuve compartiendo con la hermandad de nuestra congregación es que el plan de Dios siempre es llevarnos adelante.
Es muy bueno tener presente que la vida está en constante movimiento. Jamás se detiene.
Del mismo modo la voluntad de Dios es que estemos en constante movimiento. Es decir avanzando espiritualmente.
Así es como uno crece, avanzando, desarrollándose
La dinámica de la vida del hombre es de esta manera. Tú ves un bebito un día y con el paso del tiempo te percatas que ha crecido.
Ya no tiene la misma estatura, su hablar es más elaborado.
¡¡No es el mismo!! Ha cambiado, y esos cambios son producto de que ha crecido.
Jesús habló del grano de mostaza, que aun siendo la más pequeña de todas las semillas, al crecer, se hace la mayor de todas las hortalizas y hasta los pájaros se refugian a la sombra de sus ramas.
Crecer en paz, en fe, en confianza, en certidumbre.
¡¡La voluntad de Dios para nosotros es crecer!!
Y así Jesús lleva a sus discípulos a “pasar al otro lado”, lo cual es un llamado a cosas nuevas. Representa el desafío de ir a algo desconocido para nosotros.
Al otro lado los discípulos aprenderían grandes lecciones del poder de Jesús. Aprenderían que Él hizo lo que “NADIE PODÍA”.
Pero entre ese conocimiento mayor (esa revelación de la grandeza de Dios) y el lugar en que estamos hoy, puede haber (con seguridad habrá) una gran tempestad el en camino.
Pero no debemos temer, ya que no es más que otra lección para nosotros.
Mucho de lo que Dios hace tiene que ver con esto. Vivimos aflicciones que nos permiten conocer al Señor más profundamente.
Dios quiere erradicar el miedo de nuestras vidas. Él desea que aprendamos a estar en paz, confiados porque Él, nuestro buen pastor, se preocupa de nosotros.
Eso es lo que hizo con sus discípulos. Ellos tenían miedo.
Llegaron a decir ¿no tienes cuidado de nosotros? Como si Jesús no fuera quien mejor se preocupa de nosotros.
Pero el miedo es parte natural del mundo caído.
Tú no hallaras en la palabra de Dios alguna referencia al miedo sino hasta después que Adán y Eva pecaron contra Dios.
Después de desobedecer a Dios, fue que Adán dijo: “tuve miedo”.
El perdió algo cuando desobedeció a Dios.
Pero estando con Él, viviendo bajo Su cobertura, tendremos paz por medio de Cristo. Eso es una poderosa verdad.
No obstante, tendremos que aprender a descansar en Él.
Los discípulos lo tuvieron que aprender, y por el registro bíblico sabemos que lo aprendieron bien.
Jesús (que estaba durmiendo) se levantó y reprendió al viento y habló al mar. Como resultado, se hizo grande bonanza.
Bonanza significa “tiempo sereno en el mar”. ¿No es eso lo que deseaban ellos?
Jesús puede transformar nuestras tempestades en bonanza. Pero la verdad es que eso no es lo más importante.
Para Dios es más importante que por medio de las tempestades podamos crecer en el conocimiento de quien es Él.
Lo que hizo el Señor llevó a sus discípulos a preguntarse ¿Quién es este?
Uno aprende cosas interesantes cuando se hace preguntas.
¡¡Qué triste es reconocer que Cristo puede estar durmiendo en nuestra barca, y al mismo tiempo, nosotros desesperados por temor a que esta se hunda, sin saber qué hacer!!
Ello equivale a decir que podemos estar cerca de Dios sin entender a quién tenemos a nuestro lado, sin ponderar la bendición que ello representa.
¿Te has preguntado seriamente quién es Él? ¿Te has detenido a pensar sobre las implicancias de que Jesús sea tu Señor? ¿Que Dios sea nuestro Padre y esté de nuestro lado?
Los discípulos tuvieron que entenderlo porque obviamente no lo sabían cuando Jesús los llamó.
De hecho, varios de los años que estuvieron con Jesús, vivieron a la sombra del temor, de la duda, pero finalmente aprendieron.
Cada episodio vivido con el Maestro era una lección para ellos.
De acuerdo con Jesús, la marca de sus ovejas es que lo conocen
Necesitamos, por tanto, crecer en el conocimiento de Cristo para llegar a saber quién es Él. Conocer bien al Señor no es una opción, es una necesidad de quienes decimos ser sus ovejas
En lo personal, ello nos traerá paz y gozo en la adversidad.
La gran pregunta es ¿Cuánto estamos invirtiendo en ello?
|
Efesios 5:14: Por lo cual dice: Despiértate, tú QUE DUERMES, y levántate de los muertos, y te alumbrará Cristo.
Cuando hace algunos años comenzó a hacerse masiva la enseñanza de los derechos del niño, hubo unos pocos (entre los que me incluyo) que pudimos ver hacia iba todo ello.
Que eso sería el punto de partida de un problema que causaría grandes conflictos y quiebres en la sociedad.
La idea era aparentemente sana y buena. Los motivos parecían nobles, y los niños indefensos (que suelen ser vulnerados a causa de su incapacidad de defenderse o hacer daño) serían los principales beneficiados.
Hasta ahí ¿quién osaría objetar tan altruista iniciativa?
Solo alguno que viera en ello una amenaza a sus planes de seguir abusando de los más pequeños.
Pero el problema se vino encima y hoy, algunos años después, vemos que los ataques a los niños se han incrementado.
Hoy tenemos más niños afectados física, sicológica y espiritualmente que antes.
Ya no solo son los padres abusivos (que era lo que supuestamente se intentaba detener) sino además los pedófilos, los dementes que secuestran niños, los que se dedican a la pornografía infantil, y otra mucha amenazas, las que tienen en continuo riesgo a nuestros niños.
Como resultado, podemos ver que los niños nunca fueron beneficiados y que quienes si fueron afectados con toda esta basura de los derechos de los niños fueron los padres, que vieron coartada su autoridad para corregir y para disciplinar.
Por supuesto esta afirmación es de aquellas que se cuestionan.
Existen persona que dicen que a los niños sólo hay que amarlos pero eso es algo que no está en discusión.
Lo que ellos quieren decir es “a los niños no se les debe “tocar”
Estas personas ponen su propia verdad por sobre la verdad de Dios.
Dios enseña que a quien ama se le debe corregir. El amor lleva consigo corrección. Y la corrección a veces requiere del apoyo del castigo físico.
No estoy hablando del abuso o de golpear a los niños desmedidamente. Tú sabes que un padre o madre que ama a sus hijos, nunca tendrá en mente maltratarlos.
Pero nos han tratado de convencer que corregir físicamente es malo, que es impropio, que no es correcto.
Lo irónico es que la misma mente que tramó este ardid de diseminar entre los infantes que tienen derechos y que “nadie” (incluyendo a los padres) tiene derecho a ponerles la mano encima, ha golpeado a nuestros niños (hasta el cansancio) sin jamás usar su mano.
Astutamente les golpea a diario usando para ello las manos de otros.
A saber, de los dibujos animados, películas, series de televisión, juguetes, videojuegos, y de los propios amigos.
Lo que quiero decir con claridad es esto: “el diablo tramó que es impropio que un padre o madre golpeé a su hijo, pero el mismo diablo juzgó que no es impropio (para esa mente reprobada y caída) que todo el resto del mundo pueda hacer lo que se le antoje con ese niño o niña”.
Esa misma mente que ha endurecido las penas contra los padres las ha ablandado contra los verdaderos malhechores.
¿Hasta cuándo despertaremos del sueño para darnos cuenta del mundo en que vivimos?
El engañador ha hecho su trabajo de tal forma que las personas creen ciegamente sus mentiras, y desestiman con los ojos bien abiertos la verdad de Dios.
Todos pueden hacer y deshacer con nuestros hijos, mientras que nosotros, que somos quienes les traemos al mundo, educamos, alimentamos y protegemos, somos indignos de hablarles fuerte siquiera. En ese caso es agresión, eso puede traumar al niño.
No les parece a estas personas que ver programas de televisión subidos de tono con niños alrededor pueda ser dañino para sus hijos. No les parece que exponer a sus hijos a vocabulario o conversaciones impropias de su edad dañen a sus hijos.
No les parece que el que sus hijos se revuelquen sexualmente con cualquiera que conozcan en estas orgias de las que participan, sea dañino.
Tampoco les parece mal que sus amigos les traten a golpes o garabatos incluso. Pero usarán todo el peso de la ley que tengan a disposición para protestar contra algún padre que ose poner a sus hijos en su lugar o que busque disciplinarles de manera drástica o que use la vara como lo estipula la biblia para castigar la desobediencia, la rebelión, o la maldad en el comportamiento.
Guardando las proporciones ¿Quién de nosotros no recibió en algún minuto de su infancia o crecimiento alguna clase de corrección física notable por parte de su progenitor y hoy día incluso agradece tal acto de rectitud?
¿Quién vive traumado porque alguno de sus padres alguna vez le dio su justo merecido? (tú sabes que me refiero)
Lo que muchos de los propagadores de los derechos del niño olvidaron (sé que lo dejaron de lado a propósito) es que los derechos llevan consigo deberes.
¡¡No he visto nunca un avión volar con una sola ala!!
No es posible, del mismo modo que uno espere tener sociedades rectas, que valoren y respeten la autoridad, sin haber sido entrenados en el concepto de la disciplina rigurosa, en los momentos de la vida en que se requiere.
Los niños que han venido siendo criados sin esta mentalidad son los mismos que salen a las calles a destruir lo que a otros les cuesta construir.
¿Por qué lo hacen? Porque esos padres les enseñaron que uno puede hacer lo que quiere y que eso no tendrá ningún costo para uno.
Porque los padres fallaron (de algún modo) en transmitirles esto con suficiente fuerza o claridad. Porque fallaron en ser un buen ejemplo en este aspecto.
Sé que hay padres que son excepción a esta regla.
Hay buenísimos padres que tienen pésimos hijos, como buenos hijos que han tenido pésimos padres, pero representan la excepción, ¡no la regla!
¿Has pensado en lo ejemplar que hizo Dios con Adán y Eva, desde el mismísimo Génesis?
Claramente enseñó a Su amada creación que debemos hacernos responsables de nuestros actos.
Hoy existen miles de hijos sin padre porque hubo gente que no aprendió esta lección cuando era tiempo de aprenderla.
Esa misma mentalidad es la que pretende un cielo sin un infierno, o un cristianismo sin negación de uno mismo.
Cuando lo piensas así, el engaño, ese que es tan destructivo no está tan lejos de nosotros. Necesitamos despertar a la realidad.
|
Juan 10:14 “yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas y las mías me conocen”
Pensar en esta figura de Cristo como pastor, es por decir lo menos interesante.
Cristo es el hijo de Dios. El Unigénito del Padre. A decir de los mismos demonios que expulsó de algunas personas Cristo es el Santo de Dios.
Teniendo en mente lo anterior, ¿no te parece hermoso que Jesús se refiera de sí mismo como un pastor de ovejas?
Las ovejas son animalitos muy especiales.
En general indefensos frente a los peligros que el entorno y otros animales pueden representar para ellos.
Las ovejas no tienen grandes garras, ni grandes dientes o poderosos colmillos.
No son de gran envergadura, no poseen destacadas habilidades físicas como correr rápido o dar grandes saltos.
En resumen, son animales bien indefensos. Y tal vez por eso mismo Cristo se identificó con ellos.
Jesús se presenta como el buen pastor de las ovejas
Él sabe que las ovejas requieren de atención y cuidado.
Sabe que las ovejas son anímales de bajo perfil y para nada agresivas.
Jesús sabe que el trabajo del pastor consiste en guiar a las ovejas a buenos pastos, a aguas que puedan beber y también a protegerles de las asechanzas de los depredadores.
