1 Tesalonicenses 5:22 “Absteneos de toda especie de mal”
Quizá te hayas preguntado si existe alguna fórmula para ser exitoso en la vida cristiana.
Las librería seculares (y algunas que comercializan literatura cristiana) cuentan con bastantes “best-sellers” (libros que son éxitos de venta), que dicen contener la fórmula para un cuerpo escultural, para una vida sexual plena, para una vida próspera, para tener hijos felices, para un matrimonio ejemplar…los títulos son más de los que yo puedo recordar.
Y tal vez estos libros puedan llegar a ofrecer alguna guía que podría ser de provecho, pero no siempre dan con la raíz del problema. Además, la mayoría se basa en lo que uno debe hacer para conseguir tales cosas.
El verso de hoy nos proporciona gran ayuda para una vida cristiana de éxito y el énfasis está más bien en lo que uno “no debe hacer”. ¿Qué es aquello que jamás deberíamos hacer? Dar lugar al mal.
El mal se nos presenta de diversas maneras. Siempre anda buscando una puerta para entrar a nuestras vidas, porque el maligno sabe que un poco de levadura leuda toda la masa.
El enemigo conoce los principios bíblicos, sabe cuanto beneficio hay para nosotros cuando los aplicamos, y por ello se esmera en llevarnos a trasgredirlos para que en lugar de beneficios, llevemos los perjuicios que vienen por causa de hacer lo malo.
El apóstol entre muchas exhortaciones, les advertía a los hermanos de Tesalónica que se abstuvieran de TODA ESPECIE de mal.
Indudablemente en ello hay una decisión personal que debe ser tomada.
Abstenerse de cualquier cosa, es un acto de disciplina. La vida cristiana. Es una vida de disciplina.
Nuestra generación ODIA la disciplina, se rebela contra las normas, siempre busca quebrantar el orden y por ello a algunos les cuesta tanto entrar en el orden de Dios, que dicho sea de paso, es el único que garantiza verdaderas y perdurables bendiciones.
Hay cosas muy interesantes que rescatar aquí.
“Entre líneas”, la frase sugiere la idea que los cristianos somos drásticos para abstenernos de los que consideramos “grandes males”, (pecados, conductas, hábitos que sabemos derechamente que Dios no tolera), pero hay “pequeños males” que dejamos pasar, cosas que a la luz de la palabra de Dios son igualmente malas y que por ende, nos perjudican también.
Pablo manda abstenernos de TODA ESPECIE de mal porque hay una clase de mal que nosotros aceptamos, que no lo vemos tan malo, y esa prudencia (que es más bien imprudencia) nos trae dolorosas consecuencias.
Salomón decía que era preciso “cazar las zorras pequeñas”. Ellas parecen inofensivas pero a pesar de su diminuto tamaño, son eficaces en echar a perder las viñas.
El enemigo utiliza pequeñas cosas que son igualmente eficaces para echar a perder la obra que Dios está haciendo en nosotros. Por eso debemos abstenernos de TODA ESPECIE DE MAL.
Ponemos la mira en los grandes males que apreciamos en las iglesias.
Somos moralistas con las parejas que no están debidamente casadas, o con los jóvenes que se embarazan fuera del matrimonio.
Como fariseos, apuntamos nuestro dedo (el que debe ser quebrantado por medio del ayuno) contra esos “grandes pecados”, pero toleramos “mentir piadosamente” (¿) para justificar el no congregarnos o para no entregar el recurso económico que sabemos le pertenece al Señor. Toleramos nuestro tibio compromiso con quien nos salvó y todo porque a nuestros ojos esos no nos parecen tan grandes males.
¡Esas pequeñas zorras echan a perder la obra de Dios en nosotros!
¿Cuántos pequeños males permitimos en nuestra vida, creyendo la mentira diabólica, que por ser pequeñas cosas, no producirán un daño en nosotros?
Un gran mal que cometemos con frecuencia es que somos muy drásticos con cosas que no lo requieren, y desgraciadamente somos muy tolerantes con cosas que requieren “tolerancia cero”.
Esa mentalidad debe cambiar. Lo bueno nunca será malo y aquello que es malo por pequeño que sea, nunca, nunca, nunca llegará a ser bueno.
El llamado es abstenernos de TODA especie de mal.
Soplo esa disciplina asegurará éxito en nuestro caminar con Cristo. Él lo hizo y le funcionó.
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Isaías 40:29 “Él da esfuerzo al cansado y multiplica las fuerzas al que no tiene ninguna”
Creo que una de las grandes dificultades de las sociedades modernas es el tema el cansancio.
Son tantas las horas de trabajo, las presiones que la vida actual pone sobre los hombros de las personas que no es raro sentirse cansados.
Hace un par de décadas los jefes de familia (tanto padres como madres) comenzaron a sufrir el rigor de un sistema de vida inmisericorde, absorbente que cada vez deja menos tiempo.
Pero eso ya no es exclusivo de los padres y madres, ahora también se ha extendido a los hijos estudiantes y no hablo sólo de aquellos que estudian en la educación superior, sino que incluye también a los de niveles más elementales.
Junto con aumentar las horas de clases, han incrementado los libros y cuadernos, las tareas, los trabajos de investigación, las presentaciones, y con ello los niños y adolescentes cada vez tienen menos tiempo para ser niños.
Antaño las madres podían hacerse cargo de los hijos (¿podrían estos quedar en mejores manos?), ahora ellas también de sumarse a la maratón y salen corriendo a trabajar.
Este sistema de vida en el carril de alta velocidad, nos esta robando la esencia de la vida que es compartir, relacionarnos.
Las familias cada vez tienen más responsabilidades y menos tiempo para ser familia, para compartir.
No es raro que haya tanta desintegración familiar.
No es raro que los hijos en edad juvenil, sientan la necesidad de unirse a la tribus urbanas (no se como se llame fuera de chile, hablo de estas mini etnias, grupos, gangs, etc) para poder saciar este sentido de pertenencia inherente a los seres humanos
Sutilmente, pero a paso firme, este sistema, ha estado haciendo estragos en la estructura fundamental de toda sociedad que haya existido sobre la faz de esta tierra y nosotros no nos damos cuenta siquiera.
El agotamiento, el cansancio, el estrés, son sólo síntomas, manifestaciones del deterioro que estamos sufriendo por culpa de esta enfermedad.
De modo que ahora toda la familia corre a cumplir con los muchos compromisos que la vida actual impone a todos los miembros de la familia.
Ni siquiera los bebés escapan de esta norma. Las sala cunas están llenas de hijos e hijas de hombres y mujeres que desde muy temprano deben partir a producir al menos 5 veces por semana.
Esta separación, como todas las demás cosas en la vida, en algún momento nos pasa la cuenta. Pero eso es tema para otro día.
Todo lo anterior indudablemente que tiene al hombre (y mujer) promedios agotado y agobiado. No es solo el trabajo, es también la presión mental de saber que tus pequeños están en manos ajenas, que hay cuentas que pagar, que hay un montón de cosas que suplir y que el dinero cada vez alcanza para menos cosas en los supermercados.
No es extraño, en ese escenario, encontrarse con personas alicaídas y deprimidas, cansadas, desesperanzadas para quienes nuevas fuerzas no es una opción sino una necesidad.
En ese contexto mi alma bendice al Dios de la creación por su incomparable empatía con esta humanidad.
¡¡Cuan bien conoce Dios los pormenores de esta vida, cuan cercano esta Él a las necesidades de sus criaturas. Cuan presto está a darnos lo que necesitamos con tanta urgencia!!
Los cansados los que sienten que ya no tienen fuerzas pueden encontrar en Él una fuente de renovación y vida.
Dios tiene el poder, la facultad de renovar nuestras capacidades, de concedernos lo que falta para correr la siguiente milla.
Los hombres y mujeres de la biblia podrían hablarnos de cómo Dios les dio las fuerzas (que ellos ya no poseían) para sobreponerse y vencer en las situaciones mas adversas.
Dios es quien daba a los santos de la iglesia primitiva la fuerza para resistir ver a sus hijos ser devorados por los leones en el circo romano a causa del sistema diabólico opresivo de roma contra los cristianos del primer siglo.
Es verdad que este sistema esta haciendo mucho daño y agotando al hombre haciendo que su corazón se agobie y desfallezca.
Lo que el príncipe de este mundo no ha querido entender para su propia perdición, es que tenemos un Dios que obra milagros justo en los momentos en que más los necesitamos.
Dios puede y quiere darnos esas fuerzas que hoy nos faltan.
Para recibirlas debemos volver nuestra mirada y corazón Él.
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1 Pedro 4:12 Amados, no os sorprendáis del fuego de prueba que os ha sobrevenido, como si alguna cosa extraña os aconteciese
En la vida cristiana, pasamos por distintas etapas: períodos de instrucción, de espera, de búsqueda, de recibir respuestas… y también de prueba.
Como lo menciona aquí el apóstol Pedro, no debemos sorprendernos de ser probados. Las pruebas son parte del camino, son parte de la voluntad de Cristo para nosotros sus seguidores.
Indudablemente desearíamos sólo los momentos que a nosotros nos parecen agradables. Y aunque las pruebas NO son algo agradables,
¡¡son muy necesarias!!
Si pensamos con detención, descubriremos el enfoque pedagógico que tiene el evangelio: Jesús es el maestro, nosotros (quienes le seguimos) los aprendices, la vida el campo de instrucción, y las pruebas el instrumento de medición de nuestros aprendizajes.
En la pedagogía las pruebas son instrumentos que permiten evaluar los avances, el nivel de comprensión, y los aprendizajes, entre otras cosas.
Las pruebas son un método de retroalimentación indispensable para poder avanzar al siguiente nivel. Y en la vida cristiana esta constante también se cumple.
Por medio de las pruebas Dios nos purga de aquello que no aporta a Su plan ni a nuestro vivir.
Las pruebas tienen un efecto muy positivo en aquellos que de acuerdo a Su propósito han sido llamados.
Las pruebas conllevan un grado de aflicción que tiene un efecto purificador en nuestro ser.
Estas vienen en momentos inesperados para nosotros, el factor sorpresa hace que nos pongan en escenarios que no esperábamos y que por tanto nos podríamos anticipar.
Ese elemento las hace más eficaces todavía.
Pero debemos ser justos en señalar que no todas las aflicciones que vivimos son pruebas de Dios. Bien por el contrario la mayoría de las aflicciones que nos toca atravesar son consecuencia de nuestras malas decisiones.
Si conduzco a exceso de velocidad y a causa de ello impacto otro vehiculo provocando un accidente, no es para nada justo atribuirlo a a una prueba de Dios.
Eso es clara consecuencia de no haber atendido a las señales del camino, a las leyes del tránsito. Y ¿dime si nuestros problemas espirituales no son producto de no atender a las leyes de Dios?
Así que es muy necesario establecer que no todas las aflicciones que vivimos son pruebas del Señor.
Al contrario, las pruebas de Dios son esas circunstancias extras que si no fuera porque estamos haciendo la voluntad de Dios, no estarían allí.
Claramente podemos afirmar que las pruebas siempre van en pos del mismo objetivo: nuestra FE.
El objeto a evaluar siempre es nuestra capacidad para permanecer en la palabra de Dios, más allá de lo que las circunstancias digan o parezcan decir.
Pero la forma en que somos probados difiere según cada caso. Hay gran cantidad de ejemplos en la escritura, pero por ahora solo deseo hacer patente este pensamiento: “NO debemos sorprendernos de las pruebas que nos puedan venir POR CAUSA de nuestra fe en Cristo o por causa de obedecer a la palabra de Cristo”.
El fuego de prueba ha de venir sobre todos nosotros en un momento u otro y lo que realmente importa es estar en el Señor porque como Pablo mismo lo pudo comprobar: “Todo lo podemos en Cristo que nos fortalece”.
Por tanto, no debemos temer a las pruebas, ellas son buenas y necesarias, a lo que debemos temer es a si hemos estado asistiendo a clases, en contacto con el Maestro, recibiendo las herramientas que nos permitirán rendir ese examen con éxito.
Dios espera que aprobemos cuando la prueba toque nuestra puerta, pero las buenas calificaciones no son producto de la casualidad y la vida cristiana más alta tampoco lo es.
