Marcos 16:17 -18 “Y estas señales seguirán a los que creen: En mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas; tomarán en las manos serpientes, y si bebieren cosa mortífera, no les hará daño; sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán”.
Hay mucho sufrimiento en el mundo hoy y ese sufrimiento viene de todas partes.
Viene de personas que mueren de hambre, de personas que tienen enfermedades incurables, de personas que están sumergidas en estilos de vida perniciosos, de personas que se sienten solas, en fin, de muchas fuentes.
He escrito con antelación que el sufrimiento es algo inevitable. Podemos invertir mucho tratando de evitar el sufrimiento, pero es una estación obligada en la vida de cada ser que está en esta tierra.
¿Cuántas personas están ansiosas por una solución a los problemas que les causan sufrimiento y recibirían con gusto una solución sin importar de dónde viniera? La respuesta es muchas.
Muchísimas personas se sentirían dichosas que alguien le diera solución a los conflictos que causan sus sufrimientos, y la verdad, no les importaría mucho quien fuera, con tal que el sufrimiento acabara, aunque fuera de manera temporal.
Esa desesperada condición que viven muchas personas, les sitúa en un escenario en extremo peligroso, mucho más cuando consideramos las palabras de Jesús en relación al engaño del que serían víctimas las personas en el tiempo postrero.
Hay muchas gentes que esperan recibir un milagro. Les da lo mismo quien esté detrás, Dios, el diablo, les da igual. Lo único importante para ellos es el resultado y eso es algo de temer.
Jesús ciertamente hizo milagros e incluso agregó que ciertas señales seguirían a los que creyesen en Él. Pero si, milagros o señales, es todo lo que buscamos, seremos presa fácil de los múltiples engañadores que ya hay en el mundo y de los que habrá en un futuro muy cercano.
Entre las señales, se cuentan 2, que a mi juicio, son especial motivo de confusión para algunos: estas son echar fuera demonios y sanar enfermos.
Jesús habló de estas dos importantes señales, en relación con un tema todavía más importante: “la predicación del evangelio”.
Lo que Él estaba diciendo era que a la predicación del evangelio le seguirían (en algunos casos) estas señales como una manera de autenticar que dicha predicación es la obra de Dios y que cuenta con el respaldo de Dios.
Visto de este modo, el echar fuera demonios o sanar enfermos, no es lo fundamental. La predicación del evangelio lo es.
Jesús efectivamente sanó a muchos, pero fue categórico en decir que Él había venido a buscar lo que se había perdido.
Las sanidades y milagros no eran el mensaje principal, de ningún modo.
En efecto, muchas personas le siguieron cuando vieron que Él hacía señales, pero no capturaron Su mensaje.
No eran las señales del Señor las que traían salvación sino el mensaje del Señor, y debemos recordar que Dios siempre apunta a lo medular.
Yo creo firmemente que Dios puede sanar a los enfermos (testimonios los corroboran) y a veces lo hace, pero estoy más seguro todavía que Él desea salvar a los perdidos más que solamente sanarlos.
El interés del Señor es por lo eterno, y a esa luz, lo temporal puede ser sacrificado.
Muchos que fueron sanados por Jesús, no fueron salvos, y el problema del hombre no es si tiene o no salud, el verdadero problema, es si tiene o no salvación.
Muchos milagreros andan entre nosotros hoy. El problema es que no tienen el mensaje de la salvación.
A Jesús le preocupaba solucionar el problema eterno del hombre, el problema de su alma, de su salvación. Jesús no tranzaba la verdad con tal de ganar a alguno. Al contrario, la verdad era la única medida posible para ganarlos.
Los milagreros seducen a los neófitos con falsas promesas. A futuro verás a muchos hacer prodigiosos milagros. El problema es que ellos no te darán la verdad.
Sus milagros serán parte de un montaje engañoso cuya finalidad será diametralmente opuesta al propósito de Jesús.
Jesús vino a salvar, estos vendrán para llevar a la perdición.
Las personas que están hambrientas de señales pero que no tienen hambre por la verdad, caerán en la trampa de estos falsos cristos, de estos engañadores y usurpadores.
Debemos abrir muy bien los ojos, porque el engaño está más cerca de lo que pensamos.
Por tanto, amado lector, ten cuidado de ir tras lo espectacular. El evangelio que trae vida y salvación es sencillo, no requiere de luces de colores ni de afiches luminosos.
Más bien, su principal fuente de atracción es un hombre santo, azotado, quebrantado, clavado en una cruz que destila sangre carmesí.
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Daniel 7:25: “Y hablará palabras contra el Altísimo, y a los santos del Altísimo quebrantará, y pensará en cambiar los tiempos y la ley; y serán entregados en su mano hasta tiempo, y tiempos, y medio tiempo”.
Muchas de las profecías de la palabra de Dios hasta hace algún tiempo no parecían muy claras.
El avance tecnológico indudablemente ha sido un instrumento porque ha generado las condiciones para que muchas de dichas profecías puedan tener cumplimiento.
Cuando Jesús habló del tiempo del fin, específicamente de lo que él llamó principio de dolores, se refirió al hecho que oirían de guerras y rumores de guerras, de pestes y terremetos en diversos lugares..
Antes de las comunicaciones globalizadas era imposible que esta profecía tuviera un acertado cumplimiento, dado que en el tiempo de Jesús, era imposible saber (en el corto plazo) lo que podía ocurrir en otros continentes.
Pero eso es posible hoy gracias a las redes sociales, al satélite, al avance de la tecnología.
Pero con todo, hay profecías que aun no se han cumplido, y
a mi juicio, hoy se están generando las condiciones para que tengan un muy pronto cumplimiento.
Una de ellas es la relativa al surgimiento de un líder mundial que se levantará en lo postrero del tiempo. Este líder tendrá ciertas características distintivas.
Algunas de ellas se citan en nuestro versículo: “Hablará palabras contra el Altísimo”, esto es, blasfemará contra Dios; “a los santos del Altísimo quebrantará, lo que habla de una terrible persecución a causa de la fe.
Luego, añade algo que es motivo de la reflexión de hoy: “pensará en cambiar los tiempos y la ley”.
No sería sencillo interpretar lo que significa esto, si no fuera porque hoy vemos, a través de los mismos medios de comunicación, un esfuerzo mundial desesperado, (el cual provine de los principales gobernantes del mundo) por establecer lo que han denominado un Nuevo Orden Mundial, en inglés New World Order.
El hombre que se describe aquí, no es otro que el Anticristo.
Hay mayores referencias al carácter de este personaje. De acuerdo a Daniel 8:23, será un hombre altivo de rostro (soberbio a la vista) y entendido enigmas (esotérico), su poder se fortalecerá (le seguirán muchos), causará grandes ruinas (destrucción, muerte), será sagaz (maestro del engaño) y prosperará en lo que debe hacer.
Su osadía será tal, que tendrá la osadía de levantarse contra el mismísimo Hijo de Dios, nuestro Señor Jesucristo, quien al final le destruirá en su Segunda Venida a la tierra cuando aparezca para salvar a Israel y a los que se negaron a recibir la marca de la bestia.
Sé que para muchos este no será la clase de devocional ameno que uno esperaría, pero me parece que es el mensaje justo de mencionar dada la inminencia de estos acontecimientos.
El nuevo orden mundial es el escenario que este líder necesita para hacer operativa su misión de subyugar a las naciones del mundo bajo un liderazgo único y tiránico.
No es algo que podamos tomar a la ligera, especialmente cuando vemos que los esfuerzos por crear este nuevo orden mundial (esta unificación del mundo) se está logrando a pasos agigantados bajo el concepto de globalización.
Este nuevo orden supone cambios en todas las áreas: social, económica, política y religiosa.
Este nuevo orden se presentará como la gran solución a los problemas que aquejan a nuestra humanidad. No obstante, este es el caso en que el remedio va a salir mucho más caro que la enfermedad.
De hecho, Jesús predijo que cuando llegara ese tiempo, sería el de mayor aflicción y angustia que la humanidad jamás hubo experimentado, y que jamás nunca, volvería a experimentar.
La marca de la bestia es parte importante de ese nuevo orden mundial. A nivel económico y social, la marca (el tantas veces manoseado 666) será el único medio aceptable para las transacciones financieras, la atención de salud, etcétera.
Te sorprendería descubrir que ya se trabaja en esa marca, y que dentro de no mucho tiempo estará lista para ser aplicada a todos.
Esa marca será mucho más que un sistema seguro de transacción financiera, será la gran señal que manifestará quién está con el anticristo y quién no.
El nuevo orden mundial es promovido y buscado por gran parte de los gobernantes de nuestro tiempo.
Parece inevitable impedirlo, pero habrá que considerar cuidadosamente los costos de volverse parte de él, especialmente sabiendo que recibir la marca significará destitución automática del reino de Dios.
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Lucas 15:17 Y volviendo en sí, dijo: ¡¡Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre!!
Hace algunos días mientras estábamos en nuestro tiempo congregacional de intercesión, el Señor me tocó respecto a una fuerte verdad.
Lo que recibí del Señor fue simple y claro: “en la casa del Padre no hay necesidad”
Mientras orábamos esa noche por las muchas personas que se alejan de las congregaciones (mayoritariamente seducidas por el mundo), el Señor traía a mi corazón lo que Jesús enseñó sobre el hijo pródigo
Dice la escritura que este hombre se fue lejos a vivir perdidamente, y que en este vivir malgastó su herencia.
Después de algún tiempo, y cuando ya no le quedaban reservas económicas, vino hambre a aquella provincia y él deseaba llenarse con las algarrobas de los cerdos.
El Señor me hacía pensar en tantas personas que hoy están en tremenda necesidad, hambrientas espiritualmente, personas que un día estuvieron en la casa del Padre, pero que se sintieron atraídas por el mundo.
Personas que fueron engañadas con la idea que había algo ahí afuera que era mejor que lo tenían adentro.
Pero la aventura duro poco. Tan rápido como vino la soberbia vino el abatimiento. En menos de lo tiempo de lo que hubiera podido imaginar, este hombre se halló sin reservas financieras.
Para colmo de males una gran hambre azotó esa provincia y en lugar de una vida maravillosa vino como hombre armado la necesidad.
“En la casa del Padre, dijo este varón quebrantado por su deplorable condición, hay jornaleros que tienen suficiente alimento, y yo aquí perezco de hambre”
Una potente verdad que él no vio y que a menudo tampoco vemos hasta que vivimos las consecuencias, es que nuestros deseos desordenados se convierten en causal de mucho dolor.
Nos viene el impulso de querer hacer cosas, y nos dejamos seducir por esos impulsos sin someterlos al escrutinio de Dios o de Su palabra. Nos dejamos mover creyendo que poseemos lo suficiente para arreglárnoslas solos. ¡¡Qué gran mentira!!
Piensa en los muchos dolores que has vivido en la vida y hallarás como factor común que fueron ideas tuyas, cosas de las cuales estabas convencido que eran así, y luego comprobaste que no eran lo que pensabas.
El hijo pródigo salió en busca de un bienestar que no pensaba tener junto al padre. Paradójicamente al final de su desastrosa travesía, se dio cuenta que el único bienestar que había conocido era el que el padre le concedía.
En esa aventura alocada efectivamente descubrió una vida que no conocía pero que no era lo que él tenía en mente.
Conoció la necesidad, vivió el hambre, y sólo entonces pudo valorar lo que había en la casa del Padre.
Entonces valoró que aun los jornaleros tenían abundancia de pan en ese lugar, mientras que fuera de casa él tenía necesidad.
Hay tantas consideraciones que no incluiré aquí porque sería largo de comentar, pero debo precisar que fuera del Padre no hay propósito, no hay vida realmente.
El hijo pródigo fue en busca de una vida, y término apenas sobreviviendo.
La casa del Padre representa cobertura espiritual. Representa asimismo propósito. Dios como nuestro Padre, tiene propósitos con nosotros pero es bien difícil que lleguen a cumplirse si estamos fuera de su voluntad.
Nos posicionamos a nosotros mismos en un lugar de peligro cada vez que salimos de la cobertura del Padre.
“El que habita al abrigo del Altísimo, dice la escritura, morará bajo la sombra del Omnipotente” ¿De qué habla esto? Habla de protección, de cobertura.