Por cierto, la labor del pastor es más amplia que esto, pero esto es lo básico y fundamental para el bienestar de las ovejas.
Jesús dice algo muy notable concerniente a la relación que debe existir entre las ovejas y su pastor.
Dice que él conoce a sus ovejas y que ellas le conocen a Él, al menos a las suyas.
Jesús es el buen pastor.
En todo orden de cosas existen personas que hacen su trabajo bien y otras que lo hacen mal.
Al decir que él es el buen pastor, está afirmando que Él hace su trabajo bien, que guía a sus ovejas a los mejores pastos, a las mejores fuentes de agua, y que les brinda el mejor cuidado que ellas puedan necesitar.
Podemos y debemos sentirnos seguros si Jesús es nuestro pastor.
Pero Él habla de una relación. Habla de lo que él hace por sus ovejas y de lo que sus ovejas hacen en relación con él.
Para que cualquier relación pueda funcionar debe haber reciprocidad.
Las relaciones (aun las mejores) pueden llegar a desgastarse y terminar cuando no hay una actitud recíproca entre las partes involucradas.
En este caso las ovejas de Jesús, conocen a Jesús. Esto implica que confían en él. Nosotros decimos conocerlo pero ¿confiamos en Él?
¿Le permitimos a Él actuar soberanamente sobre las situaciones de nuestra vida?
Conocer en la biblia siempre tiene la implicancia de una relación íntima, profunda.
Jesús conoce perfectamente bien a sus ovejas.
Él sabe mejor que ninguno lo que cada una de sus ovejas necesita en el tiempo y situación particular que cada cual vive.
Es una maravilla que Jesús pueda ser nuestro pastor. ¡¡Qué gran confianza nos debe otorgar esto!!
Y aquellos que decimos ser sus ovejas deberíamos esforzarnos más por llegar a conocer correctamente la clase de pastor con la que contamos.
Muchas de nuestras angustias no serían tales si entendiéramos quien es Él y cuán bien nos cuida diariamente.
Podríamos encarar el siguiente día siempre con la tranquilidad de saber que estamos resguardados y protegidos, por el mejor de los pastores.
Nuestro pastor Jesús sabe todo. Sabe lo que necesitamos, sabe cómo concedérnoslo.
Nuestro mayor esfuerzo deberíamos hacerlo para conocerlo lo mejor que nos sea posible.
Esto redundaría en una vida que no se afana por el día de mañana porque sabe que hay UNO que se preocupa, que hace bien su trabajo.
|
Josué 5:6 “Porque los hijos de Israel anduvieron por el desierto cuarenta años, hasta que todos los hombres de guerra que habían salido de Egipto fueron consumidos, por cuanto no obedecieron a la voz de Jehová; por lo cual Jehová les juró que no les dejaría ver la tierra de la cual Jehová había jurado a sus padres que nos la daría, tierra que fluye leche y miel”.
Yo sé, tan bien como tú, que hay cosas muy difíciles en la vida.
Cosas que nos cuesta hacer. Cosas que nos cuesta aprender.
A veces transcurren largos periodos, los que se vuelven tediosos para nosotros, en la escuela de aprender alguna lección que no hemos internalizado aun.
Es sabido que existen distintos ritmos de aprendizaje, como también existen distintas metodologías de enseñanza. Pero Dios siempre considera ambas cosas.
Él es el maestro por excelencia. A Él no se le escapa ningún detalle a la hora de enseñarnos lo que necesite que aprendamos.
Por tanto, no podemos quejarnos cuando es Él quien nos está enseñando.
Cualquier otro podría equivocarse, cualquier otro podría aplicar las estrategias equivocadas, pero Dios no.
Entonces ¿por qué todavía no aprendemos ciertas lecciones a la cuales el Señor nos debe llevar una y otra vez?
Porque nosotros hacemos difícil aquello que no lo es.
El pueblo de Israel nos entrega un muy buen ejemplo de lo que estoy hablando aquí.
Ellos eran esclavos en Egipto.
Toda su aspiración en la vida, después de nacer siendo esclavos, era crecer como esclavos, vivir como esclavos, trabajar como esclavos y morir siendo esclavos ¿Te alentador? ¡Para nada!
Pero un buen día Dios decidió librarlos de ese yugo, para lo cual levantó un líder.
Cual más, cual menos, todos conocemos la historia de Moisés. Este niño salvado milagrosamente de las aguas que llegó a convertirse en el hijo de la hija de Faraón.
Que fue criado como un hijo de la realeza y que con el correr del tiempo huyó por haber dado muerte a un egipcio que maltrataba esclavos israelitas.
Dios ideó un plan maestro que tomó años en concretarse. Solo la mente de Dios pudo concebir tal clase de plan.
El Señor no dejó nada al azar. En este plan Suyo todo estaba perfectamente cronometrado.
Claro, Él sabe lo que traerá el día de mañana y por ello, puede anticipar la jugada con toda precisión.
Tal es el caso de lo que Dios había planificado para Israel.
Su plan incluía entregar a los israelitas un verdadero porvenir, una tierra soñada para ellos, lejos de la opresión y de la esclavitud.
Ellos serían libres en esa tierra. Comerían de la grosura de ella, de los frutos deliciosos. Beberían la leche, probarían la miel.
En esa tierra, ellos tendrían de verdad un futuro, y quien estaba detrás de este magistral plan era Dios mismo.
El viaje a esa tierra no debía durar más allá de algunos meses, cuando mucho un par de años. No obstante, les tomo 40 años llegar ahí.
¿Por qué? ¿Cómo es posible?
La respuesta es simple: aquello que Dios había planeado que fuera fácil: “ellos lo hicieron difícil”.
¿Para cuántos de nosotros esta es nuestra propia verdad?
Procesos que Dios planeó, y por los que inevitablemente tendremos que atravesar. Procesos que están en el ADN de nuestra humanidad, pero que se alargan imponderablemente a causa de nuestra negativa o falta de cooperación.
Aquello que debe ser doloroso en esta vida, no puede dejar de serlo, pero que ese dolor se prolongue por más tiempo del debido, no es sano, ni correcto, porque no es parte del plan.
Dios sabe cuánto peso encima podemos llevar.
Aun el fabricante de autos sabe hasta que tonelaje el vehículo es capaz de llevar sin representar riesgos para el mismo.
¿No conocerá mucho mejor el Señor cuál sea nuestra capacidad de resistencia o respuesta?
Pero nosotros, al no cooperar con Dios, al no entender lo que está haciendo, al no dejarnos llevar por Él y someternos a Su plan, hacemos las cosas difíciles y largamos los procesos.
Necesitamos imperiosamente aprender a ser más prácticos y, por ende, menos complicados.
A veces dejamos que la amargura se apodere de nosotros en lugar de perdonar al ofensor.
Otras nos encerramos en nuestro pequeño mundo impidiendo a otros venir a animarnos.
A veces cerramos las ventanas al sol y sus colores y acabamos llenándonos de oscuridad y frío por dentro.
No hay nada mejor que abrir las ventanas y dejar que la brisa fresca entre y nos renueve. No hay nada mejor que salir y mirar los colores de la creación de Dios alrededor nuestro.
Definitivamente no hay nada mejor que dejar que Dios siga adelante con su plan en nuestras vidas.
El Señor, que hace la herida, tiene poder también para curarla.
Debemos dejarlo ir delante de nosotros guiándonos en los procesos de la vida. Confiar en el Señor como el apóstol Pablo y decir con él: “he guardado la fe”.
Necesitamos entender que aun las cosas difíciles no lo son tanto cuando nos proponemos dejar a Dios hacer su trabajo. C
Cuando en resumen decidimos “no hacer difícil aquello que en verdad no lo es”.
|
Mateo 9:20: “Y he aquí una mujer enferma de FLUJO DE SANGRE desde hacía doce años, se le acercó por detrás y tocó el borde de su manto”
Esta mujer nos da una tremenda lección de vida.
Enferma y todo, estaba abriéndose paso hacia una VIDA RENOVADA.
¿Cuántos de nosotros desearíamos ver un cambio en las realidades que nos toca vivir?
Personalmente, soy un profundo agradecido de lo que Dios ha hecho en mi vida, pero, honestamente, muchas de las cosas que vivo no representan lo que yo desearía, aunque eso no resta mérito alguno a lo maravilloso que Dios es en medio de todo, al tiempo que me acerca al fundamento de vida de todo verdadero cristiano (o de cualquiera que se precie como tal) en el sentido que debemos estar dispuestos a negarnos a nosotros mismos. Eso es algo que ni debemos olvidar.
La posibilidad que nuestra realidad pueda cambiar dependerá en gran medida de cuán hastiados estemos de ella.
Uno no busca cambios cuando se siente satisfecho con lo que tiene o con lo que es.
¡¡Qué nefasta enemiga es la comodidad de los cambios que Dios desea producir en nosotros!!
Pero esta mujer era una mujer que estaba poseída de una mentalidad de cambio.
El registro bíblico nos ofrece relevante información. Dice que ella venía padeciendo de este mal por un lapso ¡¡de 12 años!!
Dice además que había intentado con médicos. Que había gastado todo lo que tenía pero sin resultados favorables.
¿Cuántos hubiéramos tirado la toalla en una condición similar?
Si a veces con mucho menos que lo que ella debía enfrentar manifestamos desgano y desinterés por perseverar en busca de una solución.
Al enterarse que Jesús estaba cerca, cobró fuerza en ella la vieja idea de una solución a su problema de salud.
Pero llegar hasta Jesús no era nada fácil. Para lograrlo debió vencer al menos dos grandes escollos.
El primero de ellos, estaba relacionado con su condición física. Ella sufría de hemorragias.
Piensa en la débil condición física en que se encuentra una persona que sostenidamente, por 12 años, ha tenido episodios de pérdida de sangre.
Llegar hasta el Señor no fue tarea fácil. Él era muchas veces apretujado por la multitud de personas que buscaban de algún modo estar en contacto o cercanía con él.
Pero eso no fue impedimento para ella, y se abrió paso entre la multitud.
El segundo escollo que debió vencer fue el dogma religioso.
De acuerdo a levítico 15, una mujer en la condición física de ella (con flujo de sangre) debía estar apartada.
Imagina la lucha en su mente. Ella tenía la convicción que Jesús solucionaría su problema (así como había sabido que solucionaba el de muchos otros) pero ella contaba con esta limitante dogmática. La ley le condenaba a estar lejos de quien le podía sanar.
¿Qué hacer en semejante circunstancia?
Resolvió venir a Jesús por detrás, de modo que nadie pudiera verla, de manera que su acercamiento al Señor pasara inadvertido.
Resolvió asimismo que no tocaría AL Señor, sino el BORDE DEL MANTO del Señor.
Ella estaba luchando, jugándosela por un cambio en su vida. ¡¡Y sabemos que lo consiguió!!
Pero su victoria no vino al ser sanada, la victoria comenzó a gestarse desde su enfermedad.
Su sanidad se abrió paso en medio de su enfermedad.
A menudo Dios usa el hastío, el descontento para embarazarnos con el deseo de cambios.}
Los cambios siempre representan algo nuevo en cualquier ámbito-
¿Estás cansado de vivir como lo haces? ¿Estás cansado de que tu matrimonio, o la relación con tus hijos sea apenas aceptable?
Levantar el estándar dependerá de cuan deseosos estemos de que las cosas cambien.
Puedes saber que Dios siempre desea que las cosas buenas puedan aun ser mejor. Él es un Dios excelente y se complace en la excelencia.
Sobre esto el Señor habló a mi vida, estando yo frente al espejo. Hace unos días cuando vi un par de canas asomándose en mi cabeza.
Esas canas (me hizo ver el Señor), se están abriendo paso entre el cabello negro.