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Apocalipsis 3:1b) “Yo conozco tus obras, que tienes nombre de que vives y estás muerto”
La vida actual está poderosamente marcada por el poder de la imagen.
La calidad moral, los valores y cosas que por siglos han contado y tenido valor, han sido reemplazados por la vanidad de la imagen: “lo importante hoy no es la calidad, si no que se vea bien”.
Esta mentalidad ha permeado prácticamente todas las esferas del quehacer humano y a causa de ella nos hemos vuelto (como humanidad) seres vanos, superficiales, artificiales.
Aun las propagandas publicitarias entregan esa clase de mensajes. Te invitan a obedecer tus sensaciones, a seguir los impulsos.
Y sobre las consecuencias de nuestros actos, ni pensar. El slogan es “si te hace sentir bien, hazlo”…. Los costos, bueno eso se verá después.
Esa mente nos ha traído grandes dolores de cabeza y problemas sociales que van más allá de nuestra comprensión y capacidad de resolución.
La vida es hermosa si se vive dentro de los parámetros correctos.
Un vehiculo, por ejemplo, es una gran herramienta si se usa de la manera adecuada. Cuando se usa para obedecer a los impulsos de la adrenalina causa dolor y muerte. Es cosa de mirar los noticieros.
Y es fácil culpar a los que fabrican vehículos por las velocidades extremas que pueden desarrollar los autos, pero dejamos de lado nuestra propia responsabilidad en el asunto y para Dios eso es lo que cuenta.
Un auto como un televisor son AMORALES, es decir sin moral.
La televisión puede ser usada para proyectar cosas que nos acercan a un conocimiento más profundo de Dios pero también puede ser un medio en el cual exhibir lujuria y mugre que contamina el alma.
No podemos culpar a quien invento el televisor por esto, la responsabilidad recae sobre quien tiene el control remoto del mismo. Después de todo, esa pantalla proyectará lo que uno decida ver.
Así este mundo de tantos colores y luminarias nos cautiva con su espléndido despliegue de luces, pero nunca debemos olvidar que por vivo y excitante que parezca está muerto. No es más que apariencia.
Es que el maquillaje y las luces bien utilizados pueden cubrir una serie de impurezas, pero tarde o temprano la verdad siempre sale a relucir.
Jesús dijo al ángel de esta iglesia que “tenia nombre de que vivía pero estaba muerto”.
¿Cuántas cosas están del mismo modo en nuestras propias vidas?
Hablo de cosas que aparentemente se ven muy bien, pero que en el fondo no lo están.
La apariencia es algo muy cotizado en este mundo pero no tiene valor en el reino de Dios. En el reino de Dios es preferible sacrificar la apariencia en pos de lo verdadero, de lo que si tiene peso y valor.
Jesús dijo “si tu ojo te es ocasión de caer, sácalo”. ¡Qué afirmación, qué radicalidad!
La mentalidad de mundo diría “haz lo que tengas que hacer, pero por nada pierdas ese ojo, se vería muy mal una persona con un solo ojo”.
Pero en el reno de Dios lo que vale es “lo que hay”, no “lo que parece haber”.
Muchos hogares parecen bien constituidos, ejemplares pero no son más que una bonita actuación de gente que se ha curtido en el arte de aparentar.
Lamentablemente los actores (eso significa la palabra hipócrita), no gozan de popularidad en el reino de los cielos.
Así que decidamos vivir una vida de verdad, dejando las apariencias, porque servimos a un Dios que todo lo conoce.
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1 Pedro 4:19 “De modo que los que padecen según la voluntad de Dios, encomienden sus almas la fiel creador y hagan el bien”
Los padecimientos son parte inevitable de la vida.
Cuando leemos el libro de Génesis, hasta el capítulo 2, no se habla absolutamente nada sobre padecer o sufrir. La vida era una maravilla, en la que el padecimiento no tenía ningún lugar.
A causa de la infortunada actuación de Adán y su mujer, el padecimiento entró a la humanidad. Ellos abrieron una puerta al dolor, a la tristeza que antes era impensada.
Desde entonces no nos queda más que asumir la condición y hacer lo mejor que podamos para evitar padecimientos innecesarios
Nuestra consideración debe entonces ponerse en cuáles son las causas por las que padecemos.
Hay padecimientos inevitables y comunes a toda la raza humana, como son aquellos, producto de enfermedades, catástrofes, y otras causas, respecto de las cuales podemos hacer poco o nada.
Sin embargo, la mayoría de las personas padecen por malas decisiones que han tomado en la vida. Este es el grupo mayoritario, compuesto por hombres y mujeres que han actuado o decidido sin considerar detenidamente las consecuencias de sus determinaciones, sin evaluar con objetividad adonde les llevarán tales decisiones y esos son los padecimientos que se podrían evitar.
Pero no todo es así. Hay decisiones que debemos tomar y que nos harán padecer como lo dice el texto, y esas son las decisiones que tomamos por causa de la voluntad de Dios.
La voluntad de Dios es un tema vastísimo, y aunque ignoremos muchos pormenores del asunto, podemos declarar sin temor a la equivocación que el hacer la voluntad de Dios de tiempo en tiempo, nos meterá en problemas, nos llevará a padecer.
El escritor (Pedro) dice que esta es una posibilidad muy real para todos los que seguimos al Señor.
Por ello, me produce mucha tristeza escuchar a predicadores que resumen el evangelio de Jesucristo a un par de promesas de bienestar: “todo estará bien”, o “Dios te hará feliz”, o “Él te dará lo que tú quieres”.
Dios puede y de hecho hace lo anterior pero esa no es TODA LA VERDAD.
El hacer la voluntad de Dios sin lugar a dudas traerá grandes beneficios a nuestra vida, siendo el mayor de ellos la salvación de nuestra alma.
Pero es justo agregar que hacer Su Voluntad añadirá también una cuota extra de padecimiento a nuestro existir.
Son millares los que han padecido cosas indecibles, que nosotros no llegamos a imaginar siquiera, tan solo por haber hecho a Jesucristo Señor de sus vidas.
El mismo capitulo 11 de hebreos nos entrega una larga lista de personas que “por fe”, por “seguir la fe”, por “obedecer a la fe”, tuvieron grandes privilegios, y pagaron asimismo altos precios.
En muchos casos el costo fue sus propias vidas.
Nuestra época se caracteriza por la anestesia. No queremos nada que nos duela. Se ha trabajado mucho en los tratamientos antidolor.
Hay medicamentos para todos los dolores existentes, menos para el dolor que una vida desenfrenada y pecaminosa producen al alma del hombre.
El asunto entonces no es si sufrimos, ya que mientas estemos en esta vida habrá sufrimiento.
La cuestión es más bien si sufrimos por los motivos correctos.
Hacer la voluntad de Dios es una buena razón para sufrir y si tu estás pasando por eso, haz lo que dice Pedro: “encomienda tu alma al FIEL Creador y haz el bien”.
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2 Corintios 5:17 “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas”.
El cambio no es algo que ocurre en un minuto, de hecho los cambios son siempre parte de un proceso.
Parten en algún momento, generalmente como consecuencia de alguna decisión que hayamos tomado, pero el producto resultante no se muestra a veces sino hasta mucho tiempo después.
Nosotros somos renuentes a cambiar porque llegamos a sentirnos cómodos con lo que somos, incluso con lo que tenemos. Hay cosas principios, valores que por cierto no deben cambiar.
Jesús habló a los hermanos de la iglesia en Filadelfia diciendo: “reten lo que tienes”. Hay cosas que deben ser retenidas, guardadas, que no deben cambiarse por nada.
Pero fue el mismo Señor quien enseñó a la gente que le oía que había que arrepentirse porque “el reino de los cielos se había acercado”.
Y Arrepentimiento ES cambio. Cuando Dios habla de arrepentirnos nos está llamando a cambiar de dirección.
Para que lo del Señor llegue a tener cabida en nosotros debemos hacer lugar, y esto se logra mediante el arrepentimiento.
Yo me arrepiento de ir a tal sitio, y con ello concedo al Señor y a mi mismo, la oportunidad que Dios me señale un nuevo lugar al cual dirigirme.
Yo me arrepiento de haber hecho ciertas cosas (ya sabes, esas cosas que tu y yo hemos hecho y que sabemos que no son para nada buenas o parte de la voluntad de Dios) y como parte de ese arrepentimiento, le doy la espalda a esas cosas, dejo de hacerlas.
Ello da lugar PARA que pueda hacer nuevas cosas, cosas que si están en la voluntad de Dios.
Es de algún modo como renovar el amoblado de una casa. Es bien difícil colocar nuevos muebles mientras están todavía los antiguos allí ¿verdad?
Se debe hacer lugar para los nuevos y eso es lo que Dios nos esta llamando a hacer. Haz lugar para lo nuevo que Dios quiere traer a tu vida.
Nuestra vida está en muchos casos viciada con cosas que son vanas, que no nos traerán ningún provecho aquí ni a la luz de lo eterno. Es por tanto necesario que haya cambios en esas áreas. Pero para que tales cambios ocurran se requiere disposición.
Decía que somos renuentes a cambiar. Nos sentamos en la misma silla, en el mismo sitio, comemos la misma comida, bebemos el mismo refresco, dormimos para el mismo lado.
Al despertar por la mañana casi imperceptiblemente repetimos la misma rutina día tras día.
¡¡Nos gusta establecernos, nos cuesta cambiar!!
En el closet tenemos tantas cosas que no ocupamos (sólo nos quitan espacio útil) pero no nos deshacemos de ellas porque para nosotros tienen cierto valor.
Nos cuesta cambiar porque sentimos apego a ciertas conductas, personas, lugares. Son tantas las cosas que se confabulan CONTRA el cambio y pensar que el cambio es tan necesario.
Piensa en las cosas que Dios te ha estado sutil o derechamente mostrando que deben cambiar en tu vida, y pregúntate cuántas se han llegado a consolidar. La siguiente pregunta debe ser ¿por qué no se han consolidado dichos cambios?
Porque no has faltado disposición. La respuesta te mostrará cuan férreamente nos apegamos a ciertas estructuras y cuan poco dispuestos estamos a abandonar esas estructuras.
El cambio es indispensable y podemos abrirnos a el o cerrarnos, lo que lleguemos a ser dependerá de la disposición con que nos pongamos en la manos de Dios.
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Juan 8:33 Le respondieron linaje de Abraham somos, y jamás hemos sido esclavos de nadie. ¿Cómo dices tú: seréis libres?
En algún otro momento hemos mencionado aquí que si hay algo que Cristo vino a hacer fue cambiar nuestro modo de pensar.
El hombre en sus caminos, no corre precisamente HACIA Dios, más bien corre DE Dios.
Quiero decir que por regla, los caminos de Dios y los del hombre no siempre se encuentran.
Mientras Dios quiere que vayamos en una dirección, nosotros vamos por otra, y eso ocurre básicamente porque pensamos las cosas de modo diferente y el pensar distinto nos hace actuar de distinto modo también.
Jesús está compartiendo aquí con quienes representaron el mayor problema para su ministerio, los judíos religiosos. Ellos se opusieron férreamente a lo que Cristo enseñaba, porque Cristo confrontaba sus tradiciones, sus costumbres, y para ellos sus tradiciones eran Palabra de Dios, es decir, sagradas.
Estos judíos habían creído en Jesús, pero todavía eran personas que necesitaban lo que Jesús les dijo: “si permaneciereis en mi palabra... seréis verdaderamente libres”.
Esta frase es condicional. Jesús sabía que existía la posibilidad que ellos no permanecieran, o sea, se alejaran de Él, de Su Palabra, posiblemente por el peso que la religión y sus tradiciones ejercían sobre ellos.
Ellos habían creído en él, pero Él les estaba diciendo “todavía no lo han conseguido, la libertad sigue delante de ustedes AUN”.
Pero aunque habían creído y todo, ellos se molestaron con Jesús.
Para ellos una cosa era que Jesús hiciera cosas extraordinarias y enseñara lo que los demás no enseñaban, pero que les dijera que eran esclavos para ellos resultaba demasiado ofensivo.
Respondieron “jamás hemos sido esclavos de nadie”. Fue como decir: ¿qué te crees Jesús?
No estaban de hecho dispuestos a dejarse cambiar, al menos no sin una cuota de oposición.