El vivir bajo la voluntad de Dios nos abriga, nos cubre nos protege.
Realmente no hay necesidad en la casa del Padre. La vida dentro de Su casa, en Su voluntad, está llena de propósito, llena de la provisión que necesitamos para avanzar en Sus planes.
No solo hay pan en la casa del Padre. En Él encontramos vestido, calzado y anillo.
El hijo, arrepentido, volvió sin ambiciones. Las circunstancias fueron una excelente escuela para su soberbia y regresó no exigiendo un lugar como hijo, sino ser admitido tan solo como un jornalero más.
El Padre movido a misericordia le dio lo que no merecía. En efecto le restauró como hijo, pero eso no ocurrió antes de que este hombre pudiera comprender, que en la casa del Padre era donde le convenía estar.
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Hechos 13:5 “Y los discípulos estaban llenos de gozo y del Espíritu Santo”
Yo sé que en medio de las muchas tragedias que están golpeando al mundo entero, suena raro que alguno quiera hablar de gozo.
Es difícil pensar que las personas puedan tener motivos para gozar (regocijarse) cuando todo alrededor parece ir tan mal.
La verdad es que las cosas en el mundo van derechamente de mal en peor.
A los problemas ya existentes se van sumando otras problemáticas.
Vivimos en un mundo tan globalizado que podemos estar seguros, que el terremoto (principalmente el maremoto) de Japón, tendrá repercusiones económicas, por ejemplo, en el resto del mundo.
Lo que ocurre de manera local tiene un efecto a nivel general que puede no ser definitivamente gravitante en el curso de las cosas, pero que desde luego incide en el “cómo” vayan las cosas.
Por eso digo que con un panorama como el que se vive es complicado hablar de gozo. Las gentes más bien sufren hoy día.
Hay una condición de desesperanza generalizada en el fondo de los corazones de muchos seres humanos
En este tiempo postrero se ha levantado una tremenda ola de informaciones que hacen que el corazón de las personas se desaliente, y en no pocos casos, desfallezca.
Basta con echar un vistazo en la web por algunos minutos para encontrar videos de toda clase y credo que hablan de catástrofes habidas (y por haber).
Se sindica el año 2012 como el año del fin del mundo (cosa que por supuesto no es cierta porque en estricto rigor el mundo AUN no se va a terminar).
Se atribuye tal destrucción a un planeta que se acerca a la tierra, o a la caída de algunos meteoritos, a la invasión alienígena. En fin, motivos no faltan.
Para validar estas ideas se cita a personajes como Nostradamus, a los mayas, aztecas, a algunos de los “maestros iluminados” (gurúes de muchos).
Concretamente, se echa mano a muchos argumentos y personajes para explicar estas posturas.
Pero en medio de todo este debate ideológico hallamos en la palabra de Dios que los discípulos del Señor están llenos de gozo.
Cito a los discípulos del Señor porque ellos fueron hombres que de hecho atravesaron por muchas situaciones angustiantes.
Los terribles quebrantos que experimentaron fueron por causa de su fe en el Salvador Jesucristo, en su inquebrantable compromiso con Él.
Vivieron privaciones de toda clase y lo hicieron sin chistar porque en ellos había alguien más que el hombre no llega a tener por casualidad, me refiero al Espíritu Santo de Dios.
Dice el verso que estaban llenos del Espíritu Santo. Esa presencia extra producía en sus vidas un gozo inefable, incomprensible para la mente natural.
Encararon cárceles, azotes, maltratos, apedreamientos, sufrieron la pérdida de sus bienes, la pérdida de sus seres más amados, no a causa de un terremoto, o huracán, o temporal, o inundación, sino por ser consecuentes con su fe, ¡¡y todavía se mantuvieron gozosos!!
Ellos pudieron atravesar por todo eso y todavía estar gozosos porque estaban llenos del Espíritu de Dios, estaban llenos de la paz de Dios, de la esperanza que viene de Dios, de las promesas que habían recibido de Dios.
El mismo apóstol Pablo lo publicaba: “todo lo puedo en Cristo que me fortalece”
El gozo de Dios es algo incomprensible para la mente humana no regenerada.
Ese gozo nos permite enfrentar el dolor con otra mirada, con otro sentir. Los episodios más grises de la vida se iluminan cuando ese gozo está presente.
La desesperanza que abruma los corazones no sería tal si nos diéramos la oportunidad de conocer lo que Dios tiene para nosotros en la persona de Cristo y por medio de la operación del Espíritu Santo.
La misma biblia dice que “Cristo, por el gozo puesto delante de él, sufrió la cruz”. Esa es una manera muy distinta de ver la vida, pero uno no llega a ver la vida de esa manera hasta que no recibe esa llenura del Espíritu de Dios.
Tratar de vencer en la vida sobre la base de nuestras fuerzas humanas solamente tarde o temprano nos pasa la cuenta, dado que nuestras fuerzas son limitadas. Podemos ser vigorosos pero eso dura hasta que llega la fatiga.
Las fuerzas del Señor son extraordinarias e ilimitadas.
Un buen ejemplo de ello es la zarza que vio Moisés, la cual ardía sin consumirse.
Estoy convencido que esa zarza es simbólica de una vida y un ministerio llenos del Espíritu Santo.
Esa zarza ardía por la Presencia de Dios allí.
Cuando Dios está presente hay fuego, hay calor, hay vida, hay fuerzas de sobra.
No me extraña que los discípulos, aun teniendo tantas razones para llorar y lamentar, estuvieran gozosos.
¿Cómo no estarlo si lo que hacía arder la zarza, ardía en ellos también?
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Hechos 9:8 “Entonces Saulo se levantó de tierra y abriendo los ojos no veía nadie; así que llevándole por la mano, le metieron en Damasco”
Dios nunca deja de sorprendernos. Mientras más le conocemos, más nos damos cuenta de lo grande que Él es, de la maravillosa y única manera que Él tiene para hacer las cosas.
En nuestro relato hablamos de un hombre llamado Saulo. Este varón era un judío celoso de la ley que había hecho de la persecución de los cristianos un asunto personal. Él pensaba que servía a Dios de esa forma.
¡¡Qué equivocados podemos llegar a estar a veces, al hacer ciertas cosas y creer que por medio de ellas servimos al Señor!!
Sin darse cuenta, este varón estaba yendo en dirección opuesta a su verdadero deseo de ser útil a Jehová.
El Señor Jesucristo le apareció en el camino a Damasco, y allí tuvo un trato personal con Él. La vida de Saulo nunca fue la misma. Esa visión divina el transformó para siempre.
De perseguidor de la fe de Cristo, pasó a ser un fiel y efectivo ministro propagador de esta fe.
Su ministerio traspasó no sólo las fronteras geográficas sino también las temporales. Su ministerio (o los efectos de él) se han extendido hasta hoy.
Pero eso no ocurrió por casualidad. Este varón tuvo que atravesar por un fuerte trato de Dios para que llegase a tener tal transformación, y es en este punto, donde la sabiduría de Dios resalta de modo único y singular.
¿Quién hubiera pensado que para que Saulo pudiera ver, Dios tuvo que quitarle la vista? ¿A quién, fuera de Dios, se le hubiera ocurrido que la forma de dar vista verdadera a este hombre, era cegándole?
Queda nuevamente claro que la lógica de Dios (por llamarlo de algún modo) opera muy distinto a la nuestra.
En vano tratamos de adivinar los pensamientos del Señor, o de marcarle al Señor un plan de acción, cuando pensamos que Él actuará desde la izquierda, Él viene por la derecha.
Nos fatigamos y frustramos tratando de predecir lo que Dios hará.
Él simplemente nos sorprende día a día, ¡¡y lo seguirá haciendo!!
Saulo era un hombre de decisión, tenaz, apasionado. Nada iba a detenerlo de hacer desaparecer a los del camino (cristianos), pero Saulo no contaba con que el fundador del camino le saldría a él mismo al camino para hacerlo parte del Camino.
Alabado sea el Señor por su grandeza y por sus múltiples proezas.
Saulo fue sorprendido ese día. Tú puedes serlo de hoy.
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Mateo 24:8 “y todo esto será principio de dolores” (Leer verso 7)
Nuevamente la realidad supera la ficción. Nos despertamos con un gran terremoto y un todavía más feroz tsunami que azota a Japón causando incalculables daños y cuantiosas pérdidas de vidas que aún no es posible precisar con exactitud.
Ni hablar de lo lamentable que resulta saber que la vida de millares de personas hoy cambiará irreversiblemente. Personalmente ruego a Dios que Su Paz pueda alcanzar a quienes están viviendo esta dolorosa experiencia.
No obstante, no puedo negar que mi mayor pesar no es por la pérdida de vidas, sino por la pérdida de almas.
Una vez más, Dios nos da contundente testimonio de lo fútil de nuestros esfuerzos por tratar de controlar lo incontrolable.
Oía el testimonio de un experto chileno que acababa de regresar de Japón y él comentaba a un medio de noticias local que los japoneses estaban preparándose para un terremoto en la zona contraria del país.
Lo mismo pasó en Chile un año atrás, todos los hombres de ciencia tenían cifradas sus expectativas en un evento sísmico mayor que golpearía el norte. Sin embargo, el terremoto vino en pleno sur de Chile.
Esta misma mentalidad es la que nos ha llevado al punto en el estamos hoy.
Confiamos en nuestras tecnologías, en nuestros conocimientos, en nuestros cálculos, pero Dios nos muestra aunque “el caballo se puede alistar para la batalla, la victoria la da Él”.
Desde luego, no puede haber victoria en la muerte de tantas personas, pero tampoco la hay en la obstinación de los hombres por querer vivir independientes de Dios y seguir confiando sus fuerzas en lugar de las del Señor.
Con poderosa exactitud se cumplen las palabras de Cristo registradas en Mateo 24, capitulo imprescindible de estudiar en este tiempo, porque en él, se encuentra un claro registro del mensaje de Cristo para quienes hemos llegado a esta era.
No me sorprende la magnitud del terremoto, de este y de otros que han ocurrido y de aquellos que aún están por venir, no me sorprende lo destructivo y voraz de este tsunami y de los que aún están por venir.
No me sorprende oír de las crisis financieras, de las enfermedades aparentemente nuevas que extrañamente surgen cada año, no me sorprende que las personas cada vez estén más desconcertadas al ver que sus instrumentos científicos son incapaces de dar respuesta categórica a todos estos fenómenos naturales. Digo naturales del Señor de la creación, naturales de una creación que está dando claras señales de fatiga, de colapso.
Lo que si me sorprende es que todavía no seamos capaces de ver la realidad que hay detrás de todo esto. Dios lo advirtió en Su palabra.
Vivimos el principio de dolores del que Jesús habló en el mencionado capítulo de Mateo. El Señor dijo que los terremotos en diferentes lugares serían una señal inequívoca de que el tiempo había llegado. Me refiero al tiempo de su venida.
La gran pregunta entonces no es si estamos preparados para un terremoto o tsunami. La gran pregunta es: ¿estanos preparados para las otras cosas que el Señor habló?
Así como éstas van cumpliéndose delante de nuestros ojos, con toda seguridad digo que las demás cosas también se cumplirán.
Cada vez las intensidades de estos movimientos es mayor, la gente cada vez se sorprende más de lo impredeciblemente rudos que se han vuelto los terremotos en intensidad, frecuencia y duración.
Con todo eso, ¿estamos preparados para encarar al Señor? Vivimos en condiciones aceptables delante de Sus ojos.
Sin querer ser sensacionalista, es preciso decir en honor a la verdad de las escrituras, que vienen a futuro terremotos de mayor intensidad todavía.
Basta con leer el libro de apocalipsis para encontrar al menos un par de referencias con relación a terremotos que causarán terribles destrozos y gran pánico en el mundo entero.
Pero no es justo perder el punto: los terremotos son solo una señal del asunto que debiera producir en nosotros verdadera preocupación. Jesús dijo que eso sería señal que avisaría la inminencia de Su Segunda Venida.
Y antes de su venida (manifestación gloriosa) en que todo ojo le vería, el Señor advirtió que como ladrón en la noche antes sacaría del mundo a Su Esposa, Su iglesia.