Las canas son señal que “algo está cambiando en mi”. Son señal de algo nuevo, abriéndose paso entre lo viejo.
Así como la sanidad que Jesús hizo en esa mujer, se abrió paso desde su enfermedad.
|
Mateo 25:3 "Las insensatas, tomando sus lámparas, no tomaron consigo aceite"
Diariamente tenemos que vérnosla con distintas cosas que representan peligro para nuestra vida.
Como hemos estado mencionando en este espacio de reflexiones, la vida actual está llena de peligros que van desde las cosas más triviales y cotidianas, a los ataques terroristas más organizados y despiadados.
A veces la inadecuada manipulación de un aparato eléctrico puede acabar con la vida. O el sano deseo de refrescarse en una piscina casera, puede terminar con la vida de quienes amamos.
Y si bien hay cosas en las que no podemos hacer nada, creo no equivocarme al decir que muchas de las malas cosas que nos pasan, tienen su origen en alguna forma de negligencia.
El diccionario define negligencia como “descuido u omisión”; o como la “falta de esfuerzo o aplicación”
Podemos ser negligentes en cualquiera de las áreas de la vida. Y hay 3, las que llamaré “3 F”, que a mi juicio, involucran a todas las demás. Estas son: Familia, Finanzas y Fe.
Sin importar el área en que se cometen, las negligencias siempre tienen un costo para nosotros.
La escritura habla en una parábola, de diez vírgenes que tomando sus lámparas, salieron a recibir al esposo. Ellas tenían muy presente que el esposo venía en cualquier momento.
Mientras que las vírgenes son un tipo de la iglesia, el esposo es un tipo de Cristo.
El relato enseña que el esposo tardó. Quizás más de lo que ellas presupuestaban, por lo que cabecearon y se durmieron.
A la medianoche cuando se oyó el clamor. Todas aquellas vírgenes se levantaron, y arreglaron sus lámparas, pero a las insensatas les faltó aceite.
Mientras iban a comprar, el esposo vino y se llevó a las bodas con él a las que estaban preparadas. Después de esto, cerró la puerta.
El versículo 13 dice “Velad, pues, porque no sabéis el día ni la hora en que el Hijo del Hombre ha de venir”.
De modo que Velar parece ser la clave, pero hay más.
Aunque todas se durmieron, todavía la mitad entró a las bodas. Si la clave fuera solamente estar despiertos, entonces ninguna lo hubiera logrado, pero sabemos que la mitad entró.
Debe haber algo, más allá del hecho de dormirse que les impidió entrar a las bodas.
En efecto, lo que impidió a las insensatas entrar no fue dormirse, sino haber sido descuidadas, no haberse esforzado cuando correspondía. En otras palabras: “haber sido negligentes”.
Ellas fueron a comprar aceite para sus lámparas cuando ya no era tiempo de comprar. Cuando ya no valía la pena hacerlo.
De manera casi automática surge la pregunta ¿Por qué no lo hicieron antes?
Quizás, porque no lo consideraron importante, porque no vieron el valor de ello. O porque estaban engañadas, creyendo que bastaba con esperar que el esposo viniera.
Cualquiera haya sido la razón, ellas fueron negligentes y esa negligencia les impidió entrar a las bodas.
Muchas personas descansan sobre la base de que tienen el conocimiento del tiempo que vivimos.
Entienden las señales, y saben que cada cosa que pasa es una muestra más de que el Esposo está a las puertas.
Pero no se preparan. No se esfuerzan por comprar aceite para sus lámparas. Se dejan vencer por los obstáculos y al dejar de luchar, al quedarse quietos, se adormecen AUN sabiendo la verdad, entendiendo lo que está por ocurrir.
Por todo el mundo se oye el clamor que dice: “el esposo viene”. ¿Contamos con suficiente aceite para nuestra lámpara?
Es crucial entender que eran diez vírgenes, no 5 vírgenes y 5 rameras. Lo que implica que las 10 estaban destinadas PARA EL ESPOSO.
Pero se vuelve necesario enfatizar “el valor del esfuerzo propio”.
Hay quienes dicen: “Cristo lo hizo todo en la cruz”. Por tanto, “yo no debo hacer nada”. Esa teoría no resiste análisis cuando uno entiende el mensaje que encierra esta parábola.
Entraron solo las que después de haber recibido el llamado del Señor se esmeraron por hacer diligentemente la parte que les competía para poder mantener abierta la puerta de acceso al Señor.
Como dije, la negligencia siempre tendrá un costo para nosotros tanto en lo secular como en la vida espiritual.
Si te atrasas en el pago de tus cuentas, te cobrarán intereses.
Sale caro no haber hecho lo que debíamos hacer en el tiempo oportuno. Y eso es ser negligente.
El enemigo nos marea, nos ocupa en diversas cosas sin valor para que posterguemos lo que tiene real valor.
La negligencia es peligrosa por ser un enemigo casi imperceptible cuyos efectos se dejan sentir cuando ya perdimos la oportunidad, cuando el tiempo aceptable se acabó.
Haz todos los esfuerzos que debas HOY para que no te falte lo necesario en el momento en que MAS LO NECESITES.
|
2 Corintios 1:4 “el cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que podamos también nosotros consolar a los que están en cualquier tribulación, por medio de la consolación con que nosotros somos consolados por Dios”.
¿Quién desea tener problemas? ¡¡Nadie!!
Estoy más que convencido que nadie haría una oración pidiendo a Dios que le envíe problemas. Solo pensarlo es descabellado ¿verdad?
Y lo cierto es que existen distintas clases de problemas, los que, de acuerdo a su naturaleza, tienen distintas implicancias para nuestras vidas.
En muchos casos lo triste de los problemas es que no solo lo afectan a uno, sino además tienen efectos colaterales en nuestros seres queridos o en nuestros más cercanos.
Hay problemas de rápida solución y otros que toman tiempo para poder solucionar.
Y aunque no nos gustan los problemas, estos son inherentes a la naturaleza de la vida. De modo que problemas tendremos nos guste o no.
Pero que importante diferencia hace la manera en que enfrentamos los problemas.
Soy un convencido que una de las bendiciones de tener a Cristo morando por la fe en nosotros, es que Él nos permite ver los mismos problemas que afectan a otros, con una mentalidad o perspectiva diferente.
Saberse respaldado en medio de lo que uno pueda estar atravesando hace toda la diferencia y el Señor Jesucristo se ha comprometido a estar con nosotros, sus discípulos, “todos los días hasta el fin del mundo” (Mateo 28:20)
Pero, por raro que parezca, los problemas no solo representan cosas malas. Ellos traen consigo algo muy bueno para nosotros. Ellos nos permiten al menos dos cosas sobre las cuales me voy a referir.
Uno de las cosas positivas que tienen los problemas es que ellos EXPONEN LO QUE SOMOS EN REALIDAD.
Lo que hay en nuestro interior puede estar maquillado.
Hay personas que presumen, o sinceramente piensan ser gente de fe. Esto lo creen sostenidamente en el tiempo hasta cuando atraviesan por tormentas y pruebas que les revelan que las cosas no eran como pensaban
En el momento en que la arena del desierto les quema los pies, se dan cuenta, que en vez de estar firmes y sólidos en la fe, más bien su fe es tímida, rápidamente intimidada por las adversidades y problemas.
Es realmente de mucho valor saber lo que somos.
Es que creemos muchas cosas que no son verdad. Creemos ser buenos esposos, por ejemplo, y estamos convencidos de ello HASTA que las circunstancias (problemas conyugales) revelan lo contrario.
Esto desde luego se aplica a todas nuestras áreas de vida.
Es extraño que bajo presión salgan nuestro verdadero potencial y falencias.
De modo que los problemas en ese sentido llegan a ser de gran utilidad. Especialmente si uno no quiere vivir una mentira o creyéndose cosas que no son.
Pero eso no es todo. Otro aspecto positivo que uno puede encontrar en los problemas es que ellos nos dan la posibilidad de SER CONSOLADOS.
Cuando todo está bien uno no necesita consuelo.
El pasar por largos periodos de bonanza en la vida, a veces tiene un efecto contraproducente porque nos insensibiliza frente a las necesidades de los demás.
Es como decir lo siguiente: para la gente de muchos recursos es difícil entender que haya personas que viven con lo esencial.
Quizá lo entiendan muy bien en la teoría pero en la práctica está lejos de ser una realidad para ellos.
Como consecuencia es bien difícil que yo me identifique con las necesidades suyas.
Pero eso cambia sustancialmente cuando yo mismo soy afligido o cuando vivo periodos de privaciones.
Esas circunstancias adversas me llevan (enseñan) a ser empático con los más necesitados. Abren mis ojos a una necesidad hasta entonces, desconocida para mí.
En medio de esas dificultades yo necesito ser consolado, y puedo de mejor forma consolar a otros que pasen por una situación similar.
Cuando los problemas me llevan a ser más humano. Cuando por causa de las adversidades me acerco a Dios. Cuando por vivir problemas soy expuesto por lo que soy y siento la necesidad de abrirme para recibir el consuelo de Dios, es cuando puedo decir, sin temor a equivocarme, que los problemas han servido para algo bueno.
Es cuando tener problemas no es tan malo.
|
Juan 10:10: “El ladrón no viene sino para HURTAR y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia”.
No porque el que tema se haya agotado, pero cerrando esta idea que la ocasión hace al ladrón, quiero referirme a un aspecto de este asunto que me parece muy notable.
En la definición de hurto, está la idea que este se realiza sin uso de la fuerza, sin violencia. Como un hermano de la congregación, muy acertadamente me hiciera ver, el hurto es que alguno “tome algo de mi pertenencia que yo dejé abandonado”.
Las sociedades tienden a ser drásticas para censurar y castigar (cuando se puede) cualquier forma de violencia porque la violencia atenta contra las personas.
Somos drásticos y duros contra el violador o el asesino, pero hay delitos de cuello y corbata que suceden diariamente delante de nuestros ojos, los cuales no son tan enfáticamente reprochados.
Esta clase de delito más civilizado es oportunamente cubierto mediante el uso diestro que los grupos de poder ejercen sobre los medios de comunicación.
Esta poderosa influencia hace que las cosas rápidamente vuelvan a fojas cero.
Esto pasa muy frecuentemente y aunque somos afectados, no hacemos mucho al respecto, porque sucede sin violencia
Un sino de nuestra sociedad es estar marcada por el incremento de delitos que no usan la violencia de modo personal. Es como si la maldad se hubiese sofisticado.
En nuestro país las personas somos víctimas, cada vez más, de esta clase de delitos, que no tienen tanta notoriedad porque como ya dije no son violentos.
El problema es que aun cuando no se use la fuerza en esos delitos, ellos están arraigados con mucha fuerza en la sociedad y producen muchos estragos, muchas pérdidas.
Hay cosas grandes y pequeñas que nosotros hemos dejado abandonadas que corren el alto riesgo de ser hurtadas.
El descuido como ya he mencionado, es más devastador de lo que pensamos.
No necesitamos hacer nada malo. Todo lo que debemos hacer es nada, es decir, dejar algo abandonado. Los resultados se dejarán ver en su debido momento.
¿Cuántas personas (enemigos) están pacientemente esperando ese descuido de nuestra parte?
Si el enemigo está al acecho, debemos tener presente que esperará que actuemos negligente o descuidadamente. Que dejemos algo abandonado para poder hurtarlo, para echarle mano.
De las muchas áreas de la vida en que podemos ser descuidados, la vida espiritual es quizá la más delicada de todas.
Francamente ser descuidados en esta área nos pasará la cuenta en algún minuto del camino.
Descuidar nuestra comunión con Dios nos separa de Él y de los recursos que Él ha dispuesto a nuestro favor.