Pero lo que ocurrió ese día no es algo aislado.
A diario, Dios se forzado a tener que convencernos que su camino es mejor que el nuestro.
He oído una frase que dice que el camino al infierno está lleno de gente con buenas intenciones (no la encontrarás en la biblia) y la verdad es que las buenas intenciones no bastan.
Estos hombres no eran malintencionados pero con todo, Jesús les estaba señalando la necesidad de seguir dejándose transformar. La verdad debía seguir obrando en sus vidas para llegar a la verdadera libertad.
No debe sorprendernos que de tiempo en tiempo, Dios nos haga ver que todavía hay cosas dentro de nosotros que necesitan ser cambiadas. Necesitamos un corazón de discípulo.
He dicho muchas veces en mis predicaciones que a los líderes espirituales nos gusta ver que Dios cambia a las personas. Es mas a veces nos quejamos por la poca disposición que ciertas personas muestran para dejarse cambiar, pero nosotros mismos nos resistimos cuando Dios pone su dedo en nuestra llaga.
De “judíos que habían creído en Él” (v.31), pasaron a ser llamados “hijos del diablo”. ¡¡Qué caída!!
Dios tiene un plan. Ese plan es llevarnos de lo que somos hoy día, a la estatura de Cristo y te aseguro mi estimado lector que ese camino, alcanzar esa transformación no será tarea fácil.
Esa transformación va a costarnos estar dispuestos a morir, a dejarnos moldear, abandonarnos por fe en manos de Dios, aceptar lo Suyo aunque todo en nuestra cabeza nos diga contrario.
Hay que dejarse cambiar. Ese es el único camino aceptable.
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Lucas 16:1 “Mas era necesario hacer fiesta y regocijarnos, porque este tu hermano era muerto, y ha revivido, se había perdido y es hallado”
Nuestro texto nos habla de un conocido relato bíblico, el hijo pródigo.
Este hijo en un impetuoso deseo de libertinaje (que el confundió con libertad) pidió a su padre la parte de su herencia y se fue lejos de la casa de su padre a vivir perdidamente.
Tristemente malgastó todo lo que tenia y si bien aparentemente disfrutó, bien pronto las circunstancias le enseñaron que todo tiene un precio.
El lugar en el que vivía fue azotado por una gran hambruna y esta necesidad fue usada por Dios para hacerle reflexionar sobre los pasos que había dado desde el momento en que se alejó de su padre.
Mientras este hijo malgastaba lo que su padre haba atesorado para él, el padre esperaba en fe a ver regresar este hijo suyo.
¿No tenia él motivos para despreciarlo por su mala conducta?
Creo que si y si bien la lección suele enfocarse en otro punto hoy quisiera que reflexionáramos sobre la compasión.
¿Somos gente compasiva?
Cristo lo era, deberíamos serlo nosotros también.
Pero me temo que muchas veces estamos mas ocupados en buscar culpables y juicios para dichos culpables que en redimir.
Hay una gran lección de compasión en este relato. Cuando el hijo recapacitó, regresó a casa de su padre.
Atrás había quedado ese espíritu soberbio, altivo y esos deseos de independencia.
Había comprendido la locura de su actuar y regresaba al lugar del cual jamás debió alejarse.
Pero esta historia no hubiera tenido el final feliz que tuvo si el padre no hubiera tenido un corazón compasivo.
Me alegro que ese papá estuvo más interesado en restaurar que en pedir explicaciones.
Es una bendición que haya tenido los brazos y el corazón abiertos para perdonar a su hijo en vez de criticarlo.
Otros hubieran usado la ocasión para recriminarlo, él en cambio vio en todo ello una ocasión para festejar: ¡¡alguien que estaba muerto había sido revivido y eso es por cierto, motivo de fiesta!!
Conozco personas que son muy buenas en lo que a criticar respecta. Desde luego hay cosas que están mal y nosotros no podemos hacer vista gorda de ellas, pero siempre criticar será más fácil que restaurar.
Para criticar sólo se requiere una lengua bien larga mientras que para restaurar es necesario un corazón bien grande.
Muchas personas hablan de lo que no entienden y sin darse cuenta con su hablar dañan gratuitamente a otras personas.
La escritura dice que debemos recibir al débil en la fe. No todos tienen la misma consistencia espiritual. Es un hecho que todos somos “llamados a”… pero ¿cuántos lo han alcanzado ya?
Lamento tener que decir que mucha gente aprenderá de la manera más triste que es “atravesando por esas circunstancias”.
Quiera el Señor que nuestros corazones estén abiertos para dejar a Dios poner su compasión en nosotros y desde allí comenzar a compartirla con los demás sabiendo que un día nosotros mismos la necesitaremos también.
Dios ha prometido darnos la cosecha de aquello que hayamos sembrado.
Nos convendrá ese día tener depósito de compasión a nuestro favor.
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9:1-2 Al pasar Jesús, vio a un hombre ciego de nacimiento. Y le preguntaron sus discípulos, diciendo: Rabí, ¿quién pecó, éste o sus padres, para que haya nacido ciego?
Cuán bien describe este pasaje la actitud que tenemos las personas hacia otros y sus desgracias.
Realmente hay en los seres humanos una fijación por atribuir las cosas que nos parecen negativas a “castigos de Dios” por alguna clase pecado que hayamos cometido, o que otros hayan cometido antes de nosotros.
Esa inclinación a pensar mal nos hace mucho daño y también a quienes nos rodean.
Me pregunto cuántas veces hemos juzgado en nuestros corazones a personas por lo que no hicieron, y no mucho después Dios se ha encargado de mostrarnos (para nuestra propia vergüenza) que no era más que una mala interpretación nuestra.
Los discípulos querían saber de quién era la responsabilidad por la ceguera de ese hombre.
En sus mentes pensaban que debía haber alguien o algo que hubiera producido semejante condición.
Si bien el hombre era ciego, los verdaderamente ciegos eran los que no veían que muchas de nuestras circunstancias no se pueden atribuir a que alguien hizo algo malo sino a la soberanía de Dios, es decir al hecho que Él tiene un plan con aquello.
Jesús les aclaró que la razón por la que Dios permitió que ese hombre naciera así era para que Sus se manifestaran en él.
No era ningún pecado, era simplemente la buena voluntad de Dios
¿Sabemos nosotros si aquello que hoy vemos como una adversidad pudo haber sido puesto allí por Dios para que Sus obras se manifiesten en nosotros, y a través de nosotros a muchos a otros?
Los que conocían al ciego, ¿te imaginas su reacción cuando este fue sanado y podía ver? ¿Cómo Dios debió haber sido magnificado entre esas personas?
Es ceguera nuestra querer encontrar culpables en cada una de las cosas que nos ocurren y que no logramos entender.
El pecado es ciertamente algo muy malo, pero es igualmente malo buscar pecado donde no lo hay. No es para nada justo que por ir en busca de justicia, hagamos injusticia.
Por convertirnos en “cazadores de pecado” terminamos atrapando toda clase de gente con situaciones que para nada tiene que ver con castigos consecuencia de alguna maldad.
El Señor hizo una advertencia en Su palabra que lamento tener que reconocer, no seguimos muy a menudo. El dijo que “no juzguemos nada ANTES de tiempo”.
Como dijera el anciano apóstol Juan al ángel de la iglesia en Laodicea: “unge tus ojos con colirio para que veas”.
No sé tú, pero yo creo que haríamos mucho bien en dejar a Dios ser Dios decidiendo los porqués de las cosas que pasan y no entendemos y asumir nosotros una actitud más fraterna y misericordiosa, en lugar de una crítica y de juicio.
Jesús puso lodos en los ojos del ciego, le mandó a lavarse y ya no hubo más ceguera en su vida. Problema resuelto
No puedo decir lo mismo de aquellos que buscaban hallar en ese hombre la razón de condición.
La ceguera que había en ellos les acompañó por bastante tiempo más
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Hay un tremendo valor en el servicio. Al servir no sólo estamos sirviendo a otros, sino de algún modo hacemos depósito para suplir nuestras propias necesidades.
Zacarías tenía una gran necesidad: no tenía hijo y mientras ejercía el sacerdocio en el santuario del Señor, sirviendo como debía (en lugar de lamentar su carencia), Dios envió Su mensajero, Gabriel, a traerle buenas nuevas.
Si puedes creerlo este es tiempo de respuesta para ti también.
Dios le dio lo que necesitaba cuando él dio a Dios lo que necesitaba de él. ¿Podría haber un plan más justo y perfecto?
Hay poder en los acuerdos que posibilitan la vida y el avance
Filipenses 2 “Unánimes con Dios”
v. 2) Dios se goza cuando ve en nosotros un mismo sentir, que estamos unánimes respecto a la meta de llegar a la estatura de Cristo. Ministerios, departamentos, todo pera en función de ello
v.4) “no mirando por lo suyo propio”. Esto habla de EGOISMO. Todas las maldiciones del hombre parten de una vida egoísta.
El Espíritu Santo nos libera de esa vida egocéntrica, dándonos la oportunidad de servir, VIVIENDO para otros, como Jesús.
v.5) haya en vosotros ESTE SENTIR ¿Cuál? ¡Ser siervos!
Esto es algo que debemos escoger hacer. Escogemos servir o ser servidos. Estar allí para dar o recibir. Cada parte tiene su propia recompensa. Dios nos enseña que es necesario dar para poder recibir. ¡¡Es la ley de la siembra y cosecha!!
v.7) Jesús tomó la forma de siervo. Escogió servir y eso lo costó hacer 3 cosas:
Humillarse (que es bajar), Obedecer (que es acatar) y Morir (negarse a si mismo)
Luego en v.19, Pablo quería enviar a Timoteo ¿Por qué? ¿Qué tenía Timoteo que no había en otros?
El v.21lo dice "todos buscan lo suyo", pero él buscaba lo de Cristo.
Dios definitivamente usará gente que busque Su gloria y Su Reino.
en el v.22 aparecen los pergaminos de Timoteo: “ya conocen los méritos de él”. ¡Su testimonio!. No sólo estaba dispuesto, era también idóneo.
El servicio es un peldaño hacia una relación más estrecha e intima de amistad con el Señor.
Tu trabajo en el señor no es en vano. Sigue sirviéndole con alegría y fervor. JAH dijo a Josué “hay mucha tierra por poseer aun” y recuerda que después de la conquista, viene la repartición.
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Juan 2:9 Cuando el maestresala probó el agua hecha vino, sin saber él de dónde era, aunque lo sabían los sirvientes que habían sacado el agua, llamó al esposo
En este conocido y no poco controversial pasaje, Jesús realizo el milagro de convertir el agua en vino.
Ayer hablaba de convertirnos al Señor, de la necesidad que existe de convertirnos a Él porque en la naturaleza del hombre caído hay algo que le lleva abajo, que lo sumerge y si algo nos tira para abajo dentro de nuestra propia naturaleza ¿cómo podemos esperar llegar arriba, al reino de los cielos?
Eso es lo que vuelve tan trascendental el tema de la conversión.
Hay algo de nuestra naturaleza humana caída de la gracia de Dios que debe ser convertido, transformado para poder acceder al reino eterno del cual Jesús nos vino a hacer parte.
La verdadera conversión consiste en una transformación de nuestro ser interior que nos lleva inevitablemente a un abandono de costumbres y prácticas que eran parte de esa vida no convertida a Dios y a Su Palabra.
Se trata de un milgaro. Solo un milagro puede mudar nuestra naturaleza interior y hacer de nosotros otra criatura.
No se tarta solo de una rehabilitación de algo en mi, sino de una completa y radical transformación interior de todo lo que soy.
Es ese milagro el que hace posible que el adicto deje la adicción. Los programas humanos puede ser muy bien intencionados y funcionar respecto a la adicción particular pero te aseguro que lo que suele suceder es que esa persona solo cambia la fuente de adicción. Pero el verdadero problmea, esa raiz que lo vuelve adicto a lo que sea, sigue vivo ahi dentro y buscara otra fuente de expresion.
Lo que el hombre necesita es una transformación interna radical de todo su ser espiritual que conllevará a una transformación radical de la manera de vivir, pensar, sentir y por consiguiente, actuar.
Jesus no hizo que el agua pareciera vino, el camnio la naturaleza dee elemento: de agua a vino. Un milagro!!