Ese evento sí que va a estremecer al mundo entero. ¿Estamos preparándonos para ello?
No lo digo despectivamente, pero los terremotos (como las demás señales) son francamente algo secundario. Lo central es que Cristo, tal como predijo los terremotos, predijo que tomaría a Su pueblo a Si mismo.
Sucesos como el de hoy sólo nos recuerdan que eso es algo que está a punto de suceder.
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Mateo 18:11 “Porque el hijo del hombre ha venido para salvar lo que se había perdido”
¡Con qué claridad el Señor declara aquí cual fue el motivo de su venida a este mundo! Con estas palabras el declaró cual era el propósito de su vivir, lo que debía ser
¿Tenemos la misma certeza de cuál es el propósito de nuestra vida?
Cuando uno no tiene claro hacia donde va, comete muchos errores. Lo mismo ocurre cuando no tiene claro quién es.
Las personas vivimos vidas muy egocéntricas, como consecuencia entramos en caminos y deambulamos por veredas que no aportan en lo más mínimo a la verdadera razón de nuestro existir…¡¡y esta vida es tan corta!!
Vivir un promedio de 70 años es insignificante comparado con la gran promesa de vida eterna que Dios nos ha concedido en su palabra.
La eternidad y todo lo relacionado con ella (siempre lo digo) es demasiado tiempo como para descuidarla.
Pero aunque esta vida es corta, es suficiente para poder resolver los asuntos necesarios relacionados con esa vida eterna superior.
Cristo vino con una misión y se dedicó a ella. El éxito siempre depende de cuánto estemos dispuestos a invertir en lo que hacemos.
Es preciso mencionar que las personas tenemos una definición de éxito que no precisamente encaja con la de Dios.
Para los hombres ser exitoso significa alcanzar metas personales terrenales. Esas metas normalmente tienen que ver con deseos egoístas, aunque a veces también con la satisfacción de ciertas necesidades.
Dios ha prometido que si nosotros buscamos PRIMERO Su reino y Su Justicia, entonces, Él se encargará de respondernos (de la manera que Él estime conveniente) respecto a los temas de necesidades terrenales básicas.
Muchas personas se sienten frustradas porque las cosas no resultan como quieren, y no se dan cuenta que Dios usa las circunstancias para disciplinarnos en nuestro vivir para hacernos exitosos en lo que tiene real valor para Él.
NO hay nada más terrible que tener éxito en las cosas equivocadas.
He aprendido que muchas personas no pueden ser promovidas de su estado actual porque no tiene la madurez para afrontar esa promoción. Dios nos hace un gran favor cuando nos permite atravesar situaciones difíciles que nos llevan a replantearnos si estamos o no haciendo SU voluntad.
La obediencia selectiva (como decía en el devocional de ayer), es otra manera de ser desobedientes y Dios necesita enseñarnos la obediencia.
Si no le obedecemos en este reino terreno ¿por qué lo haríamos en la eternidad? Y si no estamos dispuestos a sujetarnos a Él aquí, ¿por qué tendría que premiarnos llevándonos a su Reino?
Son cosas que a veces no consideramos porque tenemos la mirada demasiado puesta en nosotros mismos y esa es la raíz de nuestros males.
No es casualidad que Jesús dijera que para poder seguirle debíamos negarnos a nosotros mismos. Este negarnos significa responder con tranquilidad y confianza en Dios frente a esas cosas que nos ponen el mundo de cabeza.
Piensa en esto ¿qué es lo que te entristece más, no es el no lograr lo que deseas (en cualquier ámbito)?
Leemos que Jesús vino a salvar lo perdido, que esa era su misión. Indudablemente se refiere al hombre, a reconciliarle con Dios mediante su muerte en la cruz, a abrir un camino nuevo y vivo para que la humanidad pudiera volver a relacionarse con Dios.
Pero eso no es todo. El hombre se alejó de Dios como consecuencia de que otras cosas se perdieron, por ejemplo, el temor de Dios.
Jesús vino a salvar al hombre de la condenación eterna, del infierno pero también de su egoísmo. Ese enemigo invisible que se las arregla para vivir en la mente y corazón de las personas. Que por no verle, no le damos el trato que merece.
Cuando las cosas no salen como esperamos levantamos artillería contra Dios, damos amplio lugar en la mente para que el enemigo la use como un campo de entrenamiento militar y arroje cuanto armamento tenga a mano.
Comienzan las quejas, los miramientos, perdemos la perspectiva, se nos nubla el entendimiento. En resumen, dejamos de ver a Dios.
Y si hay que el hombre no se puede dar el lujo de hacer es dejar de ver a Dios.
Una vez que tú dejas de mirar al Señor tu vista se fija en cualquier cosa y eso nos lleva, por cualquier camino, lejos de Él.
Pregunta a un conductor si podría conducir mirando el costado del camino sin tener accidentes y te aseguro que la respuesta será: “No, no es posible”.
Dios quiere que entendamos que el mayor éxito que tenemos a nuestra disposición es poner siempre la mirada en Él como lo hizo Jesucristo. Llegar al final de nuestra existencia, sea larga o corta, y poder decir: “caminé con Dios, hice Su voluntad. Tuve mucho o poco, logré grandes cosas o cosas aparentemente insignificantes pero caminé con Dios, guardé la fe, fui fiel en lo que me mandó y agradecido con lo que Él me dio”
¿Puede haber éxito mayor?
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Romanos 2:4 ¿O menosprecias las riquezas de su benignidad, paciencia y longanimidad, ignorando que su benignidad te guía al arrepentimiento?
El Señor ha puesto una gran inquietud en mí con respecto a esas áreas que aún no le pertenecen, que no hemos querido rendir a Él.
Superficialmente decimos: “yo creo en Cristo, de modo que mi problema con relación a la eternidad está resuelto”, pero en el fondo sabemos que nuestra obediencia a Cristo no ha sido total sino parcial. Que aún nos hemos reservado “áreas” de desobediencia. Si esas áreas no las gobierna Cristo ¿quién las gobierna entonces?
Dios nos está llamando a un compromiso total con Él. Que dejemos de ser estremecidos al leer lo que Pablo y otros apóstoles decían o hacían, al ver su gran compromiso e identificación con Cristo, y hagamos del “para mí el vivir es Cristo” nuestro propio lema de vida.
El asunto de la obediencia es vital para una relación con Dios. Cristo siendo hijo, obedeció, nos dio ejemplo.
De ahí que lo siguiente es cierto: Los cristianos obedecen a Cristo, Como evangélicos obedecemos al evangelio.
No somos cristianos por hablar de Cristo sino porque lo imitamos. No somos evangélicos porque asistimos a un templo llamado evangélico, sino porque vivimos el evangelio, porque lo obedecemos.
Me temo que de alguna manera el enemigo nos ha engañado haciéndonos pensar que no necesitamos entregar “todo al Señor”.
Nos ha hecho creer que todavía podemos reservarnos el derecho de administrar “a nuestro gusto” ciertas áreas. Ese es un grave error.
Esa es la razón por la cual conservamos “pecados regalones”, con los que tenemos mucha condescendencia. Los tratamos delicadamente, para no hacerles sentir mal pero Cristo dice que deben salir de nosotros.
Dios en Su paciencia nos habla de estas cosas, nos recuerda, nos insiste, pero nosotros no llegamos a ver lo destructiva que es la obediencia selectiva para un cristiano.
Esta clase de obediencia nos hace pensar que somos obedientes cuando en realidad no lo somos completamente.
La obediencia selectiva no es otra cosa que decidir a qué quiero obedecer y a qué no.
Nos pone muy mal cuando vemos esta actitud en nuestros hijos, y somos severos con ellos sobre este tema, pero no logramos ver que como hijos actuamos del mismo modo con Dios.
Decidimos que haremos ciertas cosas que la palabra de Dios nos ordena, pero selectivamente decidimos que otras no las haremos.
¿Cómo esperar que el evangelio de resultados completos en una vida que lo vive de manera parcial?
Imagina lo que habría ocurrido si Cristo hubiera decidido obedecer al Padre en algunas cosas y en otras no. Su sacrifico en la cruz hubiera sido vano, un chiste, porque no haber sido un sacrificio perfecto y acepto al Padre
Obedecer a Dios a medias es el equivalente a sacrificar un animal defectuoso en el tiempo de la ley mosaica.
Si Dios nos llama a algo debemos trabajar en ello. No hay nada peor que saber hacia donde debemos ir y salir en otra dirección.
En Romanos 2:5 dice: “Pero por tu dureza y por tu corazón no arrepentido, atesoras para ti mismo ira para el día de la ira y de la revelación del justo juicio de Dios,
Hace 2 mil años el Espíritu Santo decía a Pedro “es tiempo que el juicio comience”. Hoy vivimos en el tiempo en que el juicio está a punto de ejecutarse y pienso que no podemos ser descuidados con algo tan delicado..
De alguna manera el juicio comienza cuando las personas deciden de plano rechazar u obedecer parcialmente el evangelio, que es una forma sutil de desobedecerlo.
Dios ha tratado mucho conmigo en este aspecto: “aquellas cosas que ÉL sabe que uno sabe que están mal y que siguen mal, porque uno no hace nada por cambiarlas o simplemente lo que hace es insuficiente”.
La obediencia no es algo opcional para Dios
El sacrificio de Cristo en la cruz puede significar muchas cosas, pero puedes tener la seguridad que no significa libertad para vivir a nuestro antojo o para desobedecer Su Palabra.
Me consuela saber que de acuerdo a 1Tesalonicences 5:9, Dios no nos ha puesto para ira, sino para alcanzar salvación por medio de nuestro Señor Jesucristo, pero sé muy bien que sin obediencia al Señor, esa salvación no será posible
NO querer romper con cosas que uno sabe que están mal le concede al diablo una puerta abierta por la que puede destruir tu vida.
Por otro lado, nuestra obediencia al Señor hace que Dios aplaste al maligno bajo nuestro pies.
Hay bendiciones que vienen a causa de la obediencia e indudablemente la desobediencia nos acarreará muchos dolores.
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Filipenses 4:13 “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece”
Pablo era un hombre que sabia de lo que hablaba cuando decía que todo lo podía en Cristo.
Pocas personas han vivido lo que este varón de Dios tuvo que atravesar. Lo más destacable es que todo eso lo vivió por causa de su fe, por amor a Cristo, por amor a otros.
Este hombre fue apedreado, azotado y vivió naufragios. Fue atacado física y espiritualmente.
Decía que había aprendido a vivir teniendo abundancia o padeciendo necesidad, estando saciado o teniendo hambre, lo que desde luego nos hace partícipe de las fases por las que indudablemente atravesó.
Este hombre piadoso experimentó todas esas cosas por la causa de Cristo. Es igualmente loable que tú no lo vas a encontrar lamentándose por su situación.
Pienso que Pablo nos debería hacer pensar respecto a nuestros propios problemas.
Primero, el hecho que a diferencia suya, la mayoría de nuestras dificultades vienen como consecuencia de vivir para nosotros mismos. Tomamos decisiones egoístas que traen consecuencias (sufrimiento, dolor) y luego queremos (de nuevo egoístamente) que Dios corra a socorrernos. Rara vez nuestro sufrimiento es por otros.
Segundo, Pablo no se quejaba por lo que le pasaba.
¿Qué poseía este hombre que frente a situaciones muy parecidas a las nuestras y en las que nosotros no cesamos de lamentarnos, él no hacía nada de esto?
A simple vista parece un hombre venido de otro mundo, y la verdad es que en alguna medida lo es.
Pablo vivía en esta tierra pero con la mirada puesta en el cielo. Él vivía esta vida con la mirada puesta en la otra, en la que Cristo le ofrecía.
Como puedes ver, la clave de esta clase de vida victoriosa es el intercambio.
Creo que una marca común a todos los santos (entiéndase “santos” como los hombres y mujeres nacidos de nuevo, que son parte de la familia de Dios, de la iglesia universal de Jesucristo) de la historia es que ellos estuvieron dispuestos a cambiar “esta vida” por la “venidera”. Estuvieron dispuestos a atravesar por lo que fuera necesario (siguiendo su fe en Jesucristo) sabiendo que esta vida no era la estación definitiva, que el viaje no llegaba al fin en esta tierra.