Otorga al mismo tiempo una mejor opción al ladrón para actuar en nuestra contra, no porque Dios decida no ayudarnos sino porque nosotros mismos nos endurecemos y volvemos insensibles a su voz.
Descuidar a Dios, Su palabra, Su presencia en nuestra vida es abrir de par en par las puertas al ladrón.
Es concederle al enemigo la oportunidad que siempre espera para despojarnos de Dios y de lo que Él tiene para nosotros.
Espero que no olvides querido lector, que “la ocasión es lo que espera el ladrón”.
|
Juan 10:10: “El ladrón no viene sino para HURTAR y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia”.
En el devocional de ayer definí la palabra Hurtar. Dijimos que hurtar era tomar o retener bienes ajenos contra la voluntad de su dueño, pero sin hacer uso de la violencia.
Y esta definición es muy interesante, porque deja entrever que en la naturaleza del hurto no está el usar la fuerza para despojar a la víctima, sino aprovecharse de las circunstancias que otorga la víctima.
Trabajando con personas, escuchando sus problemas, me he podido percatar que la gran mayoría de sus aflicciones no viene como resultado de algo estrepitoso que haya acontecido de un momento a otro, sino más bien como producto de haber sido descuidado (negligente) con esas áreas por un tiempo significativo.
A causa de estar ocupados somos muy susceptibles de dejar de hacer cosas importantes.
¡¡Tanto se ha hablado de lo importante y lo urgente!!
De cuan vital es no postergar lo importante por atender continuamente a cosas urgentes.
Si todo el tiempo estamos apagando pequeños fuegos, nunca llegamos a ocuparnos del incendio, que es lo que realmente importa.
Quiero decir que muchas de las cosas que nos duelen y afligen no llegaron con violencia hasta nosotros, como tampoco en los hurtos se usa la violencia.
Más bien, se fueron abriendo paso de manera lenta pero sostenida.
Lo que hace exitoso un hurto no es la violencia del asaltante sino el elemento sorpresa.
El ataque sorpresivo, inesperado es desconcertador para quien lo recibe.
Aquello que nos toma por sorpresa, suele ser devastador.
Hay temas (áreas) que descuidamos de manera continua y curiosamente cuando el problema se nos vino encima, nos sentimos sorprendidos
¿Debería sorprendernos? Pienso que no.
Como sea, intencionadamente o no, el ladrón aprovechará nuestro descuido para atacar.
El delincuente estudia y espera el momento preciso.
En el caso de los hurtos el delincuente suele seguir a la futura víctima, que ha sido previamente seleccionada.
Prima en este criterio de selección, notar que la víctima se encuentre descuidada, esto es, atendiendo otras cosas.
Muchos de los problemas que surgen al interior del matrimonio, por ejemplo, no los percibimos como tales.
Es solo una vez que la bomba estalló (digamos, que el ladrón hurtó) que nos damos cuenta que estábamos ocupados atendiendo otros asuntos, y no alcanzamos a notar que algo estaba siendo descuidado en este ámbito de modo continuo.
Lo mismo es cierto en las relaciones con los hijos.
No pretendo ser crítico con los padres (¡¡vaya que desafío es serlo!!) sino más bien reflexivo con hechos objetivos, y estos revelan que hay una crisis comunicacional en las relaciones entre padres e hijos.
Las razones son variadas. Pero el común denominador es el descuido de esta relación.
Podemos ser extraños viviendo en la misma casa.
A veces como padres, colocamos nuestras expectativas tan por encima de los reales intereses de nuestros hijos que no llegamos a percatarnos que estamos intentando hacerles vivir una vida que para nada es consecuente con sus intereses.
No es raro oír a los muchachos quejarse de que sus padres no les escuchan (y créame que yo creo firmemente que a algunos lo único que les falta es una buena corrección) pero hay tantos que legítimamente se sienten abandonados por sus progenitores.
Encuentran refugio, además de oídos prestos a escucharles, donde nosotros como padres menos quisiéramos, pero ¿qué se puede esperar si cada vez que nos comparten sus cosas (no las que nos gustaría escuchar) los censuramos y criticamos?
¿Quién quiere conversar con alguien que termina cada conversación en un sermón?
Perdemos los mejores momentos con nuestros hijos por estar tan prestos a sermonearlos cada vez que tenemos oportunidad.
El ladrón verá en esto una oportunidad formidable para robar y no lo hará por medio de la fuerza, sino con sutileza.
Usando el factor sorpresa de repente veremos que hemos perdido a nuestros hijos.
El grupo de la esquina los habrá ganado.
Nos quejamos de que nuestros hijos se la llevan en el computador, en las redes sociales, en el chat y cuando tenemos oportunidad de hablar con ellos, queremos que ellos hablen de las cosas que A NOSOTROS nos parecen o agradan.
¿Debería sorprendernos que prefieran estar en el chat donde pueden ser auténticos?
No debemos olvidar: “el ladrón vino para hurtar, pero él sólo hurtará lo que nosotros le permitamos, lo que nosotros descuidemos y entreguemos en sus manos. Continuará…
|
Juan 10:10: “El ladrón no viene sino para HURTAR y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia”.
Uno de los principales problemas de nuestras sociedades es la relacionada con la falta de seguridad social.
Muchos viven en constante angustia a causa de la proliferación de la maldad social en las urbes.
Incluso los sectores que solían caracterizarse por ser más tranquilos no se escapan de los hurtos.
Para entender mejor la idea, es conveniente definir la palabra.
Hurtar es “tomar o retener bienes ajenos contra la voluntad de su dueño, pero sin hacer uso de la violencia”
Los hurtos son pan de cada día en ciudades como Santiago de Chile.
La falta de medidas verdaderamente ejemplares contra los delincuentes sólo les proporcionan a estos una plataforma más amplia para cometer sus fechorías.
El descontento social, tiene en este sentido, razones más que justificadas. Y si alguna vez las sociedades han de ser justas, no será en nuestros días. Porque mientras el temor de Dios y Su palabra no sean centrales, no habrá justicia verdadera.
Pero hay algo que deseo establecer con fuerzas en esta reflexión y es que el ladrón solo puede hurtar cuando le damos la oportunidad.
En otras palabras: “sólo nos roba lo que le permitimos robar”. Solo nos roba aquello que descuidamos.
El hurto como ya definí es el acto de tomar bienes ajenos sin usar violencia.
Los delitos más comunes son de este tipo, en que el delincuente busca a algún transeúnte desprevenido para arrebatarle con rapidez algún objeto de valor.
Como las tecnologías han cambiado, el espectro de objetos que se pueden hurtar ha crecido.
Hace algunos años, esto estaba estrictamente limitado al hurto de maletines, portafolios, carteras y joyas que las personas llevaban puestas. Pero hoy en día, hay otros elementos codiciables. Me refiero a computadores portátiles, celulares, mp3s y otros similares.
Los métodos también han cambiado y se emplean con astucia artimañas para engañar a las víctimas.
¡¡Es que el ingenio da para mucho!!
Lo que no cambia es el patrón que posibilita estos delitos, y este es el descuido.
La idea es simplemente que el ladrón robará “lo que uno le permita robar”.
El ladrón aprovechará “nuestro descuido” para tomar aquello que nos pertenece.
¿Con cuántas cosas importantes de la vida somos descuidados?
Descuidamos nuestras relaciones. Somos descuidados en la administración de los recursos, somos descuidados con nuestra vida espiritual.
¿Qué hará el ladrón con esos descuidos? Lógicamente aprovechará las oportunidades que le brindemos para tomar lo que pueda tomar.
Muchos padres sufren por sus hijos, si bien, fueron han sido descuidados con ellos. No han cultivado una relación. Se han limitado a ser buenos proveedores solamente.
Otros lamentan la ruptura de su relación amorosa, pero descuidaron al otro. No le dieron tiempo, ni cuidado y de repente, un día se encontraron sin el otro.
Lo mismo pasa con lo espiritual.
Cuando dejamos de lado la comunión Dios, cuando dejamos de considerar la palabra de Dios y sus principios, el resultado esperable es que “perdamos algo” en términos espirituales.
Francamente no podemos esperar tener una comunicación fluida con alguien con quien no nos relacionamos más que esporádicamente.
Por ello considero oportuna esta reflexión: el ladrón hurtará lo que tengamos descuidado.
Y estoy seguro de que tu concordarás conmigo en que hay cosas que no se deben descuidar.
Aunque no esté en la biblia, el popular dicho tiene mucho de cierto: “la ocasión hace al ladrón”.
|
Mateo 27:31 “Después de haberle escarnecido, le quitaron el manto, le pusieron sus vestidos, y le llevaron para crucificarle”.
¿Cuántas veces has sentido ganas de tirar la toalla?
Sobre todo, cuando, por más que nos esforzamos las cosas no resultan, somos tentados a abandonar la tarea porque nos cansamos de insistir.
En los diversos roles que nos toca cumplir, no es raro sentirnos frustrados cuando las cosas no nos resultan o cuando no logramos los resultados que esperamos.
A todo nivel, ya sea como padres, en nuestra relación conyugal, en nuestro desempeño laboral o profesional, y también en la vida cristiana, nos enfrentaremos a situaciones que nos pondrán en la encrucijada de si tiramos o no la toalla.
Pienso que en la vida cristiana es donde más fuerte sentimos esta tentación.
No debemos nunca perder de vista que los cristianos tenemos un enemigo declarado, uno cuyo objetivo es convencernos de que no somos lo suficientemente buenos para satisfacer los requerimientos de la vida cristiana.
Este enemigo archiconocido, se ha tomado como una tarea personal contra los cristianos el convencernos para que tiremos la toalla y abortemos el plan de Dios.
Su plan normalmente contiene la idea de desanimarnos y para ello ocupa toda clase de artimañas. De ellas, quizá la que más dividendos le produce es la de llevarnos a poner la mirada en nosotros mismos (ya sea para bien o para mal) y así quitarla del Señor, quien es nuestro verdadero baluarte y sostén.
¿Cuántas veces hemos dejad0 de seguir al Señor en algo, por haber caído en esta trampa? ¡¡Muchas, sin duda!!
Por extraño que parezca al enemigo le va muy bien con esta estrategia.
Muchos han sido convencidos que la vida cristiana no era para ellos. Ya sea porque eran demasiado malos para esa clase de vida o por el contrario, creer que son lo suficientemente buenos como para necesitarla.
Así como no debería extrañarnos encontrar obstáculos en nuestro deseo de seguir a Cristo, tampoco debería extrañarnos que el enemigo intente persuadirnos a tirar la toalla, a abandonar la fe, y dejar el camino de Dios.
Nuestro mejor ejemplo en esto es Cristo mismo. El sufrió toda clase de detracciones, pero jamás claudicó y aunque alguno podrá decir: “bueno, pero era Jesús”, frente a ello puedo agregar que Jesús nunca se aferró a su porte de ser Dios.
Lo que hizo, lo hizo como hombre semejante a nosotros, sujeto a nuestras mismas debilidades. Y logró acabar la carrera en victoria y en esto radica su mayor mérito.
Una de las cosas que le hicieron vencer fue este entendimiento. Jesús sabía que el enemigo era un engañador que intentaría (nos consta que lo hizo) persuadirlo a abandonar el plan divino, a tirar la toalla.
Jesús nos ofrece un magnífico ejemplo de perseverancia.
El debió cargar esa cruz, después de haber padecido mucho a causa de los castigos físicos que le propinaron los centuriones romanos, expertos en el arte de hacer sufrir a los condenados a la cruz.
Nuestro Señor se mantuvo en pie hasta que ya no pudo más, pero ¡¡jamás soltó la cruz!!
Debo decir que Jesús cayó bajo el peso de la cruz pero nunca se deshizo de ella. Él no claudicó, no tiró la toalla.