¿No te parece simbólico que este hubiera sido principio de señales?
A mi juicio esto es un símbolo de lo que Jesús haría luego en la naturaleza de los hombres ¡Aleluya!
Te aseguro amado lector que lo que necesitamos no es una mera rehabilitación, sino una completa renovación de los que somos para poder alcanzar los propósitos de Dios.
Esa conversion solo puede venir por la obra del Espiritu de Dios en nuestras vidas.
Y es esa conversion la que al enemigo de Dios no le agrada.
Imaginate que sin dsrnos cuenta somos esclavos de tantas cosas de las cuales Dios nos libera precisamente por medio de esta conversion. Dios cambia nuestra naturaleza y eso produce libertad de tales cadenas.
Piensa, en la naturaleza de alguien que es pedofilo, por ejemplo, esta el abusar de infantes, tu puedes recluirlo y evitaras con eso que abuse de otros, pero que pasa con esa persona. El estar en reclusion le impide desear hacer lo malo y cometer tales atrocidades? Por supuesto que no!!
Las carceles seguiran llenandose de gente que perfecciona su manera de delinquir estando en ellas, hasta el dia que los gobiernos comprendan que solo una verdadera conversion puede transformar la vida, y por tanto, el destino de los hombres.
El pedofilo, el drogadicto, el homosexual, el esposo golpeador, el corrutpo el que roba y asi cada uno en su debilidad, sera libre de lo que es y le atormenta, SOLO si experimenta lo que esa sgua experimento: un milagro tal que la convirtio en vino, que la hizo tra cosa.
Dios quiere hacer de ti y de mi otra persona. Por que no dejarlo?
Esa clase de milagro sigue disponible
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Joel 2:13 “Rasgad vuestro corazón, y no vuestros vestidos, y convertíos a Jehová vuestro Dios; porque misericordioso es y clemente, tardo para la ira y grande en misericordia, y que se duele del castigo.”
Ayer compartiendo en una iglesia de Jicamarca, Perú, que de acuerdo a las palabras de un hombre de Dios queda “al fin del mundo y doblando a la derecha”, Dios me permitió tratar el tema de la verdadera conversión.
Convertirse es algo de lo que he oído a muchas personas mofarse, especialmente cuando dicen ¿así que ahora te convertiste a tal religión?
Muchas personas bromean o ridiculizan a otros, usando el tema de la conversión pero ¿llegan esas personas a entender el valor de convertirse al Señor? ¿Por qué o para qué convertirse?
Primero que todo decir que según el diccionario convertirse se refiere a la acción de cambiar una cosa en otra. O hacer que una persona llegue a ser algo distinto de lo que era.
Por último, es también hacer cambiar a alguien de opinión o idea religiosa.
Teniendo algo más fresco el concepto, podemos ahora analizar la pertinencia de convertirnos.
Si usamos la franqueza como debe ser usada, con toda seguridad reconoceremos que necesitamos convertimos en muchos aspectos de nuestra vida. Es decir, necesitamos cambiar de algo que somos o hacemos a otra cosa.
Sin saberlo o notarlo, las personas siempre estamos en busca de una conversión, sólo que cuando se trata de Dios, eso tiene algunos matices diferentes para algunos.
Como padres constantemente tratamos de convertir a nuestros hijos respecto de la clase de amigos que tienen, los lugares que frecuentan, las cosa que dicen o hacen.
Como esposos, buscamos convertir “ciertas áreas” de nuestro cónyuge que consideramos podrían beneficiar la relación marital.
Lo mismo es aplicable a nuestros vecinos. En definitiva, el concepto o idea de convertir no es para nada ajeno a ninguno de nosotros.
Pero qué gran asunto hacemos cuando se trata de convertirse al Señor.
Me sorprende ver como el enemigo de Dios utiliza a tantos para obstaculizar el propósito de
Dios de convertirnos de una vida de tinieblas a otra de luz, y pasar de ser enemigos de Dios a hijos Suyos.
El diablo hace un gran tema del asunto porque a él no le conviene esto de que la gente se convierta a Dios.
Para obstaculizar, utiliza la cobarde arma de la intimidación y ridiculiza a quienes han hallado luz y han escapado (gracias al sacrificio de Cristo) de sus oscuros caminos.
Como podemos ver convertirse no es tan raro después de todo.
Lo que me parece raro es que las personas no lleguemos a entender la necesidad personal de hacerlo.
La palabra convertir se usa en varias ocasiones en las escrituras, tanto para exigir una conversión del corazón como para describir que Dios convertirá o transformará las condiciones de ciudades o pueblos por medio de Su intervención.
Pero en nuestro texto, Dios nos llama a convertirnos a Él con todo el corazón. ¿Por qué Dios nos llamaría a cambiar convirtiéndonos a Él?
Porque Él es capaz de ver donde nos lleva el camino por el que transitamos ahora, porque ÉL nos ama, porque Él quiere hacernos bien, y si no nos convertimos de esos caminos, en otras palabras, si no cambiamos el rumbo actual, llegaremos a lugares de dolor que Dios desearía evitarnos.
El hombre en su fuero personal y la humanidad como un todo, avanzamos hacia la autodestrucción. La redención del hombre por el hombre es algo en verdad imposible para el hombre Y Dios lo sabe pero ello nos pide que nos volvamos a Él que abandonemos la maldad, que abracemos su verdad.
Nadie está tan interesado como Él en ayudarnos, por eso requiere que nos convirtamos. El resto lo hará Él.
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Salmos 34:6 “Este pobre clamó y le oyó Jehová y lo libro de todas sus angustias”
Todo el mundo sin excepción enfrenta angustias en períodos de su vida.
No estoy hablando de meras dificultades nada más, hablo de verdaderas angustias, situaciones que nos acongojan sobremanera y que en muchos casos hacen que las personas se hundan en profundos períodos de depresión y angustia.
¿Cuántas personas que tú conoces fueron alcanzadas por tiempos de angustia y quedaron postradas, incapaces de seguir adelante y avanzar en el camino y plan de la vida?
Es que aunque no nos guste la angustia produce detención en el caminar del ser humano.
Nos pegamos a los tiempos de angustia. Como si tuvieran un increíble imán o una invisible ancla, nos dejan inmovilizados, y tu comprenderás que todo lo que está vivo necesita moverse o pierde la vida.
Así la angustia, al igual que el miedo, paraliza, obstruye y produce muy negativos efectos en la vida de las personas.
Gracias a Dios que hay cura para ella, esa cura está en Dios.
Nuestro texto dice que no importa nuestra condición, puedo rico o pobre (en lo espiritual como en lo material) y sin embargo si clamo al Señor, hay una disposición en Él para escuchar.
¡¡Es tan bueno saber que Dios nos oye!!
¿Cuántas veces has ido a golpear puertas de personas, entidades de ayuda, del gobierno y aunque había gente dentro, nadie abrió? Muchas veces las personas dejamos entrever ese lado malo del egoísmo, y como no es nuestro problema, decimos, qué lástima por ti, pero yo estoy ocupado, tengo mucho que hacer por mí mismo.
Pero Dios no es así, Él se compadece de nuestras necesidades y no hace oídos sordos. Dios en verdad desea ayudarnos en todas las circunstancias de nuestra vida.
Así que Él nos oye, y cuando Dios entra en la escena todo cambia para bien.
Los caballos se alistan para la batalla, pero la batalla no la ganan los caballos, la victoria viene del Señor.
Esa batalla perdida cambia cuando Dios entra a pelear por ti.
Cuando tú, sin importar tu condición, clamas a Él, Él oye y entra en el campo de batalla a pelear a tu favor.
Que insensatez la nuestra al tratar de hacer frente a nuestros enemigos en soledad, con nuestra propia fuerza que es tan limitada y restringida, siendo que tenemos la oferta de ayuda del Todopoderoso.
Lo que debemos hacer es venir a Él en clamor y Él, solícito por su creación, entrará en la arena para pelear junto a nosotros y vencer en aquello que somos débiles.
El salmista fue librado de acuerdo al texto, no de algunas de sus angustias sino ¡¡de todas!!
Dios nos ha dado tantas benditas promesas para ser victoriosos en la vida que Él preparó para nosotros
¿Por qué no dejarnos seducir por Su gran amor y bondad y comenzar a disfrutar de todo lo bueno que Él preparó?
La angustia que vives tiene cura, esta se encuentra en Jesucristo.
No necesitas dinero para recibirla, tan sólo tienes que clamar por esa ayuda. Puedes estar seguro que Él oirá
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1 Juan 5:4a “porque todo lo que es nacido de Dios vence al mundo…”
Para el común de las personas el mundo es este lugar en el que vivimos.
Para la mayoría el mundo es este ecosistema que requiere con urgencia de nuestra atención y consideración para que siga existiendo y dándonos la posibilidad de continuar la vida.
Pero para los hombres y mujeres que han nacido de nuevo el mundo es algo diferente. Para quienes por la gracia de Dios han llegado a conocer de mejor manera las escrituras, el mundo representa ese sistema de vida pecaminoso caído de la gracia del Creador que vive en constante antagonismo a las leyes de Dios.
Más que el ecosistema, es un subsistema de vida para el cual Dios no tiene valor ni lugar, más que el de una figura retórica.
Ese sistema está en franca aversión contra los valores y principios de Dios.
Para el mundo Dios es una figura simbólica que si bien, puede llegar a ser tolerada (en función de la diversidad de pensamientos que producen las diversas culturas existentes), pero por ningún motivo le dará al Señor el verdadero sitial que le pertenece.
Pero eso no ocurre porque si. Hay un asunto de intereses creados, de pugna por el poder, de pugna principalmente por la adoración. Es que el mundo es regido por otro dios.
Esta situación se hace claramente patente cuando estudiamos las escrituras. Son básicamente ellas las que nos ponen en alerta sobre este punto.
Jesucristo, mientras llevaba a cabo su ministerio entre los judíos advirtió lo siguiente “viene el príncipe de este mundo”.
Orando por sus discípulos dijo “no son del mundo como tampoco yo soy del mundo”
El mismo apóstol Juan escribió se epístola “no améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo”. Habla asimismo de “vencer al mundo”, esto es, a su sistema inicuo enemigo de Dios.
Se establece entonces claramente que hay dos mundos pro decirlo de algún modo; ese mundo en que Dios efectivamente reina y es amado y deseado, y ese otro mundo en que Él es rechazado y aun ridiculizado del cual Él mismo nos pide no volvernos parte..
¿En cuál de los dos mundos vives tú? ¿Qué lugar ocupa Dios en tu mundo?
La naturaleza del mundo está sujeta al mundo. No logra zafarse de el por más que lo intente. Pero sin en nosotros está la naturaleza de Dios entonces si somos vencedores.
Como cristianos nacidos de nuevo (y esta es la clave para vencer al mundo, su sistema, y sus tentáculos que nos tratan de ligar al pecado) gozamos del único poder capaz de darnos victoria sobre ese sistema caído: Cristo en nosotros por medio del Espíritu Santo.
El Señor Jesús lo dijo de esta forma:”En el mundo tendréis aflicción pero CONFIAD, YO HE VENCIDO AL MUNDO”.
Así que la cosa es ¿has nacido de Dios? Y Si no ¿qué estas esperando?
Las cosas “Made in Dios” tienen una garantía indefinida contra los ataques del mundo. Son resistentes al mundo y sus triquiñuelas, a sus formas de maldad, de pecado, de corrupción.
En una sola idea: “lo que es nacido de Dios vence al mundo” y sobre eso ¡¡no hay más que decir!!
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1 Juan 4:8 "el que no ama no ha conocido a Dïos; porque Dios es amor"
Que potente afirmación nos da el apostol Juan en este breve versículo de la palabra de Dios.
Un punto que por cierto debemos considerar cuidadosamente porque nos entrega una precisa idea de como luce una persona que ama a Dios.
Cuántas veces nos hemos preguntado cómo poder reconocer a una persona que verdaderamente ama a Dios?
En este mundo de mentiras, en que las personas dicen una cosa pero demuestran otra, como lograr identificar (para nuestra propia seguridad) si alguno es o no lo que dice ser?