Pablo era capaz de ver a Dios, Su Mano, Influencia y Perfecta Voluntad en las cosas que le ocurrían.
Él no discutía con Dios (como acostumbramos a hacer) sobre el porqué de las cosas.
Pablo daba a gracias a Dios por la manera en que Él soberanamente permitía que las cosas sucedieran.
Ya sea estando preso por predicar a Cristo, o viviendo un tiempo glorioso de milagros y sanidades, Pablo sabia que lo uno como lo otro eran parte del plan de Dios y si Dios lo había decidió así, entonces debía estar bien.
¡¡Esto es verdadera fe!!
Como hombre muchas veces me he visto enfrentado a dificultades que van más allá de capacidad de resolución. Créeme que entiendo perfectamente cuando alguien me dice que siente que no puede más.
¡¡Yo también he pensado que no podría seguir ni siquiera un paso más!! Pero Dios se ha encargado de enseñarme que Él ordena los pasos de sus hijos. Él nos fortalece para que todo lo podamos en Cristo.
Una gran lección de la vida cristiana es que todo lo podemos en Cristo.
Nuestras quejas y murmuraciones vienen de poner la mirada (confianza) en nosotros, en nuestras fuerzas o capacidades, pero todo cambia cuando la confianza es depositada en Aquel que todo lo puede y que nos capacita para poder con todo lo que
El nos ponga por delante.
Derechamente Dios quiere enseñarnos a mirarlo a Él sobre toda aflicción, conflicto o circunstancia. Sin duda Él desea que quitemos la mirada de nosotros mismos y la pongamos sobre Él.
Pablo, al igual que otros santos de la historia, lo entendieron así, y tu ya sabes cuales fueron los resultados de tal fe en Dios: “las cosas mas increíbles ocurrieron porque hubo gente que se atrevió a confiar en Dios plenamente”.
Fueron llevados más allá de sus humanas posibilidades por Aquel que es capaz de hacer lo imposible.
Enfrentaron las necesidades (carencias) mas grandes, los dolores mas terribles, las pérdidas mas dolorosas y todavía lograron estar en pie porque había UNO que los sostenía en medio de toda esa adversidad.
Muchos creyentes, en un momento de alta emoción, han gritado a los cuatros vientos que todo lo pueden en Cristo que les fortalece, y no mucho después, al fragor de la batalla, los vi tirar la toalla y retirarse derrotados y desanimados.
El verso en cuestión es más que una bonita frase que se dice en momentos de emocionalismo. Es Palabra de Dios, es la promesa de que caminando junto al Señor PODREMOS LOGRAR Y SOPORTAR TODO LO QUE EL QUIERA, PORQUE EL MISMO NOS DA LA FUERZA NECESARIA PARA HACERLO.
Por último, sólo puedo agregar que se que Pablo no mentía cuando decía estas palabras. Dios también me lo ha demostrado a mí.
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Juan 19:18 “y allí le crucificaron, y con él a otros dos, uno a cada lado, y Jesús en medio”
Prácticamente todo el mundo conoce este relato que habla de la crucifixión de Cristo.
Sabemos que Él murió en medio de dos malhechores, que su muerte fue la crucifixión, que murió por los pecados de la humanidad que con ese sacrificio demostró su gran amor por los hombres de todas las edades.
Que con ese sacrifico abrió la puerta para que todo el que invoque el nombre del Señor pueda ser salvo por medio de Él.
Quizás no seamos expertos en Cristología, pero estoy seguro que sabemos lo suficiente como para poder entender lo siguiente.
Cristo se ha dado a conocer por muchos medios. El apóstol pablo hablaba de algunos que predicaban a Cristo incluso por contienda pero se alegraba que de todos modos Cristo fuera predicado.
En este tiempo los medios de comunicación masivos han ayudado bastante en la tarea de universal el conocimiento de Cristo.
Especialmente gracias a lo que llamamos semana santa, tiempo en que se transmiten programas especiales (los que, dicho sea de paso, cada vez son menos) haciendo alusión a la obra que Cristo realizara en la cruz, en favor de toda la humanidad.
Pero hay algo intrínseco en este versículo que deseo resaltar, y tiene que ver con la centralidad de Cristo.
El Señor fue crucificado en medio, lo que me lleva a preguntarme ¿Es Cristo central en nuestras vidas?
La historia misma está dividida por el nacimiento de Cristo, lo que da a Cristo un lugar central en la historia.
Como leemos, Él fue crucificado en medio de estos hombres, lo que le da un lugar central en la redención de los pecados de la humanidad.
Pero de nuevo ¿Es el Señor Jesucristo central en mí?
En el misterio de la trinidad Jesús ocupa el lugar del medio. Cuando pronunciamos alguna bendición lo hacemos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, y otra vez Jesús, el Hijo, es figura central
¿Es Jesús central para ti?
De acuerdo a lo que podemos aprender de la escritura, Jesús es Dios hombre, él es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación.
Jesús dijo “el que me ha visto a mí, ha visto al Padre”.
En Jesús “habita toda plenitud”. Todas las cosas en Él subsisten.
¿Te das cuenta del rol central que ocupa Cristo en la escritura y en la economía de Dios?
Por ello considero más que oportuno reflexionar sobre Su centralidad en nuestro vivir. Si Cristo es tan importante en todo y para todo, ¿puede no serlo para nosotros?
Con toda esa referencia ¿Podemos darnos el lujo de dar a Cristo un lugar que no sea central en nuestro corazón, tiempo, y hogar?
Yo pienso que no. ¿Qué piensas tú?
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Lucas 18:18 “un hombre principal, le preguntó diciendo: maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna?
De acuerdo a algunos estudiosos de las escrituras, nunca el estado espiritual de Jerusalén fue peor que en los días de Jesús.
El Señor debió enfrentar la férrea oposición de aquellos que representaban la cúpula religiosa de su tiempo.
El estado del templo era deplorable considerando que el Señor mismo debió echar a los vendedores que había en el lugar recordando el propósito de este de ser casa de oración y no cueva de ladrones.
Políticamente hablando, sufrían una fuerte opresión financiera por parte de roma. En realidad los días eran malos para los judíos.
Pero con todo ese adverso panorama encima, a la luz de lo que podemos leer, había al menos la inquietud por la vida eterna.
Este hombre principal se acercó a preguntarle al Maestro por este tema. Hay que reconocer que uno siente al menos la curiosidad por preguntar cuando se encuentra con uno que sabe sobre algo.
Jesús hablaba con una autoridad inigualable de las cosas de Dios y su reino. ¿Quién más calificado que Él? ¿Quién mejor que el hijo para hablar del Padre, de lo que Padre es y tiene?
Este hombre tenía inquietud por la vida eterna. ¿Sabes qué me sorprende de la gente de nuestro tiempo? Que no tiene tal inquietud por la vida eterna.
Me temo que, ya sea por el hecho que algunos lo dan por sentado o por mero desinterés, estamos en serio peligro cuando damos esa señal de indiferencia frente a un asunto tan crucial.
¿Cómo no nos va a importar nuestro destino eterno?
Si nos importa el lugar donde vacacionaremos, si nos preocupamos por el colegio en que nuestros hijos van a estudiar. Si nos preocupa la ropa que vamos a usar el siguiente día. Si nos preocupa obtener el permiso de circulación para nuestro vehículo, ¿cómo podemos dejar tan abandonado un asunto que requiere tanta atención?
¡¡Es una increíble e incomprensible negligencia!!
Lamento tanto que las personas en este tiempo sean tan descuidadas con esto. Me apena que las personas tengan interés para todo y no para este asunto tan relevante para sus propias vidas.
La mente del hombre contemporáneo está tan ocupada con lo pasajero, con lo temporal que ni se acuerda que esta vida es apenas una estación en el camino a la eternidad.
Tú y yo sabemos que hay cosas que uno, por más que desee, no puede hacer por otros. La vida eterna no es algo de lo cual yo pueda encargarme por ti. Es un asunto de carácter eminentemente personal.
El hombre de nuestro relato tenía una idea tan equivocada de la vida eterna, pero tener la inquietud le permitió saber qué terreno pisaba.
¿Cuántas personas de tu familia se muestran indiferentes por el asunto? No tienen ni el más mínimo interés por nada que tenga que ver con Dios.
Yo conozco personas que calman sus conciencias haciendo algunas cosas de las que nosotros consideramos como buenas, pero para Dios esas justicias son como trapos de inmundicia.
La justicia de Dios es Cristo. Jesús es el único que puede hacer algo a favor de la eternidad de nuestra alma.
Hoy más que nunca, es menester que pongamos el tema de la vida eterna en el centro de nuestro quehacer y consideremos con cuidado que el cielo, así como el infierno, fueron hechos con propósitos bien específicos.
Quienes no leen la palabra de Dios se privan así mismos de conocer información relevante para la vida eterna.
Yo no sé si todos los perritos van al cielo, pero si se por la palabra de Dios que no todo el que diga al Señor, “Señor”, entrará en ese reino.
Se compunge mi corazón cuando leo en las escrituras, que los injustos no heredarán el reino de Dios, que los abominables no entrarán allí, que los hechiceros tendrán su parte en el lago de fuego (condenación eterna), que los mentirosos no irán al cielo, que los fornicarios (esto es lo que practican el sexo fuera del matrimonio) no podrán entrar en ese reino de santidad y pureza, que los borrachos no podrán ir allí, que los asesinos, violadores, adúlteros, afeminados, estafadores, idólatras, los que se echan con varones (o mujeres), los ladrones los avaros, ni los maldicientes (si, esos que hablan garabatos por doquier) NO HEREDARÁN EL REINO DE DIOS. (ruego ver 1 Corintios 6:9-10)
Alguno dirá ¿entonces nadie va a entrar allí? Por eso es importante que el tema de la vida eterna sea prioritario, para que sepamos lo el Señor ha determinado sobre el asunto.
El único que puede hacer algo al respecto es Cristo, el Señor de la iglesia. ¿Eres parte de Su iglesia? Si no lo eres, deberías. Jesús va a regresar por ella para llevarla a Su Reino.
Piénsalo. El tiempo de su venida es cada día más cercano.
Amado lector de este devocional, con todo mi ser espero esto te haga pensar sobre la vida eterna por amor de tu alma que así sea.
Y un día quizás, me lo vas a agradecer.
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1 Juan 2:17 “Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre”
¡¡Hay tantas cosas que giran en la cabeza de las personas!!
En esta misma fecha para muchos el pensamiento predominante es en relación con el inicio de la etapa escolar y su mayor preocupación es tener lo suficiente para comprar todo lo necesario (me refiero a útiles, uniformes, colegiatura y ese tipo de cosas).
¿Es esa la vida que Dios desea que llevemos? ¿Nos creó Dios para que nos afanemos al punto de la angustia por poder cumplir con todo lo que el mundo nos exige?
La palabra del Señor nos hablaba ayer (domingo) de lo que sucedió en el huerto del Edén.
Dice que Dios expulsó de ese idílico lugar a Adán y Eva, y en esto mis amigos, es donde radica el mayor problema del hombre.
Dios lo echó de su presencia porque desobedeció y esa desobediencia le llevó a convertirse en algo que Él no creó.
La vida del hombre hoy está convertida en algo de veras muy distinto a lo que Dios planeó.
Dios nos hizo para la alabanza de su gloria y paradójicamente lo menos que Dios recibe de nosotros es alabanza o gloria.
El propósito original ha sido desvirtuado y con ello la vida entera del hombre.
Mientras que nuestra mayor preocupación es cumplir con las demandas del mundo en que vivimos, ella debería ser cumplir con las demandas de un Dios que además de ser Santo es perfecto en todos sus caminos (incluyendo sus demandas)
Deberíamos estar preocupados de hallar el modo de recuperar lo perdido en ese Huerto.
Dios, sabiendo que por nuestra cuenta era imposible lograrlo, nos abrió la puerta de regreso. Esa puerta se encarnó en la persona de Cristo, y en esta era, está representada por el ministerio de la iglesia, la casa espiritual de Dios en la tierra.
El Señor dijo que Su casa era puerta del cielo. ¡¡Piensa en lo que eso significa!! La iglesia del Señor, que es la morada de Cristo, se ha vuelto para nosotros en la oportunidad de recuperar lo que los padres perdieron por su desobediencia. ¿Y en que estamos nosotros? ¡¡En los afanes de la vida!!