Muchas veces sentimos que el peso de las circunstancias nos trae abajo, pero Dios siempre sabe enviarnos la ayuda necesaria para acabar lo que empezó en nosotros.
Hay un hermoso canto de un hermano que dice “mi trabajo es creer”, y creo que él tiene toda la razón.
Nuestro trabajo es creer (no dudar) que Dios sabe lo que está haciendo. Creer que Él es poderoso para acabar lo que comenzó en nosotros, y creer que nuestro trabajo es mantenernos junto a Él hasta el fin.
Los cristianos tenemos prohibido tirar la toalla porque en verdad, ¡no hay necesidad de hacerlo!
|
1 Pedro 4:12 “Amados, no os sorprendáis del fuego de prueba que os ha sobrevenido, como si alguna cosa extraña os aconteciese”
Es curioso, pero en muchas ocasiones nos complicamos con situaciones que no deberíamos complicarnos.
Ciertas cosas, siguiendo su curso natural, resultan en lo que deben resultar.
Por ejemplo, no es raro que un médico reciba en su consulta la visita de personas enfermas, personas que padecen molestias relacionadas con la salud.
Nos parecería muy raro que un doctor se molestara por recibir pacientes enfermos. Los médicos están para ayudar a las personas que presentan problema de salud ¿verdad?
Siguiendo esta lógica de pensamiento, los cristianos muy frecuentemente nos complicamos por causa del maligno.
Particularmente nos complicamos cuando el maligno se nos pone por delante para obstaculizarnos en nuestro andar con Dios.
Pero ¿por qué complicarnos con esta situación que simplemente responde a la naturaleza de lo que diablo es y de su función como adversario de Dios y de quienes le quieren obedecer?
Los cristianos nos desanimamos cuando el enemigo se nos pone por delante, en lugar de entender que eso es algo tan básico, tan normal, tan natural de nuestra peregrinación como hijos de Dios sobre esta tierra, como el que umedico atuebnda a gente enferma
Es como si los cristianos nos rehusáramos a tener problemas.
Tal vez esto ocurra como el resultado del mensaje equivocado que se ha entregado desde algunos púlpitos.
He oído predicadores decir: “si quieres que tus problemas se resuelvan, debes venir a Cristo”.
Nuestros problemas no se resuelven por venir a Cristo. La verdad es que en muchos casos nuestros rbolemas comienzan cuando venimos a Cristo.
Lo que Cristo hace es resolver nuestro problema con Dios en relación con nuestros pecados.
Cuando venimos a Cristo, Él se hace cargo de los cargos que hay contra nosotros a causa de la vida pecaminosa que hemos llevado.
En ese sentido, Cristo soluciona nuestro problema, pero en cuanto a las demás cosas, ellas no se resuelven simplemente por venir a Cristo (hablaré de esto en otra ocasión, Dios mediante)
Sin embargo, el asunto es que no debería sorprendernos tener problemas a causa de seguir al Señor, porque seguir al Señor tiene como resultado natural el que tengamos problemas. Sería insensato pensar que el diablo nos va a dejar acercarnos a Dios sin problemas, cuando su trabajo es precisamente ese: obstaculizarnos en nuestro acercamiento a Dios para que el plan divino no se llegue a completar en nosotros.
De tal manera que no debe extrañarnos sentir oposición tener obstáculos. Más bien deberíamos estar preparados anímicamente para encontrarnos con tal clase de situaciones.
Sé que no podemos manejar todas las variables, pero el elemento sorpresa suele ser muy efectivo cuando de desanimar se trata. Si no estamos mentalizados con la idea que el enemigo intentará detenernos y desanimarnos, lo más seguro es que logre hacerlo.
Por obvio que parezca, muchos cristianos sinceros se sienten desaminados cuando el enemigo se les pone en frente.
¿No deberíamos estar armados con el pensamiento que tal clase de oposición será cosa común?
Curiosamente muchos hermanos se sienten entristecidos cuando esto ocurre. A veces llegan a cuestionar incluso la fidelidad de Dios.
Muchos se conjeturan cómo es que el enemigo pueda pararse en medio para impedirles hacer la voluntad. ¡¡Si eso es lo que el diablo siempre ha tenido por propósito hacer!!
Francamente hay mucho que decir sobre este asunto, pero por lo pronto solo quisiera dejar en tu corazón este pensamiento: “hay cosas no nos deberían sorprender por ser “gajes del oficio” de ser discípulos del Señor”.
|
Génesis 5:22-24 “Y caminó Enoc con Dios, después que engendró a Matusalén, trescientos años, y engendró hijos e hijas. Y fueron todos los días de Enoc trescientos sesenta y cinco años. Caminó, pues, Enoc con Dios, y desapareció, porque le llevó Dios”.
Nadie podría estar en desacuerdo con la que idea que vivimos tiempos muy complicados en todo el sentido de la palabra
Son tiempos desfavorables para las sociedades, para las economías, y también para la fe y frente a tiempos como estos es fácil justificarse para ceder y hacer lo que todos los demás están haciendo.
Precisamente a causa de las circunstancias es fácil justificarse en las circunstancias.
Los hombres han bajado los estándares de la moral porque “los tiempos son difíciles” (dicen ellos), y por tanto, hay razones para hacerlo.
¿Cuántas personas justifican lo injustificable basándose en las cosas que ocurren alrededor?
Gente que justifica los desórdenes callejeros porque después de todo, la gente tiene derecho a expresarse y exigir sus derechos.
Gente que justifica las muertes de otros (como ocurre en los miles de abortos) porque tienen derecho a realizarse y esa criatura no estaba en los planes, vino como producto de un acto irresponsable, del desenfreno o de un mal cálculo en las fechas.
Gente que aprovecha las instancias de poder en las que están, para despojar a las naciones y pueblos que deberían servir (eso incluye lo que muchos pseudo ministros de Dios hacen en las congregaciones que dirigen).
Tantas cosas se podrían escribir y no saldrían de este contexto: “los tiempos son malos, son complejos”.
Pero claramente eso no es justificación, mucho menos para quienes tenemos la fe puesta en Dios, para quienes tenemos la vida de Cristo como nuestro ejemplo de vida.
Nuestro texto habla de un hombre llamado Enoc y los versículos aledaños al texto, describen la condición de los hombres y de la sociedad en el tiempo en que Enoc vivió.
Eran definitivamente tiempos complejos, por decir lo menos.
¿Qué clase de tiempo eran?
Bueno, eran tiempos de revolución sexual (Lamec tenía dos mujeres), eran tiempos de migración (sociedad nómade), eran tiempos de producción y manufactura (en que se trabajaban metales como el bronce y el hierro), era una época musical (en la que Jubal fue mentor de flautistas y arpistas) y, por cierto, eran tiempos muy violentos!! (tiempos de odio y de venganza)
En medio de esa clase de sociedad, Enoc, séptimo desde Adán, se mantuvo del lado correcto.
En medio de la violencia, de la revolución sexual existente, de los cambios y avances de su época, este varón se propuso caminar junto a Dios.
Como muestra de Su aprobación, Dios se lo llevó. ¡¡Qué gran ejemplo de lo que será el arrebatamiento de los santos descrito por el apóstol Pablo!!
Es importante hacer notar aquí que Enoc (a diferencia de muchos creyentes contemporáneos nuestros) no camino PARA Dios solamente, sino que caminó CON Dios.
¡¡Qué clave resulta entender este precepto!!
Nuestra frecuente tentación es hacer algo y luego esperar que Dios esté contento con nosotros por haberlo hecho.
Pero así no es como funcionan las cosas en el Señor.
Dios se agrada cuando actuamos sobre la base de Su Voluntad. Cuando nos involucramos en planes y proyectos con los que Él está involucrado.
Me parece justo recordarnos que para Dios siempre será mejor la obediencia que los sacrificios.
Los tiempos malos en que Enoc vivió no fueron excusa para impedirle caminar con Dios.
En medio de todo, Enoc caminó en Amor, en Verdad y en Fe. ¡¡Enoc caminó en el Espíritu!!
Para mi Enoc es un tipo de la iglesia. De la iglesia de Jesucristo que es arrebatada.
Los que andan en el Espíritu serán arrebatados para estar para siempre con el Señor.
La manera de poder estar CON el Señor en el cielo es caminando CON el Señor aquí en la tierra.
Creo que hay en esto, algo importantísimo sobre lo cual meditar: “mientras que la clave es caminar CON Dios, nosotros hemos encontrado en las justificaciones una clave para NO ANDAR CON ÉL”.
Un día que debía ser como cualquier otro, Enoc estaba caminando con Dios. La gente seguía en lo suyo: los hombres buscando tener sus mujeres, los músicos ocupados en su música, otros ocupados en sus negocios y quehaceres... pero de repente Enoc, ya no estuvo más.
No había estado haciendo nada especial, sólo lo que acostumbraba hacer “caminar junto a SU Dios” y Su Dios se lo llevó.
No sabemos a qué hora Dios nos vaya a llamar a SU Presencia pero que bueno sería, que nos encontráramos como Enoc, ¡¡caminando con Él!!
|
Mateo 13:57 “Y se escandalizaban de él. Pero Jesús les dijo: No hay profeta sin honra, sino en su propia tierra y en su casa”.
¡¡Qué fuerte afirmación hace aquí el Señor y cuán cierta también!!
Que penoso es para alguien cuando las personas de las cuales desearía recibir reconocimiento por sus méritos o trabajo no lo hacen.
De poco sirve que todo el mundo pueda valorar sus virtudes si aquellos de los cuales se espera tal reconocimiento no lo conceden.
Por supuesto, no debemos esperar adoración. ¡¡Eso le pertenece a Dios solamente!! Pero una palabra de gratitud, de estímulo es tremendamente inspiradora y reconfortante.
Tal vez el aliciente más grande que uno pueda tener es que las personas reconozcan el esfuerzo y trabajo que uno realiza.
Jesús puso el dedo en la llaga cuando afirmo que un profeta no era reconocido en su tierra ni entre sus parientes.
Hay personas que explican esto en virtud de los defectos que los más cercanos pueden ver en uno. Pero ¿cuántos defectos se podían encontrar en la vida de Jesús?
La verdad es que tu no necesitas tener muchos defectos para que las personas no reconozcan lo que haces, su sola incapacidad de reconocer es suficiente.
Muchos padres se sienten frustrados cuando de sus hijos solo reciben críticas.
Muchos hijos se sienten airados contra sus padres porque de ellos solo reciben quejas.
Muchos cónyuges tienen serios problemas maritales porque el otro carece de la capacidad de valorar sus esfuerzos, y trabajo.
A menudo sentimos que nosotros hacemos el trabajo difícil y que el otro no. Nos confundimos con este modelo de hacer 50 y 50 por ciento del trabajo.
Es cierto que yo hago el 10 y el otro el 90, en algunas cosas, pero en otras, yo hago el 90 y el otro solamente el 10.
La manera en que determinamos este tema no siempre es el más salomónico u objetivo, pero más concretamente, gran parte de los problemas que enfrentan algunos matrimonios se originan en que sienten que el otro no valora o no reconoce su aporte.
Es precisamente en casa donde ese profeta (llámese esposa, esposo) no recibe honra sino que se queda sin el merecido reconocimiento.
No reconocer es derechamente un pecado muy feo y común, porque implica no darle a quien lo merece, aquello que es justo.
La falta de reconocimiento es una injusticia, y la injusticia es una muy común manera de pecar.
Hay miles de personas heridas en todo el mundo por culpa de alguno que fue (y sigue siendo) incapaz de reconocer su quehacer.
El profeta, como tal, tiene la gran responsabilidad de transmitir un mensaje que no siempre es bien recibido. Su mensaje es uno de corrección, de regreso a la voluntad de Dios.
Las personas se escandalizan con tal clase de mensaje.