Juan con claridad nos dice cual es la principal caracteristica de uno que ama a Dios: uno que ama a Dios será una persona que ama, pero no con palabras puramente sino con hechos, con obras que refundan ese amor por Dios y por el prójimo también.
Todas las personas que están en verdadera conección (comunión) con Dios, sienten un gran amor por quienes les rodean.
Es invetable crecer en amor por el prójimo cuando estamos creciendo en amor por Dios, una cosa lleva automáticamente a la otra.
Toda la compasión que Jesús sentia por esas multitudes que lo seguian eran consecuencia directa del gran amor que Jesús tenía por el Padre Celestial.
El amaba al Padre y amaba la Voluntad del Padre. Y la voluntad del Padre era amar a esas torpes ovejas que estaban extraviadas de Su camino, de Su vida, de Su verdad.
El gran sacrificio de Cristo no se debe entender como una cuestión retorico-simbólica solamente. Es de hecho la más grande muestra de amor que exista en toda la historia de esta humanidad.
El mismo Jesús dijo que no habia mayor amor que dar la vida por un amigo. Y Él fue todavia más allá dando la vida por sus enemigos también!!
Entonces las palabras de Juan son claramente fortalecidas por los hechos de Jesús.
El que Jesús sanara, alimentara e hiciera todas las obras que hacia por las personas no fueron para demostrar SU gran poder solamente.
No fueron como algunos piensan únicamente para legitimar que era el Mesías enviado por Dios. Esa es una parte importante de la verdad. Pero no es toda la verdad.
Jesús hizo buenas obras porque esas obras dejaron de manifiesto cuán grande es el deseo de Dios de hacer bien a los hombres, de ayudarles en su angustias y necesidades.
Fueron asimismo una manera de demostrar que nuestra vida encuentra lo que realmente necesita junto a Él y no lejos de Él.
Pero por sobretodo fueron la muestra de que Él nos ama y esto a pesar de nosotros mismos.
El gran poder de Jesús estaba al servicio de SU gran amor por esas almas perdidas necesitadas de su compasion y misericordia. No al revés.
Es justo colocar las cosas en su correcta perspectiva porque de otro modo terminamos creyendo cosas que no son como pensábamos.
Recordaremos que Jesús no hizo los milagros que Satanás le requirio hacer cuando le tentó en el desierto. Esos milagros hubieran probado a Satanás (su principal enemigo) que Jesús era el hijo de Dios. Sin embargo, Jesús no hacía cosas para demostrar su poder, Jesús usaba su poder para demostrar su amor. Gloria sea dada a ese bendito y amante Dios!!
Asi que la proxima que tu queiras saber si alguno ama a Dios, fíjate si esa persona ama a su prójimo y si se interesa por el bienestar(no sólo terrenal y temporal, sino principalmente eterno) de su prójimo.
Es imposible amar a Dios sin llegar a amar al prójimo también. Cualquier otra cosa aunque parezca piedad, es pura apariencia.
La célebre frase dice "Pienso, luego existo". Nosotros deberíamos poder decir "Conozco a Dios, luego amo al prójimo"
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Génesis 3:10 “y él respondió: oí tu voz en el huerto y tuve miedo, porque estaba desnudo y me escondí”
Hablando a la congregación sobre el tema del miedo (¿quien no le teme a algo?) Dios llamó mi atención con lo ocurrido en el huerto de Edén.
Los que leemos y escudriñamos la palabra de Dios tenemos la posibilidad de ver un poco más allá de lo aparentemente se describe, esto es porque hay detalles importantes que a veces pasan de largo para el lector ocasional.
La relación que Dios había establecido con Adán y su mujer Eva era fantástica. Se comunicaban de manera muy fluida y en esa relación había cualquier cosa menos miedos.
Era de hecho una maravillosa relación basada en la confianza mutua.
El ser creado confiaba plenamente en el Creador y el Dios creador confiaba lo suficiente en ellos como para hacerles parte de Su plan e incluso delegarles ciertas responsabilidades respecto al cuidado y administración de dicho huerto.
¿Podría haber una relación más ideal? Todo iba perfecto en esos términos hasta que todos sabemos de la infortunada decisión que tomaron Adán y su mujer escogiendo obedecer a la serpiente antes que a la palabra dada por Dios.
Sabemos que como consecuencia de esa decisión ellos cayeron del estado de gracia que gozaban con Dios.
Algo muy terrible ocurrió que significó perdida no solo de los privilegios de que disfrutaban, sino que la relación se fracturó de manera irrecuperable para ellos.
Un enemigo terrible que ataca a todos sin discriminación de sexo edad o condición social, y que hasta ese minuto era impensado apareció: “el miedo”.
El hombre más fuerte tiene miedos, el más adinerado tiene miedos, el más saludable tiene miedos, el más inteligente tiene miedos.
Verdaderamente el miedo ataca y busca embargar al hombre, reduciendo su vida a una vida de baja calidad, llena de inseguridades y temores.
La psiquiatría, la psicología y otras ramas afines que estudian el comportamiento humano no han logrado dar solución al problema de los miedos del hombre.
Es que el miedo es herencia inevitable de la condición caída del hombre.
Jesucristo una y otra vez pronunció las palabras “no temáis”.
Es que el hombre está lleno de miedos. ¡¡Algunos temen incluso a su propia sombra!!
Gente que vive con crisis de pánico aterrados por lo que el día de mañana puede (o no) traer. Personas que viven esclavas de traumas de su infancia y que cuando se ven en condiciones parecidas se aterran.
El miedo vino para quedarse tal como se ve.
Pero ¿en qué momento Adán tuvo miedo? ¿En que momento huyo de Dios? Si él antes corría a la voz de Dios, Su voz era como un imán y Adán con toda seguridad irresistiblemente anhelaba esa bendita comunión. ¿En qué momento ese correr HACIA Dios se volvió en un correr DE Dios?
Eso pasó exclusivamente desde el momento en que Adán decidió hacer su propia voluntad.
Con su desobediencia ellos perdieron algo más que el lugar idílico en que vivían, ellos perdieron la clase de relación que tenían.
Esa hermosa relación de amor se quebró y cuando eso ocurrió vino el miedo. ¿No pasa eso mismo entre los matrimonios? ¡Piénsalo!
El diablo intervino para cortar la buena relación existente entre ellos y debes saber que no ha cesado en su intento de separar al hombre de Su Creador.
Dios no quiere que al escuchar Su voz huyamos de él. Si Él nos llama es porque quiere hacernos bien. Y si descubres que en tu vida hay malas decisiones que te separan de Dios, desecha esas malas decisiones, pero no deseches a Dios
Por nada del mundo nos conviene perder esa comunión que transforma, que salva y que liberta del miedo y del temor.
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Números 13:33 “También vimos allí gigantes hijos de Anac, raza de los gigantes, y éramos nosotros, a nuestro parecer, como langostas, y así les parecíamos a ellos”
Este verso deja al descubierto el elemento que tanto daño hace a los planes de Dios con nuestras vidas: “nuestro parecer”.
Moisés había enviado espías para reconocer la tierra que Dios les entregaba a los hijos de Israel. Ellos debían tomar conocimiento de la tierra, el pueblo, las ciudades, el terreno, incluso debían traer de muestra un fruto de ella, y lo hicieron.
Se suponía que era una tierra distinta a Egipto. En esta tierra fluía la leche y la miel, era la tierra prometida.
Regresaron los espías al cabo de 40 días de exploración trayendo un racimo de uvas en un palo. ¡¡Se necesitaron 2 hombres para cargarlo!! (v.23)
Imagínate que clase de tierra era esa que dios les quería dar a ellos que no tenían más vida que hacer ladrillos para Egipto y vivir como esclavos, de pronto Dios les quiere dar una tierra maravillosamente generosa, libertad, y un porvenir que antes era impensado. ¿Cuál fue la respuesta de ellos?
La tierra ciertamente fluye leche y miel pero no podremos tomarla (v.27) ¿Por qué? Porque hay gigantes ahí. Y “a nuestro parecer nosotros somos como langostas para ellos” (v.33b).
¿Cómo podían saberlo? ¿Habían compartido con ellos como para recoger tal impresión? No, fue simplemente lo que les dictó su pensamiento. Dijeron “a nuestro parecer”.
¿¡Qué gran enemigo de Dios y sus planes para nosotros puede llegar a ser nuestro parecer!?
Dios no había mentido respecto a que la tierra fluía leche y miel, con la evidencia de un gran racimo de uvas que lo corroboraba.
También Él les estaba prometiendo darles la tierra (v.1) ¿Por qué entonces debería haber problemas para tomarla?
La verdad es que no había problema alguno. Pero cuán bien nos describe a nosotros que solemos hacemos problemas donde no los hay.
Una mañana te despiertas con una molestia y hasta te sientes enfermo y piensas que tendrás que operarte. Alguien viene a decirte que tu hijo no va bien en el colegio y ya piensas que va a repetir de curso. Alguno pierde el trabajo y ya nos imaginamos recogiendo de la basura para poder subsistir ¿¡Por qué seremos así!?
Todo lo que debían hacer esos espías era seguir a Dios, ese era plan Suyo, pero el hombre metió sus narices y para lo malo, para desanimar, para hacer desfallecer los corazones.
Ayer escribía que el desánimo es contagioso, como un virus que se expande rápidamente. Así el pueblo se desanimó y Caleb uno de los doce, quien tenía un espíritu diferente, los hizo para decir: “Subamos luego y tomemos posesión de ella,porque mas podremos notros que ellos”.
Él vio a los mismos gigantes, vio la misma tierra, vio las mismas cosas pero donde los demás vieron imposibilidad, él vio lo contrario, donde los demás vieron derrota segura, el vio victoria.
Y nos guste o no aceptarlo, él entró a poseer esa tierra y la poseyó en tanto los demás no lograron entrar a causa de su incredulidad.
Tenemos una mentalidad fatalista, que no necesariamente es realista. La realidad no tiene porqué ser tan fatal o negativa.
Podemos ver en todas nuestras circunstancias un buen propósito de Dios si queremos, pero preferimos quedarnos con lo malo, con lo feo.
¡¡Cómo le ayudamos al diablo y con cuánta frecuencia le complicamos las cosas a Dios!!
Tiene que llegar el momento a nuestra vida en que decidamos cambiar nuestra manera de ver las cosas. Las circunstancias serán las mismas, los gigantes estarán ahí, pero los veremos en contraste con el GRAN GIGANTE que pelea a nuestro lado.
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Colosenses 4:2 “perseverad en la oración velando en ella con acción de gracias”
Todos debemos lidiar con cosas que se nos hacen muy dificiles de llevar.
En este último tiempo se me ha hecho muy notoria la gran capacidad que tenemos para quejarnos.
En contraste con lo que la palabra de Dios nos insta a hacer (abundar en acciones de gracias) somos muy dados, tentados diría yo, a quejarnos. Hay personas que se vuelven difíciles de soportar (apoyar) porque están constantemente quejándose por todo.
Se quejan de lo que tienen y también encuentran motivos para quejarse por lo que no tienen.
Hay una delgada línea que divide la queja de la murmuración y sólo Dios sabe cuántas veces al día la cruzamos.
En la escritura encontramos ejemplos de personas que vivieron situaciones de verdad difíciles y sin embargo, no les encontramos quejándose por ello. Pero son los menos, la clara excepción que existe a toda regla.
Los casos que abundan son los de gente que nunca dejaba de murmurar y quejarse por las circunstancias que les rodeaban.
El ejemplo clásico es Israel.
El mal reporte de los espías enviados por Moisés, produjo un quiebre en el contingente que fue enviado a explorar la tierra que Dios iba a entregarles para bendición.
Esa tierra era la bendición que Dios tenía para Su pueblo, pero la mayoría vio esa tierra como un problema. Él esperaba gratitud y alabanza. Ellos se quejaron y murmuraron.
Las quejas traen un mal fruto consigo: “desánimo”. Y el desánimo es altamente contagioso.
Por eso Dios no hace encuestas de opinión. Él simplemente da la palabra y los que tenemos oídos para oír, actuamos en pos de esa palabra.
Podemos pararnos al lado de Dios y simplemente ser agradecidos por lo que nos da, o ponernos al otro lado y comenzar a quejarnos a cuestionar y en resumen “quitarle la gloria a Dios” por lo que hace, en lugar de dársela.