Mi intención es hacernos reflexionar sobre la pertinencia de nuestras prioridades.
Jesús no espera que dejemos las cosas a la deriva, de hecho eso sería muy incorrecto, pero por supuesto que tampoco espera que por atender las cosas, lo dejemos a Él a la deriva. Te aseguro que eso es lo que ocurre principalmente.
Después que acabe el colegio, después de haber conseguido todos los honores académicos, después de haber logrado todo lo que uno puede lograr, te recuerdo que tendremos que dar cuenta a Aquel que está preparado para juzgar a los vivos y a los muertos.
El problema del hombre entones no será si logró riquezas o si fue pobre, si fue un distinguido académico o si fue un ignorante.
Lo único que va a contar ese día será si Cristo fue o no preeminente. Si Cristo fue o no el Señor en esa vida, si Cristo fue o no lo primero en esa vida, porque sólo Cristo es el camino al Reino de Dios.
El problema para Adán y Eva (y por con siguiente para sus descendientes) no era su sustento o su futuro académico. Ellos fueron expulsados de la presencia de Dios, fueron privados de esa relación privilegiada que tenían con Él y no había nada que pudieran hacer para que las cosas regresaran al punto de partida.
Dios mandó que una espada custodiara el acceso al árbol de la vida,, porque esa degeneración de la creación no podía vivir para siempre.
Cristo vino a trazar un camino de vuelta a ese reino vedado para los hijos de Adán y en la cruz pagó el precio de la deuda que nuestro pecado generaba.
Él hizo lo que ninguno de nosotros podría haber hecho, pero hay algo que Él no puede hacer por nosotros, esto es, decidir apartarnos del mal, y escoger hacer Su voluntad.
Nosotros hoy día estamos muy preocupados por hacer muchas cosas, pero no por hacer la voluntad del Señor.
Derechamente necesitamos revisar nuestras prioridades.
El colegio, el trabajo, las cuentas, la casa, todo eso es importante, pero si nos preocupan tanto las cosa temporales ¿cómo no preocuparnos por aquello que durará eternamente?
Si todo esto que ven nuestros ojos pasa, deberíamos estar enfocándonos en hacer la voluntad de Dios. Es lo único que tiene valor más allá de esta vida.
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1 Tesalonicenses 5:17 “Orad sin cesar"
Dios ha dejado un poderoso medio para que nos comuniquemos con Él. Este medio es la oración.
Si estudiamos detenidamente la vida de Cristo, nos daremos cuenta que la oración era un aspecto fundamental de su vida, no sólo de su ministerio.
Muchas personas están de acuerdo con el hecho que se debe orar para llevar un buen ministerio adelante, pero esa no es toda la verdad. Lo cierto es que se debe arar para llevar una buena vida adelante.
Es muy difícil llevar una buena relación con Dios sin invertir en oración. Es, a su vez, muy difícil invertir en oración sin entender primero el valor que esta tiene para una abundante vida espiritual.
La escritura abunda en textos que confirman la necesidad, el valor e importancia de la oración para cualquiera que sea precie como hijo de Dios.
No obstante, son pocas las personas que han entendido esta verdad al punto de practicarla.
Lo cierto es que pocas personas oran, y son menos las que lo hacen de manera sistemática o periódica.
Habiendo tanta evidencia bíblica que llama a la oración, vale preguntarse: ¿Por qué las personas no oran?
Esta pregunta debe tener por lo menos un centenar de respuestas.
Algunos dirán que no lo hacen por razones de falta de tiempo, otros porque no saben cómo hacerlo, otros porque siente que no es necesario ya que Dios lo sabe todo.
Otros dicen que dado que Dios es Omnipotente, Él no necesita de mi oración para hacer que las cosas pasen o dejen de pasar.
Respuestas hay múltiples y nosotros podemos discutir todo lo que queramos sobre la oración pero sólo el practicarla producirá resultados.
Así mismo ocurre con la palabra de Dios, tu puedes discutir sobre ella pero sólo cuando la obedeces tienes resultados.
La oración está directamente ligada con la fe. La verdad es que la mayoría de las personas no oran porque no tienen fe, es decir, no creen en la efectividad fe la oración.
Permíteme recordarte que cuando tú haces lo que Dios mandó, tu estás mostrando fe EN Dios. Yo hago lo que Dios me pide porque creo lo que Él dice.
Jesús advirtió sobre cuál sería el estado de la fe en las personas, en los días previos a su regreso (segunda venida). Él dijo: “cuando el hijo del Hombre regrese, ¿hallará fe en la tierra?
La respuesta es NO, no hallará fe en la tierra.
Cuando Él vuelva, el corazón de los hombres estará totalmente entregado a la idolatría, hechicerías, maldades, pecados e injusticias, bajo la dirección (liderazgo) del anticristo.
Hoy más que nunca necesitamos echar mano de nuevo a la oración.
La oración es mucho más que venir a pedir algo a Dios. Ella nos enseña a ser tenaces, a confiar en Dios.
Las personas que oran consistentemente desarrollan la fe que Dios ha puesto en ellos y nos son fácilmente movidos por las circunstancias adversas, ¡¡y vaya que la vida las tiene!!
Los males que vivimos a diario no se solucionarán sólo por tomar un par de medicamentos o recurrir a alguna forma de rehabilitación, El corazón malo no se rehabilita, necesita ser sustituido por uno nuevo. Eso sólo lo da el Señor y ¡¡cómo ayuda la oración en todo ello!!
Dios quiera que entendamos que la vida abundante solo se encuentra en un camino y ese camino es en comunión con el Señor por medio de la oración.
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Efesios 4:11-12 "y él mismo constituyó a unos, apóstoles, a otros profetas, a otros, evangelistas, a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo"
El objetivo de la iglesia debería ser edificar en lugar de entretener.
Me temo que hemos llegado al triste (aunque anunciado día) en que las prioridades de la iglesia serían cambiadas, y llamaríamos malo a lo bueno y bueno lo malo.
Desde su mismo origen, las bases de la iglesia y de sus correspondientes ministerios fueron establecidos por la cabeza de esta, que es Cristo.
Con bastante precisión el Señor se refirió a cuál debería ser el rol de los ministerios de las congregaciones cristianas: “edificar al cuerpo de Cristo”.
La idea es llevarlo por medio de cada ministerio, a la estatura de Cristo, a la madurez espiritual.
Pero las cosas han cambiado (para pesar nuestro) y debemos ser capaces de reconocer que muchas iglesias (entiéndase asambleas cristianas) hoy no están sirviendo el propósito de Cristo, y por tanto no están sirviendo al Reino de Dios.
En muchísimos lugares todo está diseñado para el gusto de las personas que asisten.
El programa a seguir, la manera de proceder, la longitud del servicio, aun el mensaje, todo gira en torno al personaje equivocado, esto es el hombre.
La iglesia es la esposa de Cristo. Una esposa debería ser capaz de reflejar a su marido y viceversa. Pero lamentablemente las cosas no son como deberían ser en muchos lugares hoy día.
Con demasiada frecuencia me entero de personas que se quejan porque los lugares a los que asisten no representan para nada la iglesia descrita en la palabra de Dios.
Más bien los templos se han convertido en lugares de entretención para las personas, en vez de casas de oración y puertas al cielo, como era el plan original.
Recuerdo que Cristo mismo entró en el templo en sus días para purificarlo, para poner las cosas en su lugar, y devolver al templo la “dignidad perdida”
Hoy (como entonces) la gran mayoría no veía lo malo que pasaba en el templo. Ellos vivían su vida, seguían adelante con sus cosas.
Se necesitó de uno que mirara con los ojos de Dios para purgar las conciencias y traer de vuelta el orden y el propósito.
Pienso que hoy Dios está buscando corazones que anhelen una realidad en cuanto a lo espiritual.
Los hombres no tenemos problemas con la religión, el problema de los hombres comienza cuando Cristo unetenta establcee sSu reino dentro de ello en sus corazones.
Muchos no tienen el mínimo de discernimiento que se necesita para comprender que sus actos aunque religiosos, no sirven en lo más mínimo a la glorificación de Dios.
De muestra quisiera dar un ejemplo.
¿Cuántas personas se afanan por bautizar a sus hijos pequeños? Me refiero a bebés de meses de vida.
Sabemos que la razón que esgrimen para hacerlo es el pecado original.
Ignoran estas personas que Cristo con mucha claridad dijo (aún mucho después del "pecado original") que el reino de los cielos pertenecía a los niños. Que había que dejarlos venir a Él.
El bautismo para arrepentimiento era una práctica de adultos no de niños. Pero bien podemos pensar que las personas actúan por ignorancia, sin maldad.
No obstante, y aunque debe haber excepciones (personalmente no conozco ninguna, pero debe haberlas) esos tan necesarios bautizos de bebés siempre acaban con personas pasadas de copas.
En la mayoría de ellos lo menos importante termina siendo el bebé bautizado. Lo que se vuelve central es la comida, y posterior fiesta.
¿Qué están celebrando? No lo sé. Pero lo que sea, el celebrado (bebé) no tiene ninguna participación. A esa altura del partido normalmente duerme, y mal, a causa de la música, del ruido, del humo de cigarrillos, y de los gritos de los asistentes.
Ese acto puede ser muy religioso pero no tiene ningún valor espiritual.
¿Podría complacerse el Señor en algo como eso, que empieza con motivos supuestamente espirituales y termina siendo una gran ocasión para el desenfreno la borrachera y otros pecados que Dios condena?
Si lo puedes notar, lo que distorsiona el asunto, es el tema de la entretención, algo supuestamente espiritual termina siendo usado como una ocasión para entretenerse.
ESO ha hecho mucho daño a la obra de Dios.
Este afán por la diversión ha hecho que cosas serias y valiosas se vuelvan vanas y pierdan su real sentido.
No creo que haya nada de malo en el hecho de sentirse bien en la congregación siempre y cuando eso sea el resultado de vivir bien, y no que el programa de la iglesia tenga por objeto entretener a las personas.
Cristo nunca se dedicó a entretener a nadie. El no perdió su tiempo en esto porque sabía muy bien que las personas no necesitaban distracción sino una poderosa verdad, que les pudiera dar liberación.
¡¡Esa es nuestra más grande necesidad!!
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Juan 16:8 “Y cuando Él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio”
La realidad que Dios está muy por sobre nosotros es más abrumadora de lo que uno ligeramente puede pensar.
Para algunas personas el hecho de creer en Dios es el gran escollo de sus vidas. Sinceramente no saben si existe o no un “Dios”.
Para otras personas, lo es el hecho que creyendo, Dios parece no tener intención alguna de responder a sus oraciones, porque aunque piden no reciben.
Pero yo siento que es necesario ser más claros en este sentido y me refiero al tema del porqué Dios podría no responder a quienes le buscan en oración.
Verdaderamente es ese hecho que me lleva a pensar cuan popular y a la vez ajeno es el concepto de Dios para nosotros sus creaturas.
La mayoría no tiene problemas en asumir que existe un Dios todopoderoso.
Muchos lo entienden sin dificultad, pero esto no es garantía que entienden la naturaleza de ese Dios.
Ahí es donde radican nuestros problemas más profundos de relación con Él.
La gran mayoría entiende (piensa, cree) que Dios “se debe” a ellos.
Que de alguna manera Él “tiene” que responderles, tiene que estar ahí cada vez que le necesitan, aunque desde luego, ellos mismos “rara vez” están ahí para responder a las demandas de Dios.
Dios es manipulado con mucha frivolidad por personas que no tienen la menor de idea de “con quien se meten” cuando hablan de Él.
Y aunque todos sienten el derecho de hablar de Dios, pienso humildemente que pocos muestran la reverencia que se requiere para hablar de Él, porque lo hacen desde su ignorancia, sin conocer al Señor ni teológica ni experiencialmente.
El asunto es que Dios sabe que el problema de la humanidad es la debilidad que la carne (entiéndase naturaleza caída) tiene por el pecado.
El pecado es algo más que solo hacer algo feo o malo, es realmente mucho peor que eso. El pecado en su definición más profunda implica llevar una vida “de espaldas a Dios”, o sea, una vida que para nada considera a Dios en lo que hace.