Todos quieren oír un mensaje alentador: que Dios está cercano para ayudarnos y socorrernos en nuestras angustias, por ejemplo, pero son pocos los que quieren el paquete completo, el cual incluye la corrección y reprensión del Señor cuando nos desviamos de Su camino.
La gente se escandalizaba de Jesús y no eran los ajenos a Él, sino sus coterráneos, quienes supuestamente mejor le conocían en su fuero humano.
No importa si sea contra Jesús o contra cualquier otra persona: no reconocer, no dar honra a quien lo merece es una falta, un pecado y Dios desea que hagamos algo al respecto.
|
Hechos 5:32 “Y nosotros somos testigos suyos de estas cosas, y también el Espíritu Santo, el cual ha dado Dios a los que le obedecen”.
Según podemos ver por las evidencias que entregan los hechos cotidianos, para la mayoría de las personas hacer la voluntad de Dios no es un asunto relevante.
Para la mayoría de las personas es relevante contar con la ayuda de Dios para la realización de sus proyectos, pero no planificar sus proyectos basados en la voluntad de Dios.
De aquí surgen una serie de complicaciones que son el producto de escoger por nosotros mismos.
Para hacer más comprensible esta idea creo que una ilustración puede ser muy útil.
¿Qué pensarías tú si un constructor que sabe muy bien cómo pegar ladrillos, hacer mezclas (y que puede tener muchas nociones de cómo edificar) abandonara el plano del arquitecto y se embarcara siguiendo un plan propio en la construcción de tu casa?
Honestamente pienso que uno no viviría en esa edificación con la misma confianza que si hubiese sido edificada apegada al plano arquitectónico.
Así, vivir en base a nuestro propio plan, concede riesgos que de otro modo se evitarían si siguiéramos el plan divino.
Pero ahora, en el caso de aquellos que ya saben cuál es el diseño del plan de Dios para sus vidas, lo que queda es actuar.
Por razones que seguramente son atribuibles a nuestra humana naturaleza, nos cuesta actuar en base a lo que ya sabemos es correcto.
He oído a muchas personas decir: “si tan solo supiera lo que Dios desea de mi”.
Frente a lo cual muchas veces respondo: “tú crees que tu problema es no saber lo que Dios quiere, pero (me he dado cuenta que) el verdadero problema comienza cuando ya sabemos lo que Él espera de nosotros”.
Es ahí cuando viene la oposición, la que (dicho sea de paso) no siempre viene del enemigo. Muchas veces viene de nuestra parte.
Hay un tiempo en que Dios trabaja en nosotros, preparándonos para la tarea que va a encomendarnos. Dios es un Dios de anticipación.
Aun antes que el problema del pecado surgiera, Él ya tenía una solución para ese problema.
El apocalipsis es una magnífica prueba de la capacidad de anticipación que Dios tiene sobre las problemáticas terrenales del hombre, su alma y el destino eterno de esta.
Dios tiene bajo control todas las variables necesarias. Así que el problema es nuestra respuesta.
Frente a la voluntad revelada de Dios pocas veces respondemos con obediencia y acción inmediatas.
A veces preferimos poner el tema en oración. Otras veces escogemos tomar un tiempo para replantearnos la situación y evaluar lo que haremos. Pero tal parece que ese es el camino equivocado.
Tampoco Dios espera que actuemos precipitadamente o de manera alocada. Actuar de ese modo genera muchos conflictos y trae como resultado muchas experiencias dolorosas.
Hay tiempo para todo, y una vez que Dios nos ha dado a conocer lo que desea, nuestra mejor respuesta (la única que Él desea recibir) es actuar en base a ese conocimiento, a esa voluntad.
Así, queridos lectores, cuando hayamos sido persuadidos por el Señor de cuál es su voluntad para nosotros, lo que debemos hacer es movernos para hacer.
Hay momentos para esperar, orar y buscar dirección pero una vez que Dios nos ha hablado, es tiempo de levantarnos, actuar y ver como Dios produce, por medio de nuestra obediencia, Su buena voluntad.
De esto no hay que arrepentirse. Esto es lo que hay que hacer.
|
Lucas 5:16 “Mas él se apartaba a lugares desiertos, y oraba”.
En la actualidad, por causa del estilo que impone la vida actual, normalmente agitada, cargada de muchas actividades, se hace cada vez más difícil apartarse para orar.
Las personas nos vemos envueltas en el carril de alta velocidad de esta vida moderna, y no cuesta un mundo, conseguir ese tan necesario tiempo para a estar a solas con nosotros mismos, a solas con Dios.
Los compromisos laborales y familiares, las tareas de los hijos, las compras, y otra veintena de otras importantes, nos dejan casi sin tiempo para a estar a solas, y hacer oración.
Creo que la palabra del Señor establece con mucha claridad que Dios no espera que seamos religiosos en nuestro acercamiento a Él.
Sin duda lo que Dios quiere es que tengamos comunión con Él, más allá de si estamos en un lugar apartado. Pero nio sería justo restarle la importancia a lo que Jerspus nos ensela aquí.
El apartarse sugiere la necesidad de poder estar en comunión con Dios sin ser interrumpidos por la presencia de otros o por las demandas de otros.
Una persona que haya de verdad intentado buscar a Dios en oración, habrá comprobado de manera personal, que en esta empresa nos encontramos con muchas oposiciones.
Tú nos serás tan interrumpido cuando quieras sentarte a ver una película, o divertirte haciendo cualquier otra cosa, como cuando hayas decidido tomar un tiempo para orar al Señor.
Las distracciones e interrupciones más impensadas se harán presentes.
¡¡Es que la oración es demasiado importante!!
Tener un cuchillo sin filo es casi tan inservible como no tener uno. Tú necesitas llevar ese viejo cuchillo a una persona que pueda darle el filo que necesita.
No estoy pensando en usar ese cuchillo para dañar a alguien sino para que realmente sirva su razón de ser que es cortar o rebanar.
La oración produce en nosotros ese filo, esa efectividad.
Cuando abandonamos la oración empezamos a actuar sobre la base de nuestra prudencia, de nuestra humanidad, y un cristiano debería saber que si ha nacido dos veces, no es para seguir viviendo gobernado por una mentalidad terrenal.
Si bien estamos en este mundo no somos de este mundo. No deberíamos buscar conformarnos a este mundo.
Otra vez Dios lo dice: “si habéis resucitado con Cristo, poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra”
¿Cómo se logra esto? En gran medida se logra cultivando una vida de oración.
Y una buena vida de oración se alcanza apartándonos como lo enseña Jesús aquí.
Nos sorprende la claridad de mente con la que Jesús actuaba, la firmeza de su doctrina, su dominio propio, su inalterable compromiso en transmitir la voluntad del Padre, costara lo que costara.
Bueno, todo ello (claro está), no es producto de la suerte o de la casualidad.
Muchos deseamos tener lo que Cristo tenía, pero no estamos dispuestos a pagar el precio que Él pagaba, me refiero a su disciplina.
Decimos no tener tiempo para orar, pero no nos falta el tiempo para sentarnos frente al televisor a mirar un programa que dura una hora o más.
Podemos estar todo ese tiempo entretenidos frente al televisor, pero no entregamos, proporcionalmente hablando, el mismo tiempo a la oración.
¡¡Y luego nos sorprende por qué nuestra espiritualidad es tan baja!!
Si hay alguien que tenía mucho trabajo era Jesús.
Piensa por un momento en todas esas personas enfermas, endemoniadas, leprosas, hambrientas, aquejadas de diversos males, que lo buscaban porque veían en él, la oportunidad de sus vidas para salir de sus desgracias y males.
No es raro que tuviera que apartarse, buscar un lugar lejos de la multitud, lejos de toda la gente que venía a él en busca de un milagro, de su ayuda, para así poder dedicarse a la oración
Jesús entendía que la oración era más que algo bueno para hacer, era parte de su misión, un aspecto fundamental para ser exitoso en llevar adelante el propósito celestial.
Las cosas más maravillosas que vemos ocurrir en la palabra de Dios vienen como respuesta a la oración de alguno, ya sea de Cristo, de un padre o una madre afligidos por la situación de sus hijos, de un hombre o mujer enfermos, lo que sea, las grandes maravillas, incluyendo la liberación de Israel de su esclavitud y la redención misma del hombre, son resultado de la oración de alguno, de la obediencia de alguno.
¿Podemos darnos el lujo de no orar? Yo creo que no.
¿Qué piensas tú?
|
Mateo 7:5 ¡Hipócrita! saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás bien para sacar la paja del ojo de tu hermano.
Toda la palabra de Dios está cargada de profundas y valiosísimas lecciones.
Como he repetido en variadas oportunidades, nosotros no prestamos suficiente atención a esas lecciones y en lugar de evitar los problemas, pasamos por ellos, teniendo que asumir los costos.
Pero hoy día quisiera referirme a un tema no menor en importancia. Esto es: el juzgar a los demás.
Antes que todo, debo señalar que cotidianamente estamos emitiendo juicios. Ninguno de nosotros se escapa de esta necesidad de tener que evaluar situaciones, lugares, personas, actitudes, instituciones, movimientos y otros asuntos.
Muchas veces durante el día nos vemos en la necesidad de tener que evaluar (juzgar) alguna situación dada.
He conocido a muchas personas que tienen como norma “no juzgaré nada, no juzgaré a nadie”.
Desde luego, juzgar es algo complicado. La biblia misma dice que con la medida con que medimos, seremos medidos (de vuelta). De modo que debemos ser criteriosos a la hora de medir (juzgar) lo que otros hacen o lo que pasa más allá de nosotros mismos.
Pero si bien es sano evitar juzgar situaciones que no nos corresponden, o tener cuidado con la forma en que juzgamos lo que otros hacen o dejan de hacer, no debemos tener temor a expresar nuestro punto de vista, siempre que lo hagamos de manera adecuada, esto es, guardando tener el espíritu correcto.
Pero tener el espíritu correcto a la hora de hablar no es todo. El punto, quizás, más relevante a la hora de juzgar (entiéndase entregar nuestra personal perspectiva de las cosas) es lo que Cristo mencionó cuando se refirió a “ver la paja en el ojo ajeno”.
Esa enseñanza, a mi juicio, sentó el precedente bíblico más contundente, para ser libre del prejuicio de poder expresar nuestra opinión.
Algunos defienden la postura que dice “no juzgues nada”. Personas cuya regla de vida es “no te metas, no opines, mantente al margen”. Y honestamente, es muy sano mantenerse al margen, ¡mientras sea posible!
El problema es que hay cosas de las cuales no podemos hacer vista gorda, no cuando conocemos a Dios, no siendo cristianos.
A Jesús le hubiera resultado muy sencillo (y personalmente beneficioso también), haber guardado silencio de las cosas que veía ocurrir en sus días.
El odio que sentían fariseos y escribas se derivaba fundamentalmente del hecho que Jesús se metía (opinaba) en asuntos que a ellos les afectaban de manera muy directa.
Muchos discípulos murieron como mártires por no guardar silencio. Murieron por
seguir el ejemplo de Su Señor.
De haberse callado la boca se hubieran evitado críticas, dolores, e incluso la muerte en muchos casos.
Pero el cristiano sabe que cerrar la boca cuando debe hablar es un pecado. Como lo es también llamar bueno a lo malo.
Entre otras cosas, la iglesia está aquí como agente divino para restringir la maldad, para protestar desde la perspectiva de Cristo y de Su palabra, contra las cosas que no son justas, contra lo que resiste el orden divino.
En esa enseñanza bíblica, Jesús no dijo que el problema fuera ver (juzgar) la paja en el ojo ajeno. Él más bien dijo, que el problema era tener capacidad para ver una paja en el ojo de otro y ser incapaces de ver una viga (que es mucho más notoria) en el ojo de uno mismo.