En el diario vivir sin percatarnos siquiera, somos culpables de ser quejumbrosos.
¡¡Es que protestar no cuesta nada!! Es más, la lengua está presta a ayudarnos cuando se trata de reclamar por alguna situación que no nos parece o desagrada.
El apóstol escribía a los hermanos de Colosas, subrayando la importancia de 2 cosas: la perseverancia que debe haber en la oración y la temática de gratitud que debe plasmar la misma.
¡¡Es tan fácil hacer de la oración una lista de peticiones!!
Convertimos la oración en una constante petición, y olvidamos que pedir es sólo una parte de ella.
Indudablemente Jesucristo nos dejó la oración para que la usemos. Él mismo enseñó que la voluntad del Padre es que pidamos y que recibamos lo que pedimos.
Pero de seguro habrás encontrado al Señor alabando al Padre en su oración y dándole gracias también.
Es muy lamentable que perdamos la perspectiva que la oración es un medio para comunicarnos con Dios y transmitir no sólo peticiones y quejas (respecto a lo que nos pasa) sino principalmente un medio para estar comunicados con Él.
Debemos perseverar en oración porque Dios desea que estemos constantemente conectados y debemos ser agradecidos de lo que Él permite que venga nuestras vidas porque Su Voluntad es siempre lo mejor que nos puede suceder.
Determinemos contagiar a quienes nos rodean con el gozo del Señor y desechemos las quejas que no son de ningún beneficio para nosotros ni para quienes nos escuchan en esa actitud.
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Mateo 5:16 “Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos”
Una gran necesidad de nuestro tiempo es la de recuperar el Espíritu de Cristo para la iglesia de Cristo.
Muchas personas con las que Dios me permite encontrarme, me comparte lo mismo: se sienten decepcionados de la indiferencia de la iglesia y de sus líderes para con las necesidades de la comunidad, de las personas.
Tal parece que en quienes no participan de la iglesia está operando un discernimiento mayor que en quienes si lo hacen.
O bien, Dios simplemente está haciendo hablar a las piedras.
Lo cierto es que la iglesia de Jesucristo está en deuda.
Jesucristo nuestro Señor, dejó una vara altísima para quienes nos consideramos sus seguidores.
El recorrió las aldeas predicando y enseñando el reino de Dios. Sanó a los enfermos. Alimentó a los hambrientos, libertó a los cautivos. Su obra fue más allá de las “buenas intenciones”, que es lo que a nosotros más nos acomoda.
Hay una inmensa cantidad de personas que están sufriendo las consecuencias de vivir vidas ajenas a la palabra de Dios.
Y como cristianos necesitamos hacer más que sólo criticarles su falta de espiritualidad o lejanía de Cristo, debemos como Jesús ser capaces de llevarles la luz y las buenas obras del evangelio.
La predicación de Jesús era poderosamente respaldada con “hechos de amor y misericordia”.
Muchos hoy día sufren por la maldad imperante en la sociedad.
Los males sociales han hecho estragos en la familia: matrimonios que se rompen, hijos y padres enemistados, deudas, ataques satánicos (la gran mayoría de las personas no logra ver “esa” realidad en particular) y suma y sigue.
¿Será una posibilidad que Dios le da a la iglesia para justificar su razón de ser en la tierra y cumplir así su ministerio?
La mala reputación que tristemente tienen las congregaciones (ciertamente hay excepciones) obedece a la disfunción en que han entrado las mismas.
Nos ha costado cara la falta de verdadero liderazgo y dirección espiritual.
El liderazgo del Señor ha sido reemplazado por la dirección humana, y los caminos del hombre, sin la dirección de Dios, ya sabemos donde conducen.
¡¡Si tan sólo estuviéramos dispuestos a ponernos a tono con Su Voluntad!!
Muchos que hoy se alejan de las iglesias correrían a ellas sabiendo que ahí encontrarían la vida que tanto necesitan.
Los discípulos querían despedir a la multitud para que fueran a comer, pero Jesús tenía en mente que ellos les alimentaran. No me extraña que hoy día estemos en la misma descoordinación que ellos.
Jesús todavía desea que la iglesia supla las necesidades del mundo mientras y que las iglesias esperan que la gente del mundo supla las suyas.
Esas ovejas perdidas (los que no conocen a Jesús) siguen a la espera de un pastor compasivo que les lleve a buenos pastos y que sepa donde hay aguas que sacien la sed, en tanto muchos pastores piensan solamente en poder beneficiarse de la lana de las ovejas.
El mundo es el mundo y Dios no le va a exigir al mundo que haga el trabajo de la iglesia.
Pero la iglesia tiene la tremenda responsabilidad de alumbrar especialmente ahora que las tinieblas son más densas.
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Juan 4:23 “mas la hora viene y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y verdad; porque también tales adoradores busca que les adoren”
El encuentro de Jesús con la mujer samaritana abarca varios aspectos relevantes para la vida espiritual. Uno de ellos es el relacionado con el tema de la adoración.
Hemos dicho en otra ocasión que el hombre fue creado con la capacidad de adorar. De ahí que es tan importante determinar qué se adora y cómo se adora, y Jesús cubre ambos puntos en este encuentro con la mujer de samaria.
Una de las cosas que mayores discrepancias produce entre las personas de distintas religiones (y credos) es el tema de la adoración.
Para la persona que tiene un (al menos) vago conocimiento de Dios, el asunto no es tan simple como “lo que importa es adorar”. La persona que se ha acercado a Dios sabe que existen formas aceptables y otras que no lo son. Quien determina esto es Dios mismo.
A menudo nosotros tenemos una manera cómoda de adorar a Dios. Coincidimos con la idea que si existe Dios y si Dios es todo lo que se dice de Él, entonces merece nuestro reconocimiento, pero fallamos al darle ese reconocimiento en nuestros términos y no en lo Suyos.
Si alguien en un acto de gratitud, decidiera obsequiarte un par de zapatos, no bastaría con que solo fuera de buena calidad, sería imprescindible que coincida con el número que tú calzas ¿verdad?
De otro modo ese reconocimiento no tendría verdadera utilidad.
Con la adoración es igual. Si no la damos a Dios en los términos aceptables para Él, perderá el verdadero valor y nuestro
sacrificio será vano.
Dios en verdad no nos pide sacrificios. El máximo sacrificio ya fue ofrecido por Jesucristo en la cruz. Él ahora espera (y prefiere) que le obedezcamos.
Jesús dijo que el Padre andaba buscando verdaderos adoradores, gente que le adorara en espíritu pero también en verdad.
Una manera sencilla de interpretar esto es, decir que aquel genuino deseo de engrandecer a Dios en nuestro corazones (adorar en espíritu) debe ir acompañado de una concreta gestión fuera de nuestra corazón (adorar en verdad), pero es en hechos concretos.
Muchas personas tienen excelentes intenciones en relación con Dios y su obra, pero para ninguno de nosotros es un secreto que las buenas intenciones son sólo eso, buenos deseos, que nada producen si no son ejecutados en formas prácticas.
¿Qué cosas nos pide Dios mediante las cuales podemos adorarle en espíritu y verdad?
Bueno, guardar sus mandamientos los que se resumen en 2: Amar a Dios y amar al prójimo.
Pensemos de qué formas concretas podemos canalizar estos 2 mandamientos y comencemos a hacer de ese modo.
Dios también desea que dentro de las muchas actividades que tenemos apartemos un tiempo para participar en alguna congregación con otros creyentes, donde seamos instruidos en Su palabra y así comprendamos más plenamente Su buena voluntad para nosotros y nuestra familia.
Es asimismo deseo del Señor, que de la forma en que esperamos que Él supla nuestras necesidades cotidianas, podamos también nosotros contribuir para suplir las necesidades de la obra de Dios.
Dios nos da la oportunidad de dar una estocada mortal al egoísmo (vivir para uno mismo) colaborando en los planes de la iglesia y en las necesidades y sustento de otros.
El tener un lugar físico donde reunirse (que albergue a los creyentes) tiene un costo. La electricidad tiene un costo. Las sillas donde nos sentamos tienen un costo. Los instrumentos que tocamos tienen un costo. No necesito seguir ¿verdad?
Lo anterior es un punto de partida. De ahí podemos avanzar hasta donde Dios nos quiera proyectar, pero es preciso entender que Dios quiere adoradores que le adoren con algo más que palabras.
Él nos está pidiendo hechos concretos.
El amor siempre es más contundentemente expresado con hechos que con palabras.
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1 Pedro 1:10 "los profetas que profetizaron de la gracia destinada a vosotros, inquirieron y diligentemente indagaron acerca de esta salvación"
En nuestro tiempo de discipulado, hemos estado compartiendo cómo nuestro concepto de Dios, afecta para bien o para mal nuestra relación con el Señor.
Hay personas que ven a Dios como un gigantesco ser enfadado constantemente con todo el mundo, deseoso de poder destruirlo y vengarse de sus maldades. Ese concepto afectará nuestro acercamiento a Dios.
Otros los ven como un viejito bonachón, digamos un abuelito, que jamás llamaría la atención a “sus nietos”, y por tanto es permisivo y hasta malcriador, permitiendo que las personas hagan lo que quieran y entendiendo todo, al fin y al cabo para Él, son jóvenes inexpertos que tienen mucho que aprender. Ese concepto afecta la clase de relación que se pueda tener con Dios.
He citado dos de muchos otros conceptos existentes sobre la persona y carácter de Dios. Y creo que el riesgo de estos conceptos es que cada uno rescata algo de verdad de lo que es Dios.
Concretamente Dios es mucho más grande, fuerte, sabio, misericordioso, justo, santo, amoroso, etcétera, de lo que nosotros podamos creer o pensar. ¡¡El sobrepasa todas nuestras expectativas siempre!!
La mejor prueba de ello se encuentra en las propias escrituras, en el choque (y consecuente oposición) que encontró Jesús con ciertas personas de Su tiempo.
Jesús fue rechazado por un segmento importante de la población de su época. Le rechazaban porque no entendían lo que Él hacía, lo encontraban anti-escritural, anti-Dios.
De hecho lo acusaron de ser influenciado por Belcebú (demonio), blasfemo, lo veían como un enemigo de Dios. ¿La causa?
Una incorrecta interpretación del ministerio de Jesús y de las profecías existentes sobre el Mesías
Seria bueno pensar en el error que ellos cometieron para no repetirlo en esta época. Pero debemos ser justos: muchos de los que se opusieron no lo hicieron por pura maldad, ellos en verdad creían que tenían motivos correctos para hacerlo, permíteme explicar.
Hubo un hombre, Juan el bautista que se confundió al oír los hechos de Jesús.
Este hombre era piadoso, un siervo del Dios Altísimo sin lugar a dudas, pero se confundió por este asunto de interpretación.
El concepto de Mesías que tenía Juan no coincidía exactamente con los hechos de Jesús.
Juan era un hombre con corazón de profeta del Antiguo testamento, que vino a preparar el camino al Mesías en el nuevo testamento.
Hablo de dos dispensaciones distintas en las que el plan de Dios era el mismo pero desarrollado de maneras algo diferentes.
Ambos testamentos están separados por un periodo (no menor en importancia) de silencio por parte de Dios que duró unos 400 años. En ese tiempo no hubo profeta, no hubo por decirlo así “revelación fresca” de parte de Dios y el pueblo avanzó como quiso o como pudo.
En el libro de Malaquías es profetizada la venida de Juan lo cual se cumple plenamente en el nuevo testamento.
Malaquías dice que Jehová enviará al profeta Elías, y tú y yo sabemos que no fue Elías sino Juan el que vino.
La escritura estaba diciendo que Juan vendría en el espíritu de Elías, es decir, en el mismo ministerio o misión de Elías para hacer volver el corazón de los padres hacia los hijos, a hacer volver el corazón del pueblo hacia el Señor.
En Juan encajan perfectamente las características de los profetas antiguo testamentarios. Su predica era fuerte, ruda, directa e implacable contra el pecado, con tremendo sentido de juicio contra los pecadores, un llamado “poco amoroso” al arrepentimiento, etcétera.
No podemos culparlo de falta de amor, era un hombre del nuevo testamento con el corazón de un profeta del antiguo.