¿Por qué tendría Dios que salir corriendo en nuestra ayuda cada vez que lo deseamos (mejor dicho “necesitamos”, porque francamente muchos no se acuerdan de Dios hasta que lo necesitan), siendo que hemos decidido vivir a espaldas suyas, adjudicándonos el señorío de nuestra vida y de las decisiones que tomamos y de las cosas que hacemos?
Esto lo planteo desde una postura apologética (defensa de la fe) porque es ciertamente injusto que Él tenga que hacerse cargo de nosotros, en circunstancias que nosotros queremos vivir ajenos a Él.
Con todo, Dios nos ha concedido gracias divinas, una de las cuales es precisamente “la convicción de pecados”.
El hombre cae tan profundo esclavo en el pecado que este le ciega, impidiéndole ver su real condición.
Date cuenta, como hombres y mujeres destruyen matrimonios por aventuras pecaminosas, por satisfacer fantasías que el pecado pone en sus mentes.
No imposta qué clase de pecado sea, el patrón siempre es el mismo, el pecado termina embrujando a la persona que como en un estado hipnótico se entrega, sin medir consecuencias, sin contar los costos de esas alocadas decisiones.
Lo peor es que el pecado envicia. El pecador necesita ir tomando dosis mayores que surtan un más profundo efecto en su carne y con eso solo termina hundiéndose más en su triste condición.
Una vez confrontado, muchos responden con toda desfachatez echando mano a argumentos egoístas tales como “tengo derecho a ser feliz” (a costa de la desdicha de otros, pero eso no imparta, el pecado en verdad te anestesia para que no veas esa verdad), o algo así como “es mi vida, yo sé lo que hago con ella”.
En medio de esta oscuridad, la gracia divina de la convicción de pecado surge como la chance para el pecador obstinado.
Dios usa Su Santo Espíritu para que este, por medio de la palabra de Dios, produzca convicción.
El hombre se resiste pero el poderoso Espíritu de Dios es capaz de traer luz al corazón entenebrecido por la acción del pecado.
El Espíritu de Dios viene para convencer al hombre de su pecado (que generalmente es muy obvio, pero se resiste a verlo como tal), para convencerlo de la justicia de Dios (que es Cristo) y del juicio que Dios ha decretado sobre el alma que pecare y que se rehusare a recibir la justicia de Dios, esto es a Cristo Jesús, como única solución al problema del pecado
Es claro que el camino que la humanidad ha escogido llevar, lejos de Dios, un día terminará haciéndole caer en un abismo de perdición del cual no habrá posibilidad de salir.
Dios quisiera evitarnos esa dolorosa e irreversible experiencia. Por ello nos concede la gracia de la convicción. Si amando más el pecado (recuerda; vivir dando la espalda a Dios), preferimos endurecer nuestro corazón contra eso, ¿qué otra alternativa puede quedar?
Por eso dice la escritura dice “si oyereis hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones”.
Esta gracia divina no es para ser rechazada, debe ser profundamente agradecida, mira que si la gracia de Dios no pudo ayudar, nada más podrá.
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Hechos 2:40 “y con otra muchas palabras testifica y les exhortaba, diciendo: sed salvos de esta perversa generación”
Si nos propusiéramos hacer un análisis serio de las temáticas en torno a las cuales giran los dibujos animados, nos sorprendería ver las conclusiones a las que llegaríamos
No solo por las temáticas que tienen sino por la vasta exposición de nuestros hijos a este tipo de programas.
En noticias espeluznantes que salen a la luz de tiempo en tiempo, queda de manifiesto la agresividad con que actúan los niños, adolescentes, jóvenes y adultos de nuestro tiempo.
Esta agresividad no es resultado de sus últimos años de vida sino más bien de todos los años anteriores, y en particular, los primeros, que son los años de formación y consolidación de muchas conductas.
Si mirásemos los perfiles de personalidad que tienen los personajes de estas series entenderíamos por qué después de haber comenzado a mirar este tipo de programas, nuestros hijos tuvieron un cambio tan drástico de comportamiento.
La televisión ha jugado un rol preponderante en la propagación de antivalores.
Desde luego no es el único agente. El cine, el internet, la radio y las llamadas redes sociales están haciendo lo suyo en este sentido también.
No intento discutir la amoralidad de dichos medios. Está claro que el uso que se les dé, determinará los resultados que se produzcan por medio de los mismos, pero que han tenido su parte, es innegable.
Muchos de los accidentes automovilísticos que padecen nuestros jóvenes, por ejemplo, son el resultado de las dosis recibidas mediante películas como “Rápido y Furioso”, por ejemplo. ¿Cuántos enchularon sus autos al más puro estilo de la película después de verla?
Y si ellos hicieron eso externamente con sus vehículos es porque algo de esa película quedó internamente en ellos.
Seguramente también quedaron la ganas de hacer volar el auto en alguna carretera.
El estilo de vida que se propone en esos filmes es el que precisamente eleva los riesgos de accidentes en auto.
La ingesta de alcohol, actitudes rebeldes, peleas, sexo, dinero rápido, son una combinación mortalmente peligrosa.
Los mensajes que se entregan a través de los medios audiovisuales son muchísimos.
Hay para todos los gustos y edades. Lo interesante en nuestro caso sería que estuviéramos atentos para no dejarnos manejar por esos mensajes, especialmente por los que atentan contra nuestras vidas.
La lista de nombres de programas, series de TV, y películas sería interminable. Las temáticas expuestas son variadísimas, pero el elemento central siempre es el mismo: quebrar las leyes de Dios.
Ya sea atentando contra la integridad de uno mismo, o de otro: Por medio del uso de drogas o una vida promiscua, inmoral o licenciosa. Sea por medio del dinero fácil, o de la infidelidad, o de la trasgresión de las leyes humanas, no importan la trama, el mensaje es siempre el mismo: “Tú puedes hacer lo que quieras, puedes hacer lo que te venga. Lo que sientas, lo que quieras, lo que te guste, hazlo, tienes derecho a hacerlo”.
Y aunque suena muy bonito (es de hecho muy humano), lo que ese mensaje no precisa ni aclara, es que cada vez que hacemos lo que nos da la gana, tenemos que asumir costos que van más allá de lo que somos capaces de asumir.
El engaño del diablo siempre ha consistido en tratar de convencernos que tenemos dominado nuestro mundo. ¡¡Que gran mentira!!
Los niños (aun los padres), jóvenes y adultos, siempre creen tener dominadas las situaciones hasta que se les escapan de las manos.
La vida sin Dios está llena de cosas que parecen inofensivas y que nos llevan tiernamente a nuestra propia destrucción, a la perdición.
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Hechos 2:40 “y con otra muchas palabras testifica y les exhortaba, diciendo: sed salvos de esta perversa generación”
Hay tantas cosas de la vida que parecen tan inofensivas. No digo que lo sean en realidad, digo que parecen serlo.
Ayer comentaba sobre los dibujos japoneses que hace 15 años fueron hits, los más vistos por los chicos y lolos de entonces y cuan aparentemente sanos eran pero detrás contenían un mensaje “subliminal” que en ese momento muchos no llegamos a captar.
El efecto de ciertas cosas no se deja ver claramente hasta mucho después. He aprendido que el trabajo del enemigo es normalmente muy sutil. Él no presenta de inmediato todo lo que tiene, va de a poco.
Al enemigo le gusta trabajar en base a dosis, porque sabe que el hombre siempre necesita una porción mayor, una dosis más fuerte que le permita experimentar algo mayor que lo que tiene en ese momento.
Así actúan la pornografía, las drogas y demás adicciones.
Al principio un poco de eso basta, pero el alma insaciable pide más y después nada es suficiente.
Los dibujos animados en este tiempo están siendo usados muy poderosamente para plantar en las mentes y corazones de los niños (y no tan niños) semillas de maldad y destrucción que se dejarán ver con mayor claridad en un par de años.
¿Quién puede cuestionar el poder adictivo que tienen estas series? Pueden ser vistas una y otra vez por los pequeños.
Los dibujos animados están cumpliendo eficazmente con la tarea diabólica de mentalizar esta generación para ser rebelde, violenta y perder por completo de vista la existencia de un Dios absoluto y los valores de este Dios.
Mira por ejemplo, como la mayoría (por no decir todos) los dibujos animados tienen algún poder.
Esa enseñanza es tan antigua como la tentación en el huerto de Edén. En buenas cuentas, la serpiente vino a decirle a Eva que ellos podían tener un poder (ser como Dios) si comían de tal fruto.
Hoy día los aparentemente inofensivos dibujos animados están animando a nuestros hijos a creer la misma mentira que llevo a Adán y Eva a ser desterrados de la presencia de Dios. ¿Puedes ver lo satánico del asunto?
No es un ser grotesco, tridente en mano, con cuernos y una gran cola el que les está lavando el cerebro todos los días con esa idea, son los lindos dibujitos con los que nuestros hijos se entretienen diariamente frente al televisor los que están haciendo el trabajo por el diablo.
La búsqueda del poder es el tema que hay detrás de muchos programas infantiles. La hechicería, conjuros (palabras que no entendemos en lo más mínimo) y el usar poderes ocultos, son las grandes armas que estos “diabólicos héroes” tienen para vencer a sus oponentes.
Me preocupa que muchos padres no se dan cuenta de esta verdad y por tanto es difícil que puedan hacer algo al respecto ´para proteger a sus hijos, pero me preocupa mucho más saber que hay padres que se dan cuenta y que por no querer enfrentar la situación prefieren hacer vista gorda y exponer a sus pequeños a esta mugre.
Es tan clara la manera en que estas series afectan el comportamiento de los niños. Se vuelven violentos, se aíran con facilidad, se tornan respondones, rebeldes- Sé que tú los ha visto de cerca. Tal vez hasta estés lidiando con esta clase de problema en casa.
Los dibujos animados para algunos se transforman en un objeto de verdadero culto, y ahí el problema se hace más complejo.
No nos damos cuenta como estos se transforman en verdaderos ídolos de nuestros hijos. Ellos empiezan a actuar como sus personajes animados favoritos, quieren su ropa, todos los accesorios que estos ocupan, hablan como ellos y hasta actúan como ellos.
Algunos pensarán que esto es solo con los más chicos, pero no es raro ver a algunos, no tan chicos, siguiendo el mismo patrón. Estos dibujos animados tienen un verdadero poder para cautivar y enviciar a nuestros hijos.
Y aunque a algunos les pueda sonar a exageración, este aparentemente inofensivo culto, le está costando muy caro a nuestra sociedad. Tomemos cartas en el asunto, salvemos a tus hijos de esta perversa generación.
Jesús dijo: “dejen que los niños vengan a mí, no se los impidan” .
No privemos a nuestros hijos del único que verdaderamente les conviene, estar cerca del Señor. (continuará)
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Hechos 2:40 “y con otra muchas palabras testifica y les exhortaba, diciendo: sed salvos de esta perversa generación”
Ayer por la tarde (noche) conversábamos, un hermano de la congregación, mi esposa y yo, sobre la influencia que los dibujos de la animación japonesa han tenido en nuestras vidas.
Básicamente recordábamos como nos habíamos hecho “adictos” a algunas series de esta clase de programas, y recordábamos algunos de los nombres más prominentes de esa época.
Desde luego nuestra intención no era evocar esos programas, sino analizar los contenidos que prevalecían en ellos, y concluimos como los dibujos animados de hace 10 años habían dejado como fruto mucha de la decadencia que vemos hoy.
Cada una de esas series tenía una característica sobresaliente en temática. Me explico.
Las primeras series eran más bien tristes, (Candy, Marco, Remi) con un contenido depresivo, caracterizados por niños que lloraban (ya sea, un amor platónico, la ausencia de la madre, etc). Series aparentemente sanas, pero muy deprimentes. Demonios de depresión disfrazados como ángeles de luz
No debemos dejar de lado que Japón es el país con la tasa de suicidios más alta en el mundo.
Ese espíritu sin duda alguna estaba presente de alguna forma en esas (al parecer) inofensivas historias.