¿De qué hablaba entonces? ¿Hablaba de no decir nada sobre nada? ¡¡Por supuesto que no!! . Él hablaba de tener moral para hablar.
Y tú no puedes consentir con aquellas personas que exigen cosas sin tener la moral para hacerlo.
Personalmente, no puedo ni quiero negar que me preocupo por lo que está pasando en mi nación (Chile).
Estas manifestaciones de estudiantes, secundarios y universitarios que exigen “sus derechos” con una fuerza que está muy por encima de la disposición que tienen para “cumplir con sus deberes”.
Me preocupa ver que ellos se sientan con el derecho de demandar de los adultos compromiso, ser escuchados, ser respetados, ser valorados, en definitiva, dicen ver claramente la paja en el ojo ajeno, pero ellos mismos no logran ver la viga que tienen en sus ojos. Y cuando alguno trata demostrarles, reaccionan con soberbia, con insultos, y en algunos casos hasta con violencia.
Por supuesto que sería injusto decir que todos son iguales, pero los grupos son representativos.
No todos los padres son malos, pero se habla de lo mal que los padres hacen su labor. No todos los empleados son flojos, pero se generaliza hablando de lo sacadores de vuelta que son los empleados.
Desde luego pedir no cuesta nada. Esa es la razón por la que muchas personas en su angustia se acercan a Dios para pedir algún favor de Él. Y la gran mayoría de esas personas, una vez que reciben de Dios la ayuda que necesitaban se apartan de Él, para continuar con sus vidas. Vidas que por cierto, no tienen en cuenta a Dios de manera consistente. Nuestro problema es tal como el Señor le dijera a Pedro: “pones la mira en las cosas de los hombres”.
Muchas personas prefieren consolarse con el pensamiento que todos somos pecadores y que por tanto, nadie tiene derecho a juzgar nada sobre otros. Pero lo cierto es que todos inevitablemente, en un momento u otro, juzgamos, ya sea, a personas, situaciones, lugares o lo que sea.
Así que no vale la pena engañarse. Lo que sí tendrá mucho valor es tener presente esta medida que Cristo dejó: para poder hablar de lo paja que veo en otros, debo haber sido ANTES, capaz de haber tratado PRIMERO con la viga que había en el mío.
Lo demás son puras palabras, y las palabras, normalmente se las lleva el viento.
|
Hebreos 3:15: “entre tanto que se dice: SI OYEREIS HOY SU VOZ, no endurezcáis vuestros corazones, como en la provocación”.
Nadie, en la toda la historia de la humanidad, ha traído un mensaje tan pertinente como Cristo Jesús.
Él vino desde el cielo para poner en el tapete de los hombres el tema de la vida eterna.
Hace un par de semanas yo compartía sobre este asunto, y decía que nosotros en general no le damos a este tema, la importancia que tiene.
Pues bien, Jesús, muy posiblemente motivado por nuestra indiferencia frente a una problemática tan relevante, se humanizó para hablarnos de la vida eterna, de los alcances de esta y sus ineludibles consecuencias para nuestras vidas.
Desde esa perspectiva, el mensaje de Jesús fue muy pertinente, tanto para las personas de su época como para todas las demás.
Pero Su mensaje no solo es pertinente en términos generales, también lo es en lo particular.
Jesús vino claramente para hablarnos de las demandas del cielo.
Debemos reconocer que las demandas del cielo no suelen ser tema para el hombre promedio.
La continua pérdida de los valores cristianos y de la influencia de la biblia sobre el quehacer de las personas, ha comenzado a dar sus malos frutos.
Esto ha producido que las personas hayan comenzado a vivir como les parece, olvidando los preceptos bíblicos por los cuales antes pasaban las decisiones y planes.
Desde luego, vivimos como nos parece más adecuado, pero muchas veces esa forma de vivir, dista mucho de lo que el cielo acepta y aprueba.
A Jesús lo criticaban por juntarse a pecadores, rameras y personas (en general) de dudoso vivir.
Frente a esto, Él simplemente respondía diciendo que los sanos no necesitaban médico.
Con ello estaba declarando que Él era ese médico y los pecadores los enfermos.
Esto nos permite entender un poco cómo Dios ve las cosas.
Para Dios el pecado es como una enfermedad, que no solo destruye el cuerpo, termina destruyendo el alma.
Jesús siempre habló a las personas con esta idea en mente. El no siempre hablaba de la misma forma ni usaba los mismos ejemplos, pero siempre dejaba el mismo mensaje, el cual era sin duda redentor, pero siempre, siempre llamaba al abandono de cualquier forma de pecado.
Él hablaba a las personas de acuerdo a sus personales necesidades.
Los hombres le buscaban para que les ayudara en sus terrenales aflicciones, pero él estaba más interesado todavía en ayudarles a resolver sus problemas relacionados con el cielo y con la eternidad-
En ese sentido, su mensaje era muy pertinente, muy significativo. No les hablaba de generalidades, sino de cuestiones que llegaban directo a los corazones de quienes les oían.
A la mujer samaritana le habló de la situación de adulterio en la que estaba.
Al joven rico, le confrontó con su problema de avaricia y el amor que tenía por sus posesiones.
A los fariseos y escribas, les habló de su actitud hipócrita y de su religiosidad sin vida.
Hay muchos otros que se encontraron con el Señor, a los cuales Jesús les habló de modo específico. Su mensaje a cada uno fue siempre pertinente y significativo.
Dios lo sabe todo. Él sabe lo que necesitamos y sabe cómo darnos lo que necesitamos.
Una de las maneras en que Él nos da lo que necesitamos es hablando significativamente a nuestras vidas.
Por eso es tan importante que si oímos SU, voz no endurezcamos nuestros corazones.
|
Números 17:10: “Y Jehová dijo a Moisés: Vuelve la vara de Aarón delante del testimonio, para que se guarde por señal a los hijos rebeldes; y harás cesar sus QUEJAS de delante de mí, para que no mueran”.
Oímos quejas de todos los frentes y por todas las razones posibles.
Nos hemos vuelto expertos en el infartante arte de “las quejas”.
¿Has estado junto a personas que se pasan la vida quejándose de todo lo que les pasa?
¡¡Que incómodo resulta sentarse junto a personas que sólo abren sus bocas para transmitir alguna molestia, para referirse a algo que no les agrada o parece. Para hacer algún descargo contra la vida que llevan o contra Dios, por haberles dado tan miserable existencia!!
De esas bocas nunca puedes esperar una palabra de gratitud. Con ellos es siempre es lo mismo: son hipocondríacos sociales.
Y claro, nos quejamos porque quejarse es gratis, no cuesta nada.
Hay personas a las que basta con saludarlas para que sientan que les estás dando paso para arremeter con sus quejas. Y lo peor es que una vez que empiezan ¡¡ya no hay quien las pare!!
Lo más paradójico es que las mismas personas que constantemente se quejan, son gente cuyo aporte a la humanidad es muy bajo, por no decir nulo.
Y a mi juicio, se quejan porque tienen mucho tiempo disponible para ello.
Como Sodoma y Gomorra, que de acuerdo a la palabra del Señor, lo que dio origen a su maldad, fue precisamente la abundancia de pan y de ocio.
Jesús tenía tantas buenas y justificadas razones para quejarse. Las cosas por las que pasaba, las cosas que veía, y sin embargo, usaba su tiempo provechosamente intentando cambiar la realidad que le rodeaba, enlugar de quejarse por ella.
Muchos que fueron transformados por Él no lo hubieran sido, si Jesús hubiese sido un quejón más, pero Él fue más allá del estado deplorable de su tiempo. Y eso logró cambios y por tanto, es lo que debemos imitar.
A esta altura del partido, está bien demostrado que las personas que surgen (que avanzan y alcanzan logros en la vida) son aquellas que han aprendido a sobreponerse a las adversidades y que han llegado a hacer de la perseverancia un condimento diario e indispensable en sus vidas.
Es una locura pretender tener vidas maravillosas y al mismo tiempo vivir de mala manera.
Los quejumbrosos son generalmente aquellos que hacen las cosas mal, que siembran mala semilla y se quejan luego por no obtener una maravillosa cosecha.
Pero para cosechar bien se debe trabajar. Se debe sembrar en esperanza, en fe.
Mi abuela es uno de los seres más adorables que conozco. Es una persona que ya cuenta con algunos años pero es muy difícil no querer estar cerca suyo porque su actitud frente a la vida, siempre optimista, se vuelve en una especie de imán para quienes la rodean.
Cuando le planteas la posibilidad de salir, ella siempre está dispuesta (aunque para apoyarse usa un bastón). Es una abuela a todo terreno.
Si bien sufre de dolores a los huesos, ella no se la pasa quejándose, es más, cuando estas con ella, ella nunca lleva a la conversación a sus molestias o dolores, siempre es una bendición hablar con ella porque tiene un sentido del humor envidiable.
Sé que ella nunca va a estar sola, porque su forma de ser, su actitud agradecida del Señor y de la vida que Dios le ha dado (créeme que su vida no ha sido fácil) es un verdadero imán.
Pero hay personas que representa el polo opuesto.
Son personas que saludarlas ya fue suficiente. Ya sabes qué vendrá a continuación: una larga disertación sobre cómo la vida les ha sido adversa, de lo mal que la han pasado, etcétera.
Por cierto nunca mencionan lo mal que ellos han hecho las cosas, porque ellos siempre son las víctimas.
El enfoque está en lo que otros les han hecho a ellos y en lo que esto les ha provocado.
Personas con las que no puedes proyectarte para nada, porque en todo tienen algún reparo.
Usualmente las personas quejumbrosas acaban solas porque tienen una increíble capacidad para alejar a los demás con sus quejas y pesimista visión de la vida.
La vida, con todos sus bemoles, es hermosa. ¡¡Basta de quejas!!
|
2Timoteo 3:2 “Porque habrá hombres amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos,”
Me impresiona constatar la avidez con que las personas de este tiempo, rechazan las cosas divinas.
Me sorprende esa increíble predisposición para dar la espalda al Señor, a tal punto, que Dios se ha vuelto un extraño para muchos, en el mundo que Él mismo creó.
Me preocupa la ingratitud de los hombres de nuestro tiempo.
El apóstol Pablo escribió sobre este asunto. Él, proféticamente, por la palabra de Dios, advirtió sobre el carácter de los hombres en los días postreros. Dio muchas referencias del carácter egocentrista de las personas que alcanzarían dichas generaciones, y hoy asombrosamente vemos cumplirse sus palabras.
Una de las cosas específicas que mencionó, tiene que ver con la ingratitud de los hombres ¡¡y cuan claramente se puede ver en nuestros días!!
Veo hijos ingratos con sus padres, que olvidan lo que los padres han hecho por ellos. Veo cónyuges, actuando con deslealtad e ingratitud hacia sus cónyuges.
Empleadores ingratos con sus trabajadores.
Hay cientos de ejemplos de esta clase y por lo que se ve, la cosa va de mal en peor.
Es triste ver como el egocentrismo, paulatinamente nos ha robado las cualidades más humanizadoras que poseemos y que tienen relación con nuestra correcta interacción con el prójimo.
No es raro ver el estado deplorable de nuestras sociedades si cada cual solo está interesado en su propio bienestar y muestra nulo o mínimo interés por los demás.
Ser agradecidos no obedece solo a un gesto de cordialidad o cortesía, es en gran medida una señal de genuina humanidad.
En las tiendas, calles, micros (y quizás por culpa de la vida tan sobrecargada de actividades y preocupaciones) las personas que dan las gracias son cada vez menos, cada día más escasas.
A los defensores de la vida animal les preocupa la extinción de ciertas especies animales, pero para nuestra propia vergüenza, esas sutilezas que daban cuenta de nuestra humanidad, se encuentran al borde de la extinción y aparentemente a nadie le importa.