¿Y qué de Jesús? Bueno él es la manifestación más clara de la gracia de Dios
En Jesús se combinaban de manera perfectas el celo y el amor de Dios. Jesús venía como un siervo, no como rey. Venía para buscar y salvar lo perdido.
Ya habría tiempo para echar al infierno de fuego a los que rechazaran su amor y salvación. Pero Juan dudó a causa del ministerio de Jesús, de la maneta en que el Mesías presentó.
Jesús vino a marcar un tiempo nuevo, un trato diferente de parte de Dios.
No que Jesús no demandara santidad, ni que a Él le diera lo mismo el pecado del pueblo. ¡¡El murió por el pecado del pueblo!!
Pero Él vino a inaugurar un nuevo tiempo: el de la iglesia.
En el tiempo antiguo del Espíritu del Altísimo estaba restringido solo a sus ungidos. Ahora el Espíritu sería derramado sobre toda carne”.
Nuestro concepto de Dios nos limita en nuestra relación con Dios, en lo que podemos esperar de Él.
Como la esposa cuyo marido se limita sólo a proveer lo que se necesita en el hogar. Él no le ayuda en casa, ni con los hijos, ni las tareas escolares, su rol es básicamente entregar los recursos.
Ella sabe que no debe, ni puede contar con él para otra cosa.
Así nuestro concepto de Dios limita nuestra relación con Él, creyendo que para ciertas cosas no podemos contar con Él.
Te aseguro que hay mucho que decir sobre este importante tema.
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Juan 4:10 “respondió Jesús y le dijo: si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice dame de beber; tu le pedirías, y Él te daría agua viva.”
Jesús siempre nos sorprende. Y en este caso lo hace con esta mujer en el pozo de Jacob.
El Señor le pidió de beber en circunstancias en que ella necesitaba del agua viva que Jesús tenia para dar.
La gran humildad de Dios se conjuga con su incomparable compasión por las almas necesitadas.
¡¡Que bueno es saber que Dios nos mira compasivamente!!
Esto por cierto no significa que Dios simplemente está de acuerdo en nuestros desaciertos respecto de Su voluntad. Pero Él puede (y lo hace) perdonarnos cuando nos equivocamos.
Otra cosa es que prefiramos vivir en error, pero como digo, eso es otra cosa.
Samaritanos y Judíos no se trataban entre si y el Señor pasó por alto abruptamente este concepto hablándole a la mujer, y lo que es más pidiéndole de beber.
Sabemos que Jesús en realidad no necesita nada de nosotros. Si bien Él desea ciertas cosas de nosotros como son, por ejemplo, nuestra dependencia, y por supuesto, nuestra devoción a Él, ¡¡Fuimos creados PARA alabar al Creador!!
Pero es bien claro que somos nosotros los que necesitamos a diario más de Él, para todos los aspectos de nuestra vida.
Sin embargo, fue el Señor quien llegó a esta mujer necesitada de Su luz y salvación.
Lamentablemente no esta en nosotros acercarnos a Dios. Por alguna razón, en vez de acercarnos, nos alejamos de quien tiene la mayor preocupación por nuestro genuino bienestar.
Esta misma mujer se extraño que Jesús le pidiera de beber. Ella tenía en mente el conflicto étnico presente entre samaritanos y judíos, Jesús tenía en mente la necesidad del alma de esta mujer.
El no trepidó en meterse al bolsillo las consideraciones de tipo social para responder a una necesidad espiritual.
¡¡Que pena que en nosotros no haya el mismo sentir que hubo en Cristo!!
Normalmente tenemos más cuidado de los aspectos sociales, o lo apropiado o inapropiado de tal o cual cosa en lugar de priorizar lo espiritual.
Pero hay alguien que se preocupa por nosotros y que está dispuesto a romper los protocolos sociales con tal de hacernos llegar esa vida Suya que tanto necesitamos.
Ella se extraño por lo que hizo Jesús. ¡¡No es raro que nos sorprenda lo que Dios es capaz de hacer por su Creación!!
¿No hacemos cosa extrañas a veces por nuestros hijos también?
Es que uno hace locuras por amor y se de alguien que entregó la vida de Su Único Hijo para que aquellos que estábamos muertos tuviéramos vida por medio de ese sacrificio.
El le dijo “si supieras quien te pide de beber, tú le pedirías y el te daría agua viva”
La mujer no sabía quien era Él. ¡¡Dichosa ella que sus ojos vieron al primogénito de toda la creación!!
Se le concedió ver el don de Dios, Su dádiva para este mundo.
Jesucristo ha encontrado también formas de venir a nosotros para ofrecernos agua viva, así que ahora depende de nosotros beber de ella.
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Juan 4:7 “Vino una mujer de Samaria a sacar agua y Jesús le dijo: Dame de beber”
Jesús se encontraba cansado del camino. A veces el camino, l viaje nos agota. No que sea un mal viaje, sino que hasta el viaje mas placentero nos cansa.
En el verano chileno, muchos citadinos abandonan la capital con destino al litoral y allí descansan (además de otras cosas) junto al mar, toman el sol, en fin reponen fuerzas nada mejor que junto a la maravilla de la creación de Dios.
Pero suele suceder que a muchos después de haberse quitado el estrés, se vuelven a estresar rápidamente teniendo que soportar los interminables tacos (producto de la aglomeración de vehículos) que regresa a la ciudad a la vida de trabajo.
A veces esos tacos alcanzan kilómetros y duran horas!!! Nada que decir de las vacaciones el viaje fue genial, pero de todas formas hay cansancio.
Jesús no andaba en un viaje de placer precisamente, sino en los negocios del Padre.
Y aquí lo hayamos sentado junto al pozo, descansando y sediento.
Y hay que ver como Jesús aprovechaba bien su tiempo.
Consecuente con el carácter “rompe moldes” del Señor, el usó esa necesidad para llegar a una mujer que tenia gran necesidad de la luz de Dios.
Ella era una mujer que estaba en condición de adulterio. A nosotros no nos gusta hablar de estos temas porque no son populares pero la palabra de Dios tipifica al adulterio como un pecado y el pecado nos aleja de Dios.
¿Por qué? Porque el pecado obedece a una naturaleza antagónica a la del Señor. Dios ama a todo ser humano, pero Su naturaleza es Santidad, es decir ausencia de pecado, pureza.
Esa mujer necesitaba salvación y me maravillo de ver el amor de Dios.
Jesús es fuente de agua viva. Fue Jesús el que dijo “si alguno tiene sed venga a mi, yo le daré a beber”, ¿cómo es que está pidiendo agua a esta mujer entonces?
No era cualquier mujer, ella además era samaritana y si tu lees el versículo 9 notarás que se sorprende que Jesús le hablara a ella porque Judíos y Samaritanos no se tratan entre sí.
Pero el Señor no ve razas, ni etnias. El ama a todos y sabe que la única forma de hacer salvos a los hombres es mostrándoles Su luz. La luz echa fuera las tinieblas del diablo. Y eso es lo que esta haciendo con esta mujer.
Una vez más Jesús rompió los moldes para demostrar que su amor traspasa los límites humanos. ¡¡El mismo atravesó los cielos para venir a mostrarnos Su bendita luz!!
Él no necesitaba del agua que ella le podía ofrecer. Era ella la que necesitaba del agua viva que Jesús tenía, pero Él estuvo dispuesto a humillarse (a presentarse Él como el necesitado), para poder bendecirla, para poder alcanzar el corazón de esta mujer.
Que no te parezca extraño si Jesús viene a ti como si necesitara de ti. Seguramente es su amor disfrazado de necesidad buscando la manera de hacerte bien.
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1 Tesalonisenses 5.20 "No menospreciéis las profecías"
Existe en el ámbito de la educación un concepto denominado profecía “autocumplida”.
Esto habla de cosas que decimos sobre nosotros mismos que terminan afectando nuestro desempeño.
Hay muchas personas que se dicen así mismas que no serán capaces de lograr tal o cual tarea, y terminan auto convenciéndose de ello, con el triste resultado de que la profecía sobre si mismos se cumplió: no lograron realizar dicha tarea.
Lo que queda para la reflexión es: ¿hasta dónde no era capaz de lograr la tarea, y hasta dónde fue mi pobre concepto de mi mismo lo que me lo impidió?
Está muy claro que por nosotros mismos no logramos nada fuera del Señor. Ese tema está fuera de toda discusión. Sin embargo, Dios ha puesto en nosotros un potencial que debe ser desarrollado, y la responsabilidad de hacerlo es nuestra.
El Señor ha delimitado un campo de acción. No todo me conviene, no todo me edifica, pero yo DEBO buscar en lo que me conviene y en lo que me edifica para crecer en el plan de Dios.
Los desiertos en el Señor son una buena manera de sacar lo malo que hay en nosotros, de hacernos ver que nuestra vida está en Dios, y también de sacar el potencial que está oculto para nuestros ojos.
Una mujer puede ser muy temerosa, pero cuando se trata de la seguridad de sus hijos, se apropia de una valentía que le era desconocida. De eso estoy hablando.
Hablo de abrirnos al plan de Dios. Hablo de no auto profetizarnos límites porque todo lo puedo en Cristo que me fortalece. Esa es una mentalidad que esta por sobre el promedio.
Josué y Caleb tuvieron un “espíritu superior”. ¿A que se refiere? A una mentalidad diferente a la del resto de los espías
Los demás vieron el tamaño de los hombres que había esa tierra y se atemorizaron. En tanto, Josué y Caleb vieron el tamaño del Dios que iba con ellos y se alentaron.
¿Te das cuenta que en gran medida los planes del Señor dependen de nuestras decisiones?
En ese sentido avanzaremos sólo hasta donde nuestro concepto, idea o mentalidad nos lo permita. Y no podremos responsabilizar a Dios de no haber llegado más lejos.
Pablo evangelizó quizá más que ningún otro apóstol. Pero el poder del Espíritu Santo no fue exclusivo de él. Otros tenían el mismo poder operando en sus vidas. Otros tenían el mismo llamado a evangelizar que el apóstol, pero no todos tenían la misma mentalidad que Pablo y eso marcó la diferencia.
Entre una persona que se dispone a servir a Dios y pagar un precio (abandonar su gente, barrio, comodidades, etc) y otra que prefiere ser servido por Dios y disfrutar de Sus beneficios, lo que marcará la gran diferencia es la mentalidad que le gobierne.
Si muchos son los llamados ¿por qué sólo unos pocos son escogidos?
Porque hay una respuesta que viene de nosotros, que nos compete y en eso nuestro buen Dios nos respeta.
Jesús no pudo hacer muchos milagros en cierta región, porque en esas personas había incredulidad, una mentalidad negativa que despreciaba a Jesús.
En esas mentes no cuadraba que Jesús, un hombre a quien ellos habían visto crecer, pudiera tener tal sabiduría y poderes.
Les fue más fácil cuestionarlo que creer y en vez de milagros, recibieron reproche del Señor.
Es importante lo que decidamos hacer con lo que Dios ha puesto en nosotros.
Que las profecías autocumplidas sean aquellas que anuncian que Cristo perfeccionará en nosotros la obra que comenzó .
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Romanos 12:2 “… transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento para que comprobéis cual sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta”
La mentalidad es esencial en la vida de las personas porque nunca iremos más allá de lo que nuestra mentalidad nos permita.
¡¡Es que la mentalidad puede ser una gran motivadora!!
Con sorpresa me enteré hace algunos años que los pacientes sometidos a delicadas cirugías con alto riesgo vital, se recuperaban con mayor rapidez dependiendo de cómo enfrentaban la operación y aquellos que obtenían mejores resultados en su recuperación eran precisamente los que tenían una mentalidad positiva, una mentalidad que les permitía enfrentar con esperanza de buenos resultados dicha operación.
Sabemos que en última instancia todo depende del Señor, pero no
es menos cierto, que Dios nos da una cuota de responsabilidad y pensaremos como determinemos pensar: positiva o negativamente.
El potencial está allí para enfrentar los desafíos en fe o con angustia, para sonreir a las circunstancias o para llorar delante de ellas, nuestra actitud no cambia nuestras circunstancias, pero si cambia nuestra manera de hacer frente a las mismas.
La mujer con flujo de sangre vivió largos 12 años de padecimiento pero me sorprende descubrir que ella tenía una mentalidad positiva a toda prueba.