Para saber si dieron su fruto debemos mirar a la siguiente generación. Tú sabes que los frutos no aparecen al instante. Pero lo que das a los niños con seguridad se muestra cuando estos van creciendo. Ese depósito, bueno o malo, hace su trabajo con la ayuda del tiempo y la influencia del ambiente social y espiritual.
Posteriormente podíamos identificar una variación en el tipo de animación. Luego apareció una camada de dibujos animados cuya sexualidad cuestionable o era simplemente sensuales Ramma, Sailor moon, etc). Algunos de esos personajes eran hermafroditas (o al menos cambiaban de sexo).
Indudablemente se trataba de otro ataque, esta vez dirigido a la moralidad de los niños y adolescentes de entonces (actuales adultos de nuestros días).
Así es como el diablo inyecta su veneno, el cual no es instantáneamente letal. El enemigo se toma su tiempo, y va poco a poco envenenando las almas de las personas con cosas que parecen inofensivas.
No es raro que haya habido un mayor destape de las minorías sexuales en los últimos años (digamos, ¿la siguiente generación?) No es raro que los niños de entonces enfrenten tal apertura y naturalidad esas y otras manifestaciones que otros vemos von preocupación hoy en día.
Pero Satanás tiene para todos los gustos y necesidades. El hombre va buscando emociones más fuertes, cosas que le estimulen de modo más profundo, que le lleven “más allá” y la siguiente oleada de dibujos animados japoneses fue con violencia.
Estos eran karatecas, ninjas, o lo que fueran pero el espíritu predominante en ellos era la violencia.
Me parece un chiste cuando escucho a las autoridades de educación o a los padres, hablar de lo incontrolables que están los hijos, de los violentos que se han tornado en casa y en los colegios.
¿Qué otra cosa se puede esperar si por varias horas al día, siete días a la semana han sido alimentados con esa clase de mensaje y por ese espíritu demoníaco? ¿Podemos esperar tener niños, jóvenes y a futuro adultos amadores del prójimo?
Hemos olvidado el principio que dice “todo lo que uno siembra, eso cosechará”.
Hemos permitido, a través de esos dibujos animados, el enemigo siembre odio, discordia y violencia en el corazón de nuestros hijos y hoy estamos cosechando niños son armas, insolentes, rebeldes y violentos hasta con sus propios padres.
Pero la historia no termina ahí. El peor y más destructivo ataque todavía no había sido lanzado. El enemigo estaba esperando el momento preciso, que las condiciones dieran “lugar para” poder dejarse caer.
El momento en que hubiera una falla importante a nivel de la religión (que se supone mantiene el estándar de la moralidad y valores de las sociedades) y cuando esta falló, el enemigo sacó su arma más letal. la mejor guardada: “el ocultismo”.
Todos los dibujos animados japoneses de nuestro tiempo tienen un elemento común: se basan en poderes sobrenaturales.
Nuestros niños están siendo mentalizados con la idea de tener poder y el enemigo, así como lo hizo con Cristo, tiene a disposición la oferta: “póstrate ante mí, adórame y te daré la gloria de estos reinos, te daré poder, te daré lo que quieres incluyendo poder para conseguir las cosas que deseas y dañar a los que se te pongan en el camino”.
Cristo se negó rotundamente a acceder a tal propuesta, pero ¿se negarán también nuestros hijos
Con familias quebradas, con valores pisoteados, con una sociedad violenta que olvidó pedir perdón, ¿se tomarán ellos el tiempo de negarse ante la oferta de tener poder (no importando de donde venga) para satisfacer sus deseos y poder llegar a ser como esos ídolos de sus dibujos animados?
De la depresión, al homosexualismo (y sensualidad), a la violencia y al ocultismo- Los dibujos de animados japoneses han sido poderosamente usados por el diablo para destruir los valores y principios que por siglos sustentaron nuestra moral,
Quiero recordarte que los japoneses, al igual que el resto de los orientales, en general no creen en el Dios que nosotros creemos. No creen en Jesucristo como salvador, ni creen en los valores cristianos.
Ellos se rigen por códigos distintos, por dioses distintos, por parámetros distintos.
Este no es un intento de ataque contra los japoneses, ni los chinos, ni los coreanos, esto es una confrontación a los poderes demoniacos que ocupan a los orientales como a los occidentales, a los africanos, a los europeos, y a los mismísimos americanos para proceder con su propósito de destruir el alma de los hombres.
El diablo no ve banderas, ni etnias. De cualquiera que se deje usar, el diablo sacará provecho para robar, matar y destruir.
El objetivo único y final del enemigo es destruir nuestras almas por medio de la corrupción y apartarnos de Dios y su verdad, y condenarnos al infierno junto con él.
Amado lector: las palabras del apóstol Pedro son igualmente importantes hoy como lo fueron hace 2 mil años: “sed salvos de esta perversa generación!! (continuará)
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Proverbios 3:11 “Hijo mío, no te olvides de mí ley, y tu corazón guarde mis mandamientos”
¿Te has puesto a pensar en lo desmemoriados que somos?
¡Con qué facilidad olvidamos cosas que pueden ser muy importantes!
No me cabe duda que en algún momento habrás atravesado por la angustiante experiencia de haber olvidado algo crucial en un momento crucial.
Desde documentos para una presentación en el trabajo, una tarea para el colegio o la universidad, hasta papeles para realizar alguna diligencia, somos susceptibles de olvidar, y Dios lo sabe muy bien.
Nos preguntamos ¿cómo pude haberlo olvidado? Pero pasó irremediablemente y tuvimos que asumir los costos de tal olvido en más de alguna ocasión.
Ya sea por un problema de memoria o distracción (muchas cosas en la cabeza nos distraen haciéndonos “olvidar” asuntos importantes) Dios siempre va a la segura y Él sabe que nos es de gran ayuda cuando nos recuerda ciertas cosas.
Este proverbio hace mención de algo que para Dios es fundamental y que para nosotros debiera ser central, pero muy frecuentemente olvidamos. Me refiero a la ley de Dios, a Su palabra.
La ley de Dios está registrada en las Sagradas Escrituras, lo que nosotros conocemos como Santa Biblia.
En ese libro Dios ha plasmado todo lo que nos compete saber sobre Su Reino.
La ley de Dios son los estatutos por los cuales se rige la creación de Dios. Yo estoy seguro que como ciudadanos de esta tierra hay muchas cosas concernientes a la ley humana que no compartimos pero nadie puede desconocer que es por esos estatutos que se administra la ley en las sociedades.
La ley de Dios estipula la voluntad de Dios, y nosotros como creación Suya debiéramos estar bien enterados de cual sea esa voluntad.
Vivimos en el mundo que Él creó, usamos el cuerpo que él diseñó, por tanto, nos haríamos un gran bien si atendiéramos a los estatutos (leyes) que Dios dejó en Su Palabra.
El estado deplorable de vida que vemos, la maldad, inmoralidad, robos, asesinados, muertes y otros, son el resultado de no tener en cuenta la ley de Dios.
Dios sabe cuan crucial y beneficiosa resulta ser para nosotros estar atentos a ESA Ley y por ello nos manda a no olvidarla.
Si olvidar asuntos terrenos nos trae dolores de cabeza, tan sólo imagina cuán gravitante puede ser olvidar la ley eterna de un Dios Eterno que nos fue conferida para prepararnos para la Eternidad.
De modo que, entre las muchas cosas que se nos pueden olvidar, no nos conviene olvidar la ley de Dios.
¿Cuándo la olvidamos? Cuando comenzamos a tomar decisiones independientes de esos estatutos.
Si fueras a hacer un negocio que sabes que viola la ley, sabrás que estás en serio peligro, y que todo tu trabajo podría malograrse repentinamente.
Vivir una vida aparte o en contra de la ley de Dios es algo similar pero a la vez peor ´porque los alcances de la ley de Dios son como ya dije, eternos.
Transgredir la ley terrena no hace acreedores de penas terrenas, según nuestra falta o delito, somos penalizados de acuerdo a lo consignado en dicha ley.
La palabra de Dios del mismo modo ha consignado con claridad que nuestros delitos y pecados (la transgresión de esa ley divina) tendrán un costo para nuestra alma. ¡¡Por ello, no podemos ser descuidados respecto a la ley del Señor!!
Las personas que guardan la ley, viven vidas tranquilas en lo que a la justicia se refiere. Una persona que tiene presente como regla de vida la palabra de Dios, sabe que tiene paz con el Creador.
Ahora bien la forma de poder guardar los mandamientos es teniendo un corazón abierto a esos mandamientos y esa clase de corazón solo es posible por medio de Cristo.
Si Cristo es Señor en tu vida, la palabra de Dios será delicia a tu alma, refrigerio a tu ser, y una prioridad para tu corazón, y absoluta seguridad te digo que no olvidarás la ley del Señor, porque Cristo nunca, ni por solo minuto, la olvidó.
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Hebreos 11
A veces uno realmente siente que tiene mucho que decir sobre cualquier cosa. Honestamente de pronto nos invade la idea que tenemos algo para decir, y que conviene que nuestra voz sea oída.,
Realmente creo que hay ocasiones en que la inspiración se apodera de nosotros. Como hombre cristiano debo decir que esa inspiración necesariamente proviene del Espíritu Santo, que es el Espíritu de Dios
La escritura es clara en decir que los hombres de Dios fueron inspirados por el Espíritu del Señor. NO hablaron meramente por gusto, no era una opción, sino que Dios les entregó algo para decir.
Pero hoy día creo que mis palabras son pocas (“en la abundancia de palabras no falta el pecado”, dice uno de los proverbios de Salomón ¡¡y cuánta razón hay en el!!), y todo lo que quiero compartir hoy, es este pensamiento, nada nuevo pero algo digno de recordar.
Mientras miraba 5 minutos el televisor, (créame que para mí la TV es una pérdida de tiempo la mayoría de las veces) tuve la ocasión de mirar una situación de un programa en el que se ponía sobre el tapete el tema de la fe. Aquello me hizo recordar algo que siento relevante compartir: “la fe puede ser muchas cosas, pero definitivamente no es ciega”
Se habla mucho de tener una fe ciega, pero la fe no es ciega.
Lo que ocurre con la fe es que ella logra ver lo que los ojos de nuestros sentidos físicos no son capaces de ver.
Ella (la fe) es capaz de ver a Dios, mientras que nuestros ojos solo ven las circunstancias, los problemas y las imposibilidades. [
La fe como digo, no es ciega. Todo lo contrario, ella nos permite alcanzar lo que de otro modo sería inalcanzable a causa de la capacidad que tiene de ver a Dios y sus recursos, de ver a Dios y Su respaldo, en resumen de “ver a Dios”.
Po la fe se alcanzan los imposibles, por la fe se lograron hazañas impresionantes. Pero no estoy hablando de cualquier clase de fe, estoy hablando de esa fe que está puesta en Dios, esa es la única fe verdadera.
Se requiere esta fe para agradar a Dios. NO necesitamos nada más
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2 Pedro 3:14 “Por lo cual, oh amados, estando en espera de estas cosas, procurad con diligencia ser hallados por Él, sin mancha e irreprensibles, en paz”
Hay eventos que uno espera con ansias y las vacaciones son uno de ellos, quizás el más esperado de todos.
Después de un año de trabajo surge la necesidad de desconectarse de las responsabilidades laborales. De acostarse no teniendo que pensar en el despertador, o en las tareas para el día siguiente. Es un tiempo muy necesario en verdad para desintoxicarse y tomar un respiro.
Para que esta desconexión sea mas efectiva, muchos(los que pueden hacerlo) estilan salir de la ciudad, buscando reposo en el campo, la playa o algún otro sitio que reuna las condiciones propicias para descansar.
Derechamente las personas estamos “en espera de las vacaciones” y eso produce un cierto estado de ánimo en nosotros.
En mi experiencia particular como docente, no es raro notar una disminución de interés en los alumnos cuando se ha cruzado el umbral del mes de diciembre. Ellos dejan de prestar la misma atención (algunos lo hacen desde el mismo comienzo del año escolar, hay que decirlo) y de mostrar la misma diligencia (prestancia, interés) hacia los contenidos que se presentan. Es que de alguna manera, comienzan el período de vacaciones, incluso antes que este haya iniciado formalmente.