Nuestros valores están absolutamente trastocados.
Se hacen grandes movilizaciones en protesta por la inobservancia de ciertos derechos y los mismos movilizados faltan a los derechos de otros.
Hemos llegado al triste día en que todos se sienten con el derecho a decir lo que les viene en gana, sin cautelar primero, si tienen o no la moral para ello.
La gratitud es algo tan básico, pero tan poco considerado en nuestros días.
Los que prestan servicios se han vuelto en verdad personas de última clase, porque
se les trata como si no valiesen nada.
El que paga por algún servicio se siente con el derecho de maltratar a quien le atiende, solo porque no lo hace con la prestancia que quisiera.
El saber que va a cancelar, le convierte en un tirano temporal de ese inquilino que no tiene otra opción más que bajar la mirada y llevar el menosprecio.
En muchos aspectos nos hemos convertido en modernos seres primitivos.
La biblia enseña que debemos dar gracias en todo ( y por todo).
Se nota que Dios nos conoce bien y que sabe cuáles lecciones deben ser constantes.
No sé si alguna vez, después de haber leído algún devocional que haya resultado ser de provecho para ti, has dado a Dios las gracias por esas líneas.
Los grandes cambios comienzas con pequeños pasos de ello no cabe duda alguna.
Un pequeño paso para tener una vida mejor (para uno y para los demás) es aprender a dar las gracias a quien lo merece.
Créeme que, en lo personal, desde ya estaré agradecido si estimas considerar estas palabras para aplicarlas en tu diario vivir.
Dar las gracias ¡¡es algo tan básico!!
|
Marcos 8:36 “Porque ¿qué aprovechará al hombre si ganare todo el mundo, y perdiere su alma?”
¿Entendemos el valor de la vida eterna?
Hablamos de una clase de vida que desde su mismísimo nombre representa algo totalmente extraño y ajeno a nuestra humana y finita naturaleza.
La eternidad es una medida de tiempo que sobrepasa largamente cualquier noción que podamos llegar a tener acerca de la duración del tiempo.
Cada día vemos con mayor angustia como el tiempo tiene un valor tremendo.
Hemos aprendido (a veces a punta de dolores) que el tiempo es un bien irrecuperable. Que hay cosas que tienen su tiempo para ser llevadas a cabo y que fuera de esos tiempos ya no tienen razón de ser o realizarse.
Pero aun con toda la noción de lo valioso que es el tiempo, dejamos tan abandonada esta realidad de una vida eterna, que parece que en verdad muchos no creyeran en tal cosa.
La vida terrena está llena de sorpresas, de cosas que nos dejan boquiabiertos y eso que esta vida es tan solo la antesala de la vida verdadera.
Jesús habló de la vida eterna y dijo que la vida eterna consistía en conocer a Dios y a Jesucristo como enviado suyo.
La verdad es que conocer a un Dios Omnipotente, Omnipresente y Omnisciente no es tarea de algunos años, es una tarea para toda la vida, una tarea para la eternidad.
Y aunque la humanidad siente gran curiosidad por conocer el espacio exterior, por explorar la posible existencia de otros seres en el vasto y desconocido espacio, mostramos una indiferencia vergonzosa y casi inexplicable con relación a un tema que nos es infinitamente más cercano como este, relacionado con la inmortalidad del alma.
Los seres humanos no somos eternos desde el punto de vista que no hemos existido desde siempre, como es el caso de Dios, pero desde el momento en que fuimos creados, no dejaremos de existir.
Desde ese punto de vista, Dios nos ha dado eternidad. Él ha puesto eternidad en el alma de los hombres, y por tanto, debería ser un tema para nosotros el destino eterno de nuestra alma.
Hablar del alma no es sencillo. Es tratar con algo de lo que sabemos muy poco o mejor dicho de lo cual se ha comprobado muy poco. Pero como siempre, Dios nos ha dejado lo suficiente como para que entendamos que requiere de nuestra atención.
Yo hoy solo quisiera llevarnos a la reflexión que no podemos ser negligentes con algo tan importante, con algo que tiene trascendencia eterna para nosotros.
Nuestra alma es algo muy valioso aunque no lo entendamos en su totalidad. Nuestra alma es valiosa para Dios.
Jesucristo dijo ¿de qué le sirve a alguno ganar el mundo entero y perder el alma?
Nuestras preocupaciones (esas que nos quitan el sueño y algunas veces hasta nos enferman) ¿no son aquellas relacionadas con las cosas de esta vida, de este mundo?
Y si Jesús dijo que de nada valía ganar el mundo si perdíamos el alma: ¿puedes llegar a ver el valor de tu alma?
Jesucristo murió para que nuestras almas fueran salvas de la condenación del infierno.
Entregó su propia vida para que nosotros salvemos nuestra alma de la condenación que produce el pecado en el hombre.
Él se preocupó por el bienestar de nuestra alma ¿y nosotros no?
Sería muy saludable indagar en las escrituras, por qué Dios permitió que Su Hijo Unigénito (Jesucristo), muriera por salvar el alma de otros.
Debe haber una muy buena razón para ello.
Que uno que reinaba y recibía constante adoración y reconocimiento, hubiera dejado su trono, su reino y se hubiera conformado a nuestra limitada humanidad para venir a ser humillado por seres inferiores a Él, en todo sentido.
Nuestra alma debe tener un tremendo valor, uno que en nuestra miopía espiritual, no logramos ver, pero por el cual Dios estuvo dispuesto a pagar el precio más alto.
Sabiendo que Él hizo semejante sacrificio, ¿vamos a quedarnos de brazos cruzados en ignorancia del verdadero valor de nuestra alma?
|
Romanos 6:23 “Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro”.
Jesús estaba en la cruz por querer asumir una responsabilidad que no era suya. La cruz era el precio que se debía pagar por el pecado.
Jesús no hizo pecado, pero por nosotros se hizo pecado.
Hay muchas virtudes en la vida de Cristo, no solo el hecho que él hubiese vivido una vida sin pecado, sino que además estuvo dispuesto a asumir el costo de los pecados de otros, para ser más específico, los nuestros.
El concepto “pecado” ha sido desvirtuado. Desafortunadamente lo que las personas entienden como pecado está desenfocado de lo que en realidad es. La gente se ríe de la palabra pecado, habla irónicamente del mismo, se burla de quienes lo mencionan.
Es que existe una infortunada desinformación del asunto.
Lamentablemente, el asunto del pecado es muy serio, lo suficiente como para considerarlo. De hecho, si las personas llegaran a entender lo serio que es, nunca lo tomarían a la ligera.
Lo cierto es que Jesús si entendió la seriedad del tema y por eso actuó. Lo que hizo, debes saber que fue a nuestro favor. Esa es una deuda impagable que tenemos con Jesús.
No importa lo que hagamos, nunca podríamos resarcir el costo de nuestros pecados y Jesús decidió asumir ese costo.
¿Quién estaría dispuesto a pagar las deudas de otros? Solo alguien muy ingenuo, o bien, demasiado bueno.
Puedes saber que Jesús no está del lado de los ingenuos. Él no puede ser engañado, Él lo sabe todo, aun los pensamientos de nuestros corazones, el Señor los conoce.
De modo que él representa la otra parte, y lo que hizo de morir por nosotros en la cruz lo hizo sencillamente porque es demasiado bueno. Lo hizo porque sabía que no habría otra alternativa para nosotros aparte de Él.
La bondad del Señor es mayor de lo que a veces pensamos. Pero eso es porque Él sabe de las verdaderas y profundas implicancias que el pecado tiene sobre nosotros.
El pecado nos destruye, nos degrada. Los hombres somos muy buenos para alegar nuestros derechos.
Peleamos centímetro a centímetro los que consideramos son nuestros derechos, pero con qué facilidad nos rendimos a los pecados, siendo estos tan destructivos para nosotros.
Hay pecados de toda clase. Pecamos socialmente, pecamos moralmente, pecamos cívicamente, pecamos de mil y una formas, pero ese no es el mayor problema. El mayor problema es trivializar de tal forma el pecado, que ya no lo veamos como realmente es.
Sansón era un paladín de Dios, levantado por Dios pata defender a los judíos y para hacer prevalecer la voluntad de Dios.
Él sabía que los filisteos eran el enemigo, pero algo pasó dentro de él que le llevó a ver a los filisteos de una manera equivocada. Quizá a causa del continuo contacto con ellos, Sansón les llegó a ver de manera trivial. ¿Resultado? Terminó emparentando con el enemigo.
Es triste cuando llegamos a perder la medida de las cosas de esa forma. Y eso es lo que ha sucedido con el pecado.
Nadie juega cuando se habla del SIDA porque las personas saben que esa enfermedad es algo demasiado serio como para tomarlo ligeramente.
El pecado es mucho peor que el peor de los casos de SIDA, ya que no solo destruye el cuerpo sino también el alma de aquellos que padecen por causa suya.
|
21:24 “Escarnecedor es el nombre del soberbio y presuntuoso Que obra en la insolencia de su presunción”.}
Ayer compartía que gran problema representa para nosotros la soberbia.
Esta clase de actitud (digamos corazón) nos aleja de Dios y nos cierra las puertas con Él porque Él aborrece a las personas soberbias o altivas.
Debe ser porque Él siendo quién es, nos da grandes muestras diarias de humildad.
¿Cuántas veces le cerramos al Señor la puertas en las cara?
¿Cuántas veces tratamos de disimular nuestra falta de interés por las cosas de Dios, argumentando que estamos atareados en alguna otra cosa, siendo que Dios sabe del tiempo que en realidad disponemos, y siendo Él capaz de ver que el problema es apatía por lo espiritual y falta de interés por conocerlo a Él?
Sin embargo, Él nos da tremendas muestras de humildad, porque pudiendo devolvernos mal por mal, en innumerables ocasiones, nos devuelve bien por mal.
Nos ayuda en la angustia, nos levanta cuando nos estamos ahogando en el pozo de la desesperación, y todo esto, a pesar de lo mal que nosotros le pagamos.
Gran humildad es la que muestra el Señor dignándose a escucharnos después que hemos hecho todo lo que sabemos le desagrada a Él.
No puedo afirmar que así sea, pero pienso que la razón por la que Él abomina tanto a los soberbios, es porque Él mismo no es soberbio con quienes mereceríamos ese trato.
La soberbia es la que nos impide pedir perdón a quienes sabemos que hemos ofendido.
Podemos disfrazarlo usando la palabra “vergüenza” pero es la altivez de nuestro corazón la que no está dispuesta a humillarse para pedir perdón, para reconocer que se ha equivocado.
Los matrimonios sufren cuando uno de los cónyuges es un altivo, incapaz de reconocer sus faltas.
¿Quién no las tiene? Dice el soberbio tratando de justificar se mala actitud. Pero cuando otro le pasa a llevar, se levanta cual pavo real demandando y exigiendo su derecho a ser respetado.
Si hiciéramos con los demás la mitad de lo que esperamos que hagan con nosotros, la sociedad sería definitivamente varias veces mejor de lo que es. No estaríamos hundiéndonos más y más en el abismo del egoísmo. Nuestro pasar por esta vida sería sinceramente mucho mejor de lo que es.
No estoy hablando de un paraíso terrenal. Eso no es algo que los hombres podamos establecer.
Se requerirá de la actuación de Cristo mismo y los ejércitos celestiales para que esta tierra tenga mil años de paz, y verdadero progreso en el temor de Dios.
No estoy pensando en cambiar el mundo. Pero si entiendo que la voluntad de Dios es cambiar mi mundo y cambiar el tuyo.
Los grandes avances comienzan con pequeños pasos en una misma dirección y la soberbia es un terrible enemigo que quizá no podrá ser erradicado del mundo, pero que definitivamente, Dios quiere erradicar de nuestro corazón.
|