Ella creía que su problema tenía solución. Intento en los médicos y ellos no pudieron ayudarle. Lo que es más, añadieron más dolor e incluso una cuota extra de padecimiento, porque gastó todo lo que tenía y le fue peor.
Estando en el lugar de esta mujer, muchas personas que conozco se hubieran echado a llorar por su lamentable condición, y ¿que hubieran cambiado con eso? ¡Nada!
En cambio esta mujer oyó de Jesús y se dijo “si tocare su manto seré sana”. ¡Vaya que mentalidad positiva!
No me extraña por qué el Señor la sanó. Con tal clase de actitud positiva.
¿Sabías que gastamos más energía enojándonos que riendo? Y el enojo solo carga nuestros corazones en tanto que la risa los libera de tales cargas.
Reir en medio de circunstancias adversas es una locura, ¿y qué tiene de raro, Si que el santo Hijo de Dios estuviera dispuesto a morir por pecadores que lo odiaban fue todavía más descabellado?
Atrevámonos a hacer locuras, a romper los esquemas, a doblarle la mano a las circunstancias, no dando lugar a que el diablo nos siga robando el gozo de estar vivos (más allá de las circunstancias que nos puedan rodear), agradeciendo por el milagro de oír, de ver, de poder hablar, agradeciendo por la comida que hay sobre nuestra mesa, por la ropa que cubre nuestros cuerpos, teniendo una mentalidad que promueve un estilo de vida de gratitud hacia todo lo bueno que Dios nos concede antes que fijarnos en los aspectos negativos solamente.
Un problema deja de tener solución cuando me auto-convenzo que no tiene solución. Nos ahogamos en nuestro pequeño mundo.
Abre la puerta de tu casa, asómate por la ventana. Levanta los ojos al cielo y descubre que tu Dios creó todo eso que ves y también lo que nuestros tus no son capaces de divisar.
La mentalidad de los hombres fue seriamente confrontada por Jesús. El reprendió a algunos por la dureza de sus corazones, por tener una mentalidad estrecha, negativa, crítica y condenatoria.
Aprendamos de los pájaros, de los lirios del campo que no se angustian por el día de mañana, que no juntan en graneros, de alguna manera ellos saben que Dios estará allí para ellos.
¿Cuánto más por tí?
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Efesios 1:18 “alumbrando los ojos de vuestro entendimiento, para que sepáis cuál es la esperanza a que él os ha llamado y cuáles las riquezas de la gloria de su herencia en los santos…”
Siguiendo con el tema de la mentalidad, no se puede dejar de enfatizar la relevancia que esta tiene en la vida de las personas. De hecho la mentalidad es tremendamente determinante.
Como educador he aprendido que contribuimos u obstaculizamos el proceso de enseñanza-aprendizaje de nuestros alumnos, básicamente en función de la mentalidad con que nosotros les tratamos.
Algunos educadores en vez de estimular a sus alumnos para hacerles sentir que pueden lograrlo, tienen un enfoque negativo y con antelacíón a los desafíos propios de la tarea de educar, les “anulan o apocan”, con una mentalidad negativa que suele decir “no creo que lo logres” o “es que no tienes lo que se necesita para tener éxito en esto” y frases de ese estilo.
Los alumnos al igual que los hijos requieren de padres que les alienten a tener una mentalidad que les diga que se puede.
La vida presenta en ocasiones desafíos inesperados para nosotros situaciones que aparentemente van más allá de nuestras posibilidades y es crucial tener una mentalidad que enfrenta desafíos con la idea de vencer en esos desafíos para avanzar a la siguiente etapa.
Muchos jóvenes que se sienten “incapaces de”, no tienen esa mentalidad gratuitamente sino como algo adquirido muy presumiblemente de sus padres, de su entono más inmediato.
Hacer tropezar a las personas no cuesta nada, edificarles para que alcancen su máximo en Dios, es tarea de toda una vida, por ello no podemos darnos el lujo de hacer caer a alguno deliberadamente.
La mentalidad juega un rol fundamental en todo lo que hacemos. El fútbol chileno ha mejorado en función de que la mentalidad de los futbolistas ha ido cambiando.
Debemos esperar mejores resultados a futuro, la idea de perfeccionar es parte integral del propósito de Dios para el hombre, llevarlo a la estatura de Cristo. ¡Vaya, que desafío!
Pero la mentalidad de Dios nos dice que Él cree que se puede y eso nos da la posibilidad de lograrlo.
Frente a cualquier plan de acción siempre se debe considerar los aspectos positivos y negativos pero por alguna mala tradición terminamos enfocándonos en los negativos.
Muchas veces, nuestro temor a fracasar en algo nos limita a “no intentarlo siquiera”.
¿Cuántos proyectos de Dios se habrán abortado en la historia de la iglesia por una mentalidad derrotista o negativa?
Para romper estructuras hay que atreverse a hacer cosas que van más allá de esas estructuras y en ese ámbito Jesús es el Maestro por excelencia. La razón de que fuera tan perseguido radicaba en lo revolucionario de su vida, de su obra y ministerio.
Es imprescindible que haya una renovación de entendimiento, un cambio de mentalidad que nos permita ver las cosas desde Su perspectiva. Y en Dios las cosas son: “Si” y “Amén”.
Las grandes obras comienzan con pequeños pasos y para dar ciertos pasos se requiere un cambio de mentalidad.
Deja de lado los miedos y atrévete a hacer lo que Dios te está mandando hacer. Serás bendecido, y conocerás a Dios en una faceta que el diablo te había estado tratando de ocultar hasta hoy.
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Sal 84:6 Atravesando el valle de lágrimas lo cambian en fuente, cuando la lluvia llena los estanques.
Por razones que Dios conoce mejor que nadie, somos muy dados a buscar “estabilidad”.
La mayor aspiración de muchas personas es hallar el trabajo estable, la casa propia que es sinónimo de estabilidad, deseamos hallar el trabajo estable que nos provea del salario que nos permita vivir en un grado de estabilidad.
Concretamente el concepto estabilidad es muy codiciado por nosotros.
La estabilidad produce una atmosfera que nos permite descansar, soñar y proyectarnos. Pero cuidado. Hay un momento en que la estabilidad se convierte en una enemiga de los planes de Dios.
Es bastante frecuente encontrarse con personas que son incapaces de responder a ciertas peticiones del Señor (planes que Dios tiene con ellos) porque seguir a Dios en ESE plan significaría tener que sacrificar la estabilidad que poseen. Así muchos prefieren decir no al Señor.
Nos cuesta movernos de un lugar a otro especialmente cuando sentimos que tenemos todo lo necesario para vivir una buena vida en las condiciones actuales.
La obre de Dios sufre cuando el hombre se acomoda. La estabilidad promueve comodidad, y la comodidad impide que hagamos ciertos sacrificios que Cristo nos demanda hacer por causa Suya.
¿Cuántas personas no serian capaces de responder a un llamado misionero, por ejemplo, porque eso significaría tener que abandonar aquello que representa estabilidad para mí?
¿Cuántas personas no están de hecho dispuestas a hacer pequeños cambios en sus vidas porque no desean perder la estabilidad que tienen?
Este es un tema que vale la pena meditar.
Dios desea cambiar nuestras circunstancias, pero para que eso suceda debe haber en nosotros “disposición”.
El salmista compartía que atravesando el valle de lágrimas lo cambian en fuente. ¡Date cuenta!
¡Qué transformación más fantástica puede ocurrir cuando nos atrevemos a ATRAVESAR, lo que sea que Dios desee que atrevesemos, si nos disponemos, producirá cambios transformaciones gloriosas que Dios puede y quiere hacer.
Pero para lo cual necesita nuestra abierta disposición.
Si hay algo que en este tiempo se necesita urgentemente es gente que se atreva.
Ester en tiempos de angustia se atrevió, Daniel en tiempos de cautiverio se atrevió, Elías en tiempos de apostasía se atrevió. Y hoy día en la iglesia son pocos los que se atreven porque tienen miedo al costo que aquello pueda tener para sus vidas, para su estabilidad.
Los grandes milagros y transformaciones vienen como producto de atreverse a pasar por los valles de lágrimas.
David decía que aunque anduviera en valle de sombra y de muerte
no temería mal.
Había disposición, había voluntad y Dios la usó para glorificarse.
Deseamos que Dios haga grandes obras pero nos escondemos tímidamente detrás de trincheras que para nosotros representan seguridad. ¿Qué seguridad puede haber fuera de Dios?
Queremos ver la gloria de Dios pero no estamos dispuestos a pagar ningún precio que represente incomodidad o sacrificar nuestra tan codiciada estabilidad.
He entendido que no hay estabilidad verdadera fuera de Dios.
Ese trabajo que me parece tan estable, puedo perderlo sin previo aviso, esa casa por la que tanto nos esmeramos, podemos perderla en un par de minutos, pero aquellos que se atreven a atravesar los valles de lágrimas, podremos experimentar la poderosa transformación que el Señor produce en y a través de aquellos que le creen y se atreven.
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2 Samuel 12:20 “Entonces David se levantó de la tierra, y se lavó y se ungió, y cambió sus ropas y entró a la casa de Jehová, y adoró. Después vino a su casa, y pidió, y le pusieron pan y comió”
Prosiguiendo con la idea de ayer, es fundamental quemar etapas para poder avanzar en la vida cristiana.
Nuestro mismo Señor vivió etapas que nos son comunes a todos. El fue bebé, luego niño, adolescente, joven y adulto.
Debió atravesar las etapas propias del crecimiento y con toda seguridad en cada una de esas etapas contó con la ayuda del Padre.
Nuestras vidas están siempre marcadas por ciclos. La vida en si es de carácter cíclico. Los ciclos se repiten una y otra vez, pero a pesar de existir patrones, siempre hay novedades que tienen lugar dentro de esos patrones.
La vida sería monótona si todo fuera simplemente plano o igual pero hay etapas que quemar, hay tareas que realizar y en la obra de Dios, en Su plan para nosotros, esto también se aplica.
Jesús anunciaba que desde lo días de Juan hasta AHORA (es decir, el minuto en que Jesús estaba hablando) ciertas etapas estaban cumpliéndose.
Particularmente, el Señor decía que el reino de los cielos estaba sufriendo violencia.
Anteriormente a eso, habían transcurrido unos 400 años en que Dios había guardado silencio.
Esa era una etapa y ahora Jesús anunciaba que estaban en otra diferente, una de violencia.
David vivió un mal ciclo en el que el pecado trajo malos y desastrosos frutos para su vida y los suyos.
Pero aun en medio de esto hubo una virtud en David: él supo reconocer cuando un ciclo debía terminar.
En vez de seguir llorando al niño, se levantó para continuar, para seguir andando en Dios.
Por cierto las consecuencias de sus hechos seguirían, pero ERA INDISPENSABLE seguir adelante, por él, y también por los demás.
No podemos darnos el lujo de quedarnos pegados en ciertos ciclos de nuestra vida.
NO importa si estos son muy buenos o muy malos.
Pablo hablaba de “seguir adelante” al premio del Supremo llamamiento. Y el mismo apóstol decía “olvidando lo que queda atrás, prosigo”.
Es que esa es la voluntad de Dios.
¿Cuántos ciclos de tristeza y dolor, de amargura y temor te están impidiendo ver lo que Dios tiene preparado un poco más adelante tu camino con Él?
Jesús por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz.
¿Te das cuenta? La cruz era una etapa dolorosa y muy real pero Jesús no se quedó pegado en esa etapa, él atravesó todo eso con la mirada puesta en la etapa siguiente.
Nuestra vida indudablemente está en las manos de Dios, pero eso no significa que todo lo que vivimos es por causa de Dios.
Muchas de las cosas que vivimos son parte de nuestra incapacidad para movernos hacia adelante.
Y es así como al igual que Israel, en vez de avanzar, solamente “rodeamos” el propósito de Dios.
Dios en su grandeza y poder es capaz de intervenir en nuestras vidas y cambiar nuestro lamento en alabanza y nuestro lloro en gozo. ¿Te das cuenta? ¡¡ciclos nuevos, nuevas etapas!!
David lo comprendió y se levantó, se lavó, se ungió, adoró a Dios comió y se dispuso a experimentar las cosas que Dios, en esa nueva etapa, tenia para él.
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