De seguro se dejan mentalizar por la cercanía del fin de año, las calificaciones que ya están definidas. Esto les hace relajarse, y empezar unos días antes las mentadas vacaciones.
Como seguidores de Cristo necesitamos rescatar algo importante de aquí. Si estudiamos todo el capitulo 3 del libro, hallaremos que habla del día del Señor. NO es mi intencion discutir qué interpretamos por el dia del Señor, pero si es mi intención dejar en claro que cualquiera sea esa interpretación, hay 2 cosas inevitables para las cuales mejor nos preparamos.
Lo primero es que “el día del Señor vendrá” (v.10a). Nada detendrá este evento, es una de esas cosas que nos muestran nuestra limitada injerencia porque tu no puedes hacer nada para impedir que sucedan.
Lo segundo es que, lo que sea que suceda en ese día, traerá como resultado “destrucción total” (v.10b)
La naturaleza humana nos hace estar a la espera de las vacaciones. Y si está en nosotros esa naturaleza espiritual deberíamos con mayor diligencia procurar ser hallados por Él sin mancha, irreprensibles, en paz.
Si bien es cierto que no podemos hacer nada por impedir que el dia del Señor venga, es igualmente cierto que Dios nos ha dado la posibilidad (y esta esperando que no la desechamos) de prepararnos para ese día, sin importar cuando venga ese día.
Debemos procurar ser hallados sin mancha. Que yo deba procurarlo es sinónimo de que tengo facultad para hacer algo al respecto. ¿Qué vamos a hacer?
El verso 17 dice: “así que vosotros oh amados, sabiéndolo de antemano…”
¿Puedes ver el gran amor que Dios nos ha concedido para despertar con exhortación nuestro entendimiento? (v.1b)
No pretendo entregar un mensaje apocalíptico en el sentido morboso de la palabra sino recordarnos, que hoy mas que nunca, es necesario tener presente estas verdades del Señor. Los apóstoles tenían esto como una prioridad.
Aun Pedro en su mismo tiempo vivió lo que muchos vivimos hoy día, al hacer referencia a estas cosas.
Se encontró con gente que ocupa el mismo argumento para no prepararse. El verso 4b dice: “porque desde el día en que los padres durmieron, todas las cosa permanecen así desde el principio de la creación”.
Si eres de los pocos que se interesan por este tema, en amor te comparto que la manera de prepararnos es “procurando ser hallados sin mancha, irreprensibles y en paz”.
Hay hermanos piadosos que creen sinceramente que no necesitan prepararse porque Cristo lo hizo todo. El argumento es que ellos no tuvieron que hacer nada para que Cristo los salve, por tanto Cristo se puede hacer cargo de todo el paquete hasta el final.
Pero si así fuera Pedro no hubiera sido inspirado por el Espíritu del Señor ha exhortarnos que procuremos ser hallados sin mancha.
Quizás tú no puedas limpiarte, pero si debes evitar ensuciar lo que Cristo ha limpiado en ti, o sea, ser hallado sin mancha, sin pecados que ensucien nuestras vestiduras.
La práctica del pecado tiene por consecuencia que nuestras ropas espiritualmente hablando se ensucien y que nuestro corazón se contamine.
Dios desea que seamos hallados irreprensibles, es decir, que nadie tenga que reprendernos por una mala forma de vivir, o por algo que sea contrario a la fe que profesamos tener en Cristo.
Nuestra vida en cuanto dependa de nosotros debería ser intachable.
Del mismo modo es importante considerar el tercer aspecto que es la paz. Jesucristo es el príncipe de paz. Él desea que llevemos vidas pacíficas, aunque sinceramente creo que Dios desea que tengamos una fe agresiva. Que en cuanto dependa de nosotros vivamos en paz con quienes nos rodean.
Sabiendo lo que viene necesitamos ahora tener consciencia de estas cosas. El amor de Dios siempre le lleva a recordarnos lo que nos es provechoso.
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Mateo 25:6 “Y a la medianoche se oyó un clamor: ¡¡aquí viene el esposo, salid a recibirle!!”
Como ya hemos mencionado, no es posible saber el día ni la hora en que las palabras de Cristo (respecto a Su venida) tendrán cumplimiento.
En edades pasadas y aun en nuestra misma época, muchos se han aventurado (no tenemos por qué dudar de la buena intención que puedan haber tenido) a establecer fechas para tal acontecimiento.
Desde luego, esas fechas no se han cumplido, porque ese evento particular, como a muchos otros, Dios los ha guardado bajo su solo conocimiento y potestad.
El tema entonces no tiene que ver con tratar de adivinar la fecha, sino más bien con estar preparados para lo cual el Señor ya dejó advertencia.
Entiendo que por la formación doctrinal y teológica hay personas que tienen distintas posturas sobre el asunto. Pero no es mi intención discutir aquí ese tema ahora. Lo que siento necesario hacer es poner el tema en el tapete y urgirnos a considerar las palabras de Cristo.
La misma escritura que señala enfáticamente que no podemos saber el día ni la hora, añade que habrá sucesos que marcarán el tiempo en que estas cosas estén por suceder.
Creo con toda sinceridad que estamos viviendo el tiempo de la apostasía, que antecedería a la aparición del hombre de pecado del hijo de perdición, al que el más amplio segmento de la iglesia cristiana identifica como el anticristo, el impostor que se hará pasar como “mesías”, y que como tal intentará dar solución a los males sociales de esta época.
Este hombre gozará de gran popularidad. Será aclamado por las multitudes que verán en él una especie de salvador. (seguramente hablaré de esto en otra ocasión).
Quien no se está preparando para el Señor se está preparando para el anti Señor, para el anti Cristo. ¿Nos estamos preparando para la venida del Señor?-
Estas líneas tienen como finalidad despertarnos al pensamiento que las cosas que Cristo ha dicho tendrán cumplimiento y creo que el cumplimiento está a la vuelta de la esquina.
Creo que las cosas que mayor devastación producen en la vida de las personas son aquellas que les toman desprevenidas.
Los accidentes ocurren así, te toman por sorpresa, tu no pensaste que tal cosa podría ocurrir ¡¡¡y mucho menos a ti!!!
Recuerdo el triste testimonio de un pastor norteamericano que salía rápido a atender a alguien de la hermandad que necesitaba urgente ayuda espiritual.
Nunca pensó este varón que su pequeño hijo jugaba debajo del vehículo cuando salió y lo arroyó quitándole la vida.
Uno se pregunta ¿cómo pudo ser? La respuesta: ”fue un accidente”. Ese padre no planeó que su hijo muriera ese día, de ese modo y mucho menos planeó ser el responsable de la muerte de su hijo.
Las consideraciones póstumas son muchas: “si hubiera estado atento”, es solo una de ellas. Lo concreto es que aquel hecho le tomó por sorpresa y fue devastador para él y su familia.
Quizás en verdad ese pastor estaría viviendo otra historia si hubiera estado más atento y esa es mi intención al escribir estas líneas hoy.
Cristo no quiere que un evento tan importante como nuestra reunión con Él nos tome por sorpresa. Él quiere que estemos atentos, preparados, con la inminencia del regreso de Cristo en nuestras mentes y corazones.
Sólo puedo decirte que cuando algo es prioritario para uno, nunca le toma por sorpresa. De ahí que la única forma en que el Señor nos encuentre como Él espera, es que tengamos Su regreso como una verdadera prioridad.
Debemos estar conscientes de este suceso. Debemos selectivamente poner a Cristo en el lugar de preeminencia en nuestro diario andar.
Dios nos ama profundamente sin duda alguna, pero que Él nos ame no es una franquicia para vivir negligentemente o para desestimar el valor de las palabras de Cristo.
En siglos no ha habido un tiempo (moralmente hablando) más difícil y corrupto que el nuestro.
La misma creación nos dice que ya no da más acusando el estilo de vida despreocupado y falto de amor por el prójimo y por el mismísimo entorno que tenemos lo hombres.
Todos los eventos meteorológicos y climáticos que vemos acontecer son una clara señal que algo está ocurriendo.
No debo temer a un año en particular, como muchos temen al 2012, pero tampoco puedo ser negligente y desconocer el mensaje que la naturaleza misma nos está dando sin intermediarios.
La pregunta pertinente es: ¿Creo a las palabras de Cristo? ¿Creo que Él viene por su pueblo, esa iglesia amada por la que él dio la vida en la cruz, esa iglesia que se ha apartado del mal del mundo, para recibir sin mancha ni arruga al esposo que es Cristo?
“A la medianoche se oyó un clamor que decía aquí viene el esposo, salid a recibirle”.
¿Habrá lámparas en nuestras manos para salir a recibirle y abrirnos paso a la medianoche (oscuridad espiritual) imperante en los días de su venida?
Hay que salir a recibirle, esto implica un acto de preparación y sobre todo atención al minuto en que se oiga la voz que anuncia la venida del esposo.
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Apocalipsis 22:7 “¡He aquí vengo pronto! Bienaventurado el que guarda las palabras de la profecía de este libro”
Para entrar en este tema es necesario primero establecer que en relación al tiempo, existen por decirlo de alguna forma, 2 dimensiones de tiempo, el de Dios y el de los hombres.
Dios habita en la eternidad. La misma palabra es de por si más de lo que podemos entender. ¿Cuánto puede saber un ser finito de aquello que no tiene fin?
Cualquier noción que tengamos de la eternidad es simplemente vaga, pero por fe lo entendemos.
Los hombres por su parte, habitamos en el tiempo y el espacio. Esto quiere decir, que estamos delimitados por ciertas barreras que Dios ha establecido.
Jesús quien vino desde la eternidad (y regresó allí) vino al tiempo de los hombres. Sabemos cuál fue su motivación.
El hecho que viniera de la eternidad, le permitía tener un conocimiento de eventos y cosas que a nosotros ni se nos pasaría por la mente.
Una de las cosas que él estableció era que regresaría, y que sería pronto.
Estas palabras fueron dichas aproximadamente dos mil años atrás y aun no tienen cumplimiento, lo que significa que son promesas pendientes.
Dios no puede mentir de modo que esto va a acontecer. El día y la hora exactos solo los conoce Dios mismo, pero para nuestro beneficio, Él nos ha dejado esta advertencia: “Vengo pronto”
Debe haber algo muy importante detrás de esto. Tú no le adviertes a alguien que vas a visitarle en algún momento, a no ser que quieras evitar que tu visita les encuentre fuera de lugar o desprevenidos.
El no saber más detalles sobre esta venida, tiene su propósito sin duda alguna. Pero algo se: tú no harías algo indebido si supieras que en cualquier momento pueden venir visitas.
Hoy las personas (sociedades) están esperando muchas cosas: activación económica, reducción de los niveles de delincuencia, mejores posibilidades de vida, salud y educación, en fin, las personas están esperando muchas cosas que nadie puede asegurar que sucedan, pero no están esperando algo que con toda seguridad tendrá cumplimiento: “la venida de Jesús.
Para el fin de año las familias se preparan. Los padres toman las medidas necesarias para asegurar a sus hijos, un buen regalo de navidad (¿?) y a nivel familiar, se aperan de buena carne para la cena de año nuevo.
En resumen las personas se preparan, para lo que viene.
A fines de Enero las multitiendas comienzan el bombardeo escolar. Ofreciendo cuanto artículo pueden para la etapa escolar que se avecina.
Parece cómico que el comercio tiene fechas marcadas ¡¡y como han aprendido a manejar la mente colectiva!! (tocaré este tema en otra ocasión)
Lo que intento decir es que la gente se prepara. Las personas no se perdonarían no estar preparadas para estas fechas porque son importantes.
¿Pero qué me dices de la venida de Cristo? Estoy hablando de un hecho que no se va a volver á repetir en la historia de la humanidad y cuya negligencia en prepararse tendrá consecuencias de pérdida eterna para el alma ¿Nos estamos preparando para ello?
El mismo apóstol Pedro argumenta que: “muchos tienen la venida del Señor por tardanza”.
Muchas personas se excusarán diciendo: “hace mucho que se habla de la venida de Cristo y aun no pasa nada”.
Pero déjame decirte mi querido lector que esa mentalidad es precisamente la más peligrosa de todas.
No puedes darte el lujo de que las cosas pasen y te tomen de improviso, porque entonces no habrá tiempo para prepararse.
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